3. Todos los pastores y ancianos del mundo religioso sirven a Dios en las iglesias. Se supone que son atentos y cautos mientras esperan el regreso del Señor. Entonces, ¿por qué no solo no se esfuerzan en buscar o investigar la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días, sino que además hacen correr rumores, juzgan y condenan a Dios Todopoderoso e intentan engañar a los creyentes e impedir que investiguen el camino verdadero?
Versículos bíblicos como referencia:
“Entonces los principales sacerdotes y los fariseos convocaron un concilio, y decían: ¿Qué hacemos? Porque este hombre hace muchas señales. Si le dejamos seguir así, todos van a creer en Él, y los romanos vendrán y nos quitarán nuestro lugar y nuestra nación. […] Así que, desde ese día planearon entre sí para matarle” (Juan 11:47-48, 53).
“En esto conocéis el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, del cual habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo” (1 Juan 4:2-3).
“Pues muchos engañadores han salido al mundo que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Ese es el engañador y el anticristo” (2 Juan 1:7).
Las palabras relevantes de Dios:
Los hay que leen la Biblia en grandes iglesias y recitan pasajes todo el día, pese a lo cual ninguno de ellos entiende el propósito de la obra de Dios ni hay nadie entre ellos que pueda conocer a Dios; ya no digamos alguien que pueda ser conforme a las intenciones de Dios. Todas son personas sin valor, viles, que se colocan en una posición superior para dar lecciones a “Dios”. Son personas que actúan enarbolando la bandera de Dios, pero se resisten deliberadamente a Él, que llevan la etiqueta de creer en Dios mientras comen la carne y beben la sangre del hombre. Todas esas personas son diablos malvados que devoran almas humanas, jefes demonios que perturban deliberadamente a las personas para que no se embarquen en la senda correcta y son obstáculos que impiden que busquen a Dios. Puede que parezcan “robustas físicamente”, pero ¿cómo van a saber sus seguidores que son anticristos que llevan a la gente a resistirse a Dios? ¿Cómo van a saber sus seguidores que son diablos vivientes dedicados a devorar almas humanas?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Todas las personas que no conocen a Dios son las que se resisten a Él
Si has creído en Él muchos años, pero nunca te has sometido a Él y no aceptas todas Sus palabras y, en cambio, le pides que se someta a ti y actúe según tus nociones, entonces eres el más rebelde de todos; eres un incrédulo. ¿Cómo podría una persona así someterse a la obra y las palabras de Dios que no se ajustan a las nociones del hombre? Los más rebeldes de todos son los que intencionalmente se niegan a doblegarse ante Dios y se le resisten. Ellos son Sus enemigos, los anticristos. Siempre albergan una actitud de hostilidad hacia la nueva obra de Dios; nunca tienen la mínima tendencia a someterse y jamás se han sometido o humillado de buen grado. Ante los demás, son los más engreídos y nunca se someten a nadie. Delante de Dios, se consideran los mejores para predicar “sermones” y los más hábiles para hacer obra en los demás. Nunca se desprenden de los “tesoros” que poseen; en cambio, los tratan como herencias familiares que se adoran y sobre los que se predica a los demás, y los usan para sermonear a esos tontos que los idolatran. De hecho, hay una cierta cantidad de personas de este tipo en la iglesia. Se puede decir que son “una dinastía de héroes indómitos”, que residen temporalmente en la casa de Dios generación tras generación. Consideran que predicar “sermones” (doctrinas) es su deber supremo. Año tras año y generación tras generación, llevan a cabo con rigor su deber “sagrado e inviolable”. Nadie se atreve a tocarlos; ni una sola persona se atreve a reprenderlos abiertamente. Se convierten en “reyes” en la casa de Dios y campan a sus anchas mientras tiranizan a los demás, era tras era. Este hatajo de demonios malvados busca unirse para derribar Mi obra; ¿cómo puedo permitir que estos demonios vivientes existan delante de Mis ojos?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Los que se someten a Dios con un corazón sincero serán sin duda ganados por Él
Antes de que Dios se hiciera carne, se valoraba si alguien se resistía a Dios basándose en si adoraba y respetaba al Dios invisible en el cielo. La definición de ese periodo de “resistirse a Dios” no era tan práctica, pues las personas no podían ver a Dios ni sabían cómo era exactamente la imagen de Dios o cómo Él obraba y hablaba en concreto. Las personas no tenían nociones de ningún tipo sobre Dios y creían en Él desde un lugar de nebulosidad, puesto que Dios todavía no se había aparecido al hombre. Por tanto, aunque las personas creyeran en Dios basándose en sus imaginaciones, Dios no las condenaba ni les hacía exigencias demasiado altas, ya que eran totalmente incapaces de ver a Dios. Cuando Dios se hace carne y viene a obrar entre las personas, todos lo contemplan, oyen Sus palabras y ven los hechos de Dios en la carne, momento en el que las nociones de todas ellas estallan como pompas de jabón. En cuanto a aquellos que ven a Dios aparecer en la carne, no se los condenará si se someten a Él intencionadamente, mientras que a aquellos que se resisten a Él de manera deliberada se los calificará como personas que se resisten a Dios. Tales personas son anticristos, enemigos que se resisten a Dios a propósito.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Todas las personas que no conocen a Dios son las que se resisten a Él
¿Acaso no hay muchas personas que se resisten a Dios y obstruyen la obra del Espíritu Santo porque no conocen la variada y diversa obra de Dios y, además, porque usan el poco conocimiento y doctrina que poseen para evaluar la obra del Espíritu Santo? Aunque estas personas solo han tenido experiencias superficiales, son altivas, obstinadas y desenfrenadas por naturaleza, contemplan la obra del Espíritu Santo con desdén, ignoran la disciplina que Él impone y, además, usan sus insignificantes y viejas doctrinas para “confirmar” la obra del Espíritu Santo. También son farsantes y están totalmente convencidas de su propia erudición, creyendo que deambulan libremente por todo el mundo. ¿No son tales personas las que el Espíritu Santo desdeña y la nueva era descarta? ¿No son aquellos que vienen ante Dios y se resisten abiertamente a Él individuos despreciables con un conocimiento superficial y limitado que alardean de su propia “brillantez”? Tienen solo un poquito de conocimiento de la Biblia, y sin embargo desean tener vía libre por todos los “círculos académicos” del mundo; tienen solo un poquito de doctrina superficial para enseñar a la gente, y sin embargo quieren revertir el curso de la obra del Espíritu Santo e intentar hacer que gire en torno a sus propios procesos de pensamiento. Miopes como son, desean contemplar la magnificencia de los 6000 años de obra de Dios. ¡Estas personas no poseen ninguna razón que valga la pena mencionar! De hecho, cuanto más conocimiento tienen las personas de Dios, menos juzgan Su obra a la ligera; solo hablan un poco de su conocimiento de la obra presente de Dios, pero no emiten juicios sobre ella de manera despreocupada. Cuanto menos conocen las personas a Dios, más descaradas son, más se sobrestiman a sí mismas y más proclaman descaradamente lo que Dios es y, sin embargo, lo que proclaman es solo doctrina y no tiene ninguna base fáctica. Estas son las personas más inútiles. ¡Aquellos que tratan la obra del Espíritu Santo como un juego son personas frívolas! Al encontrarse con la nueva obra del Espíritu Santo, no la abordan con cautela, sino que se van de la lengua y se apresuran a juzgar, dan rienda suelta a su propia voluntad para negar la corrección de la obra del Espíritu Santo, e incluso la insultan o blasfeman contra ella; ¿acaso estos individuos irrespetuosos no ignoran la obra del Espíritu Santo y, además, son personas de gran arrogancia que son inherentemente altivas y desenfrenadas? Incluso si llega el día en que tales personas acepten la nueva obra del Espíritu Santo, seguirán sin obtener el perdón de Dios. No solo menosprecian a aquellos que trabajan para Él, sino que también blasfeman contra Dios mismo. ¡Tales forajidos no serán perdonados, ni en esta vida ni en el mundo venidero, y perecerán para siempre en el infierno! Tales personas irrespetuosas y autoindulgentes simplemente llevan la etiqueta de creyentes, y cuanto más son así las personas, más propensas son a vulnerar los decretos administrativos de Dios. ¿Acaso no caminan por esta senda todos esos individuos arrogantes que son innatamente desenfrenados y que nunca han obedecido a nadie? ¿No se resisten de esta manera, día tras día, a Dios, que siempre es nuevo y nunca viejo?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios
El hombre solo acepta un tipo de obra o un tipo de práctica y le resulta difícil aceptar la obra o las prácticas que están en conflicto con estas o que son más elevadas que estas. Pero el Espíritu Santo siempre está realizando nueva obra y, así, aparecen grupo tras grupo de expertos religiosos que se resisten a la nueva obra de Dios. Estas personas se han vuelto “expertos”, precisamente porque no tienen conocimiento de que Dios siempre es nuevo y nunca viejo ni de los principios de Su obra, y menos aún de las muchas formas en las que Dios salva al hombre. Por tanto, el ser humano es totalmente incapaz de distinguir si esta obra procede del Espíritu Santo y si es la obra de Dios mismo. Muchas personas se aferran a una actitud en la que, si algo se corresponde con las palabras que vinieron antes, lo aceptan, y si algo es diferente de la obra anterior, se oponen a ello y lo rechazan. ¿No os ceñís todos hoy a tales principios? […] Sabed que os resistís a la obra de Dios o usáis vuestras propias nociones para evaluar la obra de hoy porque no conocéis los principios de Su obra, y porque tratáis de manera imprudente la obra del Espíritu Santo. Vuestra resistencia a Dios y la obstrucción de la obra del Espíritu Santo las causan vuestras nociones y vuestra arrogancia innata. No se debe a que la obra de Dios sea errónea, sino a que sois demasiado rebeldes por naturaleza. Después de encontrar su fe en Dios, algunas personas ni siquiera pueden afirmar con certeza de dónde vino el hombre, pero se atreven a hacer discursos públicos juzgando lo correcto y lo incorrecto de la obra del Espíritu Santo. Incluso sermonean a los apóstoles que tienen la nueva obra del Espíritu Santo, los critican y hacen comentarios insolentes; su humanidad es demasiado baja y no hay la más mínima razón en ellos. ¿Acaso no llegará el día en que tales personas sean desdeñadas por la obra del Espíritu Santo y quemadas por los fuegos del infierno? No conocen la obra de Dios, sino que la juzgan; además, intentan dictarle a Dios cómo obrar. ¿Cómo pueden conocer a Dios tales personas que carecen de razón? El hombre llega a conocer a Dios durante el proceso de buscar y experimentar; el conocimiento de Dios no se obtiene a través del esclarecimiento del Espíritu Santo a lo largo de la realización de juicios arbitrarios por parte del hombre. Cuanto más preciso se vuelve el conocimiento que las personas tienen de Dios, menos se resisten a Él. Por el contrario, cuanto menos saben de Él, más probable es que se le resistan. Tus nociones, tu vieja naturaleza y tu humanidad, tu calidad humana y tu perspectiva moral son el capital con el que te resistes a Dios, y cuanto más corrupta es tu moral, más vil es tu calidad humana y más baja es tu humanidad, más enemigo eres de Dios. Quienes poseen unas nociones arraigadas y tienen un carácter sentencioso son aún más enemigos del Dios encarnado; estas personas son los anticristos. Si no rectificas tus nociones, siempre serán contrarias a Dios; nunca serás compatible con Él y siempre estarás separado de Él.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios