71. Entender el corazón de Dios puede eliminar los conceptos erróneos

Por Chen Gang, provincia de Hebei

Las palabras de Dios dicen: “La supremacía, la grandeza, la santidad, la tolerancia, el amor de Dios, etc. todos estos aspectos diversos del carácter y la esencia de Dios se ponen en práctica cada vez que Él hace Su obra, encarnada en Su voluntad hacia el hombre, y también cumplida y reflejada en cada persona. Independientemente de que lo hayas sentido antes o no, Dios está cuidando de cada persona de todas las maneras posibles, usando Su corazón sincero, Su sabiduría, y diversos métodos para calentar el corazón de cada persona, y despertar su espíritu. Este hecho es indiscutible” (‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo I’ en “La Palabra manifestada en carne”). Después de leer las palabras de Dios vi que todo lo que Él hace está lleno de Su amor y misericordia, así como de Su cuidado por nosotros. Todas las acciones de Dios son muy beneficiosas para nosotros y son lo que más necesitamos; en tanto que lo busquemos y lo experimentemos de todo corazón, sentiremos Su amor. Sin embargo, debido a que ignoraba el carácter y la esencia de Dios muchas veces vivía en un estado de confusión, sospecha y actitud defensiva hacia Dios y no podía entregarle mi corazón. Cuandoquiera que había un deber que cumplir, siempre trataba de evitarlo o me negaba a hacerlo y, así, perdía muchas oportunidades para obtener la verdad. Hace algún tiempo, enfrentar las circunstancias reales y el juicio y castigo de las palabras de Dios me hicieron obtener un cierto entendimiento de mi propia naturaleza satánica, así como un poco del conocimiento verdadero de la esencia hermosa y buena de Dios; sólo entonces me libré de algunos de mis conceptos erróneos acerca de Él.

Después de que comencé a creer en Dios, cada vez que veía a alguien u oía hablar de alguien que era despedido de un deber de liderazgo y era reemplazado —a veces, incluso expulsado por haber cometido demasiado mal— siempre tenía un sentimiento difícil de expresar y no podía evitar pensar para mis adentros: “Cumplir con el deber propio en un papel de liderazgo es una gran responsabilidad; uno podría ser despedido y reemplazado por no manejar algo lo suficientemente bien e incluso podría estar en riesgo de ser expulsado y eliminado. Parece que cuanto más elevada es la posición de una persona, más precaria es. Hay algo de verdad en los dichos: ‘quien camina muy alto, camina solo’ y ‘cuanto más alto, más grande es la caída’. Creo que cumplir con un deber que no viene con una posición más alta es un poco más seguro; mientras no me promuevan ni me degraden estaré bien. De esa manera puedo evitar hacer demasiadas malas obras y quedar expuesto y ser eliminado por ello y tener fe hasta el final, pero terminar sin nada”. Entonces, cada vez que la iglesia quería promocionarme o hacer arreglos para que participara en una elección, ponía todo tipo de excusas para zafarme y declinar. Poco a poco se formó un grande y profundo abismo entre Dios y yo. Durante una reunión en abril de este año mi líder me preguntó: “Hermano, las elecciones anuales de nuestro pequeño distrito se llevarán a cabo pronto. ¿Qué piensas de eso?”. Al escuchar que pronto se celebrarían elecciones me sentí nervioso y no estaba seguro de cómo responder. Pensé en cómo algunos hermanos y hermanas en el pasado habían sido despedidos y reemplazados por no poder hacer un trabajo real y hasta el día de hoy no habían podido cumplir con sus deberes. Tenía miedo de que si era elegido, podría sufrir el mismo destino si, cuando llegara el momento, yo tampoco pudiera completar ningún trabajo real. Actualmente me encontraba en una situación bastante favorable; no sólo tenía un deber que cumplir, sino que no tenía que preocuparme por perder mi puesto y ser reemplazado. Con estos pensamientos en mente, rápidamente le contesté a mi líder: “Tengo demasiadas deficiencias en todos los aspectos. También tiendo a estar extremadamente tenso durante las reuniones con nuestros hermanos y hermanas. Probablemente sería un poco más adecuado que siguiera adquiriendo más práctica con mi deber actual, por lo que no voy a postularme en esta elección.”. Al ver que no consideraba muy favorablemente la idea de ser elegido, mi líder se comunicó conmigo un par de veces más sobre el tema con la esperanza de que participara en las próximas elecciones, pero siempre decliné amablemente.

Una tarde, unos días después, busqué a mis líderes porque tenía algo que discutir con ellos. Estaban a mitad de la lectura de una carta del liderazgo de nivel superior con respecto a la elección. Me sentí tan nervioso, como si tuviera el corazón en la garganta, que pensé para mis adentros: “Necesito huir y esconderme o de lo contrario querrán comunicarse conmigo otra vez acerca de postularme para las elecciones”. Por tal motivo, me escondí en el baño y maté el tiempo, pero, como resultado, mientras me rascaba por comezón, accidentalmente me rasqué y me abrí una úlcera y mi mano se llenó de sangre. Rápidamente la limpié con una toalla de papel y presioné la herida, pero después de un rato, la toalla de papel quedó empapada. De repente, me quedé estupefacto: ¿qué haría si no podía detener la sangre? Con una mano todavía presionando la úlcera, di pasos rápidos y corrí de regreso a la habitación para que mis líderes echaran un vistazo y vieran qué se podía hacer para detener el sangrado. Un hermano lo miró y dijo: “Estás sangrando bastante; no va a parar. ¡Cuanto más lo limpies, más sangrará!”. Al oír esto me sentí aún más inseguro: ¿era realmente así de grave? ¿Cómo podía una pequeña llaga sangrar tan profusamente? Si no paraba el sangrado, ¿continuaría hasta el día siguiente hasta que me desangrara? Una ola de terror, ansiedad e impotencia se apoderó repentinamente de mí y no tenía idea de qué hacer. Parecía como si el aire mismo estuviera a punto de solidificarse. ¡Justo en ese momento tomé conciencia de la posibilidad de que la ocurrencia abrupta del día no hubiera sido aleatoria en absoluto, y que debía apurarme y reflexionar sobre mis acciones para que pudiera conocerme mejor! Luego me tranquilicé y reflexioné sobre si recientemente había ofendido a Dios de alguna manera, pero sin importar cuánto lo intentara, no podía pensar en nada. Después recordé un pasaje de las declaraciones de Dios: “Cuando las personas ofenden a Dios, podría no ser por una ocasión, o una cosa que dijeron, sino más bien por una actitud que tuvieron y un estado en el que se encuentran. Esto es algo muy aterrador” (‘Dios mismo, el único VII’ en “La Palabra manifestada en carne”). La guía de las palabras de Dios me llevó ante Él para buscar la verdad: “¡Dios! He sido tan ciego y tonto. No puedo comprender lo que he hecho para ofenderte. Por favor, muéstrame el camino; revélame Tu voluntad para que pueda reconocer mi terquedad y resistencia. Deseo arrepentirme delante de Ti”. Después de que terminé de orar, me sentí un poco más tranquilo y comencé a reflexionar sobre mis acciones y pensamientos pasados, preguntándome dónde podría haberme desviado de la voluntad de Dios. En ese momento, de repente recordé cómo me había comportado y la actitud que había tenido con respecto a las elecciones: Mis líderes me habían buscado en repetidas ocasiones para comunicarme su opinión de que debía participar en ellas, pero siempre había mantenido mis propias nociones; temiendo quedar expuesto si hacía un mal trabajo al cumplir con mi deber, una y otra vez había inventado todo tipo de razones y excusas para rechazar participar. Mi actitud no había sido, en lo más mínimo, de aceptación y sumisión. Sabía muy bien que las elecciones democráticas celebradas por la iglesia eran necesarias para implementar los arreglos de la obra; esta era una parte importante de la obra de la familia de Dios y contenía Su voluntad. Sin embargo, no había buscado en absoluto la verdad; con el fin de protegerme, en repetidas ocasiones había evitado las elecciones y me había negado a postularme en ellas. Este tipo de actitud que tenía en el fondo, de hacer de Dios un enemigo, me había hecho aborrecible y odioso a Sus ojos y, aún más, le había provocado dolor y desilusión. Que repentinamente me encontrara con este tipo de problema había sido la manera en que Dios me disciplinaba. Al darme cuenta de esto, percibí que el carácter justo de Dios no toleraría que los humanos lo ofendieran, así que quise cambiar mi condición errónea y arrepentirme ante Dios. Por lo tanto, les di a mis líderes una explicación detallada de toda la introspección que había hecho, de principio a fin. Después de escucharme, el hermano compartió conmigo acerca de la actitud y las revelaciones que él había tenido cuando había participado en las elecciones. ¡Gracias a Dios! Este incidente me había enseñado una lección y, una hora después, mi úlcera dejó de sangrar. Esto hizo que me diera cuenta de que, mientras había estado existiendo en un estado de corrupción y terquedad, Dios me había mostrado Su carácter justo que no puede ser ofendido, y que, cuando volví a Él con el deseo de buscar la verdad, Él me reveló Su rostro sonriente y yo tuve una muestra de que el carácter de Dios es vívido y realista.

Después, no pude evitar reflexionar acerca de que, cada vez que la iglesia había organizado unas elecciones, siempre había buscado evitarlas y poner excusas para zafarme de ellas. No había querido postularme, pues me aterrorizaba que, si fuera elegido para un puesto de liderazgo e hiciera algo contra Dios, me despidieran y eliminaran. ¿Por qué estos pensamientos siempre pasaban por mi cabeza? Durante mis devociones espirituales busqué de manera consciente las palabras de Dios sobre este tema para que pudiera comer y beber de ellas. Un día leí la siguiente declaración de Dios: “Algunos dicen: ‘¡Creer en Dios en Su presencia es como andar con pies de plomo! ¡Es como vivir al filo de la navaja!’. Otros dicen: ‘Creer en Dios es como ese dicho de los incrédulos: ‘Estar en la compañía del rey es como estar cerca de un tigre’. ¡Es tan terrible! ¡Si dices o haces algo equivocado entonces serás eliminado; serás lanzado al infierno y destruido!’. ¿Son correctos esos dichos? ¿Dónde tiende a usarse el dicho, ‘Estar en la compañía del rey es como estar cerca de un tigre’? ¿A qué se refiere ‘andar con pies de plomo’? ¿Qué significa ‘vivir al filo de la navaja’? Todos vosotros deberíais saber lo que significan literalmente; todos indican gran peligro. Es como una persona que doma un león o un tigre: cada día es como andar con pies de plomo o vivir al filo de la navaja; esta es la clase de situación a la que se refieren estos dichos. Que la naturaleza feroz de los tigres y leones puede activarse en cualquier momento. Son animales despiadados que no tienen afecto por los humanos sin importar cuántos años se puedan haber asociado con ellos. Si te quieren comer te comerán; si te quieren hacer daño, te harán daño. Así que, ¿es correcto usar tales frases para describir lo que es creer en Dios? ¿No pensáis a veces de la siguiente manera? ‘Creer en Dios realmente es como andar con pies de plomo; esa ira Suya puede encenderse en un instante. Él podría enfurecer en cualquier momento y Él podría quitar a alguien de su posición en cualquier momento. Cualquiera que le desagrade a Dios será expuesto y eliminado’. ¿Es este el caso? (No.) Parece como si hubieras tenido experiencia con esto y lo entendieras, así que no debes ser engañado. Esta es una falacia y es absolutamente absurdo decirlo” (‘Puedes obtener la verdad después de entregar tu verdadero corazón a Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). “Algunas personas dicen: ‘No seas líder y no tengas estatus. Las personas están en peligro en el instante en el que adquieren estatus ¡y Dios las expondrá! Una vez que sean expuestas, ni siquiera estarán calificadas para ser creyentes comunes y ya no tendrán la oportunidad de ser salvas. ¡Dios no es justo!’ ¿Qué clase de palabras son esas? En el mejor de los casos, representan un entendimiento incorrecto de Dios; en el peor, son una blasfemia contra Dios” (‘Para resolver el propio carácter corrupto, la persona debe tener una senda específica de práctica’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Línea tras línea, las palabras de Dios me dejaron profundamente conmovido porque describían mi situación de manera precisa. En realidad, no había expresado abiertamente que creer en Dios era “como estar cerca de un tigre” o “vivir al filo de la navaja”, pero, al ver mi actitud hacia las elecciones de la iglesia, me di cuenta de que había estado completamente a la defensiva y lleno de malentendidos. Esto mostró que eso era exactamente el tipo de situación en la que había estado viviendo. Al ver la existencia atormentada y sufrida de algunas hermanas y hermanos que habían sido despedidos de puestos de liderazgo, algunos de los cuales incluso habían sido expulsados por haber cometido múltiples maldades, siempre me había resistido a la idea de cumplir con mi deber como líder, y deseaba, en cambio, mantener una distancia respetuosa, porque, desde mi punto de vista, con el liderazgo venía el puesto y con él venía el riesgo de ser expuesto y eliminado. Incluso llegué al extremo de ser exageradamente cauteloso, tímido y vacilante al completar mis propios deberes y nunca había sido entusiasta en las elecciones, profundamente temeroso de que si fuera elegido para servir como líder y cometiera un error, como resultado pudiera ser despedido y eliminado. En mi imaginación había estado viendo a Dios de la misma manera en que veía a los funcionarios del Partido Comunista Chino que tenían el poder; no me atrevía a acercarme demasiado o a provocarlo. Había asumido que cualquiera que lo ofendiera necesariamente sufriría una gran calamidad, e incluso había pensado que esos hermanos y hermanas que habían sido despedidos y eliminados habían hecho que cayera sobre ellos al servir en puestos de liderazgo. Virtualmente había considerado a los “líderes” –un puesto establecido en la estructura administrativa de la familia de Dios– como una forma de exponer y eliminar personas. Fue hasta ahora que, a través de las revelaciones de la palabra de Dios, me hice consciente de que estos pensamientos que había estado albergando habían expuesto una falta total de conocimiento de la esencia santa de Dios. ¡Estas conjeturas que había tenido acerca de Dios habían sido blasfemas en extremo! Al darme cuenta de esto, sentí un miedo persistente y no pude evitar arrodillarme en oración ante Dios: “¡Dios! Aunque te he seguido durante muchos años, no te conozco. Esas comunicaciones de mis hermanos y hermanas para que tomara parte en las elecciones fueron oportunidades que me habías concedido para entrenarme, purificarme y transformarme, pero no sólo no comprendí Tu voluntad, sino que, de hecho, las rechacé y traté de evadirlas, estando completamente a la defensiva y en desacuerdo contigo. No te traté como Dios en absoluto. Mi visión era, simplemente, la de un no creyente: ¡una clase verdaderamente satánica! ¡Dios! Si no me hubieras expuesto de esta manera, nunca habría reflexionado sobre mis propios problemas y seguiría viviendo en un estado de antagonismo y confusión. Si eso hubiera continuado, sólo me podrías haber odiado, detestado y rechazado. ¡Dios! Ahora estoy dispuesto a arrepentirme. Por favor, guíame a un entendimiento de la verdad y de Tu voluntad…”.

Después de eso, leí más de las palabras de Dios: “En el momento en el que las personas adquieren estatus —independientemente de quiénes sean— ¿se vuelven anticristos? (Si no buscan la verdad, entonces se convertirán en anticristos, pero si lo hacen, entonces eso no ocurrirá). Por tanto, no es absoluto. Así pues, aquellos que caminan la senda de los anticristos ¿quedan finalmente atrapados por el estatus? Eso ocurre cuando las personas no toman la senda correcta. Tienen un buen camino que seguir, pero no lo siguen; en cambio, siguen uno maligno. Esto es parecido a la forma como las personas comen: algunas no consumen alimentos que puedan mantener su cuerpo saludable y hacerles llevar una vida normal, y, en su lugar, se drogan. Al final, ingerir drogas los hace adictos y los mata. ¿No es esto una decisión que las personas toman por sí mismas?” (‘Para resolver el propio carácter corrupto, la persona debe tener una senda específica de práctica’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Después leí otra enseñanza que decía: “¿Por qué tantas personas se exponen a hacer el mal con su posición y su poder? No se debe a que su posición los lastime. El problema fundamental es la sustancia de la naturaleza del hombre. La posición por cierto puede revelar a las personas, pero si una persona de buen corazón tiene una posición alta, entonces no cometerá ciertos actos perversos” (La comunicación desde lo alto). Las palabras de Dios y esta enseñanza me permitieron darme cuenta de algunas cosas. Como se vio después, esos compañeros de trabajo y líderes que habían sido despedidos y eliminados no habían sido expulsados debido a sus puestos de liderazgo, sino porque mientras cumplían con sus deberes habían fracasado de manera consistente en buscar la verdad o en caminar la senda correcta; por lo tanto, habían sido expuestos y se habían librado de ellos. No pude evitar pensar en esos líderes y compañeros de trabajo a mi alrededor que habían sido expuestos. Un hermano había sido especialmente santurrón y no había cumplido con su deber de acuerdo con los principios. Había promovido libremente a personas que tenían dones y cualidades para que llevaran a cabo deberes de liderazgo, pero no poseían la realidad de la verdad. No había aceptado los repetidos recordatorios y la ayuda de los hermanos y hermanas y, como resultado, había traído disturbios a la vida de la iglesia, impidiendo que los hermanos y hermanas lograran la entrada en la vida. Este hermano había confiado demasiado en sus propias opiniones, incluso al punto de ignorar el consejo de los compañeros de trabajo. Había insistido en guardar el dinero y los objetos de valor de la iglesia en una casa que tenía riesgos de seguridad, lo que había llevado a que todo fuera confiscado por el Partido Comunista Chino. También había una hermana que había estado demasiado preocupada con el estatus y, mientras cumplía con su deber como compañera de trabajo, no había podido aceptar la crítica constructiva de todos. Incluso se había puesto en contra y tomado represalias contra aquellos hermanos y hermanas que le habían dado consejos, y varias veces se había negado a aceptar la enseñanza y la ayuda de sus superiores. Finalmente, le habían dado una advertencia, pero aún no reflexionaba sobre sus acciones para conocerse a sí misma y, mucho menos, para aceptar la verdad; nunca se había arrepentido ni cambiado y, en su lugar, caminó obstinadamente por la senda del anticristo... Estos ejemplos de fracaso me hicieron ver que la iglesia no había despedido ni eliminado a nadie sin buenos motivos. Sólo después de que analicé cuidadosamente la manera en la que estos individuos despedidos y eliminados se habían comportado todo el tiempo, vi que la mayoría de ellos habían mostrado una gran terquedad y nunca habían llevado a cabo el trabajo de la iglesia de acuerdo con los principios de la verdad. Todos habían hecho su propia voluntad y habían terminado causando interrupciones y perturbaciones en el trabajo de la iglesia, impidiendo seriamente que otros hermanos y hermanas lograran la entrada en la vida. Finalmente, tuvieron que ser despedidos y reemplazados. Evidentemente, antes de que alguien fuera despedido, Dios le había dado numerosas oportunidades para arrepentirse y los hermanos y hermanas lo habían ayudado y apoyado muchas veces; era sólo que esos líderes nunca habían mostrado ninguna intención de hacer un cambio y habían interrumpido, perturbado y obstaculizado seriamente el trabajo de la iglesia antes de ser finalmente despedidos y reemplazados. Sólo se tenían a sí mismos para culparse de su fracaso, ¿no es así? ¿No había sido este el fruto amargo que poco a poco habían producido? Sin embargo, a partir de sus fracasos y caídas, yo no había discernido la senda errónea en la que se encontraban estas personas ni había visto claramente la fuente de su resistencia contra Dios y no había reflexionado posteriormente sobre mis propias acciones ni usado su ejemplo como una advertencia para mí mismo. Tampoco había sabido que el carácter de Dios no se puede ofender, por lo que no había desarrollado una reverencia temerosa de Dios que me hubiera impedido seguir sus pasos; en cambio, había dado lugar a malentendidos y a estar a la defensiva hacia Dios. Había tomado toda la injusticia y se la había adjudicado a Dios. Pude ver que yo era verdaderamente ignorante y ciego, despreciable y detestable y que realmente había lastimado a Dios en lo más profundo. También recordé que ahora había un grupo de personas en la iglesia que, a pesar de no haber ocupado nunca ningún puesto alto, había fallado continuamente en buscar la verdad y había causado interrupciones y perturbaciones en la iglesia y no habían cumplido bien sus propósitos; asimismo, ellos también habían sido expuestos y eliminados por Dios. Esta comprensión me dio un entendimiento aún más claro de que, mientras estamos siguiendo a Dios, si somos expuestos o eliminados no tiene nada que ver con qué deber estamos cumpliendo o qué puesto tenemos. Si no buscamos la verdad ni caminamos por la senda de la transformación en nuestro carácter, entonces, independientemente de qué puesto podamos tener o no, todos tendemos a ser controlados por el carácter de Satanás y en cualquier momento podríamos hacer cosas que ofendan a Dios o se resistan a Él y así ser expuestos y eliminados. Esta fue una confirmación precisa de las palabras de Dios: “Tener un carácter inalterable es estar en enemistad con Dios”. Estoy agradecido por el esclarecimiento y la guía de Dios que me permitieron obtener cierto entendimiento y discernimiento de las opiniones erróneas que había estado teniendo, así como apreciar la importancia de buscar la verdad mientras creía en Dios y luchar por un cambio de carácter. Al mismo tiempo, me di cuenta de lo ridículo y absurdo que había sido al vivir dentro de mis conceptos erróneos e imaginaciones.

Posteriormente, leí otro pasaje en una enseñanza que decía así: “Le pregunté a un hermano: ‘¿Has progresado en los últimos años?’ Él dijo: ‘El mayor progreso que tuve fue resultado de esa expulsión que experimenté’. ¿Por qué tuvo el mayor progreso al ser expulsado? Definitivamente, había orado con urgencia ante Dios y ciertamente había pasado bastante tiempo reflexionando sobre sus acciones y conociéndose a sí mismo. También estaba dispuesto a arrepentirse y no quería ser desechado por Dios. Orar sinceramente a Dios trajo una gran cantidad de esclarecimiento e iluminación, así como autoconocimiento; llegó a reconocer cómo había actuado y se había comportado a lo largo de los años y qué senda había estado tomando. A través de estas experiencias de aprendizaje negativas se dio cuenta exactamente de cómo debía creer en Dios y cómo debía buscar la verdad. Después de eso, tuvo un arrepentimiento genuino ante Dios y estuvo dispuesto a trabajar duro en su búsqueda de la verdad, a someterse al juicio y castigo de Dios y a ceder la autoridad a Su orquestación. De esta manera, su viaje de creer en Dios se renovó y puso formalmente pie en la senda de la fe. Entonces, podrías preguntarte si tal expulsión tiene alguna ventaja o no y si en realidad es o no una forma de traer salvación a las personas” (La comunicación desde lo alto). A partir de esta enseñanza pude ver la extrema misericordia y salvación que Dios trajo a las personas. Algunas habían sido expulsadas por la iglesia debido a actos malvados que habían cometido, pero siempre que se arrepintieran sinceramente y estuvieran dispuestas a aceptar la disciplina y reprensión de Dios y someterse a ellas, reflexionaran sobre sí mismas para conocerse mejor y comenzaran a buscar la verdad, entonces todavía había esperanza para su salvación. Al mismo tiempo, llegué a entender que el estricto juicio de Dios, las maneras de tratar con las personas, la reprensión y la disciplina también eran formas de salvación para las personas que se arrepintieron genuinamente; su propósito era permitir que las personas tuvieran una mayor autorreflexión y comprendieran su naturaleza satánica que los había llevado a resistirse a Dios y verlo como un enemigo. Fue para permitirles aborrecerse verdaderamente y abandonar su carne para que pudieran dar lugar a una reverencia temerosa de Dios y poner pie en la senda de buscar la verdad. En el caso de las personas que sinceramente tienen fe en Dios y buscan la verdad, sin importar lo que hayan experimentado –ya sea que hubieran sido despedidas y reemplazadas, expulsadas u otra cosa– nada de esto fue exposición o eliminación, sino, más bien, ¡se convirtieron en puntos de inflexión en su senda que lleva a creer en Dios! Sin darme cuenta, recordé un pasaje de las palabras de Dios: “Haber fallado y caído varias veces no es algo malo ni es ser expuesto. Ya sea que hayas sido tratado, podado o expuesto, debes recordar esto en todo momento: ser expuesto no significa que estés siendo condenado. Ser expuesto es algo bueno; es la mejor oportunidad para que te conozcas. Puede traer a tu experiencia de vida un cambio de rumbo. Sin él, no tendrás ni la oportunidad ni la condición ni el contexto para poder alcanzar un entendimiento de la verdad de tu corrupción. Si puedes llegar a conocer las cosas que hay dentro de ti, así como todos los aspectos de aquellas que están profundamente ocultas en tu interior que son difíciles de reconocer y de desenterrar, entonces esto es algo bueno. Poder conocerte realmente es la mejor oportunidad para que enmiendes tus caminos y te conviertas en una nueva persona. Cuando realmente te conozcas, podrás ver que, cuando la verdad se convierte en la vida de alguien, es algo realmente precioso, y tendrás sed de la verdad y entrarás en la realidad. ¡Esto es algo verdaderamente grandioso! Si puedes aprovechar esta oportunidad y reflexionar sinceramente sobre ti y obtener un conocimiento genuino de ti cada vez que falles o caigas, entonces, en medio de la negatividad y la debilidad, podrás retroceder. Cuando hayas cruzado este umbral, entonces podrás dar un gran paso adelante y entrar en la realidad de la verdad” (‘Para alcanzar la verdad, debes aprender de las personas, los asuntos y las cosas que te rodean’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Cuando pensé en esto, obtuve un entendimiento aún más profundo de la voluntad de Dios: si nos golpea, nos disciplina o nos despide y expulsa, todo lo que nos hace se basa en nuestro propio comportamiento y esencia corrupta. Todo lo que Dios hace está destinado a purificar y transformar a las personas; para nosotros, todas estas cosas son salvaciones y son sumamente beneficiosas. Todo el tiempo había mirado con temor el deber de liderazgo porque esas personas habían sido expuestas, despedidas y eliminadas, y me había advertido que nunca aceptaría cumplir con un deber que viniera con un puesto, porque de esa manera no caería ni fracasaría ni viviría en el doloroso refinamiento. El carácter justo de Dios abarca nuestro juicio, castigo, reprensión y disciplina, pero también incluye tolerancia y paciencia y el mayor amor por nosotros. Nunca había visto estas cosas; en cambio, vivía en un estado de malentendidos y conjeturas hacia Dios que se basaba en mis propias nociones e imaginaciones. No había estado dispuesto a participar en las elecciones y, mucho menos, había tenido alguna aspiración de cumplir con el deber de liderazgo y, como resultado, había perdido muchas oportunidades para obtener la verdad y conocer a Dios. Fue hasta ahora que vi claramente que mis nociones anteriores –“quien camina muy alto, camina solo” y “cuanto más alto, más grande es la caída”– eran opiniones absurdas de Satanás que habían sido extremadamente obstructoras para mi búsqueda de la verdad y para mi búsqueda de conocer a Dios. Le agradecí a Dios por Su esclarecimiento y Su guía que me habían permitido deshacerme de ciertos conceptos erróneos que había tenido sobre Él. ¡Al mismo tiempo sentí cuán feo, asqueroso, opuesto e ignorante realmente había sido!

Más tarde, haciendo una introspección, no pude evitar preguntarme por qué siempre había estado tan a la defensiva con Dios y qué naturaleza me controlaba para hacerlo. Leí un pasaje de las palabras de Dios que decía: “Y si puedes dudar de Dios y especular sobre Él a voluntad, entonces sin duda eres la persona más engañosa de todas. Especulas si Dios puede ser como el hombre: imperdonablemente pecaminoso, de temperamento mezquino, carente de imparcialidad y de razón, falto de un sentido de justicia, entregado a tácticas despiadadas, traicioneras y arteras, y que se deleita en el mal y la oscuridad, etc. ¿Acaso el hombre no tiene tales pensamientos porque no conoce a Dios en lo más mínimo?” (‘Cómo conocer al Dios en la tierra’ en “La Palabra manifestada en carne”). También leí una enseñanza que decía: “Todos aquellos que están a la defensiva con Dios cuando se enfrentan a pruebas son traicioneros, egoístas y mezquinos, y piensan solo en sí mismos y no tienen a Dios en su corazón. Tales personas son las que luchan contra Dios. Tan pronto como se encuentran con un problema, se ponen a la defensiva con Dios y lo estudian, preguntándose: ‘¿Qué quiso decir Dios con esto? ¿Por qué permitió que esto me pasara?’ Luego tratan de razonar con Dios. ¿No son tales personas injustas en sus intenciones? ¿Les es fácil a esas personas buscar la verdad? No lo es. Estas no son personas normales; tienen una naturaleza demoniaca y son completamente incapaces de llevarse bien con cualquiera” (‘Respuestas a preguntas’ en “Sermones y enseñanzas sobre la entrada a la vida XIII”). Las palabras de Dios y esta enseñanza expusieron la raíz de mi problema de estar a la defensiva con Dios y de la especulación acerca de Dios. Como yo era demasiado astuto por naturaleza, cada vez que la iglesia había deseado cultivarme y promoverme, no sólo había fallado en comprender el amor que Dios tenía por mí o entender Su meticulosa intención, sino que, por el contrario, había asumido que cumplir con un deber de liderazgo sería demasiado peligroso y que una vez que tuviera una posición e hiciera el mal, estaría constantemente en riesgo de ser despedido y eliminado. Pensé en cómo había estado disfrutando los cielos y la tierra y todas las cosas que Dios había creado –hasta la misma luz del sol y la lluvia– así como todo el riego y la provisión de muchas de las declaraciones de Dios; sin embargo, no había intentado en lo más mínimo obtener una apreciación del amor y la salvación que Él tenía para las personas. Siempre había estado a la defensiva con Él y le había hecho daño, sospechando que Dios era tan ruin como los humanos y que estaba desprovisto de misericordia o amor por nosotros. Realmente había sido muy deshonesto y despreciable y no había mostrado la más mínima semejanza de un humano en mi vida. Justo entonces me sentí muy culpable y una vez más recordé las palabras de Dios: “Dios lo está haciendo todo para el hombre con discreción, en silencio, por medio de Su sinceridad, Su fidelidad y Su amor. Pero nunca siente temor ni pesar por nada de lo que hace ni necesita que nadie le devuelva nada de ninguna forma, ni tiene intenciones de obtener nada de la humanidad. El único propósito en todo lo que ha hecho es poder recibir la fe y el amor sinceros de la humanidad” (‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo I’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Dios creó a la humanidad; independientemente de que se hayan corrompido o de que le sigan, Dios trata a los seres humanos como Sus amados, como lo expresarían los seres humanos, Sus seres queridos y no como Sus juguetes” (‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo I’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Desde el principio hasta hoy, sólo el hombre ha sido capaz de conversar con Dios. Es decir, entre todas las cosas vivientes y criaturas de Dios, ninguna excepto el ser humano ha sido capaz de hacerlo. El hombre tiene oídos que le permiten oír, y ojos que le permiten ver, tiene lenguaje, sus propias ideas y libre albedrío. Posee todo lo necesario para oír hablar de Dios, entender Su voluntad y aceptar Su comisión, y así Dios confiere todos Sus deseos al hombre, queriendo hacer de él un compañero que piense como Él y pueda andar con Él. Desde que comenzó a gestionar, Dios ha estado esperando que el hombre le dé su corazón, le deje purificarlo y equiparlo, para que lo satisfaga a Él y Él lo ame; para que le venere y se aparte del mal. Dios siempre ha anhelado y esperado este desenlace” (‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II’ en “La Palabra manifestada en carne”). Entre las líneas y las palabras de las declaraciones de Dios se reveló un amor y un cuidado por la humanidad, así como esperanza y expectativas. Dios trata a los humanos como una madre compasiva trata a sus hijos, amándonos y cuidándonos genuinamente a todos y cada uno de nosotros. Con el fin de obtener un grupo de humanos que esté en sintonía con Su voluntad, Dios se ha encarnado dos veces, soportando una enorme humillación y pagando el precio máximo en aras de traer redención y salvación a la humanidad. A pesar de la terquedad, la resistencia, los malentendidos y quejas que hemos manifestado ante Dios, Él ha seguido haciendo silenciosamente, con extrema tolerancia y paciencia, la obra de salvación para la humanidad. Dios ha venido entre nosotros para expresar la verdad, regándonos, proveyéndonos y guiándonos, con la esperanza de que algún día podamos entender Sus buenas intenciones al salvar a las personas y le entreguemos nuestro corazón a Dios, sometiéndonos a Su juicio y castigo, desechando nuestro carácter corrupto y convirtiéndonos en personas a quienes Dios ha salvado que lo veneran y evitan el mal. ¡Pude ver que la esencia de Dios es muy hermosa y buena y su amor por la humanidad es muy real! Yo, por otro lado, había sido ciego y tonto, y carecía del más mínimo conocimiento de Dios; mucho menos había entendido Sus buenas intenciones. Había estado a la defensiva y en confusión hacia Dios, rechazando despiadadamente Su salvación una y otra vez, evitando a Dios y distanciándome de Él como si fuera un enemigo y dándole nada más que dolor y sufrimiento. Sin embargo, Dios no se había centrado en mi terquedad, necedad e ignorancia, sino que, en lugar de ello, había creado un ambiente que me castigaría y disciplinaría. También me había esclarecido y guiado por medio de Sus palabras, librándome así de mi actitud defensiva y de confusión hacia Él y permitiéndome entregarle mi corazón. El amor de Dios me hizo sentir avergonzado y no pude evitar arrojarme al suelo postrado ante Él y decir: “¡Dios! He afirmado tener fe en Ti, pero no te he conocido en lo más mínimo. En todos los sentidos he estado a la defensiva contigo y te he malinterpretado. Realmente soy demasiado traicionero; te he lastimado de los pies a la cabeza y no soy digno de venir ante Ti. ¡Dios! Hoy, Tu juicio y tu castigo me han hecho darme cuenta de Tu intención de traer salvación a las personas y poco a poco me han librado de mi confusión hacia Ti. ¡Dios! No deseo perder más oportunidades para obtener la verdad y ser perfeccionado. ¡Sólo deseo buscar la verdad y cumplir con mi deber para corresponder a Tu amor!”. Después de terminar de orar, en mi corazón me sentí muy cerca de Dios, y ahora tenía la meta de buscar una manera de satisfacerlo.

Unos días más tarde, mis líderes nuevamente me hablaron acerca de las próximas elecciones con la esperanza de que pudiera participar. Sabía que esta era una oportunidad que Dios me daba para el arrepentimiento y deseaba hacer mi mejor esfuerzo para valorarla, así que con mucho gusto les dije “sí”. Unos días después de que cambié mis conceptos erróneos y abandoné la actitud defensiva que había tenido contra Dios y me postulé en las elecciones, mis hermanos y hermanas me eligieron para cumplir con un deber de liderazgo. En ese momento me sentí profundamente conmovido y mis ojos se llenaron de lágrimas de gratitud. En el fondo sabía que este era el amor de Dios que se me había otorgado y todo lo que quería hacer era trabajar duro en buscar la verdad y cumplir con mi deber y utilizar acciones reales para corresponder al amor de Dios.

Cuando recuerdo esta experiencia, sé que fue el esclarecimiento y la guía de las palabras de Dios lo que, poco a poco, me libró de mis conceptos erróneos acerca de Dios y me hizo apreciar la grandeza y nobleza de Su carácter. Mientras Dios está haciendo la obra de salvación, no importa cuánta terquedad, corrupción o, incluso, resistencia se revele en nosotros, mientras tengamos un pequeño deseo de manifestar un cambio, Dios no nos abandonará. Más bien, Él traerá la máxima salvación a todos y cada uno de nosotros. A pesar de que las palabras de Dios contienen juicios y condenación, Él siempre nos concede el amor y la salvación más auténticos; esta es la única forma en que podemos lograr aborrecer aún más profundamente nuestra corrupción y maldad y trabajar duro para buscar la verdad y lograr una transformación del carácter. Las palabras de Dios dicen: “El hombre no sólo tiene que creer en la esencia de Dios; además, debe amarla. Pero muchos de los que creen en Dios son incapaces de descubrir este ‘secreto’. Las personas no se atreven a amarlo ni tratan de hacerlo. Ellas nunca han descubierto que, en Dios, hay mucho para amar, que Él es el Dios que ama al hombre, el Dios que está ahí para que este lo ame” (‘Los que aman a Dios vivirán siempre en Su luz’ en “La Palabra manifestada en carne”). La esencia de Dios es hermosa y buena y hay muchas cosas que amar de Él. Necesitamos realmente apreciar y darnos cuenta de esto a través de la experiencia. De ahora en adelante, en el entorno que Dios ha dispuesto para mí, deseo pasar más tiempo buscando la verdad, tratando de comprender la voluntad de Dios, descubrir aún más los atributos adorables de Dios y esforzarme por conocer a Dios para que yo pueda quitarme mi carácter corrupto tan pronto como sea posible y volverme compatible con Dios.

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