App de la Iglesia de Dios Todopoderoso

¡Escucha la voz de Dios y recibe el regreso del Señor Jesús!

Invitamos a los buscadores de la verdad a contactar con nosotros.

El amor de Dios estuvo conmigo en la prisión oscura del diablo

731

Yang Yi, provincia de Jiangsu

Soy una cristiana de la Iglesia de Dios Todopoderoso. He sido una seguidora de Dios Todopoderoso durante más de diez años. Durante este tiempo, una cosa que nunca olvidaré es la horrible tribulación experimentada cuando la Policía del PCC me arrestó hace una década. En aquel momento, a pesar de que demonios malvados me torturaron y pisotearon, y de que estuve cerca de la muerte en varias ocasiones, Dios Todopoderoso usó Su mano poderosa para guiarme y protegerme, para traerme de vuelta a la vida, y llevarme de nuevo a la seguridad… A través de esto, experimenté realmente la trascendencia y la grandeza del poder de la vida de Dios, y obtuve la valiosa riqueza de vida que Dios me confirió.

Era el 23 de enero de 2004 (el segundo día del Año Nuevo chino). Yo tenía que ir a visitar a una hermana de la iglesia que tenía problemas y necesitaba ayuda urgentemente. Vivía muy lejos, por lo que tuve que madrugar para tomar un taxi y estar de vuelta el mismo día. Salí de casa con la primera luz del día. Apenas había nadie en las calles, sólo los basureros recogiendo la basura. Busqué un taxi con impaciencia, pero no había ninguno. Fui a una parada a esperar, y me metí en la carretera con el fin de parar a uno que vi venir, pero resultó ser un vehículo de la Oficina de Protección Medioambiental. Me preguntaron por qué los había parado. “Lo siento, fue una equivocación, pensé que era un taxi”, les dije yo. “Pensamos que estabas pegando carteles ilegales”, contestaron. “¿Me visteis? ¿Dónde están los carteles que estaba pegando?”, dije. Sin darme la oportunidad de defenderme, los tres se abalanzaron sobre mí y me registraron el bolso a la fuerza. Revolvieron todo lo que había en él: una copia de un sermón, un bloc de notas, una cartera, un teléfono móvil y un buscapersonas desactivado, entre otras cosas. Después miraron con más detenimiento la copia del sermón y el bloc de notas. Al ver que no había carteles en mi bolso, sostuvieron en alto la copia del sermón y dijeron: “Puede que no hayas estado pegando carteles ilegales, pero crees en Dios Todopoderoso”. Seguidamente, llamaron a la División Religiosa de la Brigada de Seguridad Nacional. Poco después, llegaron cuatro personas de la Brigada de Seguridad Nacional. Supieron que yo era una creyente en Dios Todopoderoso tan pronto como vieron las cosas que había en mi bolso. Sin dejarme decir nada, me metieron en su vehículo y cerraron la puerta con llave para evitar que huyera.

Cuando llegamos a la Oficina de Seguridad Pública, la policía me llevó a una habitación. Uno de ellos empezó a toquetear mi buscapersonas y mi teléfono móvil en busca de pistas. Encendió el móvil, pero tenía poca batería, y después dijo que esta estaba completamente vacía. Por más que intentaba, no podía conseguir encenderlo. Sosteniendo el teléfono, parecía preocupado. Yo también estaba desconcertada —lo había cargado justo esa mañana—. ¿Cómo era posible que no tuviera batería? De repente fui consciente de que Dios había dispuesto esto milagrosamente para evitar que la policía encontrara información sobre los demás hermanos y hermanas. También entendí las palabras pronunciadas por Dios: “Cualquiera de todas las cosas, vivas o muertas, cambiarán, se moverán, se renovarán y desaparecerán de acuerdo con los pensamientos de Dios. Así es como Dios gobierna sobre todas las cosas” (‘Dios es la fuente de la vida del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”). Esto me dio un verdadero conocimiento de la soberanía de Dios y de Su disposición de todas las cosas, y fortaleció mi fe en la cooperación futura. Mientras señalaba hacia las cosas de mi bolso, el oficial de policía preguntó en tono acusador: “Estas cosas demuestran claramente que no eres una miembro corriente de la iglesia. Debes de ser alguien de la alta dirección, alguien importante. Porque los líderes de menor rango no tienen buscapersonas ni teléfonos móviles. ¿Estoy en lo correcto?”. “No entiendo lo que estáis diciendo”, contesté. “¡Estás fingiendo!”, gritó él, y después me ordenó que me pusiera en cuclillas para hablar. Al ver que yo no iba a colaborar, me rodearon y empezaron a darme puñetazos y patadas —lo suficiente como para matarme—. Con la cara ensangrentada e hinchada, con un dolor insoportable en el cuerpo, caí al suelo. Yo estaba indignada. Quería razonar con ellos, argumentar mi caso: ¿Qué he hecho mal? ¿Por qué me golpeasteis así? Pero no tuve forma de hablar con ellos con sensatez, porque el Gobierno del PCC no es nada sensato. Yo estaba perpleja, pero no quería ceder ante sus golpes. Justo cuando estaba confundida, de repente pensé en que, como estos oficiales malvados del Gobierno del PCC estaban siendo tan absurdos, como no me estaban dejando razonar, yo no necesitaba decirles nada. Era mejor que me mantuviera en silencio,de esa forma no les sería útil. Cuando pensé esto, dejé de prestar atención a lo que estaban diciendo.

Al ver que esta estrategia no surtía efecto en mí, los policías malvados se pusieron furiosos e incluso más salvajes: recurrieron a la tortura para sacarme una confesión. Me esposaron a una silla metálica atornillada al suelo en una posición en la que no podía estar en cuclillas ni de pie. Uno de ellos me puso la mano no esposada en la silla y la golpeó con un zapato, y sólo paró cuando el dorso de la mano se había puesto morado; otro me aplastó los dedos de los pies con su zapato de cuero. Sólo entonces experimenté que el dolor en los dedos se refleja directamente en el corazón. Después de eso, seis o siete policías hicieron turnos conmigo. Uno de ellos se concentró en mis articulaciones, y las apretó con tanta fuerza que un mes después seguía sin poder doblar el brazo. Otro me agarró del pelo y me sacudió la cabeza de lado a lado, después tiró de ella hacia atrás y me quedé mirando hacia arriba. “¡Mira al cielo a ver si hay un Dios!”, dijo vilmente. Siguieron hasta el anochecer. Al ver que no iban a conseguir nada de mí, y como era el Año Nuevo chino, me enviaron directamente al centro de detención.

Cuando llegué al centro de detención, un guardia ordenó a una presa que me quitara toda la ropa y la tirara a la basura. Después me hicieron ponerme un uniforme carcelario sucio y maloliente. Los guardias me pusieron en una celda y mintieron a las otras presas, diciendo: “Ella rompía especialmente la familia de las personas. Muchas familias se han visto destruidas por ella. Es una mentirosa, engaña a personas honestas y altera el orden público…”. “¿Por qué parece una mentecata?”, preguntó una de las presas. A lo que los guardias contestaron: “Está actuando para evitar una condena. ¿Quién de vosotras es tan lista? Quienquiera que piense que es una necia es la mayor idiota de todas”. ¡Engañadas así por los guardias, todas las demás presas dijeron que me estaban absolviendo con demasiada facilidad, y que la única cosa buena para alguien tan mala como yo era el pelotón de fusilamiento! Oír esto me enfureció, pero no había nada que yo pudiera hacer. Mis intentos de resistencia habían sido inútiles, sólo me trajeron más tortura y salvajismo. En el centro de detención, los guardias hacían que los presos recitaran las reglas cada día: “Confiesa tus crímenes y sométete a la ley. No se permite incitar a otros a cometer crímenes. No se permite formar bandas. No se permite pelear. No se permite acosar a otros. No se permite acusar a otros en falso. No se permite tomar la comida ni las posesiones de otros. No se permite engañar a los demás. Se deben tomar medidas contra los matones de la prisión. Cualquier violación de las normas debe informarse inmediatamente a los supervisores o los vigilantes. No debes encubrir los hechos ni intentar proteger a las presas que hayan violado el reglamento, y el control debería ser humano. […]”. En realidad, los guardias alentaban a las demás presas a atormentarme, y les permitían hacerme jugarretas cada día: cuando la temperatura era de 8 o 9 grados bajo cero, empapaban mis zapatos; echaban agua en mi comida a escondidas; por la noche, cuando yo dormía, empapaban mi chaqueta de algodón acolchado; me hacían dormir al lado de los aseos, me quitaban frecuentemente la colcha por la noche, me tiraban del pelo, para evitar que durmiera; me quitaban mis bollos al vapor; me obligaban a limpiar los aseos, me metían los residuos de su medicina en la boca, no me dejaban hacer mis necesidades… Si yo no hacía lo que ellas decían, se juntaban y me pegaban y a menudo en tales ocasiones los supervisores o los vigilantes se apresuraban a desaparecer o fingían no haber visto nada; a veces incluso se escondían a cierta distancia y observaban. Si pasaban algunos días sin que las presas me atormentaran, estos les preguntaban: “Esa perra estúpida se ha vuelto más lista estos últimos días, ¿verdad? Entretanto, vosotras ya no pensáis bien. Cualquiera que reanime a esa perra estúpida conseguirá un indulto”. El tormento brutal de los guardias me llenó de odio hacia ellos. Hoy, si no hubiera visto esto con mis propios ojos y no lo hubiera experimentado, nunca habría creído que el Gobierno del PCC, que se supone que está lleno de benevolencia y moralidad, podía ser tan oscuro, terrorífico y horrible, nunca habría visto su verdadero rostro, un rostro fraudulento y engañoso. Todo su discurso de “servir al pueblo, crear una sociedad civilizada y armoniosa” no son más que mentiras diseñadas para engañar y embaucar a la gente, un medio, un truco para embellecerse y obtener un prestigio que no merece. En ese momento, pensé en las palabras de Dios: “Poco sorprende, pues, que el Dios encarnado permanezca totalmente escondido: en una sociedad oscura como esta, donde los demonios son inmisericordes e inhumanos, ¿cómo podría el rey de los diablos, que mata a las personas en un abrir y cerrar de ojos, tolerar la existencia de un Dios hermoso, bondadoso y además santo? ¿Cómo podría aplaudir y vitorear Su llegada? ¡Esos lacayos! Devuelven odio por amabilidad, han desdeñado a Dios desde hace mucho tiempo, lo han maltratado, son en extremo salvajes, no tienen el más mínimo respeto por Dios, roban y saquean, han perdido toda conciencia, no tienen rastro de amabilidad, y tientan a los inocentes para que sean insensibles. ¿Antepasados de lo antiguo? ¿Amados líderes? ¡Todos ellos se oponen a Dios! ¡Su intromisión ha dejado todo lo que está bajo el cielo en un estado de oscuridad y caos! ¿Libertad religiosa? ¿Los derechos legítimos y los intereses de los ciudadanos? ¡Todos son trucos para tapar el pecado!” (“Obra y entrada (8)” en La Palabra manifestada en carne). Al comparar las palabras de Dios con la realidad, vi la esencia demoníaca oscura y malvada del Gobierno del PCC con perfecta claridad. Para mantener su dominio oscuro, mantiene un férreo control sobre las personas, y no se detiene ante nada para embaucarlas y engañarlas. Superficialmente, pretende proveer libertad religiosa, pero, en secreto, arresta, oprime, persigue y asesina a la gente que cree en Dios por todo el país. Incluso intenta dar muerte a todas ellas. ¡Cuán astuto, brutal y reaccionario es el diablo! ¿Dónde está la libertad? ¿Dónde están los derechos humanos? ¿No son todos trucos para engañar a las personas? ¿Pueden estas atisbar cualquier esperanza o luz bajo su oscuro dominio? ¿Cómo pueden ser libres para creer en Dios y buscar la verdad? Sólo entonces reconocí que Dios había permitido que esta persecución y tribulación me sobreviniera, que Él la había usado para mostrarme la perversidad y la brutalidad del Gobierno del PCC, su esencia demoníaca que se encuentra enemistada con la verdad y es hostil a Dios, y que la policía del pueblo, que el Gobierno promueve con vigor y pregona como ente que castiga el mal y que aboga por el bien y promueve la justicia, son los cómplices y secuaces que ha educado meticulosamente, una panda de verdugos que tienen rostro de hombres pero corazón de bestias, y que matarían en un abrir y cerrar de ojos. Para intentar prohibir y erradicar la obra de Dios, y obligarme a rechazar y traicionar a Dios y ceder ante su poder despótico, el Gobierno del PCC no se detuvo ante nada a la hora de torturarme y destrozarme, sin embargo, no podía imaginarse que cuanto más me torturaba, con más claridad veía yo su rostro diabólico, y más lo despreciaba y rechazaba en lo más profundo de mi corazón, lo que me hacía anhelar a Dios y confiar en Él verdaderamente. Más aun, fue precisamente a causa de la tortura de los guardias que llegué a entender sin saberlo lo que significa realmente amar lo que Dios ama, y odiar lo que Dios odia, dar la espalda a Satanás y volver el corazón a Dios, qué es ser salvaje, cuáles son las fuerzas de las tinieblas y, además, qué es ser malicioso e insidioso, así como falso y engañoso. Estaba agradecida a Dios por haberme permitido experimentar este entorno, distinguir lo bueno de lo malo y ver la senda de vida correcta que yo debería tomar. El amor de Dios había despertado finalmente a mi corazón, que Satanás había engañado durante tanto tiempo. Yo sentía que había un gran sentido en que yo tuviera la fortuna de experimentar esta tribulación y prueba, en que se me hubiera mostrado realmente un favor especial.

Contenido relacionado