21. Una batalla de vida y muerte

Chang Moyang    La ciudad de Zhengzhou, provincia de Henan

Cuando te rebelado contra la carne, se produce inevitablemente una batalla en tu interior. Satanás intentará y hará que sigas los conceptos de la carne y tengas sus intereses. Pero las palabras de Dios te ilustrarán e iluminarán en tu interior, te tocan en tu interior, y llevan a cabo Su obra dentro de ti. En ese momento está en ti seguir a Dios o a Satanás. Cada vez que pones en práctica la verdad, o el amor a Dios, se desencadena una gran batalla. Cuando pones en práctica la verdad, en lo profundo de tu corazón se estará desarrollando de hecho una batalla a vida o muerte. Sólo después de esta intensa lucha, puede decidirse la victoria o la derrota. las personas derramarán detrás del escenario innumerables lágrimas de tristeza” (‘Cada vez que abandonas la carne hay una batalla de vida y muerte’ en “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”). Cada vez que escuchaba la palabra de Dios en este cántico, ponderaba lo siguiente: ¿Realmente es tan difícil practicar la verdad? Cuando las personas no entienden la verdad, no la pueden practicar. Una vez que la han entendido, ¿no sería suficiente actuar conforme a la voluntad de Dios? ¿Podría realmente ser tan serio como “en lo profundo de tu corazón se estará desarrollando de hecho una batalla a vida o muerte”? No fue hasta más tarde, por medio de mi experiencia real, que obtuve la muestra de que practicar la verdad realmente no es fácil. Lo que Dios dijo está completamente de acuerdo con la verdad, ni siquiera es un poco exagerado.

Hace algún tiempo, sentí que una hermana que trabajaba conmigo era arrogante y me despreciaba; no pude evitar hundirme en una condición incorrecta. Comencé a someterme a restricciones por culpa de ella. No podía soltarlo en mi trabajo; era sumisa en mis palabras y cautelosa en mis actos hasta el punto que, después de un tiempo, me dedicaba a observar su expresión cuando yo hablaba o hacía algo y descuidaba la carga de mi obra. Estaba viviendo por completo en la oscuridad. No podía liberarme aunque sabía que mi condición era peligrosa. En medio del sufrimiento, ahí estuvo la guía de Dios: ten una charla de corazón a corazón con tu hermana, encuentra una senda de luz. Pero cuando llegué a la puerta de mi hermana, tuve un pensamiento diferente: ¿Qué pensará mi hermana cuando le hable acerca de esto? ¿Dirá que hay demasiadas cosas pequeñas en mi mente, que soy demasiado fastidiosa, que es muy difícil tratar conmigo? En cuanto tuve ese pensamiento, fue como si hubiera visto esa peculiar mirada en sus ojos, esa actitud despectiva. Mi valor desapareció de repente y me aflojé, como si todo mi cuerpo se estuviera acalambrando. Una vez más, las palabras de Dios me trajeron el alumbramiento interno: si tenías muchos problemas privados de los que te era difícil hablar, sería difícil luchar para salir de la oscuridad. ¿Estarías dispuesta a seguir así? Me di ánimos en silencio: Sé valiente, sé sencilla y abierta. ¡Practicar la verdad no es algo de lo que avergonzarse! Pero al mismo tiempo, un sentimiento contrario tiraba de mí: No digas nada, probablemente otras personas piensan que estás bien. Si hablas sobre ello, pensarán que tienes demasiadas cosas pequeñas en tu mente y ya no les caerás bien. ¡Uy! ¡Entonces es mejor no decir nada! Mientras volvía a vacilar, Dios me guio otra vez: ¡Ser una persona honesta quiere decir que no puedes ser tímida ni temerosa! El alumbramiento de Dios me emocionó pero, para mi sorpresa, en cuanto gané un poco de fuerza brotaron una vez más las ideas de Satanás: ¡Si hablas de ello, otras personas conocerán tus verdaderas intenciones y serás desgraciada! Mi corazón se encogió de repente. Así, mi corazón fue jalado de aquí para allá en una batalla entre positivo y negativo, negro y blanco. Lo supe con claridad: no quería hablar por proteger mi propio prestigio, por vanidad. Pero de esta manera, mi condición no se resolvería y no tendría ningún beneficio para mi obra. Sólo buscar comunidad para resolver este problema sería beneficioso para mi obra y estaría de acuerdo con la voluntad de Dios. Pero en el momento en que se me ocurrió el pensamiento de que en cuanto ella lo supiera pensaría incluso peor de mí, perdí el valor para practicar la verdad. Sentí que si expresaba públicamente mi propia fealdad, ¡no podría seguir viviendo! Durante un momento me sentí terriblemente alterada y me dolía el corazón como si un fuego lo estuviera quemando. Era tan difícil como si me estuviera enfrentando a una decisión de vida o muerte y sin darme cuenta estallé en lágrimas y lo único que me quedaba por hacer era clamar impotentemente a Dios en mi corazón. En el momento crítico, las palabras de Dios destellaron en mi mente una vez más: “[…] no deberían carecer de la verdad ni albergar hipocresía e impiedad […]. Las personas jóvenes deberían tener la valentía de no sucumbir a la opresión de las fuerzas de las tinieblas, y de transformar el significado de su existencia” (‘Palabras a los jóvenes y viejos’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios finalmente me permitieron calmar mi intranquilo corazón: ¡Sea como sea, ya no puedo estar sujeta a la burla de Satanás! Ya no me puedo rebelar contra Dios, me debo abandonar y practicar la verdad. Una vez que logré armarme de decisión para encontrar a mi hermana y tuve una comunicación de corazón a corazón con ella, el problema no sólo se resolvió, sino que mi corazón se aligeró. Cuando recordé la intensa batalla en mi corazón durante esos momentos y probé el sufrimiento de una aparente batalla de vida o muerte, sólo entonces me di cuenta de lo seria que era mi vana preocupación por guardar las apariencias. Era una parte de mi vida, hasta el punto de estar viviendo en la oscuridad, enfrentando llamada tras llamada de Dios pero sin poder liberarme. Entendía la verdad pero no podía practicarla; ¡Satanás verdaderamente me había corrompido demasiado profundo! También experimenté realmente que practicar la verdad y ser una persona honesta no es fácil.

Sólo después de esta experiencia entendí las palabras de Dios: “Cada vez que pones en práctica la verdad, o el amor a Dios […], en lo profundo de tu corazón se estará desarrollando de hecho una batalla a vida o muerte”. Estas palabras se dijeron acerca de la naturaleza corrupta de la humanidad porque la naturaleza satánica de las personas está demasiado arraigada en la carne. Ella enjaula y ata al hombre y se ha vuelto nuestras vidas. Cuando practicamos la verdad, cuando abandonamos nuestras propias vidas carnales, ese proceso es el mismo que volver a nacer, como morir y ser resucitado. Es realmente una competencia y una pelea por la vida y la muerte y es un proceso bastante doloroso. Cuando no conocemos verdaderamente nuestra propia naturaleza y no tenemos la voluntad para sufrir o pagar un precio, no podemos practicar la verdad en absoluto. En el pasado pensaba que practicar la verdad era fácil, ya que no tenía ningún entendimiento de mi propia naturaleza corrupta y no sabía cómo de profunda era mi corrupción. ¡En el futuro estoy dispuesta a conocerme más profundamente por medio de la experiencia, a buscar practicar la verdad en todas las cosas y a abandonarme!