Lucha espiritual en casa

4 Feb 2021

Por Ruth, Estados Unidos

En agosto de 2018, un amigo me dijo que el Señor Jesús había regresado y que estaba expresando verdades para realizar la obra del juicio, comenzando por la casa de Dios. Leí las palabras de Dios Todopoderoso y vi que son la verdad y la voz de Dios. Supe que Dios Todopoderoso es el Señor Jesús regresado, así que acepté Su obra de los últimos días y empecé a asistir a las reuniones en línea. Estaba totalmente inmersa en el gozo de recibir al Señor cuando una lucha espiritual inesperada surgió en casa.

Un día de octubre de 2018, mi marido me envió un mensaje que decía: “Últimamente no has estado yendo a la iglesia, ¿y qué libro es ese que andas siempre leyendo? ¿De qué habláis en esas reuniones en línea?”. Acababa de aceptar la obra de Dios de los últimos días, así que no creí que pudiera explicarlo bien. Pero entonces pensé que mi marido había sido creyente desde pequeño y que colaboraba en la iglesia, así que podría contarle la noticia del regreso del Señor. Entonces se lo conté: “Estamos en los últimos días y las profecías sobre el regreso del Señor se han cumplido. Ha regresado en carne y Su nombre es Dios Todopoderoso. Ha hecho la obra del juicio a través de las palabras para purificar a la humanidad. Ese libro es la palabra de Dios Todopoderoso. Revela muchos misterios sobre la Biblia. Me he puesto al día con la nueva obra de Dios y me reúno con los miembros de la Iglesia de Dios Todopoderoso, así que lógicamente no asisto ya a los servicios de la antigua iglesia. Deberías leer las palabras de Dios Todopoderoso y verlo por ti mismo”. Le envié también un enlace a la página web de la Iglesia. Para mi sorpresa, al poco rato me envió un montón de mentiras y rumores alentados por el Partido Comunista Chino para calumniar a la Iglesia de Dios Todopoderoso, hasta el caso falso de Zhaoyuan con el que el Partido Comunista incriminó a la Iglesia. Me imaginé que, como mi marido es filipino, no sabía lo comunes que son los bulos en China, y había sido demasiado ingenuo. Así que le respondí: “El caso de Zhaoyuan se juzgó en un tribunal del Partido Comunista Chino y todos sus tribunales no son más que herramientas del partido para poder mantener su dictadura”. “Sus juicios y sus sentencias no tienen ninguna credibilidad. El Partido Comunista Chino ha urdido muchos casos falsos e injustos a lo largo de los años, como el de las protestas de los estudiantes en la plaza Tiananmén, que sobrecogió al mundo entero, y las severas medidas que se tomaron contra las protestas tibetanas. Primero urden las mentiras, tergiversan los hechos y lanzan acusaciones falsas, y después toman represalias violentas”. “Esa ha sido siempre su táctica para erradicar discrepancias. Además, es un partido ateo que ha oprimido brutalmente las creencias religiosas desde que subió al poder. ¿Cómo vamos a creer en su condena a una iglesia?”. “De hecho, los académicos occidentales han llevado a cabo investigaciones independientes que ponen al descubierto sus mentiras”. Después, le envié un vídeo del sociólogo de la religión italiano Massimo Introvigne, pronunciando un discurso en una conferencia. Le dije: “Cuando veas este vídeo entenderás la verdad. Un acusado del caso de Zhaoyuan dijo en el juicio: ‘Nunca he tenido ningún contacto con la Iglesia de Dios Todopoderoso’. Ellos mismos dijeron que no pertenecían a la Iglesia. La Iglesia tampoco los reconoce como seguidores”. “Está claro que no tienen ningún vínculo con la Iglesia de Dios Todopoderoso, pero el tribunal los obligó a decir que sí. Tergiversaron los hechos a propósito y prepararon el caso para desacreditar a la Iglesia. Esto demuestra que el caso de Zhaoyuan fue una invención del Partido Comunista Chino para justificar la opresión a los cristianos. Es su táctica habitual para aplicar mano dura a las creencias religiosas”. Pero mi marido estaba totalmente convencido de las mentiras del Partido Comunista Chino y no me escuchaba.

Después, empezó a interponerse en mi fe. Instaló seis cámaras de seguridad en casa para poder observar todos mis movimientos. Una noche me vio en una reunión por una de las cámaras y entró gritando en la habitación, preguntándome por qué seguía asistiendo a esas reuniones. Yo le dije: “Estamos en Estados Unidos, un país con libertad de culto. La ley lo ampara. Estoy en mi derecho de practicar mi fe. ¿Por qué te entrometes? El evangelio de Dios Todopoderoso de los últimos días ha llegado a muchos países occidentales. Hay gente como los Schmidt, un matrimonio de Arizona, Tina y Charlie, que han dado una entrevista sobre sus vivencias al aceptar la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días. Hay testimonios de Canadá, de Cuba, de Japón, de Francia, de Rusia, de Tailandia y de muchos otros países. Gente de todo el mundo que anhela el regreso del Señor se ha presentado ante Dios Todopoderoso y ha aceptado Su obra. ¿Por qué no puedes ver lo que Su obra consigue y que se trata de la voz de Dios, en vez de creerte ciegamente las mentiras de esos ateos del Partido Comunista Chino?”. No me hizo caso, sino que se lanzó a quitarme el teléfono. Al tratar de detenerlo, le di un golpe en el brazo. Y cuál fue mi horror al ver que lo aprovechó para denunciarme a la policía. Me sonrió con frialdad y me dijo: “¿No tienes a tu Dios? Pues pídele ayuda. La policía llegará de un momento a otro. A ver quién te salva esta noche”. Yo estaba furiosa y también un poco asustada. Asustada por que la policía me llevara, como a tantos otros hermanos y hermanas en China. Entonces recordé estas palabras de Dios: “El corazón y el espíritu del hombre están en la mano de Dios; todo lo que hay en su vida es contemplado por los ojos de Dios. Independientemente de si crees esto o no, todas las cosas, vivas o muertas, cambiarán, se transformarán, se renovarán y desaparecerán, de acuerdo con los pensamientos de Dios. Así es como Dios preside sobre todas las cosas” (‘Dios es la fuente de la vida del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”). En verdad, todo está en manos de Dios y Él manda en todo lo que existe. Que la policía me llevara aquel día estaba totalmente en manos de Dios. Si Dios lo permitía, sería porque era Su voluntad y yo me entregaría a ella. Tras mi oración, no me sentí tan asustada. La policía llegó cinco minutos después y en cuanto se dieron cuenta de la situación, se mostraron muy comprensivos conmigo. Uno de los agentes, un hombre blanco, dijo que había vivido en China y que conocía la represión del Gobierno chino a las creencias religiosas. Tras la conversación, el agente advirtió a mi marido y le dijo: “En Estados Unidos existe la libertad de culto. No tiene usted ningún derecho a interferir en la fe de su esposa”. Y él le respondió: “Será libre de tener su fe, pero no le permitiré que asista a las reuniones en línea desde casa”. Entonces, el agente le volvió a advertir: “Se trata de su esposa y ella forma parte de este hogar. Está en su derecho de asistir a las reuniones desde casa y la ley la ampara. Usted no puede prohibirle que asista a las reuniones desde casa y si lo hace, estaría infringiendo la ley de Estados Unidos”. Cuando la policía se fue, pensé en lo que acababa de ocurrir y no podía dar crédito. Con la de cosas que habíamos vivido juntos todos estos años, y que usara mi fe en Dios Todopoderoso como excusa para denunciarme a la policía... ¿Dónde estaba el marido que yo conocía? No tenía humanidad. Supe también que, a pesar de todo lo que había tenido que soportar, Dios estaba de mi lado, en silencio, y me protegía. Me sentí muy agradecida con Dios y mi propósito de seguir Su camino se hizo mucho más fuerte.

Dispuesta como estaba a mantener mi fe, mi marido se quedó con todas nuestras tarjetas bancarias comunes, las llaves del coche, las llaves de nuestra tienda y el dinero que llevaba encima. Durante todo nuestro matrimonio, me había encargado yo de llevar las cuentas de nuestros ahorros y nuestro negocio, y ahora me lo estaba arrebatando todo. También dio de baja nuestro servicio de Internet para que no pudiera asistir a las reuniones en línea y cerró con llave nuestro dormitorio para que no pudiera entrar. Además, cada vez se mostraba más distante conmigo. A veces, le preguntaba adónde iba y, por compromiso, me decía algo como: “No te metas en mis cosas, no tienes ningún derecho a preguntarme. Si vas a creer en Dios Todopoderoso, te puedes ir de esta casa. Búscate la vida. No quiero que trabajes más en la tienda. Si me entero de que te acercas, llamaré a la policía”. También bombardeaba a nuestros amigos con todas esas mentiras de Internet y algunos de ellos llegaron a venir a casa para intentar convencerme de que abandonase mi fe. Nuestra vida, que había sido tan tranquila, se hizo pedazos. En esos momentos, pensaba en cómo, desde que nos conocíamos, había abandonado mi carrera para dedicarme al negocio con mi marido, lo que nos permitió abrir nuestra tienda aquí. Pero al verme en la encrucijada entre la fe y la familia, no sabía en absoluto qué hacer. Me sentía muy débil. No podía entenderlo. ¿Acaso no anhelan todos los creyentes el regreso del Señor? Yo le había dado la bienvenida al Señor y me había embarcado en el camino correcto de la fe, ¿por qué no lo entendían? Al pensar en todo eso, no podía parar de llorar. Entonces recordé unas palabras de Dios. “Lo que habéis heredado en el presente supera lo dado a los apóstoles y profetas a lo largo de las eras, y es incluso más grande que lo dado a Moisés y Pedro. Las bendiciones no se pueden obtener en un día o dos; deben ser ganadas por medio de gran sacrificio. Lo cual quiere decir que debéis poseer un amor que ha sido sometido al refinamiento, debéis poseer una gran fe y debéis tener las muchas verdades que Dios requiere que alcancéis. Es más, debéis volveros hacia la justicia, sin sentirse intimidados ni evasivos, y debéis tener un amor por Dios que sea constante hasta la muerte. Debéis tener determinación” (‘¿Es la obra de Dios tan sencilla como el hombre imagina?’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios me dieron fuerza y vi que lo que Él quiere para la gente es la fe y el amor verdaderos y que nunca nos apartemos de Él, a pesar de los obstáculos a los que nos enfrentemos. Tener la suerte de escuchar la voz de Dios y de recibir el regreso del Señor en los últimos días era el amor de Dios. El sufrimiento tiene valor y sentido si es para seguir a Cristo, y se trata de una causa justa. Pensé en los discípulos que siguieron al Señor Jesús. Los romanos los persiguieron con dureza, los líderes religiosos los condenaron y algunos llegaron a ser martirizados por el Señor. Sufrieron mucho, pero el Señor se acordó de ellos. Me di cuenta de que no tenía que estar tan disgustada por que se me pusieran trabas y se me oprimiese por seguir al verdadero Dios, sino que debía aprender de las generaciones de santos y seguir a Dios hasta el final ante cualquier adversidad.

Después leí otras palabras de Dios “En cada paso de la obra que Dios hace en las personas, externamente parece que se producen interacciones entre ellas, como nacidas de disposiciones humanas o de la interferencia humana. Sin embargo, detrás de bambalinas, cada etapa de la obra y todo lo que acontece es una apuesta hecha por Satanás ante Dios y exige que las personas se mantengan firmes en su testimonio de Dios. Mira cuando Job fue probado, por ejemplo: detrás de escena, Satanás estaba haciendo una apuesta con Dios, y lo que aconteció a Job fue obra de los hombres y la interferencia de estos. Detrás de cada paso de la obra que Dios hace en vosotros está la apuesta de Satanás con Él, detrás de todo ello hay una batalla. […] Cuando Él y Satanás luchan en el ámbito espiritual, ¿cómo deberías satisfacer a Dios? Y ¿cómo deberías mantenerte firme en el testimonio de Él? Deberías saber que todo lo que te ocurre es una gran prueba y es el momento en que Dios necesita que des testimonio” (‘Solo amar a Dios es realmente creer en Él’ en “La Palabra manifestada en carne”). Tras aceptar el camino verdadero y seguir la nueva obra de Dios, parecía que mi marido se interponía en mi camino y me oprimía, pero detrás de todo, se estaba librando una lucha en el mundo espiritual. Satanás estaba usando a mi marido para que interfiriese en mi fe, aprovechándose de mis sentimientos hacia mi marido y de mis intereses personales, para intimidarme y obligarme a darle la espalda al camino verdadero y llevarme por el de Satanás, y para que terminara traicionando a Dios. Era una de las triquiñuelas de Satanás. Al mismo tiempo, Dios usaba esta situación para mostrarme el lado malvado de mi marido al oponerse a Dios. Cuando decía los sermones en la iglesia, predicaba la tolerancia y nos decía que estuviésemos atentos a la llegada del Señor. Pero se negó a estudiar la obra del regreso del Señor e incluso me trató de enemiga. No era a mí a quien odiaba, sino a Dios, al que también se oponía. Era un no creyente de principio a fin. Al pensar en sus actos, ya no me sentí dolida. Lo que sentí fue rabia. Éramos marido y mujer, pero estábamos en caminos diferentes. Yo sabía que ya no podía controlarme más. Cuanto más opresivo se volvía, más quería yo seguir a Dios, dar testimonio y avergonzar a Satanás. Y no quería ya limitarme a seguir a Dios, sino que quería compartir el evangelio de Dios de los últimos días con más creyentes que amasen la verdad. Este pensamiento me dio la fuerza que necesitaba para pasar por todo aquello. En poco tiempo encontré un trabajo nuevo en un mercado cerca de casa, y allí trabajé y compartí el evangelio. Era un trabajo duro, pero con las palabras de Dios como guía, me sentía muy tranquila.

Pero mi marido no desistía. Para obligarme a dejar de creer, me robó la bicicleta que usaba para ir a trabajar y me prohibió volver a trabajar allí. Incluso me envió clientes al trabajo para convencerme de que abandonara mi fe. Y no solo eso, sino que también divulgó mentiras sobre mí en la iglesia y dijo que había abandonado el hogar por mi fe. Cuando mi jefe se enteró, empezó a tratarme de forma diferente, hasta que acabó por despedirme. Fue entonces cuando mi suegra, en Filipinas, falleció inesperadamente, así que mi marido tuvo que ir. Se vio obligado a devolverme el teléfono y a darme las llaves de la tienda. Cuando regresó a Estados Unidos, su actitud hacia mí se había relajado mucho. Ya no me prohibía asistir a las reuniones en línea. Pensé que tal vez había cambiado de verdad.

Pero un día, descubrió que había estado compartiendo el evangelio de la obra de Dios de los últimos días con una hermana de su iglesia y fue a hablar con ella a mis espaldas, con mediación del pastor. Le contó todo tipo de mentiras y ella las creyó y no quiso volver a hablar conmigo. Él me advirtió: “Nadie puede evitar que creas en Dios Todopoderoso, pero no voy a permitir que te lleves a la gente de mi iglesia. Allí no eres ya bienvenida y no quiero que traigas tu teléfono a la tienda. Como te vuelva a ver leyendo sus mensajes o respondiendo sus llamadas, te echaré”. Su comportamiento era ofensivo y exasperante. Durante aquellos meses había tenido mucha paciencia con él y había intentado conmoverle con mi manera de vivir. Debería haber dejado huella en él para que cambiase su actitud hacia mí y hacia la obra de Dios. Nunca pensé que mi marido podía ser tan testarudo ni tan mezquino. Al mundo le mostraba una cara completamente falsa. No compartía mi fe y me impedía compartirla con los demás, se creía con poder sobre nuestros hermanos y hermanas. ¿Acaso no era eso tratar de usurpar el rebaño de Dios sin ningún pudor? El rebaño de Dios escucha la voz de Dios y regresa a Su casa. Eso es lo que es justo y natural. Y la fe es libre, pero él se confabulaba con el pastor para hacer todo lo posible por perturbar a los hermanos y hermanas. Propagaba mentiras para confundir a la gente y que no se atrevieran a escuchar el evangelio de Dios de los últimos días. Estaba asfixiando y privando a la iglesia y a la gente de su oportunidad de salvarse. Me hizo pensar en la vez que el Señor Jesús reprendió a los fariseos: “Pero, ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres, pues ni vosotros entráis, ni dejáis entrar a los que están entrando” (Mateo 23:13). palabras de Dios Todopoderoso. “Hay algunos que leen la Biblia en grandes iglesias y la recitan todo el día, pero ninguno de ellos entiende el propósito de la obra de Dios. Ninguno de ellos es capaz de conocer a Dios y mucho menos es conforme a la voluntad de Dios. Son todos personas inútiles y viles, que se ponen en alto para enseñar a Dios. Se oponen deliberadamente a Él mientras llevan Su estandarte. Afirman tener fe en Dios, pero aun así comen la carne y beben la sangre del hombre. Todas esas personas son diablos que devoran el alma del hombre, demonio jefes que estorban a aquellos que tratan de entrar en la senda correcta y obstáculos que amenazan a los que buscan a Dios. Pueden parecer de ‘buena constitución’, pero ¿cómo van a saber sus seguidores que no son más que anticristos que llevan a la gente a levantarse contra Dios? ¿Cómo van a saber sus seguidores que son diablos vivientes dedicados a devorar a las almas humanas?” (‘Todas las personas que no conocen a Dios son las que se oponen a Él’ en “La Palabra manifestada en carne”). Si no hubiera sido testigo de las cosas que había dicho y hecho, jamás habría imaginado que una persona que organizaba eventos benéficos y que parecía tan devota y admirada, no solo iba a negarse a mirar y aceptar la obra de la llegada del Señor, sino que también iba a propagar mentiras en la iglesia, engañando a la gente y evitando que se volviesen hacia Dios. ¿Qué lo diferenciaba de los fariseos que clavaron al Señor Jesús en la cruz hace dos mil años? Son auténticos anticristos, demonios que devoran el alma de las personas. Vi claramente la verdadera esencia de mi marido y que se trataba de un demonio sin redención. Creyentes y no creyentes no pueden ser compatibles. No podía seguir dejando que me frenase. Al pensar con calma en esto, me decidí a dedicarle más tiempo a mi fe y a mi búsqueda de la verdad y me dispuse a seguir a Dios Todopoderoso, sin importarme cómo me tratase mi marido.

Un día contrató a un abogado para iniciar los trámites de divorcio y me dijo que tenía un mes para dejar la casa. Me sentí muy impotente. ¿Dónde iba a vivir? ¿Tendría que mendigar? Volvió a cancelar el servicio de Internet en casa, para intentar aislarme de mis hermanos y hermanas. No me quedó más remedio que salir cada vez que quería asistir a las reuniones para hacerlo desde lugares públicos. Mi vida estaba en crisis. Sin ingresos, las necesidades básicas como la comida y la cama se convertirían en un problema. Nunca había tenido que pasar esas dificultades y no tenía ni idea de qué iba a hacer. Me sentía completamente perdida y desesperada. Cuando una hermana se enteró, me envió un pasaje de la palabra de Dios. “Cuando las personas atraviesan pruebas, es normal que sean débiles, internamente negativas o que carezcan de claridad sobre la voluntad de Dios o sobre la senda en la que practicar. Pero en cualquier caso, como Job, debes tener fe en la obra de Dios, y no negarlo. […] En tu experiencia, da igual cuál sea el tipo de refinamiento al que te sometas mediante las palabras de Dios, lo que Él exige de la humanidad, en pocas palabras, es su fe y su amor por Él. Lo que Dios perfecciona al obrar de esa manera es la fe, el amor y las aspiraciones de las personas” (‘Los que serán hechos perfectos deben someterse al refinamiento’ en “La Palabra manifestada en carne”). Tras leer esto, me di cuenta de que Dios estaba permitiendo que mi marido me amenazase con el divorcio. Cuando Job se sometió a sus pruebas, los ladrones le despojaron de todo lo que tenía y sus hijos perdieron la vida. Estaba cubierto de sarna maligna y se sentaba en un montón de ceniza. Su esposa lo rechazó y le dijo que abandonase su fe y se muriese. Sus amigos lo rechazaron y se burlaron de él. Al enfrentarse a estas pruebas y a todo ese sufrimiento, Job siguió dando gracias a Dios: “Jehová dio y Jehová quitó; bendito sea el nombre de Jehová” (Job 1:21). Esa es la verdadera fe. Yo había hecho un juramento solemne ante Dios: que pasase lo que pasase, no dejaría de seguir a Dios. Pero las amenazas de mi marido estaban poniendo en peligro mi propia vida. Me sentía muy deprimida y desesperada. Vi que no estaba teniendo fe verdadera en Dios. Mi marido me amenazaba con el divorcio para que traicionara y abandonara a Dios. No podía caer víctima de las maquinaciones de Satanás. A pesar de las pruebas a las que me enfrentaba, sabía que tenía que seguir a Dios, dar testimonio y avergonzar a Satanás.

Unos días después encontré trabajo, así que pude comprar tarjetas de acceso a Internet para asistir a las reuniones y cumplir con mi deber. Me sentí más resuelta en mi interior. Después, ya con tranquilidad, firmé los papeles del divorcio y conseguí liberarme por completo de las restricciones impuestas por mi marido. Ya podía practicar mi fe libremente. Seguí cumpliendo con mi deber y compartiendo el evangelio. Y aunque tenía menos dinero que antes, podía hacer mi deber sin tener que preocuparme. Tenía una gran sensación de paz y felicidad y sentía que seguir a Dios y tomar el camino correcto era la manera más plena de vivir. Le doy gracias a Dios por permitirme dar testimonio de esta lucha espiritual librada en casa.

El fin de todas las cosas se está acercando, ¿quieres saber cómo el Señor recompensará el bien, castigará el mal y determinará el fin de cada uno? Bienvenido a contactarnos para descubrir la respuesta.

Contenido relacionado

Perdido y encontrado nuevamente

Vine a Estados Unidos a trabajar muy duro en busca de una vida feliz con un nivel de vida alto. Aunque en los primeros años sufrí mucho, con el tiempo pude comenzar mi propia compañía, tener mi propio auto, mi propia casa, etcétera.

Contacta con nosotros por WhatsApp