La única forma de vivir como una persona real

7 Feb 2021

Por Xincheng, China

Una vez leí una novela de un escritor japonés sobre un vendedor que lograba vender un producto de crecimiento capilar, tintura, pomada para cabello y una cortadora de cabello a un pintor que tenía poco cabello, diciéndole que solucionaría sus problemas. El pintor gastó un montón de dinero, pero igual terminó casi calvo. El escritor usó la sátira para exponer las estafas que algunos vendedores inescrupulosos usan hoy en día y para advertir a las personas para que no les crean. Esto empeora cada vez más, pero nadie puede solucionar el problema. Yo solía ser así. Mentía y engañaba a las clientas para ganar más dinero. Estaba cada vez más enredada y no podía parar. Luego acepté la obra de los últimos días de Dios Todopoderoso y comprendí algunas verdades mediante la lectura de las palabras de Dios Todopoderoso. Mi perspectiva se transformó, y empecé a practicar la verdad y a ser honesta de acuerdo con las palabras de Dios. Es la única forma de vivir abiertamente y tener una semejanza humana.

Cuando recién abrí una peluquería, juré que llevaría el negocio honestamente. Hice justamente eso, nunca cobré de más. Ponía todo mi esfuerzo al atender clientas, y mis precios era más bajos que los de otros estilistas. Pero después de agotarme durante un año, apenas me quedaron poco más de 2.000 yuanes tras pagar la renta, los impuestos comerciales, los servicios, la calefacción y demás. Tenía más trabajo que las peluquerías de enfrente, pero ellos ganaban mucho más dinero que yo. Sabía que obtenían mayores ganancias por estafar a sus clientes, usaban tácticas vulgares para obtener ganancias ilícitas. La verdad es que, a veces, yo quería hacer lo que ellos hacían, pero no me sentía cómoda ganando dinero así. Como dice el dicho; “pobre, pero honrada”. Sin importar cuán pobre era, sentía que debía mantener mi integridad. Lo pensé mucho, pero decidí seguir trabajando según mi conciencia y ser una buena persona, no importaba si ganaba poco. Así pasaron tres años rápidamente, y otros peluqueros, que había empezado al mismo tiempo que yo, habían comprado locales más grandes o hacían grandes negocios. Algunos incluso tenían sus propios autos, pero yo seguía exactamente en la misma posición en que estaba tres años antes.

Un día, mi papá enfermó y fue internado en el hospital. Su tratamiento iba a costar decenas de miles de yuanes. Yo apenas tenía algunos ahorros. Pedí todo el dinero que pude, pero apenas podía pagar la mitad de la cuenta médica. Pensar en cuánto había pedido y no saber cuándo iba a poder devolverlo desató una batalla en mí: ¿debería subir un poco mis precios? ¿Y si les cobraba más a las clientas pudientes? Cuando estaba en este dilema, una amiga me dijo: “Todo este sufrimiento es porque estás casada con tu honor. Los dueños de otras peluquerías ganan decenas de miles al año, pero tú solo ganas unos pocos miles. Eres muy terca. Si quieres pagar esas deudas pronto, tendrás que ser más inteligente en tu negocio. Necesitarás algunos trucos baja la manga para ganar más dinero”. Cuando se fue, la dueña de una peluquería de enfrente vino a burlarse de mí: “¡Diriges muy bien esta peluquería! Tienes mucho trabajo y una gran reputación, pero no es muy rentable. ¿Quieres ser la Madre Teresa? Si yo tuviera tu habilidad, me habría vuelto rica hace años. Eres demasiado honesta. Necesitas ser sagaz para dirigir un negocio, pero tú te estás agotando y apenas obtienes ganancias. ¿No dicen que ‘El dinero hace girar al mundo’, y ‘Solo un tonto no toma el dinero al alcance de sus manos’? Deberías pensarlo”. Esa noche, di muchas vueltas, no podía dormir. “Lo que ambas dijeron tiene sentido”. Pensé: “Soy totalmente honesta en mi negocio, entonces, ¿cuándo ganaré dinero? Como dicen: ‘El dinero no es omnipotente, pero sin él no se puede hacer absolutamente nada’. Un centavo puede conquistar incluso a un héroe. Además, mi papá está enfermo en el hospital, y yo no puedo postergar su tratamiento. Para costear el tratamiento de mi papá y pagar mis deudas, es comprensible que use algunas tácticas para ganar dinero”. Me consolé así y decidí empezar a intentarlo con las clientas más ricas.

Al día siguiente, vino una clienta que quería una permanente. A juzgar por su ropa, se la veía muy pudiente, así que pensé en tomar ventaja de la posibilidad de ganar dinero extra. Cuando pagaba, le pedí 200 yuanes en el momento. A decir verdad, mi corazón latía fuerte porque solía cobrar solo 120 yuanes, así que cuando pedí tanto, me pregunté si me acusaría de cobrar de más. Si decía que era demasiado costoso, podía bajar un poco el precio. Me sentía culpable y no podía siquiera mirarla a la cara. Ella me dio el dinero sin reparos y halagó mis habilidades. Estaba muy contenta con su peinado y dijo que valía cada centavo. Dijo que me recomendaría a sus amigos y familiares. Cuando se fue, me sentí intranquila un tiempo. Ella confiaba mucho en mí, pero yo la había engañado. Era muy inmoral. Pero “Solo un tonto no toma el dinero al alcance de sus manos”. También tenía deudas, por lo que enterré mis sentimientos de culpa. Desde ese día, cambié mi actitud hacia el negocio. Cuando venía alguien pudiente, le daba la bienvenida con una sonrisa y le recomendaba algunos servicios y productos en especial.

Una vez, una clienta dijo que quería que le lavara el cabello y la peinara, y pensé: “Un lavado vale menos de 10 yuanes. Debo hallar un truco para ganar más que eso”. Entonces, le dije: “Su cabello está muy seco. Si no empieza a cuidarlo pronto, podría empezar a caerse, y el cabello es como un segundo rostro para las mujeres. Si empieza a tener problemas con el cabello, será muy tarde para lamentarse”. Todo lo que le dije la convenció, gastó más de 300 yuanes en un set de productos para la pérdida del cabello y se convirtió en clienta regular para los tratamientos con aceite caliente. Cuando se fue, me sentí un poco incómoda. Tenía el dinero, pero no estaba segura de cuán efectivo era el producto. Había exagerado sobre el producto, pero ¿qué haría si no funcionaba bien, y ella volvía para quejarse? Pero no tenía sentido preocuparse. Ya lo había vendido, y eso era todo. Unos días después, mientras le cortaba el cabello a una clienta, dijo que tenía caspa y le picaba el cuero cabelludo. Pensé: “Puedo recomendarle algún champú de los que vendo aquí para ganar un poco más de dinero”. Con tacto, le dije: “La caspa y la picazón del cuero cabelludo se deben a la inflamación. Si empeora, podría empezar a perder cabello, y eso impactaría en su autoestima”. Rápidamente, me preguntó qué se podía hacer al respecto, así que, por supuesto, le recomendé mi champú anticaspa y le prometí que funcionaría bien. Compró el champú muy alegremente. Le cobré 68 yuanes por un producto que me había costado solo 25 yuanes, y ella me lo agradeció una y otra vez. Me di cuenta de que ganar dinero así era muy fácil. Con razón los dueños de las otras peluquerías se enriquecían. Pensé que sería rica muy pronto también, y no tendría que preocuparme por las cuentas del hospital de mi papá. Así, la incomodidad en mi corazón desapareció gradualmente, y llegué a creer que la única forma de ganar dinero era mentir y engañar.

Pasaron diez años muy rápidamente. Había ganado algo de dinero, había pagado todas mis deudas e incluso había comprado una casa y un auto. No sabía por qué, pero, aunque mi vida era más cómoda, no me sentía para nada feliz. Siempre tenía una sensación de vacío e incomodidad. Dicen que “El cielo vigila lo que haces” y “El que las hace las paga”. Temía que las clientas a las que había engañado volvieran un día a saldar cuentas conmigo, y entonces mi reputación quedaría arruinada. Ese pensamiento me aterraba, y vivía con miedo. Era agotador. Quería volver a comerciar honestamente, pero no lograba convencerme de hacerlo. Era como un ladrón que había empezado a disfrutar del robo, quería dejarlo, pero no podía.

Cuando estaba luchando dolorosamente, atrapada en un lodazal de pecado, una amiga compartió conmigo el evangelio de los últimos días de Dios Todopoderoso. Me dijo que las palabras de Dios son toda la verdad y pueden resolver todas nuestras dificultades, que pueden curar el dolor en nuestra alma. Después de eso, empecé a reunirme y leer las palabras de Dios con otros, a cantar canciones de alabanza, y me sentí verdaderamente en paz. No se puede poner precio a ese tipo de sentimiento. Decidí practicar bien mi fe.

Una vez, en una reunión, los hermanos y hermanas leyeron un pasaje de las palabras de Dios. “Honestidad significa dar tu corazón a Dios; ser auténtico y abierto con Dios en todas las cosas, nunca esconderle los hechos, no tratar de engañar a aquellos por encima y por debajo de ti, y no hacer cosas solo para ganaros el favor de Dios. En pocas palabras, ser honesto es ser puro en tus acciones y palabras, y no engañar ni a Dios ni al hombre. […] Si tienes muchas confidencias que eres reacio a compartir, si eres tan reticente a dejar al descubierto tus secretos, tus dificultades, ante los demás para buscar el camino de la luz, entonces digo que eres alguien que no logrará la salvación fácilmente ni saldrá de las tinieblas” (‘Tres advertencias’ en “La Palabra manifestada en carne”). Esto me conmovió mucho. Vi que a Dios le gustan las personas honestas, y detesta a las que engañan. Ser una persona honesta es el único modo de entrar en Su reino. Los hermanos y hermanas eran puros y abiertos. Aunque a veces mentían para proteger su reputación o estatus, siempre podían reflexionar sobre sí mismos y ser abiertos y honestos. Sus vidas eran muy libres y liberadas. Sentía que la iglesia no se parecía al mundo en nada. A Dios le gustan las personas honestas, y cuanto más honesto es alguien, más le gusta a Dios, pero cuanto más engañe, más lo detesta Él. Solo las personas honestas pueden ganar verdadera felicidad y alegría. De verdad quería ser honesta, alguien que le guste a Dios. Pero después pensaba que tenía un negocio; y en esta sociedad materialista, el dinero lo es todo, y ser honesto en los negocios no solo implica que no puedes ganar dinero, además, los demás te tomarán por tonto. No hay forma de asegurarse una posición en una sociedad así, y, al final, terminarás teniendo que cerrar. Pero las palabras de Dios establecen claramente que a Él le gustan los honestos, y que es difícil que se salven los que engañan. Si no practicaba la verdad como Dios exige y seguía siendo turbia, mintiendo y engañando en los negocios, ¿no desagradaría eso a Dios? Pensé mucho y, al final, decidí actuar de acuerdo con las palabras de Dios, practicar decir la verdad y ser una persona honesta.

Un día, mientras le cortaba el cabello a una clienta, me preguntó si su cabello estaba seco y, de ser así, quería un tratamiento con aceite también. Pensé: “Solo gano diez yuanes por un corte, pero el tratamiento con aceite sería al menos otros cien. La misma clienta lo pidió, yo no intenté venderle nada de más para ganar más dinero”. En realidad, miré su cabello y vi que no estaba para nada seco pero, si le decía la verdad, ella no querría el tratamiento. Me sentía perdida, y recordé estas palabras de Dios: “Ser honesto es ser puro en tus acciones y palabras, y no engañar ni a Dios ni al hombre” (‘Tres advertencias’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios fueron un oportuno recuerdo de que las personas honestas son prácticas y realistas en sus palabras y sus acciones. No engañan a Dios ni a otras personas. Como quería ser una persona honesta, debía actuar de acuerdo con las palabras de Dios y decir la verdad. Por eso, le dije a la clienta: “Su cabello no está seco. No desperdicie su dinero”. Sorprendida, me respondió: “Me sorprende que tenga tanta integridad profesional. Hay pocas personas que trabajen como usted hoy en día. Enviaré a todos mis parientes para que les arregle el cabello, definitivamente”. Me encantó oír que la clienta decía esto, le agradecí a Dios una y otra vez. ¡Experimenté lo dulce y maravilloso que es ser honesta y decir la verdad!

En los días siguientes, actué como una persona honesta de acuerdo con los requisitos de Dios. Antes de que me diera cuenta, todo el miedo y la preocupación en mi corazón desaparecieron, y ya no me preocupaba que alguien volviera y se quejara. Dormía tranquila cada noche. Pensé que podía practicar la verdad y hablar con honestidad pero, para mi sorpresa, mis actitudes y mis filosofías satánicas estaban muy arraigadas. Ante una gran ganancia, volvía a mis antiguos modos.

Un día, cinco mujeres fueron a la peluquería. Acababan de volver de un viaje, y el taxista le recomendó mi peluquería, por eso fueron directamente. Una de ellas dijo: “El precio no es problema, solamente asegúrese de hacer un buen trabajo”. Al oírla decir esto, pensé: “Prácticamente está en mi bolsillo. Estiraré la verdad solo esta vez, y Dios debería perdonarme”. Por eso, dije que las permanentes de 160 yuanes costaban 260 yuanes, y ellas no dijeron nada. Así gané 500 yuanes extra. Cuando tuve el dinero, me sentí muy contenta, pensaba que no debería preocuparme por la renta del negocio ese mes. Pero, a la noche, me sentí mal y triste. Di vueltas y vueltas, no podía dormir.

Después pensé que sabía que ser una persona honesta era algo positivo y se relacionaba con cómo nos conducimos y si podemos ser salvados y entrar en el reino de Dios. Entonces, ¿por qué no podía ponerlo en práctica? ¿Cuál era la razón verdadera? En busca de respuestas, vi un video de una lectura de las palabras de Dios. Dios Todopoderoso dice: “En el pasado, las personas dirigían sus negocios de modo tal que no se engañaba ni a viejos ni a jóvenes, y vendían artículos al mismo precio, independientemente de quién comprara. ¿No se transmite aquí un indicio de conciencia y humanidad? Cuando las personas obraban así, de buena fe al dirigir su negocio, se puede ver que seguían teniendo cierta conciencia y humanidad en ese tiempo. Pero con la exigencia creciente del hombre de tener más dinero, sin darse cuenta, las personas llegaron a amar cada vez más el dinero, la ganancia y el placer. En resumen, llegaron a considerar el dinero como más importante que antes. Cuando las personas ven el dinero como lo más importante, inconscientemente descuidan su reputación, su renombre, su prestigio y personalidad; ¿no es así? Cuando te metes en negocios, ves a otras personas que usan diversos medios para estafar a las personas y hacerse ricas. Aunque el dinero ganado es deshonesto, cada vez son más y más ricos. Aunque se dediquen al mismo negocio que tú, toda su familia disfruta de la vida más que tú y te sientes mal, y protestas para ti mismo: ‘¿Por qué no puedo yo hacer eso? ¿Por qué no puedo ganar tanto como ellos? Tengo que pensar en una forma de hacer más dinero, de que mi negocio prospere’. A continuación, haces tu mejor esfuerzo por reflexionar acerca de cómo hacer mucho dinero. Según la forma habitual de hacer dinero, vender las cosas al mismo precio para todos los clientes, el dinero que consigues se gana en buena conciencia. Sin embargo, esta no es la manera de hacerte rico pronto. Bajo la urgencia de obtener beneficio, tu pensamiento experimenta una transformación gradual. Durante esta transformación, tus principios de conducta también empiezan a cambiar. Cuando engañas a alguien por primera vez, tienes tus reservas y dices: ‘Esta será la última vez que engaño a alguien, no volveré a hacerlo. No puedo engañar a las personas. Engañar tiene graves consecuencias. ¡Me traerá muchos problemas!’. Cuando engañas por primera vez a alguien, tu corazón siente algunos escrúpulos; esta es la función de la conciencia del hombre: hacer que tengas escrúpulos y te reproches, de manera que cuando obres así, lo sientas poco natural. Sin embargo, después de haber tenido éxito engañando a alguien, ves que ahora tienes más dinero que antes y crees que este método puede resultarte muy beneficioso. A pesar del apagado dolor en tu corazón, todavía te apetece felicitarte por tu éxito, y te sientes algo contento contigo mismo. Por primera vez apruebas tu propia conducta y tu propio engaño. Después, una vez que el hombre ha sido contaminado por este engaño, es lo mismo que aquel que se involucra en el juego y después se convierte en jugador. Sin darte cuenta, apruebas tu propia conducta engañosa y la aceptas. En tu inconciencia, consideras que el engaño es una conducta comercial legítima y el medio más útil para tu supervivencia y tu sustento; piensas que, al hacer esto, puedes hacer una fortuna rápidamente. Esto es un proceso: al principio, las personas no pueden aceptar este tipo de comportamiento y menosprecian esta conducta. Después empiezan a experimentar con esta conducta probándola a su manera, y su corazón empieza a transformarse poco a poco. ¿Qué tipo de transformación es esta? Es una aprobación y la admisión de esta tendencia, de esta idea infundida en ti por la tendencia social. Sin darte cuenta llegas a sentir que si no engañas a las personas al hacer negocios con ellas, estarás peor; sientes que, si no engañas a las personas, es como si hubieras perdido algo. Inconscientemente, este engaño se convierte en tu alma misma, en tu pilar, y en un tipo de comportamiento indispensable que es un principio en tu vida. Después de que el hombre ha aceptado esta conducta y este pensamiento, ¿no causa esto un cambio en su corazón? Tu corazón ha cambiado, ¿ha cambiado, pues, tu integridad también? ¿Ha cambiado tu humanidad? ¿Ha cambiado tu conciencia? (Sí). Sí, cada parte de la persona experimenta un cambio cualitativo, de su corazón a sus pensamientos, hasta el extremo de ser transformada desde el interior. Este cambio te lleva cada vez más y más lejos de Dios y te alineas más y más con Satanás, y eres más y más semejante a él” (‘Dios mismo, el único VI’ en “La Palabra manifestada en carne”). Todas las palabras de Dios reflejan la realidad. Así era yo, exactamente. Al principio, seguí mi conciencia y trabajé honestamente. Pero cuando mi papá fue al hospital, urgida por mi amiga y mi colega, empecé a mentir y engañar para ganar más dinero. Al final, no podía detenerme. Quería parar, pero no podía. Vi que la corrupción de Satanás causaba todo eso. Me había influenciado la sociedad, y había aceptado las filosofías satánicas “Cada hombre por sí mismo y sálvese quien pueda”, “El dinero es lo primero”, “El dinero no es omnipotente, pero sin él no se puede hacer absolutamente nada” y “El dinero hace girar al mundo”, como mis lemas. Seguí las tendencias malvadas en vez de ganar dinero honorablemente. Abandoné mis estándares básicos de conducta por dinero, aprendí a adaptar mi enfoque a lo que observaba en los demás. Me devanaba los sesos y no me detenía ante nada para engañar a las clientas, cada vez era más egoísta, mezquina, malvada y codiciosa. Perdí la conciencia, la razón y la dignidad que una persona normal debería tener. Aunque había ganado dinero mintiendo y engañando durante años, había pagado mis deudas y vivía más cómodamente, no había experimentado la verdadera felicidad. Me sentía culpable constantemente, siempre me preocupaba que me expusieran por mis mentiras y se arruinara mi reputación. Pero seguía atrapada y no podía escapar. Después de convertirme en creyente, incluso sabiendo que a Dios le gustan las personas honestas y habiendo decidido en oración practicar las palabras de Dios, cuando una suma de dinero significativa me tentó, no pude evitar mentir y engañar. Vi cuán profundamente Satanás me había corrompido. Por fin me di cuenta de que estas filosofías de vida satánicas son cosas negativas que engañan y dañan a las personas. Me corrompieron tanto que cada vez era más malvada y depravada. Vivir según estas ideas y hacer negocios deshonestamente no es la senda correcta en la vida. Poner en práctica las palabras de Dios y practicar la verdad como Dios exige, como una persona honesta, ¡es la única senda correcta en la vida!

Después, leí este pasaje de las palabras de Dios: “¿Cómo se puede ser honesto? ¿Cómo se practica la honestidad? (No mintiendo y no hablando de manera viciada). Eso es correcto y tiene algunos pormenores. ¿Qué significa ‘no hablar de manera viciada’? Significa no mentir ni encubrir intenciones y objetivos personales en lo que se dice. Si encubres un engaño o intenciones y objetivos personales, las mentiras, lógicamente, saldrán a la luz. Si no encubres ningún engaño ni intenciones u objetivos personales, lo que digas no estará viciado ni entrañará ninguna mentira; cuando digas ‘sí’ querrá decir ‘sí’, y cuando digas ‘no’ querrá decir ‘no’. El paso más crucial es la purificación de tu corazón en primer lugar. Una vez purificado tu corazón, se subsanarán todos los problemas de tu arrogancia y tus mentiras engañosas. Para ser honesto hay que purificar estas impurezas del corazón; una vez hecho esto, resultará sencillo ser una persona honesta. ¿Es complicado ser una persona honesta? No. Por muchos estados o actitudes corruptas que albergues, hay una verdad que puede subsanarlos todos. No mientas, llama las cosas por su nombre, practica de acuerdo con la verdad y sé sincero en todo lo que hagas; vive como un ser humano ante Dios y vive en la luz” (‘La senda para corregir el carácter corrupto’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”). Hallé una senda de práctica en las palabras de Dios. Primero, debemos corregir nuestros motivos, no decir mentiras y no pensar en engañar. Debemos vivir abiertamente, ser dignos del respeto y la confianza de los demás y vivir más y más una semejanza humana. A Dios le gustan las personas honestas, y Él las bendice. Esa clase de persona no vive en la oscuridad ni con dolor, y no se devana los sesos pensando como sostener una mentira. En especial, no viven cada día con miedo a las consecuencias de sus mentiras. Las personas honestas no tienen esas limitaciones, sino que están libres y en paz. Cuando entendí su verdadero significado, estuve dispuesta a practicar ser una persona honesta como Dios exige.

Al día siguiente, cerca del mediodía, estaba cortando el cabello de alguien cuando entró una mujer a la que le había recomendado un engrosador capilar. Traía mala cara. Pensé: “Parece que va a causar problemas. ¿Y si dice que el producto no sirve, y otras clientas lo oyen? Eso podría traer consecuencias en mi negocio. ¿Cómo puedo sacarla de aquí?”. Mientras intentaba pensar cómo lidiar con ella, pensé en las palabras de Dios: “No mientas, llama las cosas por su nombre, practica de acuerdo con la verdad y sé sincero en todo lo que hagas; vive como un ser humano ante Dios y vive en la luz” (‘La senda para corregir el carácter corrupto’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”). Me di cuenta de que ya no podía mentir o engañar, y, sin importar qué dijera una mujer o qué pensaran de mí otras clientas, si podía ganar más dinero después o no, debía ser honesta de acuerdo con las palabras de Dios, decir la verdad y luego aceptar su queja adecuadamente. Mientras pensaba eso, la escuché decir, enojada: “¿No dijo que este engrosador capilar ayudaría a que crezca el cabello? No me ha salido un solo cabello nuevo. Me engañó, ¿verdad?”. Le dije con sinceridad: “Algunas clientas han dicho que este producto es un tanto efectivo, y otras han dicho que no lo es. Yo no lo he usado, por lo que no puedo decir nada. Si siente que no funciona, no lo use más, y le devolveré su dinero”. Al oírme decir esto, su enojo se desvaneció y dijo, con una sonrisa: “Solo quería saber la verdad del asunto. Como está dispuesta a ser honesta, no hace falta un rembolso. Pero, aunque no tengo más cabello por usar este producto, sí está más suave y brillante que antes”. Cuando se fue, pensé en lo que acababa de pasar. Había experimentado realmente que ser honesta y practicar la verdad no es una desventaja. Además de ganar el respeto y la confianza de los demás, se siente bien. Esto me dio más confianza para ser una persona honesta.

Un fin de semana, mi hermana mayor vino a mi peluquería para que le lavara el cabello cuando había una clienta que quería que le tiñera el cabello. Miré su cabello y le dije: “Lo tiñó hace poco. Debería esperar un poco, estas tinturas tienen químicos que son dañinos”. La clienta me respondió, sorprendida: “No puedo creer que haya gente que trabaje así. Con razón le va tan bien. ¡El buen carácter lleva a un negocio exitoso!”. Cuando ella se fue, mi hermana me miró con curiosidad y dijo: “¿Tienes fiebre o algo? Ese dinero estaba prácticamente en tus manos, pero no lo tomaste”. Dije, con tranquilidad: “Nuestra conducta afecta nuestro trabajo. ¿Cómo puede llevar un buen negocio una persona que no es buena? Puedes ganar dinero rápido si no tienes escrúpulos, pero no dura mucho. Ahora hago todo de modo honesto y me siento mucho mejor al ganar dinero con conciencia”. Mi hermana sonrió y dijo: “No hacías negocios así antes. Has cambiado de verdad”. Al ver su mirada de asombro, le agradecí a Dios una y otra vez. Todo fue por las palabras de Dios, y pude probar la serenidad de ser una persona honesta y de decir la verdad.

Después de eso, mi peluquería estaba llena todos los fines de semana y los feriados, y muchas venían por el boca a boca o porque una amiga me había recomendado. Solía pensar que nunca avanzaría en mi negocio sin mentir un poco y que la gente se reiría de mí. Finalmente entendí que esa noción es ridícula y absurda. Seguir las filosofías satánicas aporta ganancia temporal, pero solo deja vacío y dolor. Es una forma de vida despreciable y vil, sin nada de semejanza humana. Ahora me concentro en practicar la verdad, hablar honestamente y vivir de modo recto. No solo gané el respeto y la confianza de los demás, también me siento personalmente en paz. ¡Es una forma de vida maravillosa! El pequeño cambio que sufrí ahora se debe por completo a las palabras de Dios. ¡Gracias a Dios Todopoderoso!

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