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57. Experimentar el amor especial de Dios

Jiayi    Ciudad de Fuyang, provincia de Anhui

Soy una persona arrogante por naturaleza; no importa lo que esté haciendo, siempre utilizo el ingenio y la creatividad para mostrar mi brillantez y, por lo tanto, incumplo con frecuencia los arreglos de la obra para hacer las cosas a mi manera. Soy especialmente arrogante a la hora de elegir a personas para determinados cargos. Creo tener un talento y un discernimiento únicos que siempre me ayudan a seleccionar a la persona adecuada. Por este motivo, cuando elegía a alguien, no tenía la intención de comprender sinceramente todas las circunstancias de la persona a la que quería seleccionar, ni tampoco evaluaba cuidadosamente a las personas que quería elegir según los principios pertinentes. El resultado era que terminaba eligiendo a algunas personas arteras y astutas, y a otras que sólo hablaban de escritos y doctrinas para poder asumir responsabilidades importantes en la iglesia. Esto generó una gran pérdida para la obra, así como también para la vida de mis hermanos y hermanas. Finalmente, por no haber realizado una obra sustanciosa al servicio de Dios, Dios me rechazó. Perdí la obra del Espíritu Santo y fui apartada del servicio.

Cuando me enteré de que iba a ser reemplazada, me quedé estupefacta. Era difícil imaginarme que podía sucederme algo así. Después, comencé a malinterpretar a Dios y a cuestionarlo a Él: la iglesia me había reemplazado y no me había dado ningún deber. Parecía que mi problema era bastante grave. Probablemente me expulsarían. ¿Acaso no expulsaron a Zhenxin porque trabajaba a la ligera y engañó a Dios en su día? ¿Y no sucedió que Quanxin se convirtió en anticristo porque se elevó a sí misma, dio testimonio de sí misma, y compitió con Dios por el pueblo elegido? ¿No tendrían más motivos para expulsarme ahora a mí, que obré a la ligera, engañé a Dios, me elevé a mí misma y di testimonio de mí misma como lo hicieron ellas? Al ver el desastre que había generado, temblé de temor como si se me estuviera acercando la muerte. Mi corazón me decía sin cesar: estoy acabada. Esta vez estoy totalmente acabada. Yo me había resistido y había ofendido a Dios muchas veces. Dios seguramente no me salvaría. Aunque Dios hubiera dicho que Él está haciendo todo lo posible para salvar a la humanidad, esto se aplicaba a quienes apenas habían sido corruptos y a quienes habían cometido pequeñas transgresiones. Una persona arrogante y engreída como yo, que no consideraba a Dios y que hacía todo tipo de maldades, ciertamente sufriría el castigo de Dios. Incluso si me empeñara en comenzar de nuevo, Dios no me perdonaría, porque mis actos habían hecho que Él perdiera las esperanzas en mí y lo habían apenado mucho a Él… Involuntariamente, me hundí en el sufrimiento y la desesperación. No tenía la menor esperanza de supervivencia.

En mi profundo dolor, pensé en suicidarme o en escaparme. Pero también deseaba que la iglesia me diera otra oportunidad para desempeñar alguna función. Pero, cada vez que me surgía esta idea, las palabras “pecado grave” negaban y ahogaban cualquier rayo de esperanza. El sufrimiento, la autoculpa, la lucha y mis deseos me atormentaban, me ocasionaban tanto dolor que no quería seguir viviendo. Casi me derrumbé en mi desesperación. Justo en este momento, leí la palabra de Dios que dice: “A Dios no le gustan los cobardes, sino las personas resueltas. Aunque reveles mucha corrupción, aunque hayas tomado muchos caminos tortuosos, o incluso si a lo largo del camino has cometido muchas transgresiones o te has resistido a Dios —o hay algunas personas que mantienen en su corazón alguna blasfemia contra Dios, lo culpan o tienen un conflicto con Él—, Dios no mira esto. Él sólo considera si la persona será o no capaz de cambiar algún día. […] Porque la voluntad de Dios de salvar a la humanidad es sincera. Él da oportunidades a las personas de arrepentirse y de cambiar, y durante este proceso entiende a las personas y conoce profundamente sus debilidades y el alcance de su corrupción. Él sabe que tropezarán. […] Él comprende las dificultades, las debilidades de cada persona, así como sus necesidades. Aún más, Él entiende las dificultades que cada persona encontrará en su evolución, el proceso de entrar en un cambio en el carácter, y los tipos de dificultades y fracasos que tendrán lugar. Esto es algo que Dios entiende bien. Por eso se dice que Él ve en las profundidades del corazón de las personas. Por muy débil que seas, mientras no des la espalda al nombre de Dios, mientras no abandones a Dios o este camino, siempre tendrás una oportunidad de lograr un cambio en el carácter. Y si tenemos esta oportunidad, entonces tenemos esperanza para nuestra supervivencia continua. Si tenemos esperanza para nuestra supervivencia continua, tenemos esperanza de que Dios nos salve” (‘Qué es el cambio en el carácter y la senda que lleva al cambio de carácter’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). También escuché decir al hombre utilizado por el Espíritu Santo: “Dios está haciendo todo lo que Él puede para salvar a la humanidad, especialmente a los transgresores. Las personas creen que no puede hacerse nada por salvarlas, pero Dios no está dispuesto a ceder y sigue deseando salvarlas. Algunas personas han cometido transgresiones graves. Dios les ha dicho: ‘Necesitas regresar a la devoción que tenías antes y buscarme a Mí. Aún quiero salvaros’. Independientemente de qué transgresiones has cometido, siempre que tengas la voluntad de no abandonar nunca a Dios y el deseo de buscar la salvación, Dios no dejará de intentarlo” (‘Cómo saber que Cristo es la verdad, el camino y la vida’ en “Sermones y comunión acerca de la entrada a la vida II”). Estas palabras se asemejaban a un dulce rocío que humedecía la sequía duradera de mi corazón. Rompí a llorar y sollocé. No me di cuenta de cuántas veces lo “imposible” había mejorado inesperadamente. Dios dijo que Él seguía queriendo salvarme si yo no dejaba de lado mi búsqueda, si buscaba arrepentirme y no lo dejaba ni lo abandonaba a Él, independientemente de mi situación. No pude hacer otra cosa que postrarme ante Dios: “¡Oh, Dios! He sido una persona extremadamente malvada, debería ser asesinada y maldecida por mi conducta. No debería tener la oportunidad de vivir, pero Tú no sólo no me castigaste por mis transgresiones, sino que me has perdonado con Tu amor ilimitado e inconmensurable. Tú me has recibido y me has dado otra oportunidad para arrepentirme y ser salvada. ¡Oh, Dios! Tu amor ha eliminado mis malentendidos y mis cuestionamientos sobre Ti. Ha hecho que se recuperara mi corazón agonizante y que se elevara de la negatividad, el dolor y la desesperación extremos. Ha hecho que se encienda de nuevo mi deseo de vida, de ir en busca de la salvación. ¡Oh, Dios! ¡Tu amor por mí es tan profundo, tan grande! Por Tu amor hacia mí, has perdonado todas mis transgresiones, todas mis contradicciones y mi resistencia. Tú has llevado a cabo Tu obra de salvación sobre mí por medio de Tu gran paciencia. ¡Oh, Dios! ¡Eres tan grande, tan bueno! Me quedo sin palabras cuando me enfrento con Tu amor, siento vergüenza y no puedo mostrar mi rostro. Siento en lo profundo de mí que estaría avergonzada de vivir en Tu presencia. En este momento, solamente puedo transmitirte mi profundo agradecimiento y mi alabanza desde el fondo de mi corazón. Sólo puedo ofrecerte el canto de mi corazón: ‘Tu amor me ha imposibilitado elegir cualquier otra cosa, nunca más dejaré que tengas que preocuparte por mí. Las personas corruptas gozan tanto de Tu amor. Eres el único amor en mi corazón, el único que adoro, al que admiro y en quien confío. Sin Tu amor, sólo siento dolor y no puedo seguir viviendo. ¡Qué gozo es conocerte a Ti durante toda mi vida! Sin importar cuáles sean mis circunstancias, seguiré Tus pasos y te acompañaré para reconfortarte. En el dolor extremo, también quiero dar testimonio de Ti y satisfacerte. El sufrimiento y el refinamiento acercan mi corazón a Ti. Estoy feliz por siempre contigo en mi corazón” (‘Estoy feliz por siempre contigo en mi corazón’ en “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”).

Tras haber eliminado mis conceptos erróneos sobre Dios, comencé a calmarme y a examinar mi comportamiento del pasado: en mi obra, nunca confié en Dios ni tampoco lo esperaré a Él. No busqué la voluntad de Dios ni trabajé sobre la base de arreglos de la obra o requisitos de la iglesia. Confié por completo en mi propia mente, en mi calibre y en mi experiencia para hacer las cosas a mi manera. Nunca consideré ni manejé los asuntos de acuerdo con la palabra de Dios, ni busqué los principios de mi obra. Confié en mis propios sentimientos y pensamientos para inferir y juzgar. Nunca pedí consejo a los demás y con frecuencia hacía las cosas por mi propia cuenta. Incluso si pedía consejo a otras personas, sólo era para aparentar que era humilde. En realidad, ya tenía un plan en mente y por ello, casi nunca incorporaba las ideas de otras personas. No realizaba los arreglos de la obra lo de arriba bien si no se adecuaban a mis nociones y si alguien intentaba tratar conmigo y podarme, me mostraba aún menos dispuesta a aceptarlas. Sobre todo, yo quería sobresalir; independientemente de lo que hiciera, quería superar a los demás. Creía que era mejor que ninguna otra persona y que no había obra en la iglesia que yo no pudiera hacer, y que todo lo que hacía, lo hacía bien… Como estaba controlada por la naturaleza arrogante del arcángel, confié en la naturaleza de Satanás que estaba dentro de mí para desbocarme en mi obra durante muchos años. Básicamente, no buscaba la verdad y no ponía énfasis en conocerme a mí misma. Buscaba de todo corazón alcanzar posiciones más altas de liderazgo. En consecuencia, no comprendía en absoluto el carácter de Dios ni Su esencia. No mostraba ni un ápice de reverencia o de temor hacia Dios. Yo actuaba de manera imprudente frente a Dios y no me detenía ante nada. Me atrevía a decir y hacer cualquier cosa. No me di cuenta de que estaba siendo una pastora falsa; estaba desempeñando el papel del anticristo; estaba transitando el camino de servir a Dios mientras me estaba resistiendo a Él. Aunque los hermanos y las hermanas me lo recordaban muchas veces, yo no aceptaba su bien intencionada ayuda. Yo era demasiado arrogante y continuaba en mis caminos. Debido a las muchas veces en las que me resistí a Dios y fui contraria a Él, provoqué el enojo de Dios y al final fui apartada del servicio, lo cual me llevó a la autoreflexión.

Al examinar esta situación, comencé a despertar gradualmente de mi estupor. Todo el tiempo, Dios había puesto muchas buenas intenciones en todas las cosas que me sucedieron con la intención de salvarme. No pude evitar postrarme nuevamente ante Dios: ¡Oh, Dios Todopoderoso, te doy las gracias! Aunque esta vez para mí el hecho de ser reemplazada fue casi como morir y mi dolor era incomparable, me sirvió de pretexto para experimentar Tu gran amor y salvación para mí. De no haber sido reemplazada en esta ocasión, seguiría viviendo dentro de mi propia noción e imaginación, con la misma forma equivocada de hacer las cosas. Continuaría creyendo que el hecho de abandonar a mi familia y mi empleo para trabajar en la iglesia significaba servirte fielmente a Ti. No hubiera reflexionado sobre mi conducta y no me hubiera dado cuenta de que mi servicio se resistía a Ti y que estaba haciendo el mal. Si las cosas hubieran continuado así, me hubiera vuelto cada vez más arrogante y engreída. Al final te hubiera resistido como un anticristo; estaría verdaderamente acabada y perdida. Hoy, Tu castigo y Tu juicio oportunos hicieron que dejara de andar por los caminos del mal. Tú has hecho que ya no sea insolente y que no continúe haciendo el mal. Oh, Dios, ¡Tu amor por mí es tan grande y tan real! El reemplazo de hoy es verdaderamente la forma en que Tú me estás salvando. Tu amor de castigo ha conquistado mi corazón. Te doy las gracias desde el corazón por salvarme y protegerme. Te agradezco aún más que me hayas hecho experimentar a través de Tu revelación que Tu carácter justo no puede tolerar ofensas; te doy las gracias por haberme dejado ver el profundo amor paternal que Tú brindas en los despiadados golpes y en las dolorosas pruebas de los hombres. Al mismo tiempo, también me has permitido reconocer mi propia esencia corrupta y ver que he sido corrompida muy profundamente por Satanás. La naturaleza arrogante del arcángel está muy arraigada dentro de mí y necesito en gran medida Tu castigo, Tu juicio, Tus pruebas, Tu refinamiento e incluso Tu castigo y maldición para limpiarme y salvarme. Es solamente a través de esta obra que podré surgir con reverencia hacia Ti y ser protegida y limpiada. Oh, Dios, a partir de hoy estoy deseosa de buscar diligentemente la verdad y someterme de lleno a Tu obra. Aceptaré Tu juicio y Tu castigo. Independientemente de cómo Tú me trates, me someteré totalmente a Ti y cederé a Tus arreglos. No malentenderé ni me quejaré. Seré una persona genuina y viviré una vida con valor y significado.

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