5. La fe en Dios no sólo debería ser para buscar la paz y las bendiciones

Las palabras relevantes de Dios:

¿Qué es lo que el hombre ha obtenido desde que empezó a creer en Dios? ¿Qué has llegado a conocer acerca de Él? ¿Cuánto has cambiado debido a tu creencia en Él? Actualmente, todos sabéis que la fe del hombre en Dios no es solo para la salvación del alma y el bienestar carnal ni para enriquecer su vida a través del amor a Dios, etc. Hoy por hoy, si amas a Dios por el bienestar carnal o el placer momentáneo, aunque al final tu amor por Él alcance su plenitud y no pidas nada más, este amor que buscas sigue estando adulterado y no le resulta agradable a Dios. Aquellos que usan el amar a Dios para enriquecer su existencia apagada y llenar un vacío en su corazón son los que codician comodidades, no quienes realmente buscan amar a Dios. Este tipo de amor es forzado, es la búsqueda de gratificación mental y Dios no lo necesita. ¿Qué clase de amor es entonces el tuyo? ¿Por qué amas a Dios? ¿Cuánto amor verdadero por Dios existe ahora dentro de ti? El amor de la mayoría de vosotros es de la misma clase del que se mencionó antes. Esta clase de amor solo puede mantener la situación actual; no puede alcanzar la inmutabilidad ni arraigarse en el hombre. Este tipo de amor es solo como una flor que florece y se marchita sin dar frutos. En otras palabras, después de que hayas amado a Dios una vez de esa forma, si no hay nadie que te guíe en la senda que tienes por delante, te derrumbarás. Si solo puedes amar a Dios en la época de amar a Dios, pero posteriormente tu carácter-vida permanece sin cambios, entonces seguirás bajo el manto de la influencia de las tinieblas, incapaz de escapar y seguirás sin poder librarte de las ataduras de Satanás y de ser el objeto de su burla. Ningún hombre así puede ser ganado plenamente por Dios; al final, su espíritu, alma y cuerpo seguirán perteneciendo a Satanás. No puede haber dudas acerca de esto. Todos aquellos que no puedan ser ganados por completo por Dios volverán a su lugar original, esto es, regresarán a Satanás, y descenderán al lago de fuego y azufre para aceptar el siguiente paso del castigo de Dios. Los ganados por Él son los que se rebelan contra Satanás y escapan de su poder. Se les cuenta oficialmente entre el pueblo del reino. El pueblo del reino tiene su origen aquí.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Qué punto de vista deberían tener los creyentes

Hoy en día, como creyente en el Dios práctico, debes tomar el camino correcto. En tu fe en Dios, no deberías buscar solo bendiciones; más bien, deberías buscar amar a Dios y conocerlo. Por medio de Su esclarecimiento, mediante tu propia búsqueda personal, deberías ser capaz de comer y beber Su palabra, desarrollar un entendimiento real de Dios y tener un amor real por Dios procedente del fondo de tu corazón. En otras palabras, cuando tu amor por Dios es el más genuino y nadie puede destruirlo ni interponerse en el camino de tu amor por Él, es entonces que estás en el camino correcto de la fe en Dios. Esto prueba que perteneces al bando de Dios, porque Dios ya ha tomado posesión de tu corazón y nada más puede poseerte. Mediante tu experiencia, el precio que has pagado y la obra de Dios, eres capaz de desarrollar un amor espontáneo por Dios y, cuando lo hagas, te liberarás de la influencia de Satanás y llegarás a vivir en la luz de la palabra de Dios. Solo cuando te hayas librado de la influencia de las tinieblas puede decirse que has ganado a Dios. En tu fe en Dios, debes intentar buscar esta meta. Esta es la responsabilidad de cada uno de vosotros. Ninguno de vosotros debería estar satisfecho con el estado actual de las cosas. No podéis estar indecisos respecto a la obra de Dios ni tomarla a la ligera. Debéis pensar en Dios en todos los aspectos y en todo momento, y hacer todas las cosas por Su causa. Y en vuestras palabras y acciones, debéis anteponer los intereses de la casa de Dios. Solo así podéis conformaros a las intenciones de Dios.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Ya que crees en Dios, deberías vivir para la verdad

Alguien que sirve a Dios no debería saber meramente sufrir por Él; más aún, debe entender que el propósito de creer en Dios es buscar amarlo a Él. Dios se sirve de ti no solo para refinarte y hacerte sufrir, sino para que conozcas Sus obras, para que conozcas el verdadero significado de la vida humana, e incluso más, sepas que servir a Dios no es una tarea fácil. Experimentar la obra de Dios no consiste en disfrutar de la gracia; en cambio, consiste más en sufrir por el bien de amar a Dios. Ya que disfrutas de la gracia de Dios, también debes disfrutar de Su castigo; debes experimentar todo esto. Si puedes experimentar que Dios te esclarezca, y también puedes experimentar que Él te pode y te juzgue, tu experiencia será completa. Dios ha llevado a cabo Su obra de juicio y también Su obra de castigo en ti. La palabra de Dios te ha podado, pero también te ha esclarecido e iluminado. Cuando estás negativo y débil, Dios todavía se preocupa por ti. La totalidad de esta obra te enseña que todo lo que concierne al hombre está dentro de las orquestaciones de Dios. Puedes pensar que creer en Dios consiste solo en sufrir o en hacer muchas cosas por Él o en que tu carne esté en paz o en que todo te funcione sin problemas y estés cómodo y a gusto con todo. Ninguno de estos son propósitos que la gente debería tener en su fe en Dios. Si crees con estos propósitos, entonces tu punto de vista es incorrecto y resulta simplemente imposible que seas perfeccionado. Los hechos de Dios, el carácter justo de Dios, Su sabiduría, Su palabra, y lo maravilloso e insondable que Él es, todas son cosas que las personas deben entender. Mediante este entendimiento, deberías llegar a librar tu corazón de tus demandas, esperanzas y nociones personales. Solo eliminando estas cosas puedes cumplir con las condiciones requeridas por Dios. Solo a través de esto puedes tener vida y satisfacer a Dios. El propósito de creer en Dios es satisfacerlo y vivir el carácter que Él requiere, para que Sus hechos y Su gloria se manifiesten a través de este grupo de personas indignas. Este es el punto de vista correcto respecto de creer en Dios, y este es también el objetivo que debes buscar. Tu punto de vista respecto de creer en Dios debe corregirse y debes buscar obtener Sus palabras. Necesitas comer y beber las palabras de Dios y debes ser capaz de vivir la verdad y, en particular, debes ser capaz de ver Sus hechos prácticos, Sus maravillosos hechos en todo el universo, así como la obra práctica que hace en la carne. La gente debería, a través de sus experiencias reales, entender cómo Dios hace Su obra en ellos y cuáles son Sus intenciones respecto a ellos. El propósito de todo esto es que puedan desechar sus actitudes satánicas corruptas. Al haberte despojado de toda la inmundicia e injusticia en tu interior y haberte despojado de tus equivocadas intenciones, desarrollarás verdadera fe en Dios. Solo con fe verdadera puedes amar a Dios realmente. Puedes amar genuinamente a Dios sobre los cimientos de creer en Él. ¿Puedes conseguir amar a Dios sin creer en Él? Ya que crees en Dios, no puedes ser atolondrado al respecto. Algunas personas se motivan en cuanto ven que la fe en Dios les traerá bendiciones, pero luego se quedan sin motivación en cuanto ven que tienen que sufrir los refinamientos. ¿Eso es creer en Dios? Al final, debes lograr una sumisión completa y total delante de Dios en tu fe. Crees en Dios, pero si todavía le haces exigencias, tienes muchas nociones religiosas que no puedes abandonar, intereses personales de los que no puedes desprenderte e incluso buscas las bendiciones de la carne y quieres que Dios salve tu carne, que salve tu alma; entonces estás exhibiendo el comportamiento de alguien con la perspectiva equivocada. Aunque las personas con creencias religiosas tienen fe en Dios, no buscan cambiar su carácter ni buscan el conocimiento de Dios; en cambio, solo buscan los intereses de la carne. Muchos entre vosotros tenéis creencias que pertenecen a la categoría de convicciones religiosas; esa no es la verdadera fe en Dios. Para creer en Dios, las personas deben poseer un corazón preparado para sufrir por Él y la determinación de entregarse. A menos que cumplan estas dos condiciones, su fe en Dios no es válida, y no podrán lograr un cambio en sus actitudes. Solo las personas que genuinamente persiguen la verdad, que buscan conocer a Dios y la vida, son las que verdaderamente creen en Dios.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Los que serán hechos perfectos deben pasar por el refinamiento

¿Entendéis ahora lo que es creer en Dios? ¿Acaso significa contemplar señales y prodigios? ¿Significa ir al cielo? Creer en Dios no es, de ninguna manera, un asunto sencillo. Las formas de fe religiosa deben ser eliminadas; buscar la sanación de los enfermos y la expulsión de demonios, enfocarse en señales y prodigios, codiciar más de la gracia, la paz y el gozo de Dios, buscar las perspectivas y comodidades de la carne; estas son formas de fe religiosas y tales formas de creer son una forma nebulosa de fe. ¿Qué es, hoy, creer de manera práctica en Dios? Es aceptar Su palabra como tu realidad-vida, conocer a Dios a partir de Su palabra y, así, alcanzar un amor verdadero por Él. Para decirlo con claridad: creer en Dios tiene como propósito que puedas someterte a Él, amarlo y cumplir el deber que debe cumplir un ser creado. Este es el objetivo de creer en Dios. Debes llegar a conocer la hermosura de Dios, cuán digno de veneración es Él y cómo la obra que Él hace en Sus seres creados es la salvación y el perfeccionamiento de estos; estos son los fundamentos esenciales de tu fe en Dios. Creer en Dios es, principalmente, el cambio de una vida de la carne a una vida de amar a Dios, y de vivir en la corrupción a vivir en la vida de las palabras de Dios. Es liberarse del poder de Satanás y vivir bajo el cuidado y la protección de Dios; es que puedas ser capaz de someterte a Dios en lugar de a la carne; es que Él pueda ganar tu corazón entero y te haga perfecto, y que puedas liberarte de las actitudes corruptas satánicas. Creer en Dios tiene como objetivo, principalmente, que Su gran poder y Su gloria puedan ponerse de manifiesto en ti, que puedas seguir Su voluntad, que Su plan pueda cumplirse, y que puedas ser capaz de dar testimonio por Él delante de Satanás. La fe en Dios no debe girar en torno al deseo de contemplar señales y prodigios ni debe ser para el beneficio de tu propia carne. Debe tratarse de la búsqueda de conocer a Dios, ser capaz de someterse a Él y, como Pedro, someterse a Él hasta la muerte. El objetivo principal es lograr esto. Se come y bebe la palabra de Dios también para conocerlo y satisfacerlo. Comer y beber la palabra de Dios te proporciona un mayor conocimiento de Él y solo después de esto puedes someterte a Él. Solo teniendo conocimiento de Dios puedes amarlo y esta es la única meta que el hombre debería tener en su fe en Dios. Si, en tu fe en Dios, siempre deseas ver señales y prodigios, este punto de vista sobre la fe en Dios es erróneo. Creer en Dios es, sobre todo, aceptar Sus palabras como la propia realidad-vida. Cuando las personas ponen en práctica las palabras que salen de la boca de Dios y estas se llevan a cabo en ellas, se cumple el objetivo de Dios. En su fe en Dios, el hombre debería buscar que Él lo perfeccione, ser capaz de someterse a Él y lograr la completa sumisión a Dios. Si puedes someterte a Dios sin quejarte, ser considerado con Sus intenciones y alcanzar la estatura de Pedro, poseyendo el estilo de Pedro del cual Dios habló, ese será el momento en el que habrás tenido éxito en tu fe en Dios, y esto significará que has sido ganado por Él.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Todo se lleva a cabo por la palabra de Dios

Esperas que tu fe en Dios no acarree ninguna dificultad ni tribulación ni el más mínimo sufrimiento. Siempre buscas aquellas cosas que no tienen valor y no le otorgas ningún valor a la vida, poniendo en cambio tus propios pensamientos extravagantes antes que la verdad. ¡No vales nada! Vives como un cerdo, ¿qué diferencia hay entre tú y los cerdos y los perros? ¿No son bestias todos los que no persiguen la verdad y, en cambio, aman la carne? ¿No son cadáveres vivientes todos esos muertos sin espíritu? ¿Cuántas palabras se han hablado entre vosotros? ¿Se ha hecho solo un poco de obra entre vosotros? ¿Cuánto he provisto entre vosotros? ¿Y por qué no lo has obtenido? ¿De qué tienes que quejarte? ¿No será que no has obtenido nada porque estás demasiado enamorado de la carne? ¿Y no es porque tus pensamientos son muy extravagantes? ¿No es porque eres demasiado estúpido? Si no logras obtener estas bendiciones, ¿puedes culpar a Dios por no salvarte? Todo lo que buscas es poder ganar la paz después de creer en Dios, que tus hijos no enfermen, que tu esposo tenga un buen trabajo, que tu hijo encuentre una buena esposa, que tu hija encuentre un buen esposo, que tus bueyes y tus caballos aren bien la tierra, que tengas un año de buen clima para tus cosechas. Esto es lo que buscas. Tu búsqueda es solo para vivir en la comodidad; para que tu familia no sufra accidentes, para que los vientos te pasen de largo, para que la arena no toque tu cara, para que las cosechas de tu familia no se inunden, para que no te afecte ningún desastre, para vivir en “el abrazo de Dios”, para vivir en un nido acogedor. Un cobarde como tú, que siempre busca la carne, ¿tienes corazón, tienes espíritu? ¿No eres una bestia? Yo te concedo a ti el camino verdadero sin pedirte nada a cambio, pero no lo buscas. ¿Todavía eres uno de los que creen en Dios? Te otorgo la vida humana real, pero no la buscas. ¿Acaso no eres del mismo tipo que los cerdos y los perros? Los cerdos no buscan la vida del hombre, no buscan ser purificados y no entienden lo que es la vida. Cada día, después de hartarse de comer, simplemente se duermen. Te he concedido el camino verdadero, pero no lo has obtenido, sigues con las manos vacías. ¿Estás dispuesto a seguir en esta vida, la vida de un cerdo? ¿Qué significado tiene que tales personas estén vivas? Tu vida es despreciable y vil, vives en medio de la inmundicia y el libertinaje y no persigues ninguna meta; entonces, ¿no es tu vida la más innoble de todas? ¿Tienes el descaro de presentarte ante Dios? Si sigues teniendo esa clase de experiencia, ¿acaso crees que vas a conseguir algo? El camino verdadero se te ha concedido, pero que al final puedas o no ganarlo depende de tu propia búsqueda.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Las experiencias de Pedro: su conocimiento del castigo y del juicio

¿Cuánto amas realmente a Dios hoy? ¿Y cuánto sabes exactamente de todo lo que Él ha hecho en ti? Estas son las lecciones que deberías aprender. Cuando Dios llega a la tierra, todo lo que Él ha hecho en el hombre y le ha permitido ver es para que el hombre lo ame y lo conozca verdaderamente. Que el hombre pueda sufrir por Dios y que haya podido llegar hasta aquí se debe, en un sentido, al amor de Dios y, en otro, a la salvación de Dios; más incluso se debe al juicio y a la obra de castigo que Dios ha llevado a cabo en el hombre. Si no tenéis el juicio, el castigo y las pruebas de Dios, y si Dios no os ha hecho sufrir, entonces, con toda franqueza, vosotros no amaréis sinceramente a Dios. Cuanto mayor sea la obra que Dios lleva a cabo en el hombre, cuanto mayor sea el sufrimiento del hombre, más demuestra esto cuán significativa es la obra de Dios y más puede el corazón del hombre amar a Dios sinceramente. ¿Cómo se alcanza la lección de amar a Dios? Sin la adversidad y el refinamiento, sin las pruebas dolorosas —y si, además, todo lo que Dios le concediera al hombre fuera gracia, cariño y misericordia— ¿serías capaz de alcanzar el punto de amar a Dios sinceramente? Por un lado, durante las pruebas de Dios, el hombre llega a conocer sus deficiencias y a ver que es insignificante, despreciable y vil; que no tiene nada y que no es nada; por el otro, durante las pruebas Dios dispone para el hombre algunos entornos, de modo que, en ellos el hombre sea más capaz de experimentar la hermosura de Dios. Aunque el dolor es grande y, a veces, insuperable —e incluso llega al nivel de un dolor abrumador—, después de haberlo experimentado, el hombre ve cuán hermosa es la obra de Dios en él y solo con base en esto nace en el hombre el amor verdadero por Dios. Hoy el hombre ve que no es capaz de conocerse a sí mismo verdaderamente solo con la gracia, el cariño y la misericordia de Dios, mucho menos puede conocer la sustancia del hombre, y que solo por medio del juicio y el refinamiento de Dios y durante el proceso de refinamiento mismo puede el hombre conocer sus deficiencias y saber que no tiene nada. De esta manera, el amor del hombre por Dios se construye sobre la base del refinamiento y el juicio de Dios. Si solo disfrutas la gracia de Dios y tienes una vida familiar tranquila o bendiciones materiales, esto no significa que hayas ganado a Dios ni que hayas tenido éxito en tu creencia en Él. Dios ya ha llevado a cabo una etapa de la obra de la gracia en la carne y ciertamente le ha otorgado al hombre bendiciones materiales, pero el hombre no puede ser hecho perfecto solo con la gracia, el cariño y la misericordia. En las experiencias del hombre, este saborea algo del amor de Dios y ve el cariño y la misericordia de Dios, pero después de experimentar por un tiempo, ve que la gracia de Dios y Su cariño y misericordia no pueden hacer perfectos al hombre, no pueden dejar en evidencia lo que está corrupto dentro del hombre y no pueden librar al hombre de su carácter corrupto o hacer perfectos su amor y su fe. La obra de la gracia de Dios fue la obra de un periodo y el hombre no puede depender del disfrute de la gracia de Dios para conocer a Dios.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Solo al experimentar pruebas dolorosas puedes conocer la hermosura de Dios

Muchos de los que siguen a Dios solo se preocupan por cómo obtener bendiciones o evitar el desastre. Tan pronto como se mencionan la obra y la gestión de Dios, se quedan en silencio y pierden todo interés. Piensan que comprender tales cuestiones tediosas no ayudará a que su vida crezca y que no les brindará ningún beneficio. En consecuencia, aunque hayan oído información acerca de la gestión de Dios, la abordan sin seriedad. No la ven como algo precioso que se debe aceptar y, mucho menos, la comprenden tomándola como parte de su vida. El propósito de estas personas al seguir a Dios es muy simple y tiene un único objetivo: ser bendecidas. Estas personas no se molestan en prestar atención a nada que no tenga nada que ver con este objetivo. Para ellas, obtener bendiciones es el propósito más legítimo al creer en Dios; es el valor mismo de su fe. Si algo no sirve a este propósito, sea lo que sea, no las conmueve. Esto es lo que ocurre con la mayoría de las personas que creen en Dios actualmente. Su propósito y su intención parecen legítimos porque, al mismo tiempo que creen en Dios, también se esfuerzan por Él, se dedican a Él, y hacen su deber. Entregan su juventud, renuncian a su familia y su profesión e, incluso, pasan años corriendo de acá para allá lejos de casa. En aras de su propósito final, cambian sus intereses, su perspectiva de la vida e, incluso, la dirección que buscan, pero no pueden cambiar su propósito al creer en Dios. Van de acá para allá tras la gestión de sus propias aspiraciones; no importa lo lejos que esté el camino ni cuántas dificultades, peligros y obstáculos haya a lo largo de él, siguen siendo persistentes y no tienen miedo a la muerte. ¿Qué poder los impulsa a seguir entregándose de esta forma? ¿Es su conciencia? ¿Es su calidad humana magnífica y noble? ¿Es su determinación de combatir a las fuerzas del mal hasta el final? ¿Es la fe que poseen para dar testimonio por Dios sin buscar una recompensa? ¿Es su devoción estar dispuestos a abandonarlo todo para cumplir la voluntad de Dios? ¿O es su dedicado espíritu de renunciar siempre a las exigencias personales extravagantes? ¡Que alguien que nunca ha comprendido la obra de gestión de Dios pueda gastar tanta sangre del corazón es, simplemente, un tremendo milagro! Por el momento, no hablemos de cuánto han dado estas personas. Sin embargo, su comportamiento es muy digno de nuestra disección. Aparte de los beneficios tan estrechamente asociados con ellas, ¿podría existir alguna otra razón para que las personas, que nunca entienden a Dios, paguen un precio tan alto por Él? Aquí, descubrimos un problema no identificado previamente por el hombre: la relación del hombre con Dios es, simplemente, de puro interés personal. Es la relación entre el receptor y el dador de bendiciones. Para decirlo con claridad, es la relación entre un empleado y un empleador. El primero solo trabaja duro para recibir las recompensas otorgadas por el segundo. En esta clase de relación basada en el interés personal no hay afecto familiar, solo una transacción. No hay un amar y ser amado; solo caridad y misericordia. No hay comprensión; solo engaño y una resignada indignación reprimida. No hay intimidad; solo un abismo que no se puede cruzar. Ahora que las cosas han llegado a este punto, ¿quién puede cambiar ese rumbo? ¿Y cuántas personas son capaces de entender realmente lo grave que se ha vuelto esta relación? Considero que, cuando las personas se sumergen en el alegre ambiente de ser bendecidas, nadie puede imaginar lo embarazosa y horrible que es una relación así con Dios.

Lo más triste acerca de cómo cree la especie humana en Dios es que el hombre emprende su propio proyecto en el ámbito de la obra de Dios y, sin embargo, no presta atención a la gestión de Dios. El fracaso más grande de la fe en Dios de la humanidad es que, mientras busca someterse a Dios y adorarlo, construye simultáneamente su propio sueño de un destino aspiracional y trama cómo obtener la mayor bendición y el mejor destino. Incluso si las personas entienden lo patéticas, odiosas y lamentables que son, ¿cuántas podrían renunciar fácilmente a sus aspiraciones y esperanzas? Y ¿quién es capaz de detener sus propios pasos y dejar de hacer planes por su propia cuenta? Dios necesita a quienes van a cooperar de cerca con Él para completar Su gestión. Necesita a quienes dedicarán toda su mente y todo su cuerpo a la obra de Su gestión para someterse a Él. Dios no necesita a las personas que estiran las manos para mendigarle cada día y, mucho menos, a quienes entregan un poco por Él y después esperan exigirle una retribución. Dios odia a los que hacen una contribución insignificante y después se duermen en sus laureles. Odia a esas personas de sangre fría que sienten antipatía hacia la obra de Su gestión y solo quieren hablar sobre ir al cielo y obtener bendiciones. Odia aún más a los que se aprovechan de la oportunidad presentada por Su obra de salvación para su propio beneficio. Eso es debido a que estas personas nunca se han preocupado por lo que Dios quiere conseguir y ganar por medio de la obra de Su gestión. Solo les interesa cómo pueden usar la oportunidad provista por la obra de Dios para obtener bendiciones. No son consideradas en absoluto con el corazón de Dios, pues lo único que les preocupa es su propio futuro y porvenir. Los que sienten antipatía hacia la obra de gestión de Dios y no tienen el más mínimo interés en cómo Dios salva a la humanidad ni en Sus intenciones, todos están haciendo cosas que les gusta hacer fuera del ámbito de la obra de gestión de Dios. Dios no recuerda sus acciones ni las aprueba y ni mucho menos las ve con buenos ojos.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Apéndice III: El hombre solo puede salvarse en medio de la gestión de Dios

¿Qué deberías buscar ahora? Que seas capaz o no de dar testimonio de la obra de Dios, que puedas o no convertirte en un testimonio y en una manifestación de Dios, y que seas adecuado o no para que Él te use, estas son las cosas que debes buscar. ¿Cuánta obra ha hecho Dios realmente en ti? ¿Cuánto has visto, cuánto has captado? ¿Cuánto has experimentado y probado? Con independencia de que Dios te haya probado, podado o disciplinado, Sus hechos y Su obra se han llevado a cabo en ti. Sin embargo, como creyente en Dios, como persona que está dispuesta a buscar el ser perfeccionada por Él, ¿eres capaz de dar testimonio de la obra de Dios en base a tu experiencia práctica? ¿Puedes vivir las palabras de Dios a través de ella? ¿Eres capaz de proveer a los demás a través de tu propia experiencia práctica y entregar toda tu vida a dar testimonio de la obra de Dios? Para dar testimonio de la obra de Dios debes basarte en tu experiencia, en tu conocimiento y en el precio que has pagado. Solo así puedes satisfacer Sus intenciones. ¿Eres alguien que da testimonio de la obra de Dios? ¿Tienes esta determinación? Si eres capaz de dar testimonio de Su nombre, e incluso de Su obra y, si puedes vivir la imagen de Su pueblo que Él exige, ¡entonces eres un testigo de Dios! ¿Y cómo das precisamente testimonio de Dios? Si buscas y anhelas vivir la palabra de Dios y dar testimonio con tu propia boca, de modo que las personas puedan llegar a conocer Su obra y a ver Sus hechos; si de veras buscas esto, entonces Dios te perfeccionará. Si todo lo que buscas es que Dios te perfeccione y que al final se te bendiga, entonces la perspectiva de tu fe en Dios no es pura. Debes estar buscando cómo ver las obras de Dios en la vida real, cómo complacerlo cuando Él te ponga de manifiesto Sus intenciones y debes buscar cómo debes dar testimonio de lo maravilloso que Él es y de Su sabiduría, y cómo dar testimonio de cómo Él te disciplina y te poda. Todas estas son cosas sobre las que deberías reflexionar ahora. Si tu corazón amante de Dios es solo para que puedas obtener gloria con Dios después de que Él te perfeccione, entonces aún es insuficiente y no puede alcanzar los requerimientos de Dios. De una manera práctica, necesitas poder dar testimonio de la obra de Dios, satisfacer Sus requerimientos y experimentar la obra que Él hace en las personas. Trátese de dolor, lágrimas o pena, debes experimentar todas estas cosas prácticamente. Tienen como objetivo perfeccionarte como un testigo de Dios. ¿Qué es exactamente lo que ahora te impulsa a sufrir y buscar ser perfeccionado? ¿Tiene realmente tu sufrimiento actual el fin de amar a Dios y dar testimonio de Él? ¿O su fin son las bendiciones de la carne o tus perspectivas futuras y tu sino? Todas tus intenciones, motivos y las metas que persigues deben ser rectificados y no los puede guiar tu propia voluntad.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Los que serán hechos perfectos deben pasar por el refinamiento

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