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Palabras clásicas de Cristo de los últimos días

Índice

X Palabras clásicas sobre la realidad de la verdad en la que debe entrar el pueblo escogido de Dios

(VIII) Palabras clásicas sobre cómo obedecer a Dios

196. La obediencia a Dios y la sumisión a la obra de Dios son una y la misma cosa. Aquellos que sólo se someten a Dios, pero no a la obra de Dios, no pueden ser considerados como obedientes y seguramente tampoco pueden aquellos que no se someten sinceramente y que son externamente serviles. Aquellos quienes verdaderamente se someten a Dios son capaces de beneficiarse de la obra y lograr la comprensión del carácter y de la obra de Dios. Sólo tales hombres se someten realmente a Dios. Tales hombres son capaces de adquirir un nuevo conocimiento de la obra nueva y experimentar nuevas transformaciones de la misma. Sólo tales hombres tienen la aprobación de Dios; sólo esta clase de hombre es uno quien ha sido perfeccionado y quien ha sufrido la transformación de su carácter.

de ‘Los verdaderamente obedientes seguramente serán ganados por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

197. Si el hombre puede desapegarse de las nociones religiosas, entonces no usará su mente para medir las palabras y la obra de Dios del presente, sino que obedecerá directamente. A pesar de que hoy en día la obra de Dios es manifiestamente diferente a la del pasado, eres capaz de desprenderte de las percepciones del pasado y con franqueza obedecer la obra de Dios en la actualidad. Si eres capaz de un conocimiento tal que le dé un lugar de honor a la obra de Dios del presente sin importar cómo fue Su trabajo en el pasado, entonces eres alguien que se ha desprendido de sus nociones, que obedece a Dios, que es capaz de obedecer la obra y las palabras de Dios, y que sigue los pasos de Dios. En esto, serás una persona que en verdad obedece a Dios. No analizas ni estudias la obra de Dios; es como si Dios hubiera olvidado Su obra anterior, y como si tú también la hubieras olvidado. El presente es el presente y el pasado es el pasado, y ya que hoy Dios ha puesto a un lado lo que Él hizo en el pasado, no debes permanecer ahí. Sólo entonces serás alguien que obedece completamente a Dios y que se ha desapegado por completo de sus nociones religiosas.

de ‘Sólo los que conocen la obra de Dios hoy pueden servir a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

198. Durante el tiempo de Dios en la carne, la obediencia que Él exige de las personas no es lo que estas imaginan: no emitir juicios ni resistirse, sino que las personas hagan de Sus palabras su principio para la vida y el fundamento de su supervivencia, que pongan absolutamente en práctica la esencia de Sus palabras, y que satisfagan por completo Su voluntad. Un aspecto de exigir que las personas obedezcan al Dios encarnado se refiere a poner en práctica Sus palabras, y el otro, a ser capaz de obedecer Su normalidad y Su practicidad. Ambos deben ser absolutos. Los que pueden lograr ambos aspectos son todos aquellos que tienen un corazón de amor genuino por Dios. Todas ellas son personas que Dios ha ganado, y que lo aman como a su propia vida.

de ‘Las personas que pueden ser absolutamente obedientes a la practicidad de Dios son quienes aman verdaderamente a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

200. La medida de si las personas son capaces de obedecer a Dios depende de las exigencias que le pongan a Dios. Si se las pones, careces de obediencia, y esto demuestra que estás haciendo un trato, que escoges tus propios pensamientos, y actúas conforme a ellos. En esto traicionas a Dios, y no tienes obediencia. No tiene sentido ponerle exigencias a Dios; si creyeras de verdad en Él y que Él es realmente Dios, no te atreverías a ponerle exigencias ni estarías cualificado para hacerlo, fueran éstas razonables o no. Si tu creencia es verdadera, y crees que Él es Dios, no tendrás otra elección que adorarlo y obedecerle.

de ‘Las personas le ponen demasiadas exigencias a Dios’ en “Registros de las pláticas de cristo”

202. Si no puedes aceptar la nueva luz de Dios, y no puedes entender todo lo que Dios hace hoy, y no la buscas o bien la dudas, la juzgas o la estudias y la analizas, entonces es que no tienes la menor intención de obedecer. Si, cuando la luz del aquí y ahora aparezca, todavía atesoras la luz de ayer y te opones a la nueva obra de Dios, entonces no eres más que un chiste, eres uno de los que están en contra de Dios de manera deliberada. Clave para obedecer a Dios es apreciar la nueva luz y ser capaz de aceptarla y ponerla en práctica. Sólo esta es la verdadera obediencia.

de ‘Deberías obedecer a Dios al creer en Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

203. Si obedeces sólo la obra y las palabras que son sencillas, y no eres capaz de aceptar ninguna que tenga una intensidad más profunda, entonces eres alguien que mantiene las formas antiguas y no puedes mantener el paso de la obra del Espíritu Santo. La obra que Dios hace difiere a través de las épocas. Si muestras gran obediencia en una fase, pero en la siguiente fase muestras menos o ninguna en absoluto, entonces Dios te desamparará. Si mantienes el paso con Dios mientras Él asciende este paso, entonces debes continuar manteniendo el paso cuando ascienda al siguiente. Sólo tales hombres son obedientes al Espíritu Santo. Ya que crees en Dios, debes permanecer constante en tu obediencia. No puedes simplemente obedecer cuando te plazca y desobedecer cuando no. Tal clase de obediencia Dios no la aprueba.

de ‘Los verdaderamente obedientes seguramente serán ganados por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

205. Todos los que no buscan la obediencia a Dios en su fe están en contra de Dios. Dios pide que las personas busquen la verdad, que tengan sed de las palabras de Dios, que coman y beban las palabras de Dios y que las pongan en práctica para que puedan lograr la obediencia a Dios. Si tus motivos son realmente así, entonces con toda seguridad Dios te levantará y con toda seguridad será misericordioso contigo. Nadie puede dudar esto, y nadie lo puede cambiar. Si tus motivos no son en aras de obedecer a Dios, y si tienes otras metas, entonces todo lo que digas y hagas, tus oraciones ante Dios e incluso cada una de tus acciones, van a estar en contra de Dios. Puedes ser de voz suave y apacible, cada una de tus acciones y expresiones pueden parecer correctas, puedes parecer alguien que obedece, pero cuando se trata de tus motivos y tus puntos de vista acerca de la fe en Dios, todo lo que haces está en contra de Dios y es malo.

de ‘Deberías obedecer a Dios al creer en Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

207. Todas las cosas bajo las disposiciones y la soberanía de Dios obedecen leyes naturales y, si te decides a dejar que Dios organice y dicte todo para ti, debes aprender a esperar, a buscar y a someterte. Esta es la actitud que toda persona que quiere someterse a la autoridad de Dios debe adoptar, la cualidad básica que debe poseer toda persona que quiere aceptar la soberanía y las disposiciones de Dios. Para tener tal actitud, para poseer tal cualidad, debéis trabajar más duro, y sólo así podréis entrar en la verdadera realidad.

de ‘Dios mismo, el único III’ en “La Palabra manifestada en carne (Continuación)”

208. Aquellos que buscan conocer a Dios son capaces de dejar de lado sus deseos, están dispuestos a someterse a la soberanía y los arreglos de Dios; intentan ser la clase de personas sumisas a la autoridad de Dios y satisfacer el deseo de Dios. Tales personas viven en la luz, en medio de las bendiciones de Dios; serán elogiados sin duda por Dios. Sea como sea, la decisión humana es inútil, los humanos no tienen nada que decir sobre cuánto durará la obra de Dios. Es mejor para las personas entregarse a la misericordia de Dios, someterse a Su soberanía. Si no te entregas a Su misericordia, ¿qué puedes hacer? ¿Sufrirá Dios una pérdida? Si no te entregas a Su misericordia, si intentas estar a cargo, estás tomando una decisión insensata y eres el único que sufrirá una pérdida al final. Sólo si las personas cooperan con Dios lo más pronto posible, sólo si se dan prisa en aceptar Sus orquestaciones, conocer Su autoridad, y reconocen todo lo que Él ha hecho por ellas, tendrán esperanza, no vivirán sus vidas en vano, alcanzarán la salvación.

de ‘Dios mismo, el único III’ en “La Palabra manifestada en carne (Continuación)”

209. Si la actitud de una persona hacia el destino es pasiva, demuestra que se está resistiendo a todo lo que Dios ha organizado para ella, que no tiene una actitud sumisa. Si la actitud de uno hacia la soberanía de Dios sobre el destino humano es activa, cuando uno mira atrás a su viaje, cuando llega a comprender verdaderamente la soberanía de Dios, deseará con más empeño someterse a todo lo que Dios ha organizado, tendrá más determinación y confianza para dejar que Dios orqueste su destino, para dejar de rebelarse contra Dios. Porque uno ve que cuando no comprende el destino, cuando no entiende la soberanía de Dios, cuando anda a tientas voluntariamente, tambaleándose y cayendo, a través de la niebla, el viaje es demasiado difícil, demasiado descorazonador. Por tanto, cuando las personas reconocen la soberanía de Dios sobre el destino humano, los inteligentes escogen conocerla y aceptarla, decir adiós a los dolorosos días en los que intentaban construir una buena vida con sus propias manos, en lugar de seguir luchando contra el destino y perseguir a su manera los así llamados objetivos de la vida. Cuando uno no tiene a Dios, cuando no puede verlo, cuando no puede reconocer claramente la soberanía de Dios, cada día carece de sentido, es vano, miserable. Allí donde uno esté, cualquiera que sea su trabajo, sus medios de vida y la persecución de sus objetivos no le traen otra cosa que una angustia infinita y un sufrimiento que no se pueden aliviar, de forma que uno no puede soportar mirar atrás. Sólo cuando uno acepta la soberanía del Creador, se somete a Sus orquestaciones y arreglos, y busca la verdadera vida humana, se librará gradualmente de toda angustia y sufrimiento, se deshará de todo el vacío de la vida.

de ‘Dios mismo, el único III’ en “La Palabra manifestada en carne (Continuación)”

210. Lo triste del hombre no es que busque una vida feliz ni que persiga fama y fortuna o luche contra su propio destino a través de la niebla, sino que después de haber visto la existencia del Creador, después de haber conocido la realidad de que Él tiene soberanía sobre el destino humano, siga sin enmendar sus caminos, sin poder sacar los pies del fango, y endurezca su corazón persistiendo en sus errores. Preferiría quedarse revolcándose en el barro, compitiendo obstinadamente contra la soberanía del Creador, resistiéndose a ella hasta el amargo final, sin la más mínima pizca de remordimiento, y sólo cuando yace quebrantado y sangrando decide finalmente rendirse y darse la vuelta. Esto es lo realmente triste del ser humano. Así pues, digo que aquellos que deciden someterse son sabios, y aquellos que deciden escapar son testarudos.

de ‘Dios mismo, el único III’ en “La Palabra manifestada en carne (Continuación)”

211. Cuando él hizo lo que Dios le ordenó no conocía Sus intenciones. No sabía lo que Él quería llevar a cabo. Dios sólo le había dado un mandato, le había ordenado hacer algo, pero sin proporcionarle demasiada explicación, y él siguió adelante y lo hizo. No intentó descifrar en privado los propósitos de Dios ni se resistió a Él, ni tuvo doblez de corazón. Sólo fue y actuó en consecuencia, con un corazón puro y simple. Hizo todo lo que Dios le permitió hacer; obedecerle y escucharle fueron sus convicciones para hacer cosas. Así fue como lidió de forma directa y simple con lo que Dios le encargó. Su esencia, la esencia de sus acciones, fue la obediencia, no cuestionar, no resistirse y, además, no pensar en sus propios intereses personales ni en sus ganancias y pérdidas. Además, cuando Dios dijo que destruiría el mundo con un diluvio, no preguntó cuándo lo haría ni trató de llegar al fondo de ello, y desde luego no le preguntó cómo lo iba a hacer. Simplemente hizo lo que Dios ordenó. Comoquiera que Dios quisiera hacerlo y con el medio que deseara, él siguió al pie de la letra lo que Dios le pidió y, de inmediato, emprendió acción. Lo hizo con la actitud de querer satisfacer a Dios. […] Simplemente obedeció, escuchó, y actuó en consecuencia.

de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo I’ en “La Palabra manifestada en carne (Continuación)”

212. […] Job vivió su vida en la búsqueda subjetiva de la fe, el reconocimiento y la sumisión a la soberanía de Dios, y fue con esta fe, este reconocimiento y esta sumisión que él pasó por las coyunturas importantes en la vida, vivió sus últimos años y recibió la coyuntura final de su vida. Independientemente de lo que Job experimentó, sus búsquedas y objetivos en la vida fueron alegres, no dolorosos. Él no sólo estaba feliz por las bendiciones o los elogios concedidos a él por el Creador, sino más importante, por sus búsquedas y objetivos en la vida, por el conocimiento gradual y el entendimiento real de la soberanía del Creador que alcanzó a través del temor de Dios y del apartarse del mal, y además, por las maravillosas obras del Creador que Job experimentó personalmente durante su tiempo sometido a la soberanía del Creador, y las experiencias cariñosas e inolvidables, así como los recuerdos de la coexistencia, familiaridad y entendimiento mutuo entre él y Dios; por el consuelo y la felicidad que vinieron como consecuencia de conocer la voluntad de Dios; por la reverencia que surgió después de ver que Él es grande, maravilloso, adorable y fiel. La razón por la que Job fue capaz de afrontar la muerte sin ningún sufrimiento fue que sabía que, al morir, regresaría al lado del Creador. Y fueron sus búsquedas y logros en la vida lo que le permitieron afrontar la muerte con calma, afrontar la perspectiva del Creador llevándose su vida de vuelta, con un corazón tranquilo y, además, levantarse, impoluto y libre de preocupaciones, delante del Creador.

de ‘Dios mismo, el único III’ en “La Palabra manifestada en carne (Continuación)”

213. Job no habló de negocios con Dios, y no le pidió ni le exigió nada. Alababa Su nombre por el gran poder y autoridad de este en Su dominio de todas las cosas, y no dependía de si obtenía bendiciones o si el desastre lo golpeaba. Job creía que, independientemente de que Dios bendiga a las personas o acarree el desastre sobre ellas, Su poder y Su autoridad no cambiarán; y así, cualesquiera que sean las circunstancias de la persona, debería alabar el nombre de Dios. Que Dios bendiga al hombre se debe a Su soberanía, y también cuando el desastre cae sobre él. El poder y la autoridad divinos dominan y organizan todo lo del hombre; los caprichos de la fortuna del ser humano son la manifestación de estos, e independientemente del punto de vista que se tenga, se debería alabar el nombre de Dios. Esto es lo que Job experimentó y llegó a conocer durante los años de su vida. Todos sus pensamientos y sus actos llegaron a los oídos de Dios, y a Su presencia, y Él los consideró importantes. Dios estimaba este conocimiento de Job, y le valoraba a él por tener un corazón así, que siempre aguardaba el mandato de Dios, en todas partes, y cualesquiera que fueran el momento o el lugar aceptaba lo que le sobreviniera. Job no le ponía exigencias a Dios. Lo que se exigía a sí mismo era esperar, aceptar, afrontar, y obedecer todas las disposiciones que procedieran de Él; creía que esa era su obligación, y que era precisamente lo que Él quería.

de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II’ en “La Palabra manifestada en carne (Continuación)”

214. Una persona que ha adquirido el conocimiento de la soberanía del Creador tras experimentar varias décadas de vida es una persona con una apreciación correcta del sentido y el valor de la vida; una persona con un conocimiento profundo del propósito de la vida, con una experiencia y entendimiento reales de la soberanía del Creador; e incluso más, una persona capaz de someterse a la autoridad del Creador. Tal persona entiende el sentido de la creación de la humanidad por parte de Dios, entiende que el hombre debería adorar al Creador, que todo lo que el hombre posee viene del Creador y regresará a Él algún día no muy lejano en el futuro; tal persona entiende que el Creador arregla el nacimiento del hombre y tiene soberanía sobre su muerte, y que tanto la vida como la muerte están predestinadas por la autoridad del Creador. Así, cuando uno comprende realmente estas cosas, será capaz de forma natural de afrontar la muerte con tranquilidad, de dejar de lado todas sus posesiones terrenales con calma, de aceptar y someterse alegremente a todo lo que venga, y de dar la bienvenida a la última coyuntura de la vida arreglada por el Creador en lugar de temerla ciegamente y luchar contra ella. Si uno ve la vida como una oportunidad para experimentar la soberanía del Creador y llegar a conocer Su autoridad, si uno ve su vida como una oportunidad excepcional para llevar a cabo sus obligaciones como ser humano creado y cumplir su misión, entonces tendrá necesariamente la perspectiva correcta de la vida, tendrá una vida bendita y guiada por el Creador, andará en la luz del Creador, conocerá Su soberanía, vendrá bajo Su dominio, se volverá un testigo de Sus obras milagrosas y Su autoridad.

de ‘Dios mismo, el único III’ en “La Palabra manifestada en carne (Continuación)”

215. ¿Estáis dispuestos a disfrutar de Mis bendiciones en la tierra, bendiciones que son parecidas a las del cielo? ¿Estáis dispuestos a tratar el entendimiento de Mí, y el disfrute de Mis palabras y el conocimiento de Mí, como las cosas más valiosas y significativas en vuestra vida? ¿Sois verdaderamente capaces de someteros totalmente a Mí, sin pensar en vuestras propias perspectivas? ¿Sois realmente capaces de permitir que Yo os dé muerte, y os guíe, como a ovejas? ¿Hay alguien entre vosotros capaz de lograr estas cosas? ¿Podría ser que todos los que Yo acepto y reciben Mis promesas son los que obtienen Mis bendiciones? ¿Habéis entendido algo de estas palabras? Si os pongo a prueba, ¿podéis someteros verdaderamente a Mi merced, y, en medio de estas pruebas, buscar Mis propósitos y percibir Mi corazón? No deseo que seas capaz de hablar muchas palabras conmovedoras, ni de contar muchas historias fascinantes; en su lugar, te pido que seas capaz de dar un buen testimonio de Mí, y que puedas entrar plena y profundamente en la realidad. Si no hablara de manera directa, ¿podrías abandonar todo lo que hay a tu alrededor y permitir que Yo te use? ¿No es esta la realidad que Yo requiero? ¿Quién es capaz de comprender el significado de Mis palabras? Sin embargo, espero que las dudas no os agobien, que seáis proactivos en vuestra entrada y comprendáis la esencia de Mis palabras. Esto evitará que malinterpretéis Mis palabras, y que no tengáis clara Mi intención, violando así Mis decretos administrativos. Espero que entendáis Mis propósitos para vosotros en Mis palabras. No penséis más en vuestras propias perspectivas, y actuad tal como habéis decidido delante de Mí que todo debe someterse a la merced de Dios. Todos aquellos que están en Mi casa deberían hacen tanto como puedan; deberías ofrecer lo mejor de ti a la última parte de Mi obra sobre la tierra. ¿Estás realmente dispuesto a poner en práctica tales cosas?

de ‘La cuarta declaración’ en “La Palabra manifestada en carne”

216. Dar un testimonio contundente de Dios tiene relación principalmente con que tengas o no un entendimiento del Dios práctico, y con que seas o no capaz de obedecer ante esa persona que no sólo es corriente, sino normal, e incluso obedecer hasta la muerte. Si das verdaderamente un testimonio de Dios por medio de esta obediencia, eso significa que Dios te ha obtenido. Ser capaz de obedecer hasta la muerte, y estar libre de quejas ante Él, no emitir juicios, no difamar, no tener nociones ni ningún otro propósito, esta es la forma en que Dios obtendrá gloria. La obediencia ante una persona corriente, a la que el hombre mira con desprecio, y ser capaz de obedecer hasta la muerte sin noción alguna, esto es un testimonio verdadero. La realidad a la que Dios exige que entren las personas es ser capaz de obedecer Sus palabras, de ponerlas en práctica, de inclinarse ante el Dios práctico y conocer la propia corrupción; ser capaz de abrir el corazón ante Él y, al final, ser ganado por Él a través de estas palabras suyas. Dios obtiene gloria cuando estas palabras te conquistan y te hacen totalmente obediente a Él; a través de esto, Él avergüenza a Satanás, y completa Su obra. Cuando tú no tienes noción alguna de la practicidad del Dios encarnado, es decir, cuando te mantienes firme en esta prueba, entonces das un buen testimonio. Si algún día tienes un entendimiento pleno del Dios práctico y puedes obedecer hasta la muerte como Pedro, Dios te ganará, y te perfeccionará.

de ‘Las personas que pueden ser absolutamente obedientes a la practicidad de Dios son quienes aman verdaderamente a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”