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65. Nunca más me dejaré cegar por “las buenas intenciones”

Meng Yu   Ciudad de Pingdingshan, provincia de Henan

Una vez, mientras realizaba mi trabajo, noté que un hermano estaba tratando de complacer a sus hermanas. En mi opinión, una manifestación del aspecto malvado de su carácter. Decidí buscar una oportunidad para recordarle estas cosas. Pasaron los días y noté que su rendimiento era menos fructífero, una prueba de mi juicio anterior sobre él. Entonces decidí hablar con él, cara a cara. Sin embargo, cuando mencionamos este asunto, él negó firmemente todos mis comentarios y replicó que yo era muy sentencioso. Él dijo: “Durante todos estos años, siempre que tú te comunicas conmigo, me das una lección con una actitud de superioridad, y hoy tú estás hablando con la misma actitud de superioridad…”. La conversación resultó extremadamente infructífera y acabó en total desacuerdo. Su reacción me condujo hacia una conclusión amarga y yo pensé: “Me comuniqué a fin de ayudarte y no para avergonzarte con la revelación de tus defectos. En lugar de escuchar, has buscado las faltas en mí y me has acusado de ser altivo. ¡Está bien! Te dejaré en paz. Sin embargo, mis intenciones eran buenas y tu rechazo sólo muestra que tú no buscas la verdad”. Desde entonces, siempre consideré que yo estaba en lo correcto y al mismo tiempo pensaba que el hermano era el único culpable. Pero, recientemente, adquirí conocimiento de mí mismo a través del trato con la gente, las cosas y los objetos que Dios ha puesto a mi alrededor.

Hace unos días, la iglesia asignó una nueva tarea a uno de mis hermanos jóvenes. Él solía estar en mal estado; pero, desde el arreglo, se transformó en un hombre nuevo, más energético en mente y más seguro en palabra. Un día, él se comunicó conmigo en un tono, una expresión y unos modales que me dejaron profundamente enfadado. Yo sabía que él comunicaba la voluntad de Dios y que hablaba con sinceridad sobre mí, pero yo, simplemente, no podía escucharlo y, mucho menos, aceptar lo que decía. Cuando estaba a punto de estallar, de repente me vi reflejado en él y recordé el tono y la expresión que yo usé unos meses antes cuando me comuniqué con mi hermano. No es de extrañar que me considerara un altivo. Lo que él sintió fue sincero y yo sentí entonces el mismo desagrado que él experimentó conmigo, como el nauseabundo sentimiento que uno tiene si se come una mosca muerta. Dios dispuso el entorno así para permitirme ver esta verdad: un hombre con buenas intenciones, pero con un carácter inalterado, no tiene lugar en su corazón para Dios; por ende, lo que muestra es natural, y la expresión de su carácter satánico. En ese momento, recordé algo de la comunión de Cristo: “Conocerte a ti mismo es: cuanto más sientes que lo has hecho bien y que has hecho lo correcto en determinado ámbito, que puedes satisfacer los propósitos de Dios en determinado ámbito, y que eres digno de alardear en dicho ámbito, te merece más la pena conocerte en estos ámbitos y profundizar en ellos para ver qué impurezas hay y qué cosas no pueden satisfacer los propósitos de Dios” (de ‘Conocerte a ti mismo requiere que conozcas tus pensamientos y tus visiones profundamente arraigados’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Con esto, Dios quiere enseñar a los hombres a que entiendan la falta de pureza en sus palabras y acciones. Debido a que los hombres son naturalmente rebeldes y son un enemigo de Dios, sus acciones, salvo que sean corregidas con la verdad, son naturalmente resistentes a Dios. Aquellos que piensan que sus conductas están de acuerdo con la verdad y que son irreprochables, en realidad tienen un carácter inalterado, que Dios aún no ha perfeccionado. Desde el punto de vista de su esencia interna, aún se oponen a Dios y muestran su carácter satánico. El hombre tiene muchas impurezas que deben ser analizadas minuciosamente, reconocidas y abordadas. Ahora, al considerar la comunicación con ese hermano, veo que justifiqué mi rectitud con mis buenas intenciones, pero que no me di cuenta de que tenía una postura falsa en mi comunicación. Me puse en el lugar de maestro de la verdad, alguien que puede decir si los demás se están comportando de forma normal y que discierne a la perfección; yo presioné duramente a mi oyente por aceptación y, a la menor señal de desacuerdo, lo califiqué de no “ser un buscador de la verdad”. ¿Qué he revelado? Arrogancia, dureza, opresión, disciplina: los caracteres repugnantes y repulsivos de Satanás. ¿Existe alguna diferencia entre lo que yo revelé y las opresiones políticas de numerosos movimientos políticos que el gran dragón rojo continuamente azota? El gran dragón rojo confió sólo en sus propias intenciones cuando plantó acusaciones y sometió a la gente a opresiones brutales. Yo no oré a Dios con honestidad y tampoco busqué Su guía antes de comunicarme con mi hermano, tampoco confirmé si él realmente estaba en falta antes de apoyarme en mi impresión anterior, le atribuí su trabajo infructífero a una existencia bajo la influencia del malvado y presioné con dureza por su aceptación de la acusación. Ahora me doy cuenta de que mi naturaleza inherente es idéntica a la del gran dragón rojo, cada movimiento que hice, mis apariencias y mis formas de hablar, todas apestaban con el carácter arrogante que normalmente muestra el gran dragón rojo. ¿Cómo puedo beneficiar a los hombres con mi carácter corrupto? ¿Cómo podría obrar el Espíritu Santo a través de mí? Sin Su obra, ¿cómo puedo esperar producir fruto con mi comunicación? Ahora veo que la comunicación era infructífera, no porque el hermano rechazara la verdad, sino porque yo no puse a Dios en mi corazón y no era un hombre correcto ante Dios. Lo que yo mostré no sólo era detestable para Dios, sino que también para los hombres.

Gracias a la obra real de Dios, me conozco y entiendo que, si los hombres no cambian el carácter, no pueden evitar mostrar el carácter corrupto de Satanás, incluso si piensan que tienen buenas intenciones y apariencias adecuadas, y entonces deben entenderse a sí mismos. A partir de ahora, buscaré centrarme en los cambios en el carácter de mi vida, conocerme y cambiar mi naturaleza inherente, abstenerme de hacer juicios con miradas superficiales, abstenerme de la tendencia a dejar de buscar faltas en mí cuando tengo buenas intenciones, buscar conocerme en todo a fin de lograr cambios en el carácter y dar consuelo al corazón de Dios.

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