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82. La liberación del corazón

Por Zhengxin, EE.UU.

En octubre de 2016, mi esposo y yo aceptamos la salvación de Dios Todopoderoso en los últimos días mientras estábamos en el extranjero. Después de eso, empecé a asistir con frecuencia a congregaciones con hermanos y hermanas para leer las palabras de Dios, compartir nuestras experiencias y entendimiento de Sus palabras y cantar himnos de alabanza a Dios. Sentía que esa vida de la iglesia estaba llena de gozo, y la disfrutaba de verdad.

Pasaron unos meses en un abrir y cerrar de ojos y todos los hermanos y hermanas habían crecido en vida, en distinto grado. Especialmente la hermana Wang, que había creído en Dios durante menos tiempo, que creció más rápido. Ya fuera al orar o al compartir sus experiencias y entendimiento de las palabras de Dios, ella era más prácticas y poseían más luz que los del resto de nosotros. Su comunión también era clara y metódica. Todos los hermanos y hermanas decían que era de buen calibre y que progresaba rápido. Al principio, yo la admiraba realmente y a menudo les decía a mis hermanos y hermanas después de una reunión: “No sólo es clara y metódica la comunión de la hermana Wang, sino que además tiene muy buena comprensión. También suele ser capaz de buscar la voluntad de Dios cuando se encuentra con un problema”. Pero, pasado un tiempo, empecé a sentirme malhumorada. Pensaba: “¿Por qué todo el mundo la elogia a ella y no me elogian a mí? ¿Es posible que yo no haya crecido en absoluto? ¿Hay algún problema con mi comunicación?”. Gradualmente, desarrollé un sentimiento de insatisfacción con la hermana Wang y empecé a ponerme en contra de ella en secreto. Pensaba: “Si tú puedes comunicar sobre las palabras de Dios, yo también. Llegará el día en que te supere”. Incluso ideaba ardides: “Debería guardarme el entendimiento y la luz que obtengo generalmente de las palabras de Dios y compartirlo únicamente en las congregaciones con todos. Así, todos verán que yo también puedo experimentar Su obra y que el entendimiento que comparto también es muy práctico”. A partir de ese momento, leía las palabras de Dios cada vez que tenía la oportunidad y escribía en un cuaderno todo lo que había obtenido y lo que había entendido de Sus palabras. Cuando llegaba la hora de una congregación, examinaba cuidadosamente estos esclarecimientos en mi interior para ver cómo podía compartirlos de una manera tan clara, organizada y metódica como la de la hermana Wang. No tenía ni idea de por qué, pero, cuanto más quería alardear delante de mis hermanos y hermanas, más me ponía en evidencia. En cuanto llegaba la hora de mi comunicación, no me aclaraba. En lugar de eso, me salían las palabras desordenadas. No podía exponer claramente las perspectivas que quería expresar y todas las reuniones me resultaban muy embarazosas. En aquellos días, estaba muy inquieta y mi mente era un torbellino. No me sentía tan cercana a la hermana como antes. De manera gradual, empecé a sentir que las congregaciones se habían convertido en una especie de estrés para mí y no podía liberar mi corazón.

Entonces, un día le conté a mi marido lo que estaba pasándome mientras charlábamos: “Recientemente he visto que, en las congregaciones, la comunicación de la hermana Wang es mejor que la mía. Me he sentido realmente incómoda…”. Pero antes de terminar de hablar, mi esposo abrió los ojos como platos y me dijo con toda sinceridad: “La comunicación de la hermana Wang es buena y eso es edificante para nosotros. Debemos dar gracias a Dios por eso. ¿No será tu malestar simplemente celos?”. Sus palabras fueron como una bofetada. Lo negué rápidamente con la cabeza y lo desmentí: “No, no es eso. Yo no soy así”. Entonces, él dijo: “Todos nuestros hermanos y hermanas han obtenido algo de la comunicación de la hermana Wang. Si oírlo te incomoda, ¿no son celos de que ella sea más competente que tú?”. Las palabras de mi esposo me atravesaron el corazón una vez más. Me sentía muy disgustada. ¿De verdad podía ser yo tan horrible? Me sentí increíblemente agraviada y estaba al borde del llanto. Le dije: “No digas nada más. ¡Deja que me calme y lo pensaré yo sola!”. Después de eso, para mi sorpresa, mi esposo le contó a la hermana Liu, una líder de la iglesia, lo que estaba ocurriéndome. Quería que la hermana Liu me ayudara. Le reproché que hablara con ella sin preguntarme primero. ¿Cómo iba a presentarme ante mis hermanos y hermanas después de eso? ¿Acaso no me despreciarían si se enteraran de que estaba celosa de la hermana Wang? Cuanto más pensaba en ello, más me disgustaba, pero evitar la realidad no iba a resolver nada. Oré: “¡Oh, Dios! ¿Qué debo hacer?”.

Al día siguiente, estuve reflexionando lo que había revelado durante aquel período de tiempo. Los hermanos y hermanas normalmente compartían con todos el esclarecimiento y el entendimiento que obtenían de leer las palabras de Dios en cualquier momento, pero yo me reservaba la luz que había obtenido para sacarla a relucir durante nuestras congregaciones. Quería hablar de cosas que los demás no supieran para que mis hermanos y hermanas me admirasen. Cuando vi que otros hermanos y hermanas comunicaban mejor que yo, me sentía incómoda y quería superarlos. Solía pensar que yo realmente era de trato fácil y que nunca discutía por cada pequeñez, que era una persona buena y sencilla por naturaleza. Pero no osaba creer que podía estar celosa de alguien y que podía incluso ponerme en contra de esa persona y competir con ella en secreto. ¿Cómo podía ser así? Hacia el mediodía, llamé a una hermana para preguntarle si alguna vez se sentía celosa durante las congregaciones cuando oía que la comunión de otros hermanos y hermanas era mejor que la suya. Me contestó que no. También me dijo: “Si nuestros hermanos y hermanas comunican bien, es edificante y beneficioso para nosotros. ¡Lo disfruto de verdad y me hace feliz!”. Oírle decir eso hizo que me sintiera aún peor; sólo entonces vi lo fuerte que eran esos celos en mi interior. Lloré y oré a Dios: “¡Oh, Dios! No quiero ser una persona celosa, pero cada vez que escucho la comunicación maravillosa de esta hermana, no puedo evitar tener celos de ella. Llevo todo el día angustiada y cohibida por esto. De verdad, no sé qué debo hacer. ¡Dios! Ayúdame a liberarme de las ataduras de mi corazón celoso”. Más tarde, la líder de la iglesia, la hermana Liu, vino a verme. Leyó un par de pasajes de la palabra de Dios relevantes para mi condición. “¡Humanidad cruel y brutal! La confabulación y la intriga, los empujones entre ellos, la lucha por la reputación y la fortuna, la masacre mutua, ¿cuándo se van a terminar? Dios ha hablado cientos de miles de palabras pero nadie ha entrado en razón. […] ¿Cuántos no oprimen y discriminan a los demás con el propósito de mantener su propio estatus?” (“La Palabra manifestada en carne”) “Algunas personas siempre tienen miedo de que otras les roben el protagonismo y las superen, y que obtengan reconocimiento mientras ellas mismas son abandonadas. Esto lleva a que ataquen y excluyan a los demás. ¿Acaso no están celosas de las personas más capaces que ellas? ¿No es egoísta y despreciable este comportamiento? ¿Qué tipo de carácter es este? ¡Es malicioso! Pensar solo en uno mismo, satisfacer solo los deseos propios, sin mostrar consideración por los deberes de los demás y tener en cuenta solo los propios intereses y no los intereses de la casa de Dios” (“Registros de las pláticas de Cristo”). También compartió un pasaje de “Sermones y enseñanzas sobre la entrada a la vida”: “Entonces, ¿las personas celosas de los demás son intolerantes? ¿Hay algún beneficio en ser intolerante y celoso? No hay ni un solo beneficio. Son personas mezquinas, intolerantes y despiadadas, y la gente las ve como un chiste. No merecen vivir. La intolerancia no es buena, no cabe la menor duda. Hay personas que dicen: “A veces no podemos vencerlo. En cuanto nos topamos con alguien mejor que nosotros, nos sentimos celosos y enojados. En cuanto veo a esa persona, incluso siento que no puedo seguir viviendo. ¿Qué puedo hacer cuando me encuentro con esto?”. ¿No puedes orar a Dios y maldecirte? Y, ¿cómo debes orar? Tú respondes: “No soporto ver que alguien es mejor. ¿Qué clase de persona soy? Alguien como yo no merece vivir. Tengo celos cada vez que veo a alguien mejor que yo. ¿Qué corazón es este? Esto no es humanidad normal. Que Dios me discipline y me pode”. Después, ora así: “Dios, te suplico que me salves para escapar de mi intolerancia, para que me hagas más generoso de espíritu, más magnánimo, para vivir como los hombres y que Tú no te avergüences de mí”. Así es como debes orar. Cuando hayas orado así durante un tiempo, antes de que te des cuenta, quizás te vuelvas sólo un poco más generoso de espíritu. La próxima vez que te encuentres con alguien más competente que tú, no sentirás tantos celos. Serás capaz de aceptarlo y relacionarte con esa persona con normalidad. Con el tiempo, esto será lo apropiado. En cuanto tengas humanidad normal, podrás vivir con felicidad, despreocupado y relajado. Una persona intolerante vive incómoda, con dolor y agotada” (“Sermones y enseñanzas sobre la entrada a la vida”). Me hirió profundamente escuchar esta comunión. ¡Ese era mi estado! La comunicación de la hermana Wang fue esclarecedora, pero no encontré un camino de práctica en ella. Al contrario, para proteger mi propia vanidad, seguí viviendo en ese estado de competir con la hermana Wang. Me ponía en su contra en secreto y me devanaba los sesos intentando concebir una manera de compartir la comunión que fuera mejor que la suya. Incluso esperaba sinceramente que nadie dijera nada bueno de ella ni aplaudiera su comunicación. Cuando mi propia comunicación no era buena, cuando no podía alardear y me deshonraba a mí misma, mi mente era un torbellino y sufría y me disgustaba. Pasaba todo el día viviendo en mi ansiedad, mis preocupaciones, profundamente temerosa de que los demás me despreciaran. Era muy intolerante. Sólo pensaba en ser capaz de destacar, pero no soportaba en absoluto que alguien fuera mejor que yo. ¿Acaso no es eso celos, envidia de aquellos que tienen éxito? ¡No hay humanidad normal en eso! Al mirar atrás, veo que también era así antes de creer en Dios. Cuando me relacionaba con amigos y familiares, vecinos y compañeros, pensaba constantemente en hacer que los demás hablaran bien de mí. A veces, cuando un compañero elogiaba el trabajo de otra persona delante de mí, me sentía incómoda y, para hacer que los demás me elogiaran, me sumergía en hacer bien mi trabajo y estaba encantada de hacerlo sin importar lo difícil o agotador que fuera. Sólo ahora me he dado cuenta de que aquellas manifestaciones siempre fueron el carácter corrupto satánico. Cuando me percaté de eso, la hermana Liu volvió a relacionarlo con ese pasaje de comunión y me indicó un camino de práctica. Se trataba de presentarme ante Dios y orarle, mostrarle a Dios mis propias dificultades y la corrupción que revelo para que Él pudiera ayudarme a ser alguien generoso de espíritu. Después de aquello, me presentaba ante Dios con frecuencia y le oraba sobre mis dificultades. También empecé a leer conscientemente más palabras de Dios en las que Él juzga y expone el carácter corrupto de la humanidad. Cuando alcanzaba el esclarecimiento y la luz de las palabras de Dios, lo compartía con mis hermanos y hermanas en cualquier momento. Ellos también hablaban de lo que habían alcanzado y entendido. Nunca lo habría imaginado, pero esta práctica me permitió cosechar aún más que únicamente leyendo sola las palabras de Dios. En las congregaciones, compartía mis comunicaciones basándome en cuánto entendía yo y me centraba en tranquilizar mi corazón y escuchar las comunicaciones de los demás. Sólo por medio de esta práctica descubrí que, cuando mis hermanos y hermanas eran capaces de hablar de sus experiencias y testimonios de poner en práctica de las palabras de Dios, también era muy edificante para mí. Tras un periodo de esta práctica, mis celos se volvieron menos intensos de lo que eran, pero en cada congregación, cuando veía que los otros hermanos y hermanas elogiaban realmente la comunicación de la hermana Wang, seguía sin poder evitar sentir celos. Siempre había sentido un poco de distancia entre nosotras y no podía relacionarme con ella con normalidad. En ese estado, no me atrevía a sincerarme con mis hermanos y hermanas. Temía que me despreciaran si lo hacía. Así que, durante varias congregaciones, no alcancé la liberación en mi corazón. Sólo podía orar a Dios sobre mis dificultades: “¡Oh, Dios! Hoy vuelvo a estar en un estado inapropiado. Guíame…”.

Una noche, la hermana Liu me llamó. Me preguntó preocupada si había estado experimentando dificultades últimamente. Yo respondí con vaguedad: “Mi corrupción es muy profunda. ¿Es posible que Dios no salve a alguien como yo?”. Temía que me despreciara, así que no dije nada más. La hermana Liu me leyó un pasaje de las palabras de Dios: “‘No necesito hablarles a los demás de mi lado oscuro o corrupto, ¿o sí?’. Si no hablas de estas cosas ni te examinas meticulosamente a ti mismo, jamás te conocerás, jamás sabrás qué tipo de cosa eres, y no habrá oportunidad de que otros confíen en ti. Esto es un hecho. Si deseas que otros confíen en ti, primero debes ser honesto. Para ser honesto, primero debes desnudar tu corazón de modo que todos puedan verlo, ver todo lo que estás pensando y ver tu verdadero rostro; no debes fingir o tratar de cubrirte” (“Registros de las pláticas de Cristo”). Después de leer estas palabras de Dios, me comunicó: “Sincerarse y compartir comunicaciones es una manera de liberar tu corazón. Si nos guardamos las dificultades en el corazón, es más fácil que Satanás juegue con nosotros, y nuestra vida sufrirá por ello. Sincerarse y sacarlo a la luz es poner en práctica la verdad y ser una persona honesta. Así también podremos obtener ayuda de nuestros hermanos y hermanas. Esto permite que nuestras dificultades se resuelvan más rápidamente. Experimentaremos el crecimiento en nuestras vidas y nuestros corazones experimentarán la liberación. ¿No es algo bueno?”. Después de escuchar la comunicación de la hermana Liu, me armé de valor y le conté por lo que estaba pasando. Nunca habría podido imaginar que, después de escucharme, no sólo no hubiera indicios de menosprecio ni desprecio hacia mí, sino que ella compartió pacientemente su propia experiencia conmigo. Me contó que ella solía ser celosa y cómo salió de aquello. Me sorprendí mucho después de escuchar su comunicación. Pensé: “¡Así que tú también has tenido una expresión de corrupción de este tipo!”. La hermana Liu leyó otro pasaje de las palabras de Dios relacionado con mi estado: “Las personas a las que Dios salva son las que tienen un carácter corrupto por medio de la corrupción de Satanás; no son personas perfectas sin la más mínima mancha ni son personas que vivan en el vacío. Algunas, tan pronto como se revela su corrupción, piensan: ‘Una vez más me he resistido a Dios; he creído en Él por muchos años pero aún no he cambiado. ¡Seguramente Dios ya no me quiere!’. ¿Cómo es esta actitud? Se han rendido y piensan que Dios ya no las quiere. ¿Acaso no están malinterpretando a Dios? Ser tan negativo facilita que Satanás encuentre grietas en tu armadura, y una vez que ha tenido éxito, las consecuencias son inimaginables. Por lo tanto, sin importar con cuántas dificultades te encuentres o cuán negativo te sientas, ¡nunca debes rendirte!” (“Registros de las pláticas de Cristo”). A continuación, me comunicó: “Todos somos personas que han sido profundamente corrompidas por Satanás. Arrogancia, falsedad, egoísmo, celos de los demás… Todos estos caracteres corruptos están profundamente arraigados en las personas. Ahora, Dios ha venido a llevar a cabo la obra de juicio y castigo para purificarnos y transformarnos. Debemos tratarnos correctamente y no vivir en la negatividad y los malentendidos. Mientras busquemos la verdad con intención, aceptemos el juicio y castigo de las palabras de Dios, reflexionemos sobre nuestras propias esencias corruptas y las entendamos de acuerdo con las palabras de Dios y seamos capaces de abandonar la carne y poner en práctica la verdad, llegará el día en que nuestro carácter de vida sufra una transformación y seremos capaces de vivir la semejanza de un verdadero hombre”. Mi corazón se sintió muy liberado después de escuchar la comunicación de la hermana Liu y también entendí la voluntad de Dios. No sólo debía enfrentar mi propia corrupción adecuadamente y centrarme en conocerme a mí misma y buscar la verdad para resolver mi propio carácter corrupto, sino que también debía poner en práctica el ser una persona honesta y sincerarme con mis hermanos y hermanas sobre la corrupción que había revelado durante ese periodo de tiempo. Esto privaría a Satanás de una oportunidad para hacer su trabajo y también sería humillarlo poniendo en práctica la verdad. La hermana Liu volvió a mi casa al día siguiente y leímos juntas un pasaje de las palabras de Dios: “Y tan pronto como involucre posición, prestigio o reputación, el corazón de todos salta de emoción y cada uno quiere siempre sobresalir, ser famoso y ser reconocido. Nadie está dispuesto a ceder; en cambio, todos quieren siempre competir, aunque competir sea vergonzoso y no se permita en la casa de Dios. Sin embargo, si no hay controversia, no te sientes contento. Cuando ves que alguien sobresale, te pones celoso, sientes odio, te quejas y sientes que es injusto. ‘¿Por qué yo no puedo sobresalir? ¿Por qué siempre es aquella persona la que logra sobresalir y nunca es mi turno?’ Luego surge el resentimiento en ti. Tratas de reprimirlo, pero no puedes, así que oras. Después de orar, te sientes mejor por un rato, pero, después, cuando otra vez te encuentras con este asunto, no puedes superarlo. ¿No es este un caso de estatura inmadura? ¿No es una trampa la caída de una persona en tales estados? Son los grilletes de la naturaleza corrupta de Satanás que atan a los humanos. […] Debes aprender a dejar ir estas cosas y hacerlas a un lado; a ceder, a recomendar a otros y permitirles sobresalir. No luches ferozmente ni te apresures a sacar ventaja tan pronto como te encuentres con una oportunidad para sobresalir u obtener la gloria. Debes aprender a retroceder, pero no debes demorar el desempeño de tu deber. Sé una persona que trabaja en silencio y fuera de la mirada de la gente y que no alardea delante de los demás mientras lleva a cabo su deber. Cuanto más dejes ir y hagas a un lado, más tranquilo estarás, más espacio se abrirá en tu corazón y más mejorará tu estado. Cuanto más luches y compitas, más oscura será tu condición. Si no lo crees, ¡inténtalo y observa! Si quieres cambiar esta clase de condición y si no quieres ser controlado por estas cosas, entonces primero debes hacerlas a un lado y abandonarlas. De otra manera, cuanto más luches, más oscuridad te rodeará y los celos y el odio dentro de tu corazón aumentarán, y tu deseo de obtener se hará más fuerte. Cuanto más fuerte sea tu deseo de obtener, menos capaz serás de lograrlo y a medida que obtengas menos tu odio aumentará. A medida que tu odio aumente, te volverás más oscuro por dentro. Cuanto más oscuro seas por dentro más pobremente llevarás a cabo tu deber; cuanto más pobremente lleves a cabo tu deber, menos útil serás. Este es un círculo vicioso interconectado. No puedes realizar bien tu deber en ese estado, así que, gradualmente, serás eliminado” (“Registros de las pláticas de Cristo”). Después de leer las palabras de Dios, ella las relacionó con su propia experiencia y comunicó sobre la raíz de los celos de las personas. Sólo entonces me percaté de que todo se debía a que mi propio deseo de reputación y estatus era demasiado fuerte y mi carácter demasiado arrogante. Dominada por ese carácter corrupto, mi ambición y agresividad eran demasiado grandes y sin importar lo que hiciera, siempre quería estar por encima de los demás. Así era yo cuando formaba parte de la sociedad, y así era también en la iglesia. Incluso durante las congregaciones, comunicaciones y oración, seguía pensando en ser mejor que los demás y sólo era feliz si otras personas me elogiaban. En cuanto alguien era mejor que yo, no podía aceptarlo y me ponía celosa. Me resistía y me oponía a ello. Cuando realmente no conseguía superarlo, simplemente vivía con negatividad y no podía enfrentarme a mí misma adecuadamente. Incluso malinterpretaba a Dios y creía que no podía ser objeto de Su salvación. Veía que la corrupción de Satanás me había vuelto arrogante, frágil, egoísta y despreciable y mi vida se tornó horrorosamente infeliz. Encontré un camino de práctica en las palabras de Dios. Debo aprender a abandonar y a dejar las cosas a un lado, a abandonar mi propia carne según los requisitos de Dios, y aprender más de los puntos fuertes de mi hermana y compensar nuestras debilidades mutuas. Sólo esto es la voluntad de Dios. Esta es la única manera de entender y alcanzar más verdades. Después de aquello, la hermana Liu leyó otro pasaje de las palabras de Dios: “Las funciones no son las mismas. Hay un cuerpo. Cada cual cumple con su obligación, cada uno en su lugar y haciendo su mejor esfuerzo, por cada chispa hay un destello de luz, buscando la madurez en la vida. Así estaré satisfecho” (‘Capítulo 21’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”). Cuando leí estas palabras de Dios, entendí que el calibre y los dones que Dios otorga a cada persona son diferentes. Sin embargo, no importa cuáles sean, deben llevar a cabo el deber de una criatura de Dios y dar testimonio de Dios y glorificarlo. La hermana Wang es de buen calibre y entiende la verdad rápidamente porque Dios lo dispuso. Yo debo tratarlo adecuadamente y también debo tratar adecuadamente mis propios puntos fuertes y defectos porque lo que Dios nos ha dado a todos y cada uno de nosotros es lo mejor. Independientemente del calibre que haya dispuesto que yo tenga, debo obedecer Su dominio y Sus arreglos, rectificar mis motivos y buscar la verdad con todo mi corazón. Comunicaré sobre lo que tenga claro, ni más ni menos. Practicaré lo que entienda, ni más ni menos. Debo hacer todo lo que pueda ante Dios para que Él pueda obtener consuelo y sentirse satisfecho; sólo esto puede ser significativo. También es lo que más debo buscar. Con este propósito, tomé la siguiente resolución ante Dios: De ahora en adelante, estoy dispuesta a esforzarme en la búsqueda de la verdad, a desprenderme rápido de mi carácter satánico arrogante y egoísta y a vivir la semejanza de una verdadera persona para satisfacer a Dios.

La siguiente congregación de la iglesia llegó muy pronto. Quería sincerarme y aclararle a la hermana Wang qué corrupción había revelado en relación con mis celos por ella durante aquel periodo de tiempo. Sin embargo, en cuanto pensé en cómo me vería después de saber que había revelado tanta corrupción, no me atreví a hacerle frente. En mi interior, oré a Dios en silencio: “¡Oh, Dios! Dame fe y valor. Estoy dispuesta a apartar mi vanidad y a compartir abiertamente en comunión con mi hermana, para derribar el muro entre nosotras”. Después de orar, me sentí mucho más en paz, y entonces le conté todo sobre mi estado y experiencias durante aquel periodo de tiempo. Como consecuencia, no sólo mis hermanos y hermanas no me despreciaron, sino que todos admiraron mi valor en la práctica de ser una persona honesta. También dijeron que, gracias a mi experiencia, se habían dado cuenta de que sólo practicando según las palabras de Dios podrían apartar sus caracteres satánicos corruptos y alcanzar la liberación y la libertad, y que ahora sabían cómo experimentarlo si se encontraban con ello. En congregaciones posteriores, escuché sinceramente la comunicación de mi hermana y descubrí muchos de sus puntos fuertes. Vi que cuando se encontraba con problemas, era capaz de centrarse en presentarse ante Dios, buscar la verdad y encontrar un camino para la práctica en las palabras de Dios. Todos eran aspectos de los que yo tenía que aprender. Sólo entonces entendí realmente que ser capaz de escuchar las experiencias y testimonios de poner en práctica las palabras de Dios compartidas por los hermanos y hermanas en cada congregación era una oportunidad maravillosa de crecer en vida. Dios dispuso que esta hermana estuviera cerca de mí. Compartía sobre las cosas que yo no tenía claras y compensaba a la perfección aquello de lo que yo carezco. ¡Es una bendición de Dios! Cuando lo pensé así, sentí una liberación completa en mi corazón. Gracias a ser expuesta por los hechos y al juicio y castigo de las palabras de Dios, mi carácter corrupto celoso de los demás sufrió algún cambio y empecé a tener un poco de comprensión superficial del carácter justo de Dios. También experimenté personalmente que las palabras de Dios realmente pueden purificar, transformar y salvar a la humanidad. Las palabras de Dios pueden ser la vida del hombre y pueden resolver todas nuestras dificultades y dolor como humanos. Estoy dispuesta a poner más en práctica las palabras de Dios y a obedecer Su juicio y castigo. Que Dios me purifique pronto y que yo viva la semejanza de una verdadera persona y obtenga Su alabanza.

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