Por anhelar el estatus no consigues nada

15 Jul 2022

Por Xiaorui, Suecia

En julio me encargaron los trabajos en video. Al principio solía analizar los problemas y dificultades de mis hermanos y hermanas en el deber, y buscaba la verdad con ellos para hallar soluciones. Con el tiempo, mejoraron de forma evidente los resultados del trabajo. Pensé: “Ahora, con la continua mejora del trabajo, no debería haber grandes problemas. Aunque se produzca alguno, no repercutirá en los resultados del trabajo y tendremos tiempo de resolverlo”. Como todos eran activos en el deber y capaces de pagar un precio, creía no tener mucho de qué preocuparme. En esa época, hacer seguimiento de todo implicaba trasnochar a menudo, y a veces estaba demasiado ocupada como para comer a tiempo. Me sentía bastante cansada y no tenía muy buena salud, así que pensé que debía tomarme las cosas con calma. Luego empecé a relajarme en el trabajo y ya no era tan diligente en el seguimiento. En ocasiones solo preguntaba superficialmente, rara vez analizaba los pormenores de los deberes de mis hermanos y hermanas, y no pensaba en cómo seguir mejorando los resultados de nuestro trabajo.

Enseguida varios videos que produjimos presentaron problemas, y hubo que repetirlos, lo que repercutió directamente en el progreso del trabajo. Ante esta situación, estaba preocupadísima. Además, me di cuenta de que eso no sucedió por casualidad y de que entrañaba lecciones que debía aprender, por lo que oré a Dios para pedirle que me guiara hasta comprender Su voluntad. Tras orar, le pregunté al líder del equipo por qué estábamos teniendo esos problemas. El líder del equipo me contestó: “Algunos hermanos y hermanas aspiraban al éxito rápido y cumplían con el deber sin principios. Solo se centraban en los progresos, no en la calidad. Otro motivo es que yo no he seguido el trabajo y no he descubierto los problemas a tiempo”. Esto me hizo pensar con ira: “¿Cuántas veces te he hablado de estos problemas? ¿Por qué continúan sucediendo?”. Quise reprender al líder del equipo, pero reflexioné: “¿No tengo yo el mismo problema que el líder del equipo? Después de todo, tampoco hice seguimiento”. Así pues, me tragué mis palabras. Luego revisé rápidamente los videos creados por todos en esa época y descubrí que algunas personas no habían progresado en el deber, y otras hasta habían retrocedido. ¿Cómo no había descubierto antes unos problemas tan evidentes? Era plenamente consciente de que se debió a que yo no hacía un trabajo práctico. Compungida, oré a Dios para pedirle que me guiara a fin de reflexionar y conocerme a mí misma.

Al día siguiente, en mis devociones, leí un pasaje de la palabra de Dios. “Si no eres diligente en la lectura de las palabras de Dios y no haces introspección, si te limitas a un esfuerzo simbólico en el cumplimiento del deber, si te conformas con el estado de cosas y lo utilizas como capital, cada día con un enredo, viviendo en un estado de confusión, limitándote a hacer las cosas según lo previsto, sin aplicarte, sin usar jamás la cabeza, siempre superficial y descuidado, entonces nunca cumplirás con el deber a un nivel aceptable. Para poner todo tu esfuerzo en algo, primero debes poner todo tu corazón en ello; solo cuando primero pones todo tu corazón en algo puedes poner todo tu esfuerzo en ello y esmerarte. Hoy día, hay quienes han empezado a ser diligentes en el cumplimiento del deber y se han puesto a pensar en cómo llevar adecuadamente a cabo el deber de un ser creado para satisfacer a Dios. No son negativos ni perezosos, no esperan pasivamente a que lo Alto dicte órdenes, sino que toman la iniciativa. A juzgar por vuestro cumplimiento del deber, sois un poco más eficaces que antes, y aunque todavía no está a la altura, se ha dado cierto crecimiento, lo que es bueno. Sin embargo, no debéis conformaros con el estado de cosas, hay que seguir buscando, seguir creciendo; será entonces cuando cumpliréis mejor con el deber y alcanzaréis un nivel aceptable. Cuando la gente cumple con el deber, nunca hace todo cuanto está a su alcance y lo da todo, nunca es capaz de mantener las cosas en su estado normal. Cuando no hay nadie que la vigile ni le brinde sustento, se relaja y flaquea; cuando hay alguien que le enseña la verdad, se anima, pero si no se le enseña la verdad durante un tiempo, se vuelve indiferente; y ¿cuál es el problema de estas constantes idas y venidas? Que así son las personas cuando no han alcanzado la verdad: que todas viven con fervor, un fervor sumamente difícil de mantener: han de tener a alguien que les predique y enseñe todos los días; una vez que no hay nadie que las riegue y provea y nadie que las sustente, se les enfría de nuevo el corazón, flaquean una vez más. Y cuando su corazón flaquea, se vuelven menos eficaces en el deber; si se esfuerzan más, la eficacia aumenta, el cumplimiento de su deber se hace más productivo y aprenden más. ¿Es esta vuestra experiencia? Quizá digáis: ‘¿Por qué siempre tenemos problemas para cumplir con el deber? Cuando estos problemas se resuelven, nos revitalizamos; cuando no, nos volvemos indiferentes. Cuando se deriva algún resultado de nuestro cumplimiento del deber, cuando Dios nos elogia por nuestro crecimiento, estamos encantados y sentimos que por fin hemos madurado, pero poco después, cuando nos encontramos con una dificultad, nos ponemos negativos otra vez; ¿por qué es tan dispar nuestro estado?’. En realidad, comprendéis muy pocas verdades, vuestras experiencias y entradas son demasiado superficiales, y la mayoría carecéis de voluntad y simplemente os conformáis con poder cumplir con el deber. Si no buscáis la verdad, ¿cómo podéis cumplir adecuadamente con el deber? A decir verdad, todo lo que Dios le pide a la gente es alcanzable para ella; siempre y cuando uséis la conciencia y seáis capaces de obedecerla en el cumplimiento del deber, os será fácil aceptar la verdad, y si podéis aceptar la verdad, podréis cumplir adecuadamente con el deber. Debéis pensar así: ‘A base de creer en Dios estos años, a base de comer y beber de Sus palabras estos años, hemos aprendido muchísimo y Dios nos ha otorgado maravillosas gracias y bendiciones. Vivimos en las manos de Dios, vivimos bajo el poder de Dios, bajo su dominio, y Él nos ha dado este aliento, por lo que debemos usar la cabeza y esforzarnos por cumplir con el deber con todas nuestras fuerzas, esta es la clave. La gente debe tener voluntad; solamente aquellos que tienen voluntad pueden esforzarse verdaderamente por la verdad, y solo una vez que hayan comprendido la verdad podrán cumplir correctamente con el deber, satisfacer a Dios y avergonzar a Satanás’. Si tú tienes esta clase de sinceridad y no haces planes en aras de tu propio bien, sino nada más que para alcanzar la verdad y cumplir correctamente con el deber, tu cumplimiento de él se volverá algo normal y se mantendrá constante todo el tiempo; sin importar con qué circunstancias te encuentres, sabrás perseverar en el cumplimiento del deber, y pase lo que pase, sea tu estado de ánimo bueno o malo, serás capaz igualmente de cumplir con el deber con normalidad. De esta manera, Dios podrá tomarse un respiro respecto a ti, y el Espíritu Santo podrá darte esclarecimiento para que comprendas los principios de la verdad y guiarte para que entres en la realidad de la verdad; en consecuencia, seguro que tu cumplimiento del deber estará a la altura. Siempre y cuando te esfuerces sinceramente por Dios, cumplas con el deber con los pies firmes sobre la tierra y no seas astuto y escurridizo, Dios contemplará tu corazón, sopesará cada uno de tus pensamientos y motivaciones, todo lo que piensas en lo más hondo del corazón y lo que tienes en cuenta cada día; y cuando aprecie sinceridad en ti, te dará esclarecimiento” (‘La entrada en la vida es sumamente importante para la fe en Dios’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). Tras meditar la palabra de Dios, hice introspección y me percaté de que últimamente había logrado algunos resultados en el deber, por lo que empecé a sentirme satisfecha de mí misma y a pensar en la carne. Cansada por haber estado ocupada tanto tiempo, pensé que debía ser más amable conmigo misma y comencé a relajarme y a holgazanear en el deber. Decidí quedarme al margen y no me enteraba a su debido tiempo de cómo cumplían los demás con el deber. Aunque sabía que aún había problemas que resolver en nuestro trabajo, no tenía ninguna prisa. Creía que eso estaba bien mientras no repercutiera en nuestros resultados actuales. Por naturaleza, todo el mundo sale del paso y tiende a holgazanear en el deber; pero, a pesar de eso, yo no hacía seguimiento, salía del paso en el deber y era descuidada e irresponsable. ¿Cómo no iban a surgir problemas en el trabajo? La casa de Dios me había dado la ocasión de practicar y me había permitido ser supervisora con la esperanza de que fuera atenta y responsable en el deber, de que no escatimara esfuerzos en él y cumpliera con mis responsabilidades. Es el único camino para progresar. Sin embargo, yo consideraba el deber un empleo, como si trabajara para otro. Aprovechaba cualquier oportunidad para preocuparme menos y contribuir menos. No tenía sensación de preocupación ni de urgencia. Nunca pensaba en cómo hacer mejor las cosas o lograr los mejores resultados. Únicamente pensaba en cómo sufrir menos y no estar cansada. No tenía ninguna consideración por la voluntad de Dios. Fue entonces cuando me di cuenta de que mi actitud hacia el cumplimiento del deber era la equivocada y de que yo no me tomaba a Dios en serio.

En una reunión, vi un pasaje de la palabra de Dios que revelaba a los falsos líderes y me afectó profundamente. Dicen las palabras de Dios: “Como los falsos líderes no conocen el estado del progreso del trabajo, esto suele provocar reiterados retrasos. En ciertos trabajos, dado que la gente no capta los principios y, además, no hay nadie adecuado para dirigir el trabajo, los que lo llevan a cabo suelen encontrarse en un estado de negatividad, pasividad y espera que repercute gravemente en el progreso del trabajo. Si el líder hubiera cumplido con sus responsabilidades —si se hubiera hecho cargo, hubiera impulsado el trabajo, hubiera apremiado a la gente y hubiera buscado a alguien que entendiera el tipo de trabajo en cuestión para guiar—, el trabajo habría progresado más rápidamente, en lugar de sufrir reiterados retrasos. Para los líderes, pues, es vital conocer y captar la situación real del trabajo. Por supuesto, es muy necesario que los líderes conozcan y capten cómo está progresando el trabajo, ya que el progreso guarda relación con la eficacia del trabajo y los resultados que se pretenden lograr con él. Si un líder no capta ni siquiera cómo está progresando el trabajo, entonces, la mayoría de las veces, este se desarrollará lentamente y con pasividad. La mayoría de los que cumplen con el deber lo hacen sin cuidado, lentamente y con pasividad en ausencia de alguien que tenga sentido de la carga y cierta habilidad en ese tipo de labor, alguien que los apresure, supervise y guíe. Esto también ocurre cuando no hay crítica, disciplina, poda o trato. Es de suma importancia que los líderes y obreros conozcan y capten el progreso de su trabajo al día, pues la gente es indolente y, sin orientación, insistencia y seguimiento por parte de los líderes, sin unos líderes que conozcan al día el progreso del trabajo, es propensa a holgazanear, a ser perezosa, a ser superficial; si esta es su mentalidad hacia el trabajo, el progreso de dicha labor se verá gravemente afectado, al igual que su eficacia. Dadas estas circunstancias, los líderes y obreros cualificados deben hacer seguimiento puntual de cada faena y mantenerse informados de la situación con respecto al personal y al trabajo; no deben ser como los falsos líderes en absoluto. Los falsos líderes son descuidados e indiferentes en su trabajo, no tienen sentido de la responsabilidad, no resuelven los problemas cuando surgen, y sea cual sea el trabajo siempre ‘admiran las flores a lomos de un caballo al galope’; son negligentes y superficiales; todo lo que dicen es altisonante y vacío, sueltan doctrina y guardan las apariencias. En general, así trabajan los falsos líderes. Por compararlos con los anticristos, aunque no hacen nada abiertamente malvado ni son deliberadamente malignos y su trabajo no pueda definirse como malvado por naturaleza, es justo afirmar que, desde el punto de vista de la eficacia, su naturaleza es de negligencia y superficialidad, de ausencia de todo sentido de carga; no tienen lealtad al trabajo” (“Cómo identificar a los falsos líderes”). Tras leer las palabras de Dios, me sentí muy culpable. ¿No era mi conducta la de una falsa líder? Era perezosa y complaciente con mi carne y no seguía ni vigilaba el trabajo, lo que repercutía gravemente en el progreso y los resultados de nuestro trabajo en general. En mis imaginaciones, ese trabajo estaba bien gestionado y no había muchos problemas, pero en realidad todavía había muchos que resolver. Como no llevaba una carga y era una irresponsable, estaba ciega a todos nuestros problemas. Al reflexionar, también me di cuenta de que tenía una perspectiva equivocada. Como mis hermanos y hermanas eran activos y progresaban en el deber, creía que todos estaban muy motivados en él y que no necesitaban vigilancia. La palabra de Dios reveló hace mucho que la gente tiene una inercia y que todas sus actitudes corruptas están muy arraigadas. Antes de alcanzar la verdad y de que se transforme su carácter, la gente siempre complace la carne, anhela lo fácil, sale del paso, echa mano de la astucia y las trampas en el deber, y a veces actúa según sus ideas y no practica según los principios. Yo no era una excepción. Sin el juicio y castigo de Dios, y sin las advertencias y la supervisión de nuestros hermanos y hermanas, es fácil que holgazaneemos y es probable que surjan problemas en nuestro deber. Por tanto, he de seguir y supervisar el trabajo, además de descubrir y resolver enseguida los problemas y anomalías en nuestros deberes para que el trabajo marche sobre ruedas. Pero yo no entendía la naturaleza corrupta de la gente ni contemplaba a las personas y cosas según la palabra de Dios. Simplemente me fiaba de mi imaginación, no revisaba ni seguía el trabajo, no resolvía los problemas a tiempo, pero deseaba buenos resultados. Era la manifestación de una falsa líder que no hacía un trabajo práctico. Aunque no cometía un mal evidente, mi irresponsabilidad afectaba al trabajo y lo demoraba, y esa pérdida era irreparable. Al darme cuenta, me sinceré y hablé de mi estado con mis hermanos y hermanas. También señalé que todos se tomaban el deber demasiado a la ligera y que no aspiraban a progresar en él, y buscamos soluciones juntos. Después me tomé mi deber un poco más en serio. Al terminar de trabajar, meditaba si había margen de mejora. Solía hacer seguimiento del trabajo y analizarlo y hubo ciertas mejoras en nuestros resultados.

Poco después, nos encontramos con un problema en la creación de videos, y el líder del equipo me preguntó si tenía algún método o sugerencia válido. Sin saber qué responder, dije: “Aún no se me ha ocurrido una buena solución, por lo que sigamos pensando en ello”. Sin embargo, luego no busqué rápidamente una solución al problema porque sabía que superar esa dificultad no era algo que pudiera lograrse simplemente con unas pocas palabras. Tendría que buscar datos e investigar, lo que tomaría mucho tiempo y esfuerzo, y me haría falta probar cosas y evaluar resultados constantemente. No sabía si al final tendría éxito. Si no funcionaba, ¿no sería vano todo mi esfuerzo? Cuanto más lo pensaba, más tediosa me parecía la tarea. Pensé: “Olvídalo, las cosas están bien así. Por ahora, los resultados de nuestro trabajo son buenos, por lo que no hay prisa por resolver esto”. Y dejé el problema a un lado. No obstante, me sentía algo incómoda. No era que me resultara imposible resolverlo. Tan solo tenía que pagar un precio algo mayor. El líder del equipo dijo entonces: “Los hermanos y hermanas tienen dificultades, y hemos de resolverlas”. La advertencia del líder del equipo me hizo reflexionar: “Como supervisora, ¿no debería tomar la iniciativa de abordar las dificultades y resolver los problemas de la gente? Sin embargo, cuando observo dificultades, las evito, y no tengo sentido de la responsabilidad”. Con sentimiento de culpa, oré a Dios: “Dios mío, ante las dificultades en el trabajo, nunca quiero esforzarme y siempre pienso en mis intereses carnales. Sé que esto no concuerda con Tu voluntad. Te pido que me guíes para hacer introspección y modificar mi estado incorrecto”.

En mis devociones me preguntaba por qué siempre pensaba en mi carne en el deber y por qué no podía pagar un precio para hacer un trabajo práctico. Un día leí dos pasajes de las palabras de Dios. Dios Todopoderoso dice: “Entonces, ¿qué es el veneno de Satanás? ¿Cómo se puede expresar? Por ejemplo, si preguntas ‘¿Cómo debería vivir la gente? ¿Para qué debería vivir?’, te responderán: ‘Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda’. Esta sola frase expresa la raíz del problema. La filosofía y la lógica de Satanás se han convertido en la vida de las personas. Sea lo que sea lo que persigue la gente, lo hacen para sí mismos, por tanto solo viven para sí mismos. ‘Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda’: esta es la vida y la filosofía del hombre y también representa la naturaleza humana. Estas palabras se han convertido ya en la naturaleza de la humanidad corrupta, en el auténtico retrato de su naturaleza satánica, la cual se ha convertido ya en la base de la existencia de esta humanidad corrupta. La humanidad corrupta ha vivido según este veneno de Satanás durante varios miles de años y hasta nuestros días” (‘Cómo caminar por la senda de Pedro’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). “La carne del hombre es como la serpiente: su sustancia es hacer daño a su vida y cuando consigue completamente lo que quiere, la vida se pierde. La carne pertenece a Satanás. Dentro de ella hay deseos extravagantes, la carne solo piensa en sí misma, quiere disfrutar de comodidades, deleitarse en el ocio y regodearse en la pereza y la holgazanería. Una vez que la hayas satisfecho hasta un determinado punto, te terminará comiendo. Es decir, si la satisfaces una vez, la siguiente vez vendrá pidiendo más. La carne siempre tiene deseos extravagantes y nuevas exigencias y se aprovecha de que la complazcas para hacer que la valores aún más y vivas entre sus comodidades, y si no la vences, con el tiempo, acaba por arruinarte. Que puedas o no lograr vida ante Dios y cuál sea tu final definitivo, depende de cómo lleves a cabo tu rebelión contra la carne. Dios te ha salvado, escogido y predestinado, pero si hoy no estás dispuesto a satisfacerle, a poner en práctica la verdad, a rebelarte contra tu propia carne con un corazón que ame a Dios de verdad, te terminarás destruyendo, y sufrirás un dolor extremo. Si siempre complaces la carne, Satanás te devorará gradualmente y te dejará sin vida y sin el toque del Espíritu, hasta que llegue el día en que te encuentres totalmente en tinieblas en tu interior. Cuando vivas en la oscuridad, Satanás te habrá llevado cautivo; ya no tendrás más a Dios en tu corazón y en ese momento negarás Su existencia y lo abandonarás” (‘Solo amar a Dios es realmente creer en Él’ en “La Palabra manifestada en carne”). Tras leer las palabras de Dios, descubrí lo peligroso de mi estado. Vivía según la filosofía satánica de “cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda”. Era especialmente egoísta y, pasara lo que pasara, siempre priorizaba mis intereses carnales. Ante un problema que hubiera que resolver en mi deber, jamás pensaba en cómo favorecer el trabajo de la casa de Dios. Siempre me preocupaba mi carne y quería sufrir menos y pagar un precio menor. De hecho, en algunos problemas, mientras pagara un precio y me tomara un poco de tiempo para estudiarlos y entenderlos, podía resolverlos, pero como me importaba demasiado mi carne y no estaba dispuesta a sufrir, la investigación profesional me parecía un esfuerzo mental excesivo. En consecuencia, el problema no se resolvía nunca y el trabajo nunca mejoraba. La palabra de Dios revela que la carne de las personas pertenece, en esencia, a Satanás, y la carne siempre tiene muchos deseos y exigencias. Cuanto más la satisfacemos, mayor es su deseo, y cuando hay un conflicto entre nuestros intereses carnales y nuestros deberes, si siempre anhelamos la comodidad, obedeceremos la carne y postergaremos la labor de la casa de Dios. Esto satisface la carne, pero perjudica la labor de la casa de Dios, nos hace caer en tinieblas y perjudica nuestra vida. Son graves las consecuencias de complacer la carne y anhelar la comodidad. Yo no apreciaba la esencia de la carne y siempre anhelaba la comodidad. El gozo carnal me parecía más importante que nada. ¿No eran mis afanes y perspectivas los mismos que los de los incrédulos? Los incrédulos suelen decir “sé amable contigo”, o sea, que no sufra tu carne, y satisfacen todo deseo y exigencia carnal. Solo viven por la carne, no entienden en absoluto el valor y el sentido de la vida humana y no tienen el rumbo y el propósito correctos en la vida. Se pasan la vida en un vacío, viviendo totalmente en vano. ¿Tiene algún sentido vivir así? En la iglesia hay quienes siempre anhelan el placer carnal, no buscan la verdad, descuidan su deber, hacen trampas y holgazanean, lo que perjudica gravemente la labor de la casa de Dios, y al final son destituidos e inhabilitados para cumplir con un deber, y pierden toda oportunidad de salvación. ¡Son unas consecuencias sumamente graves! Entonces pensé en mí. Hacía años que creía en Dios, pero no había cambiado de perspectiva en absoluto. Valoraba mis intereses carnales más que la verdad. Únicamente anhelaba la comodidad y simplemente cumplía mi deber por inercia. De continuar así, ¿no me rechazaría y descartaría Dios a mí también? Al percatarme, sentí mucho miedo. Ya no podía tener en consideración mi carne. Quería cumplir tenazmente con el deber y con mis responsabilidades.

Un día leí las palabras de Dios y hallé una senda de práctica. Dicen las palabras de Dios: “Si eres alguien que realmente cree en Dios, debes pagar algún precio cuando cumplas con el deber y esforzarte. ¿Qué significa esforzarse de verdad? Si te conformas simplemente con cierto esfuerzo simbólico y con padecer algunas dificultades físicas, pero no te tomas nada en serio el deber ni buscas los principios de la verdad, esto no es más que negligencia y superficialidad, no un esfuerzo de verdad. La clave para esforzarse implica volcarte en ello, temer a Dios de corazón, ser consciente de Su voluntad, tener miedo de desobedecerlo y lastimarlo, y padecer cualquier dificultad a fin de cumplir bien con el deber y satisfacer a Dios: si tu corazón ama a Dios de esta manera, sabrás cumplir correctamente con el deber. Si no temes a Dios de corazón, no tendrás ninguna carga cuando cumplas con el deber, no tendrás interés por él e, inevitablemente, serás negligente y superficial y cumplirás con las formalidades sin producir ningún efecto real, lo cual no supone cumplir con un deber. Si realmente tienes sentido de la carga y crees que cumplir con el deber es responsabilidad personal tuya, que, si no lo haces, no eres apto para vivir y eres una bestia y que solo si cumples correctamente con el deber eres digno de ser calificado de humano, y si además eres capaz de enfrentarte a tu propia conciencia ─si tienes este sentido de la carga cuando cumples con el deber─, entonces podrás hacerlo todo a conciencia y sabrás buscar la verdad y hacer las cosas de acuerdo con los principios, con lo que sabrás cumplir correctamente con el deber y satisfacer a Dios, y serás digno de la misión que Dios te ha otorgado, de todo lo que Él ha sacrificado por ti y de lo que espera de ti. Esto es lo único que supone esforzarse de verdad” (‘Realizar bien el deber requiere, por lo menos, conciencia’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). “Cuando te revelas como alguien egoísta y vil y te haces consciente de ello, debes buscar la verdad, debes buscar cómo actuar en concordancia con la voluntad de Dios, qué hacer para beneficiar a la obra de la casa de Dios y la entrada en la vida de los hermanos y las hermanas. Debes empezar por dejar de lado tus intereses, renunciando a ellos paulatinamente en función de tu estatura, un poco cada vez. Tras haber experimentado esto unas cuantas veces, los habréis dejado de lado completamente, y, después de ello, os sentiréis firmes, y sentiréis que, como ser humano, debéis tener conciencia y razón, que no debéis ser egoístas, y debéis ser considerados con la voluntad de Dios; y seréis una persona directa y recta como consecuencia. Hacer las cosas exclusivamente para satisfacer a Dios es honorable y da valor a la vida. Vivir así en la tierra, estáis siendo abierto y honesto, que estáis siendo una persona auténtica, que tenéis la conciencia tranquila y sois dignos de todas las cosas que Dios os ha otorgado. Cuanto más vivas de esta manera, más firme y luminoso te sentirás. Así pues, ¿no habréis emprendido el camino correcto?” (‘Entrega tu verdadero corazón a Dios y podrás obtener la verdad’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). Entendí que, para cumplir bien con el deber, tengo que esforzarme. No puedo esforzarme y pagar un precio solamente en apariencia. Lo principal es llevar una carga de corazón, priorizar la labor de la casa de Dios por encima de todo, esmerarme y lograr las cosas que debo lograr. Es el único camino para cumplir con el deber y vivir con semejanza humana. Dios me encumbró al ponerme a cargo de los trabajos en video. Muchos estudian el camino verdadero mirando los videos de la casa de Dios. Dar testimonio de Dios con buenos videos es una parte importantísima de la difusión del evangelio, y yo debía ampararme en Dios y esmerarme por cumplir bien con mi deber. Aunque me topé con dificultades y problemas varios en el deber, gracias a estas dificultades aprecié con nitidez mi estado de depravación que anhelaba la comodidad y desdeñaba los progresos. Descubrí mis perspectivas equivocadas de búsqueda, así que pude arrepentirme y transformarme. Estas dificultades y estos problemas fueron oportunidades que tuve de alcanzar la verdad y despojarme de actitudes corruptas. A su vez, también hicieron que descubriera mis defectos a nivel profesional para poder mejorar mis competencias profesionales y progresar en el deber. Gracias a estas dificultades pude progresar; ¿no es eso algo bueno? Tras entender la voluntad de Dios, me sentí motivada de nuevo. Más adelante, oraba a Dios por nuestros problemas y dificultades, buscaba Su guía y debatía soluciones con mis hermanos y hermanas. De todo corazón, ya no quería ser perezosa ni quedarme al margen, y, asimismo, me esforzaba por aprender competencias profesionales. Cuando me topaba con dificultades y quería abandonar, oraba a Dios, abandonaba la carne y pagaba un precio de forma práctica para buscar una solución. Poco después, finalmente encontraba un camino por el que avanzar, el problema se resolvía enseguida y nuestros resultados mejoraban un poco respecto a los de antes. Me sentía mucho más segura cumpliendo así con el deber. En realidad, no era tan difícil resolver problemas y hacer un trabajo práctico, y yo no sufría mucho. Tan solo era algo más concienzuda en el deber, y Dios me guiaba y bendecía. Mi entrada es aún muy limitada, por lo que, en lo sucesivo, me centraré en corregir mis actitudes corruptas en el deber y en cumplir con él de todo corazón ¡para satisfacer a Dios!

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