Las ovejas de Dios oyen la voz de Dios

Contenido

Capítulo 6 Varias formas de diferenciación que debes poseer en tu creencia en Dios

3. ¿Cómo puedes saber la diferencia entre el verdadero Cristo y los falsos Cristos?

Palabras relevantes de Dios:

El Dios que se hizo carne se llama Cristo, y así el Cristo que les puede dar a las personas la verdad se llama Dios. No hay nada excesivo en esto porque Él posee la esencia de Dios, y posee el carácter de Dios, y posee la sabiduría en Su obra, que el hombre no puede alcanzar. Los que así mismos se llaman Cristo, pero que no pueden hacer la obra de Dios, son fraudes. Cristo no es solo la manifestación de Dios en la tierra, sino que es la carne particular asumida por Dios a medida que cumple y completa Su obra entre los hombres. Esta carne no es una que cualquier hombre pueda reemplazar, sino una que pueda adecuadamente llevar la obra de Dios en la tierra y expresar el carácter de Dios y representar bien a Dios y proveer al hombre con la vida. Tarde o temprano, todos esos cristos falsos caerán porque, aunque afirmen ser Cristo, no poseen nada de la esencia de Cristo. Y así digo que la autenticidad de Cristo, el hombre no la puede definir, sino que Dios mismo la contesta y la decide.

de ‘Sólo el cristo de los últimos días le puede dar al hombre el camino de la vida eterna’ en “La Palabra manifestada en carne”

Aquel que es la encarnación de Dios tendrá Su esencia, y Su expresión. Haciéndose carne, Dios traerá la obra que debe hacer, y expresará lo que Él es; será, asimismo, capaz de traer la verdad al hombre, de concederle vida, y de mostrarle el camino. La carne que no contiene la esencia de Dios seguramente no es el Dios encarnado; de esto no hay duda. Para investigar si es la carne encarnada de Dios, el hombre debe determinarlo a partir del carácter que Él expresa y de las palabras que Él habla. Es decir, si es o no la carne encarnada de Dios, y si es o no el camino verdadero, debe discernir a partir de Su esencia. Y así, determinando[a] si es o no la carne de Dios encarnado, la clave está en prestar atención a Su esencia (Su obra, Sus palabras, Su carácter, y mucho más), en lugar de fijarse en la apariencia exterior. Si el hombre solo ve Su apariencia exterior, y pasa por alto Su esencia, demostrará la ignorancia y la ingenuidad del hombre.

de ‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”

El Dios encarnado se llama Cristo y Cristo es la carne que se viste con el Espíritu de Dios. Esta carne es diferente de cualquier hombre que es de la carne. La diferencia es porque Cristo no es de carne y sangre, sino que es la personificación del Espíritu. Tiene tanto una humanidad normal como una divinidad completa. Su divinidad no la posee ningún hombre. Su humanidad normal sustenta todas Sus actividades normales en la carne mientras que Su divinidad lleva a cabo la obra de Dios mismo. Sea Su humanidad o Su divinidad, ambas se someten a la voluntad del Padre celestial. La esencia de Cristo es el Espíritu, es decir, la divinidad. Por lo tanto, Su esencia es la de Dios mismo; esta esencia no interrumpirá Su propia obra y Él no podría hacer nada que destruyera Su propia obra ni tampoco pronunciaría ninguna palabra que fuera en contra de Su propia voluntad.

…………

… Aunque Cristo representa a Dios mismo en la carne y ejecuta en persona la obra que Dios mismo debe hacer, no niega la existencia de Dios en el cielo ni tampoco proclama febrilmente Sus propios hechos. Más bien, humildemente permanece escondido dentro de Su carne. Excepto por Cristo, los que falsamente afirman ser Cristo no tienen Sus cualidades. Cuando se yuxtapone contra el carácter arrogante y que se exalta a sí mismo de esos falsos cristos, se hace evidente qué clase de carne es verdaderamente Cristo. Entre más falsos son, más alardean esos falsos cristos y más capaces son de obrar señales y maravillas para engañar a los hombres. Los falsos cristos no tienen las cualidades de Dios; Cristo no está contaminado con ningún elemento que pertenezca a los falsos cristos. Dios se hace carne solo para completar la obra de la carne, y no tan solo para permitirles a todos los hombres verlo. Más bien, deja que Su obra afirme Su identidad y permite que lo que Él revela dé testimonio de Su esencia. Su esencia no es infundada; Su mano no se apoderó de Su identidad; esta la determina Su obra y Su esencia…

La obra y la expresión de Cristo determinan Su esencia. Es capaz de completar con un corazón sincero lo que se le ha confiado. Es capaz de adorar a Dios en el cielo con un corazón sincero, y con un corazón sincero buscar la voluntad de Dios el Padre. Todo esto lo determina Su esencia. Y también Su revelación natural la determina Su esencia; la razón por la que Su revelación natural se llama así es porque Su expresión no es una imitación o el resultado de la educación por el hombre o el resultado de muchos años de refinamiento por el hombre. Él no la aprendió o se adornó con ella; más bien, es inherente a Él.

de ‘La esencia de Cristo es la obediencia a la voluntad del Padre celestial’ en “La Palabra manifestada en carne”

Si durante el día presente, emerge una persona capaz de exhibir señales y maravillas, y puede echar fuera demonios, curar, y llevar a cabo muchos milagros, y si esta persona declara ser Jesús que ha venido, sería una falsificación de espíritus malos, y su imitación de Jesús. ¡Recuerda esto! Dios no repite la misma obra. La etapa de la obra de Jesús ya ha sido completada, y Dios nunca más la acometerá. La obra de Dios es irreconciliable con las ideas del hombre; por ejemplo, el Antiguo Testamento predijo la venida de un Mesías, pero resultó que vino Jesús, por lo que sería erróneo que viniera otro Mesías de nuevo. Jesús ya ha venido una vez, y sería incorrecto que Él viniera de nuevo en esta ocasión. Hay un nombre para cada era, y cada nombre se caracteriza por una era. En las ideas del hombre, Dios siempre debe hacer señales y maravillas, siempre debe sanar y echar fuera demonios, y siempre debe ser como Jesús, pero esta vez Dios no es así en absoluto. Si durante los últimos días, Dios siguiera exhibiendo señales y maravillas, echara fuera demonios y sanara —si hiciera exactamente lo mismo que Jesús—, Dios estaría repitiendo la misma obra, y la de Jesús no tendría sentido ni valor. Así pues, Dios lleva a cabo una etapa de la obra en cada era. Una vez completada cada etapa de la obra, los espíritus malignos la imitan pronto, y después de que Satanás empiece a pisarle los talones a Dios, este cambia a un método diferente; una vez que Dios ha completado una etapa de Su obra, los espíritus malignos la imitan. Debéis tener claras estas cosas.

de ‘Conocer la obra de Dios hoy’ en “La Palabra manifestada en carne”

Algunos están poseídos por espíritus malignos y claman persistentemente “¡Soy Dios!”. Pero al final, no pueden mantenerse firmes, porque actúan en nombre del ser incorrecto. Representan a Satanás y el Espíritu Santo no les presta atención. Por muy alto que te exaltes o por muy fuerte que clames, sigues siendo un ser creado, que pertenece a Satanás. ¡Yo nunca clamo, soy Dios, soy el amado Hijo de Dios! Pero la obra que hago es la de Dios. ¿Debo gritar? No hay necesidad de exaltación. Dios hace Su obra por sí mismo y no necesita que el hombre le conceda un estatus o un título honorífico, y Su obra es suficiente para representar Su identidad y estatus. Antes de Su bautismo, ¿no era Jesús Dios mismo? ¿No era la carne encarnada de Dios? ¿Es seguro que no puede decirse que Él solo se convirtió en el único Hijo de Dios después de que diese testimonio de Él? ¿Acaso no había un hombre llamado Jesús mucho antes de que Él comenzase Su obra? No puedes traer nuevos caminos o representar al Espíritu. No puedes expresar la obra del Espíritu o las palabras que Él habla. No puedes realizar la obra de Dios mismo ni la del Espíritu. No puedes expresar la sabiduría, la maravilla y lo insondable de Dios ni todo el carácter por medio del cual Él castiga al hombre. Así pues, tus repetidas reivindicaciones de ser Dios no importan; solo tienes el nombre y nada de la esencia. Dios mismo ha venido, pero nadie lo reconoce, y aun así Él sigue en Su obra y lo hace en representación del Espíritu. Independientemente de que lo llames hombre o Dios, Señor o Cristo, o hermana, todo está bien. Pero la obra que Él hace es la del Espíritu y representa la de Dios mismo. No le importa el nombre con el que el hombre la denomine. ¿Puede ese nombre determinar Su obra? Independientemente de cómo lo llames, desde la perspectiva de Dios, Él es la forma encarnada del Espíritu de Dios; representa a este y este lo aprueba. No puedes dejar paso a una nueva era ni finalizar la antigua, ni iniciar la nueva, ni hacer una nueva obra. Por tanto, ¡no se te puede llamar Dios!

de ‘El misterio de la encarnación’ (1) en “La Palabra manifestada en carne”

Si un hombre se llama a sí mismo Dios, pero no es capaz de expresar el ser de la divinidad, ni hacer la obra de Dios mismo, ni representar a Dios, sin duda no es Dios, porque no tiene la esencia de Dios, y lo que Dios puede por Su naturaleza lograr no existe dentro de él.

de ‘La diferencia entre el ministerio del Dios encarnado y el deber del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

Entre esos falsos cristos, falsos profetas, y engañadores, ¿no están también esos a los que llaman Dios? ¿Y por qué no son Dios? Porque son incapaces de hacer la obra de Dios. Son hombres en su origen, engañadores de personas, no Dios, y por tanto no tienen la identidad de Él.

de ‘Acerca de los apelativos y la identidad’ en “La Palabra manifestada en carne”

Comunión del hombre:

Todos nosotros, que hemos experimentado la obra de Dios de los últimos días, hemos visto claramente un hecho: cada vez que Dios ejecuta una nueva etapa de la obra, Satanás y varios espíritus malignos lo siguen muy de cerca, imitando y falsificando Su obra con el fin de engatusar a las personas. Jesús sanó y echó fuera demonios y, así también, Satanás y los espíritus malignos sanan y echan fuera demonios; el Espíritu Santo le dio al hombre el don de lenguas, así también los espíritus malignos hacen que la gente hable en “lenguas” que nadie entiende. Y con todo, aunque los espíritus malignos hacen varias cosas que complacen las necesidades del hombre, y llevan a cabo algunos actos sobrenaturales para engatusarlo, porque ni Satanás ni esos espíritus malignos poseen la más mínima verdad, nunca van a poder darle al hombre la verdad. Solo desde este punto es posible diferenciar entre el verdadero Cristo y los falsos Cristos.

… Después de haberse hecho carne, el Espíritu de Dios obra con humildad y en lo secreto y experimenta todo el dolor del hombre sin la más mínima queja. Como Cristo, Dios nunca ha hecho alarde de sí mismo, ni nunca se ha jactado, mucho menos ha presumido de Su posición, ni ha sido alguien que se cree muy justo y bueno, lo que irradia completamente la honorabilidad y santidad de Dios. Esto demuestra la esencia supremamente honorable de la vida de Dios y muestra que Él es la encarnación del amor. La obra de los falsos Cristos y de los espíritus malignos es precisamente lo contrario a la obra de Cristo; antes que nada, los espíritus malignos siempre claman que ellos son Cristo y dicen que si tú no los escuchas no puedes entrar al reino. Hacen todo lo que pueden para hacer que la gente los conozca, se jactan y hacen alarde de ellos mismos y presumen o bien llevan a cabo algunas señales y maravillas con el propósito de engatusar a las personas y, después de que estas personas han sido engatusadas y han aceptado su obra, se derrumban sin rechistar porque ha pasado mucho tiempo desde que recibieron la verdad. Hay muchos y muchos ejemplos de esto. Como los falsos Cristos no son la verdad, el camino o la vida, por lo tanto no tienen camino y, tarde o temprano, los que los siguen serán humillados, pero entonces será muy tarde para retroceder. Y así, lo más importante es reconocer que solo Cristo es la verdad, el camino y la vida. A los falsos Cristos y a los espíritus malignos se les ha despejado, con toda seguridad, de la verdad; no importa cuánto digan, o cuántos libros escriban, ninguno contiene la más mínima verdad. Esto es absoluto. Solo Cristo es capaz de expresar la verdad y esta es la clave para distinguir la diferencia entre el verdadero Cristo y los falsos Cristos. Es más, Cristo nunca ha obligado a las personas a aceptarlo o reconocerlo. Para los que creen en Él, la verdad se hace más y más clara y el camino por el que caminan se vuelve más y más brillante, lo que prueba que solo Cristo puede salvar a las personas porque Cristo es la verdad. Los falsos Cristos solo pueden imitar unas cuantas palabras o decir cosas que tuercen lo negro en blanco. No tienen la verdad y solo pueden llevar a la gente a la oscuridad, a la destrucción y a la obra de los espíritus malignos.

de ‘Prólogo’ de “Diseccionando casos de engatusamiento de los falsos Cristos y de los anticristos”

¿Cómo se pueden identificar los falsos Cristos? Es muy sencillo. Les dices: “Vamos, habla. ¿Qué te hace Cristo? Di algo de lo que Dios tiene y es, y si no lo puedes decir, está bien que lo escribas. Escribe algunas palabras que haya dicho la divinidad, anda, escríbeme algo. No tienes problema en imitar algunas palabras de la humanidad. Di algunas más, habla por tres horas y ve si lo puedes hacer. Comunícame la verdad por tres horas, habla de lo que Dios es, y de esta etapa de Su obra, háblame claramente, inténtalo y ve. Y si no puedes hablar, entonces eres un farsante y un espíritu malo. El verdadero Cristo puede hablar por días sin problemas; el verdadero Cristo ha expresado más de un millón de palabras, y todavía no ha terminado. No hay límites de cuántas Él puede hablar; puede hablar en cualquier momento o lugar y Sus palabras no las puede escribir ningún ser humano en el mundo. ¿Las podría escribir alguien que no es divino? ¿Podría una persona así hablar esas palabras? Tú, el falso Cristo, no tienes la divinidad y el Espíritu de Dios no está dentro de ti. ¿Cómo podrías hablar las palabras de Dios? Puedes imitar algunas de las palabras de Dios, pero, ¿por cuánto tiempo puedes seguirlo haciendo? Cualquiera que tenga un cerebro puede memorizar unas cuantas palabras, así que habla por una hora, comunica la verdad por dos horas, inténtalo y ve.” Si insistes con ellos de esta manera, los vas a desenmascarar y los vas a dejar aturdidos y pronto huirán. ¿No es este el caso? Qué decís vosotros, ¿no es así? Diles esto: Cristo es la verdad, el camino y la vida, así que expresa las verdades de Cristo para que yo las oiga o las lea. Si puedes, entonces tú eres Cristo, y si no puedes, ¡entonces eres un espíritu malo! Es fácil distinguir la diferencia entre el verdadero Cristo y los falsos Cristos. Los falsos Cristos y los anticristos no tienen la verdad; si alguien posee la verdad es Cristo y si a alguien le falta la verdad no lo es. ¿No es este el caso? Diles: “Si no puedes expresar lo que Cristo es, o lo que Dios es, y dices que tú eres Cristo, entonces estás mintiendo. Cristo es la verdad, veamos cuántas palabras de la verdad puedes expresar. Si imitas un par de oraciones, entonces no las estás emitiendo sino que solo las estás copiando. Las has robado, son una imitación…” Ahí tienes, eso es todo lo que se necesita para identificar a los falsos Cristos […]. Hablemos de un hecho: cómo apareció Dios cuando Él apareció. Cuando Dios comenzó a obrar, Él no dijo que Él es Dios, Él no lo dijo. Dios expresó muchas palabras y cuando Él hubo expresado cientos de miles de palabras, no dijo todavía que Él es Dios. Cientos de miles de palabras, esto es un libro completo, trescientas o cuatrocientas páginas, y Él todavía no dijo que Él es Dios. Después de que el Espíritu Santo las ha iluminado y esclarecido, algunas personas dicen. “¡Oh, estas son las palabras de Dios, esta es la voz del Espíritu Santo!” Al principio, creyeron que era la voz del Espíritu Santo; después, dijeron que era la voz de los siete Espíritus, del séptuple Espíritu intensificado. La llamaron la “voz de los sietes Espíritus,” o las “declaraciones del Espíritu Santo.” Esto es lo que ellos creían al principio. Solo más tarde, después de que Dios había hablado muchas palabras, cientos de miles de palabras, Él comenzó a testificar sobre qué es la encarnación y qué es la aparición de la Palabra en la carne, y solo entonces las personas comenzaron a saber, diciendo: “¡Oh! ¡Dios se ha hecho carne! ¡Es la encarnación de Dios la que nos habla!” Ve qué encubierta y humilde es la obra de Dios. Finalmente, después de que Dios acabó de expresar todas Sus palabras que Él debía expresar, todavía no dijo que Él es Dios cuando llevaba a cabo la obra y predicaba, Él todavía nunca dijo, “¡Yo soy Dios! Vosotros me debéis escuchar.” Él nunca habló así. Pero los falsos Cristos dicen que ellos son Cristo sin siquiera haber pronunciado unas cuantas palabras. ¿No son farsantes? El verdadero Dios está oculto y es humilde y nunca hace alarde de sí mismo; Satanás y los espíritus malos, por el otro lado, aman hacer alarde de ellos mismos, que es otra forma de identificarlos.

de “Respuestas a Preguntas” en Comunión y Predicación acerca de la Entrada a la Vida (I)

Ahora bien, si las personas tratan de engatusaros, mirad si pueden expresar la voz de Dios. Esto confirmará si poseen o no la esencia divina. Si no pueden hablar de lo que Dios tiene y es, y no pueden expresar las cosas y la voz de Dios, entonces con toda seguridad no tienen la esencia de Dios y, por lo tanto, son farsantes. Están los que dicen: Hemos visto a unas personas hablar palabras que ningún hombre podría decir. También pueden hablar profecías y hablar sin ofuscarse de cosas que nadie podría conocer o ver, ¿son ellos Dios? ¿Cómo distinguís la diferencia cuando se trata de personas como estas? Como se acaba de decir, si son Dios, entonces deben poder hablar de lo que Dios tiene y es, y deben poder hablar de los misterios del reino de Dios; solo alguien así se puede decir que es la encarnación de Dios. Si hay personas que pueden hablar de cosas que los demás no saben, que les pueden decir su futuro y que les pueden decir lo que les pasará a los países, estas no son necesariamente las palabras de Dios; los espíritus malos también son capaces de esas cosas. Por ejemplo, si hoy les dices: “¿Qué me pasará en el futuro?” te van a decir qué clase de desastre te ocurrirá o te van a decir cuándo te vas a morir o bien te dirán qué le va a pasar a tu familia. En muchos casos, estas cosas se hacen realidad. Pero poder hablar de esas cosas no es lo que Dios es, ni es parte de la obra de Dios. Este punto te debe quedar claro. Estas son las cosas insignificantes en las que los espíritus malos se destacan; Dios no se involucra en esas cosas. Examina qué obra ha hecho Dios que cada vez se ha hecho carne. Dios hace la obra de salvar a la humanidad, Él no predice lo que les pasará a las personas, cuánto vivirían, cuántos hijos tendrán o cuándo les sobrevendrá algún desastre. ¿Alguna vez Dios ha predicho esas cosas? No. Ahora bien, ¿qué decís vosotros? ¿Sabe Dios esas cosas? Por supuesto que las sabe porque Él creó los cielos y la tierra y todas las cosas. Solo Dios las sabe mejor, mientras que hay un límite a lo que los espíritus malos saben. ¿Qué pueden saber los espíritus malos? Los espíritus malos conocen el destino de una persona, o de un país o de una nación. Pero no saben nada de la gestión de Dios, no saben cuál es el fin de la humanidad o cuál es el verdadero destino de la humanidad; mucho menos saben cuándo se acabará el mundo y cuándo llegará el reino de Dios, o cómo serán los hermosos paisajes del reino. No saben nada de esto, ninguno de ellos lo sabe. Solo Dios conoce esas cuestiones y, por lo tanto, Él es omnisciente, mientras que lo que los espíritus malos saben es sumamente limitado. Nosotros sabemos que los mayores profetas del mundo hablaron de lo que sucedería en los últimos días y hoy sus palabras se han cumplido, pero no sabían qué obra haría Dios durante los últimos días, mucho menos sabían lo que Dios ha venido a lograr o cómo se llevará a cabo el Reino Milenario o quién entrará al reino de Dios y sobrevivirá. Además tampoco saben nada de lo que sucederá después, en el reino de Dios. Ningún espíritu malo sabe esas cuestiones; solo Dios mismo las sabe y por eso los espíritus malos son totalmente incapaces de saber algo que tenga que ver con el plan de la gestión de Dios. Si les dices, “¿Cuál es mi destino? ¿Qué le pasará a mi familia?”, algunos espíritus malos podrán darte una respuesta clara. Pero si les dices, “En el futuro, ¿tendré un destino por creer en Dios? ¿Sobreviviré?”, no lo sabrán. Los espíritus malos están sumamente limitados en lo que saben. Si un espíritu malo solo puede decir unas cuantas cosas limitadas, ¿podría ser Dios? No lo podría, es un espíritu malo. Cuando un espíritu malo les puede decir a las personas cosas que ellas no saben, decirles su futuro y hasta decirles cómo solían ser y las cosas que han hecho, si hay los que piensan que esto es realmente divino, ¿no son ridículas esas personas? Esto prueba que eres totalmente ignorante de Dios. Ves las pequeñas habilidades de los espíritus malos como muy divinas y los tratas como Dios. ¿Conoces la omnipotencia de Dios? De esta manera, si hoy tenemos un conocimiento de la omnipotencia y de la obra de Dios, ningún espíritu malo, independientemente de qué señales y maravillas lleve a cabo, nos puede engatusar porque por lo menos hay una cosa de la que podemos estar seguros: los espíritus malos no son la verdad, no pueden hacer la obra de Dios, no son el Creador, no pueden salvar a la humanidad y solo pueden corromper a la humanidad.

de “La diferencia entre la obra de Dios y la obra del hombre” en Comunión y Predicación acerca de entrada a la vida (II)

Notas al pie:

a. El texto original dice “como para”.