Dais testimonio de que el Señor Jesús ya ha regresado como Dios Todopoderoso encarnado, quien expresa todas las verdades para purificar y salvar a la humanidad y lleva a cabo la obra de juicio comenzando con la casa de Dios, así que ¿cómo debemos discernir la voz de Dios y cómo debemos confirmar que Dios Todopoderoso es en verdad el Señor Jesús retornado?

28 Feb 2021

Respuesta:

Esta pregunta es de suma importancia. Para aceptar la obra de Dios de los últimos días y contemplar Su aparición, debemos saber identificar Su voz. De hecho, identificar la voz de Dios significa reconocer Sus palabras y declaraciones, y reconocer las características de las palabras del Creador. Independientemente de que sean las palabras de Dios hecho carne o las declaraciones del Espíritu de Dios, son, todas, palabras pronunciadas por Dios a la humanidad desde las alturas. Tal es el tono y las características de las palabras de Dios. Claramente se manifiestan la autoridad y la identidad de Dios. También puede decirse que es el único medio a través del cual el Creador habla. Cada vez que Él se encarna, las declaraciones de Dios abarcan, sin duda, muchas áreas. Principalmente se relacionan con los requisitos de Dios y Sus advertencias al hombre, a las palabras de los decretos administrativos y mandamientos de Dios, a Sus palabras de juicio y castigo, y a Su revelación de la humanidad corrupta. También hay palabras de profecías y promesas de Dios a la humanidad, etc. Todas estas palabras son la manifestación de la verdad, el camino y la vida. Todas son la revelación de la esencia de la vida de Dios. Representan Su carácter y todo lo que Él tiene y es. A partir de las palabras expresadas por Dios podemos ver que Sus palabras son la verdad y tienen autoridad y poder. De este modo, si queréis determinar si las palabras expresadas por Dios Todopoderoso son la voz de Dios, podéis mirar las palabras del Señor Jesús y las de Dios Todopoderoso. Podéis compararlas y ver si son las palabras expresadas por el único Espíritu y si son la obra realizada por el único Dios. Si su origen es el mismo, entonces esto demuestra que las palabras de Dios Todopoderoso son las declaraciones de Dios y que Dios Todopoderoso es la aparición de Dios. Veamos las palabras pronunciadas por Jehová Dios durante la Era de la Ley y las palabras del Señor Jesús en la Era de la Gracia. Ambas eran la expresión directa del Espíritu Santo y, además, eran obra del único Dios. Esto demuestra que el Señor Jesús era la aparición de Jehová Dios, la aparición del Creador. Todos los que han leído la Biblia saben que, en las palabras expresadas por el Señor Jesús durante la Era de la Gracia, había palabras de advertencia, palabras sobre los requisitos de Dios para la humanidad y palabras sobre los decretos administrativos de Dios. También hay palabras de muchas profecías y promesas. Esas palabras fueron una etapa completa de la obra realizada por Dios durante la Era de la Gracia.

Las ovejas de Dios oyen Su voz. Cuando se trata de cómo identificar específicamente la voz de Dios, todo quedará claro si miramos las palabras del Señor Jesús. Primero veremos los requisitos y advertencias del Señor Jesús para el hombre. Por ejemplo, El Señor Jesús dijo: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17). “Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazon, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el grande y el primer mandamiento. Y el segundo es semejante a éste: Amaras a tu projimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas” (Mateo 22:37-40). El Señor Jesús dijo: “Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos. […] Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados” (Mateo 5:3-6). “Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan, y digan todo género de mal contra vosotros falsamente, por causa de mí. Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa en los cielos es grande” (Mateo 5:10-12).

Veamos lo que el Señor Jesús dijo sobre los decretos administrativos. Mateo 12:31-32, el Señor Jesús dijo: “Por eso os digo: todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada. Y a cualquiera que diga una palabra contra el Hijo del Hombre, se le perdonará; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este siglo ni en el venidero”. También, en Mateo 5:22 el Señor Jesús dijo: “Pero yo os digo que todo aquel que esté enojado con su hermano será culpable ante la corte; y cualquiera que diga: ‘Raca’ a su hermano, será culpable delante de la corte suprema; y cualquiera que diga: ‘Idiota’, será reo del infierno de fuego”.

Además de estas palabras de los decretos administrativos, también están las palabras del Señor Jesús que juzgan y exponen a los fariseos: El Señor Jesús dijo: “Pero, ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres, pues ni vosotros entráis, ni dejáis entrar a los que están entrando” (Mateo 23:13). “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque recorréis el mar y la tierra para hacer un prosélito, y cuando llega a serlo, lo hacéis hijo del infierno dos veces más que vosotros” (Mateo 23:15).

El Señor Jesús también dijo algunas palabras sobre profecías y promesas hechas al hombre. En Juan 14:2-3, el Señor Jesús dijo: “Porque voy a preparar un lugar para vosotros. Y si me voy y preparo un lugar para vosotros, vendré otra vez y os tomaré conmigo; para que donde yo estoy, allí estéis también vosotros”. También está Juan 12:47-48, donde el Señor Jesús también dijo: “Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no lo juzgo; porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, ésa lo juzgará en el día final”. También Apocalipsis 21:3-4: “He aquí, el tabernáculo de Dios está entre los hombres, y El habitará entre ellos y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos. El enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado”.

A partir de las diversas verdades expresadas por el Señor Jesús durante la Era de la Gracia, podemos ver que Él era la aparición del Salvador y que Sus palabras eran las declaraciones de Dios para toda la humanidad. Él expresó directamente el carácter de Dios y Su voluntad para la humanidad, para guiarla, proveerla y redimirla personalmente. Esto representa perfectamente la identidad y autoridad de Dios mismo. Al leer estas palabras, inmediatamente percibimos que son la verdad y que poseen autoridad y poder. Estas palabras son la voz de Dios; son Sus declaraciones a la humanidad. En los últimos días el Señor Jesús ha regresado: Dios Todopoderoso ha venido a llevar a cabo la obra de juicio de los últimos días. Él ha iniciado la Era del Reino y ha finalizado la Era de la Gracia. Basándose en la obra de redención del Señor Jesús, Dios Todopoderoso ha llevado a cabo la etapa de la obra de juicio, comenzando por la casa de Dios, y ha expresado todas las verdades para la purificación y salvación de la humanidad. Las palabras expresadas por Dios Todopoderoso son ricas en contenido y exhaustivas. Como dice Dios Todopoderoso: “Es justo decir que esta ha sido la primera vez, desde la creación del mundo, que Dios se ha dirigido a toda la humanidad. Nunca antes Dios había hablado con tanto detalle y tan sistemáticamente a la humanidad creada. Por supuesto, esta es también la primera vez que Él ha hablado tanto, y durante tanto tiempo, a la humanidad. Esto es algo totalmente sin precedentes. Es más, estas declaraciones forman el primer texto expresado por Dios mientras estuvo entre la humanidad y en ellas Él revela, guía, juzga y habla con total franqueza a todas las personas y, de igual manera, son las primeras declaraciones en las que Dios permitió a la gente conocer Sus pasos, el lugar donde Él se encuentra, el carácter de Dios, lo que Él tiene y es, Sus pensamientos y Su preocupación por la humanidad. Se puede decir que, desde la creación, estas son las primeras declaraciones que Dios ha expresado desde el tercer cielo a la humanidad, y que es la primera vez que Dios ha usado Su identidad inherente para aparecerse a la humanidad y expresarle la voz de Su corazón por medio de palabras” (‘Introducción’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras expresadas por Dios Todopoderoso son de gran alcance e incomparablemente ricas. En ellas están, mayormente, el juicio, la revelación del hombre y los decretos administrativos, además de los mandamientos de la Era del Reino, así como las advertencias de Dios, Sus requisitos y promesas para el hombre, y. también, Sus profecías. Leamos primero varios pasajes de las palabras de Dios con respecto a Sus advertencias y requisitos para el hombre, así como sobre Su obra.

Dios Todopoderoso dice: “Hoy en día, quienes alberguen un amor genuino hacia Mí, son bendecidos. Bienaventurados quienes se someten a Mí, pues ellos con seguridad permanecerán en Mi reino. Bienaventurados quienes me conocen, pues ellos con seguridad ejercerán poder en Mi reino. Bienaventurados quienes me buscan, pues ellos con seguridad escaparán de las ataduras de Satanás y disfrutarán de Mis bendiciones. Bienaventurados quienes son capaces de renunciar a sí mismos, pues con seguridad serán posesión Mía y heredarán la abundancia de Mi reino. Recordaré a los que corren de un lado para otro por Mí; abrazaré con alegría a los que se esfuerzan por Mí y daré gozo a los que me presenten ofrendas. Bendeciré a los que encuentren disfrute en Mis palabras; ellos, con seguridad, serán los pilares que sostienen la viga maestra de Mi reino; con seguridad gozarán de abundancia incomparable en Mi casa, y nadie se puede comparar con ellos” (‘Capítulo 19’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”).

Aunque Jesús hizo mucha obra entre los hombres, sólo completó la redención de toda la humanidad y se convirtió en la ofrenda por el pecado del hombre; no lo libró de la totalidad de su carácter corrupto. Salvar al hombre totalmente de la influencia de Satanás no sólo requirió que Jesús se convirtiera en la ofrenda por el pecado y cargara con los pecados del hombre, sino también que Dios realizara una obra incluso mayor para librar completamente al hombre de su carácter satánicamente corrompido. Y, así, ahora que el hombre ha sido perdonado de sus pecados, Dios ha vuelto a la carne para guiar al hombre a la nueva era, y comenzó la obra de castigo y juicio. Esta obra ha llevado al hombre a una esfera más elevada. Todos los que se someten bajo Su dominio disfrutarán una verdad más elevada y recibirán mayores bendiciones. Vivirán realmente en la luz, y obtendrán la verdad, el camino y la vida.

Si las personas permanecen ancladas en la Era de la Gracia, nunca se liberarán de su carácter corrupto, y, mucho menos, conocerán el carácter inherente de Dios. Si las personas viven siempre en medio de una gracia abundante pero no tienen el camino de vida que les permita conocer o satisfacer a Dios, entonces nunca lo obtendrán verdaderamente en su creencia en Él. Este tipo de creencia es, sin duda, deplorable” (‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Antes de que el hombre fuera redimido, muchos de los venenos de Satanás ya habían sido plantados en su interior, y, después de miles de años de ser corrompido por Satanás, el hombre ya tiene dentro de sí una naturaleza establecida que se resiste a Dios. Por tanto, cuando el hombre ha sido redimido, no se trata más que de un caso de redención en el que se le ha comprado por un alto precio, pero la naturaleza venenosa que existe en su interior no se ha eliminado. El hombre que está tan contaminado debe pasar por un cambio antes de volverse digno de servir a Dios. Por medio de esta obra de juicio y castigo, el hombre llegará a conocer plenamente la esencia inmunda y corrupta de su interior, y podrá cambiar completamente y ser purificado. Sólo de esta forma puede ser el hombre digno de regresar delante del trono de Dios” (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Nadie busca activamente las huellas de Dios y Su aparición, ni nadie está dispuesto a existir bajo el cuidado y la custodia de Dios. En lugar de ello, desean depender de la corrosión de Satanás, el maligno, con el fin de adaptarse a este mundo y a las reglas de vida que sigue la malvada humanidad. A estas alturas, el corazón y el espíritu del hombre se han convertido en el tributo del hombre a Satanás y en su alimento. Además, el corazón y el espíritu humanos se han convertido en un lugar en el cual Satanás puede residir y en un patio de juegos apropiado. De esta manera, y sin darse cuenta, el hombre pierde su comprensión de los principios de ser humano y del valor y el significado de la existencia humana. Las leyes de Dios y el pacto entre Dios y el hombre gradualmente se desvanecen en el corazón del hombre y este no busca más a Dios ni le pone atención. Con el paso del tiempo, el hombre ya no entiende por qué Dios lo creó ni entiende tampoco las palabras que salen de la boca de Dios, ni todo lo que proviene de Él. Entonces, el hombre comienza a resistirse a las leyes y decretos de Dios, y su corazón y su espíritu se adormecen… Dios pierde al hombre que originalmente creó y el hombre pierde la raíz de su inicio. Este es la pena de esta raza humana” (‘Dios es la fuente de la vida del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”).

La humanidad se ha desarrollado durante decenas de miles de años de historia para llegar a donde se encuentra hoy. Sin embargo, el hombre que creé originalmente, se ha hundido en la degeneración hace mucho tiempo. La humanidad ya dejó de ser la humanidad que Yo deseo, y por eso, ante Mis ojos, ya no merece ser llamada humanidad. Es más bien la escoria de la humanidad que Satanás capturó, son los cadáveres podridos ambulantes en los que Satanás habita y con los cuales se viste. La gente no cree en absoluto en Mi existencia, ni le da la bienvenida a Mi venida. El ser humano sólo responde a Mis exigencias a regañadientes, consintiendo temporalmente, y no comparte sinceramente los gozos y tristezas de la vida conmigo. Como la gente me ve como inescrutable, de mala gana me dedica sonrisas fingidas, o me tratan mediante la adulación a quien tenga poder, porque no tienen conocimiento de Mi obra, ni mucho menos de Mi voluntad en el presente. Seré honesto con vosotros: cuando llegue el día, el sufrimiento de todo aquel que me adore será más fácil de soportar que el de vosotros. El nivel de vuestra fe en Mí, en la actualidad, no supera el de Job, incluso la fe de los judíos fariseos sobrepasa la vuestra. Por ello, si desciende el día de fuego, vuestro sufrimiento será más grave que el de los fariseos cuando Jesús los reprendió, que el de los 250 líderes que confrontaron a Moisés, y que el de Sodoma bajo las llamas ardientes de su destrucción” (‘Lo que significa ser una persona verdadera’ en “La Palabra manifestada en carne”).

La humanidad, después de que Satanás la corrompiera, perdió su corazón temeroso de Dios y la función propia de las criaturas de Dios, convirtiéndose en un enemigo desobediente a Dios. Entonces la humanidad vivió bajo el campo de acción de Satanás y siguió sus órdenes; en consecuencia, Dios no tuvo manera de obrar entre Sus criaturas, y menos pudo ganar Su adoración temerosa. Dios creó a los seres humanos y estos deben adorarlo, pero ellos en realidad le dieron la espalda y, en cambio, adoraron a Satanás. Satanás se convirtió en ídolo en su corazón. De esta manera Dios perdió Su posición en su corazón, lo que quiere decir que Él perdió el significado de Su creación de la humanidad. Por tanto, para restaurar la relevancia de Su creación de la humanidad, Él debe restaurar su semejanza original y librar a la humanidad de su carácter corrupto. Para rescatar a los humanos de Satanás, debe salvar al hombre del pecado. Solo de esta manera puede Dios restaurar poco a poco su semejanza original y función, y al final restaurar Su reino. La destrucción final de esos hijos de la desobediencia también va a ser llevada a cabo con el fin de permitir a los humanos adorar mejor a Dios y vivir mejor sobre la tierra. Debido a que Dios creó a los humanos, Él hará que lo adoren; como desea restaurar la función original de la humanidad, la va a restaurar por completo y sin ninguna corrupción. Restaurar Su autoridad quiere decir hacer que los humanos lo adoren y se sometan a Él; quiere decir que Él va a hacer que los humanos vivan por Él y que perezcan Sus enemigos debido a Su autoridad. Quiere decir que Dios hará que todo lo Suyo continúe entre los humanos sin resistencia por parte de nadie. El reino que Dios anhela establecer es Su propio reino. La humanidad que desea es una que lo adorará y se someterá a Él por completo y manifestará Su gloria. Si Dios no salva a la humanidad corrupta, entonces la relevancia de Su creación de la humanidad se perderá; no tendrá más autoridad entre los humanos y Su reino ya no será capaz de existir en la tierra. Si Dios no destruye a esos enemigos que le son desobedientes, no podrá obtener toda Su gloria ni tampoco podrá establecer Su reino sobre la tierra. Estas serán las señales de la terminación de Su obra y de Su gran logro: destruir completamente a aquellos entre la humanidad que lo desobedecen y llevar al reposo a los que han sido perfeccionados” (‘Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Tú sólo sabes que Jesús descenderá durante los últimos días, pero ¿cómo lo hará exactamente? Un pecador como vosotros, que acaba de ser redimido y que no ha sido cambiado ni perfeccionado por Dios, ¿puede ser conforme al corazón de Dios? Para ti, que aún eres del viejo ser, es cierto que Jesús te salvó y que no perteneces al pecado gracias a la salvación de Dios, pero esto no demuestra que no seas pecador ni impuro. ¿Cómo puedes ser santo si no has sido cambiado? En tu interior, estás cercado por la impureza, egoísta y miserable, pero sigues deseando descender con Jesús; ¡qué suerte tendrías! Te has saltado un paso en tu creencia en Dios: simplemente has sido redimido, pero no has sido cambiado. Para que seas conforme al corazón de Dios, Él debe realizar personalmente la obra de cambiarte y purificarte; si sólo eres redimido, serás incapaz de alcanzar la santidad. De esta forma no serás apto para participar en las buenas bendiciones de Dios, porque te has saltado un paso en la obra de Dios de gestionar al hombre, que es el paso clave del cambio y el perfeccionamiento. Tú, un pecador que acaba de ser redimido, eres, por tanto, incapaz heredar directamente la herencia de Dios” (‘Acerca de los apelativos y la identidad’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Debes saber qué tipo de personas deseo; los impuros no tienen permitido entrar en el reino, ni mancillar el suelo santo. Aunque puedes haber realizado muchas obras y obrado durante muchos años, si al final sigues siendo deplorablemente inmundo, entonces ¡será intolerable para la ley del Cielo que desees entrar en Mi reino! Desde la fundación del mundo hasta hoy, nunca he ofrecido acceso fácil a Mi reino a cualquiera que se gana mi favor. Esta es una norma celestial ¡y nadie puede quebrantarla! Debes buscar la vida. Hoy, las personas que serán perfeccionadas son del mismo tipo que Pedro; son las que buscan cambios en su carácter y están dispuestas a dar testimonio de Dios y a cumplir con su deber como criaturas de Dios. Solo las personas así serán perfeccionadas. Si solo esperas recompensas y no buscas cambiar tu propio carácter vital, entonces todos tus esfuerzos serán en vano. ¡Y esta verdad es inalterable!” (‘El éxito o el fracaso dependen de la senda que el hombre camine’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Con respecto a la obra del juicio de Dios Todopoderoso durante la Era del Reino, vamos a leer ahora varios pasajes de Sus palabras. Dios Todopoderoso dice: “En los últimos días, Cristo usa una variedad de verdades para enseñar al hombre, para exponer la sustancia del hombre y para analizar minuciosamente sus palabras y acciones. Estas palabras comprenden verdades diversas tales como el deber del hombre, cómo el hombre debe obedecer a Dios, cómo debe ser leal a Dios, cómo debe vivir una humanidad normal, así como la sabiduría y el carácter de Dios, etc. Todas estas palabras están dirigidas a la sustancia del hombre y a su carácter corrupto. En particular, las palabras que exponen cómo el hombre desdeña a Dios se refieren a que el hombre es una personificación de Satanás y una fuerza enemiga contra Dios. Al emprender Su obra del juicio, Dios no aclara simplemente la naturaleza del hombre con unas pocas palabras; la expone, la trata y la poda a largo plazo. Estos métodos de exposición, de trato y poda no pueden ser sustituidos con palabras corrientes, sino con la verdad de la que el hombre carece por completo. Solo los métodos de este tipo pueden llamarse juicio; solo a través de este tipo de juicio puede el hombre ser doblegado y completamente convencido de la sumisión a Dios y, además, obtener un conocimiento verdadero de Dios. Lo que la obra de juicio propicia es el entendimiento del hombre sobre el verdadero rostro de Dios y la verdad sobre su propia rebeldía. La obra de juicio le permite al hombre obtener mucho entendimiento de la voluntad de Dios, del propósito de la obra de Dios y de los misterios que le son incomprensibles. También le permite al hombre reconocer y conocer su esencia corrupta y las raíces de su corrupción, así como descubrir su fealdad. Estos efectos son todos propiciados por la obra del juicio, porque la esencia de esta obra es, en realidad, la obra de abrir la verdad, el camino y la vida de Dios a todos aquellos que tengan fe en Él. Esta obra es la obra del juicio realizada por Dios” (‘Cristo hace la obra del juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Dios realiza la obra de juicio y castigo para que el hombre pueda conocerle, y por el bien de Su testimonio. Sin Su juicio sobre el carácter corrupto del ser humano, el hombre no podría conocer Su carácter justo que no permite ofensa, y no podría apartarse de su viejo conocimiento de Dios para adoptar el nuevo. Por el bien de Su testimonio y de Su gestión, Él hace pública Su totalidad, capacitando así al hombre para lograr el conocimiento de Dios, que su carácter sea transformado y que dé resonante testimonio de Él por medio de Su aparición pública. El cambio en el carácter del hombre se logra a través de distintos tipos de la obra de Dios; sin estos cambios en el carácter del hombre, este sería incapaz de dar testimonio de Dios y no podría ser conforme a Su corazón. El cambio en el carácter del hombre significa que se ha liberado de la atadura de Satanás y de la influencia de la oscuridad, y que se ha convertido de verdad en un modelo y una muestra de la obra de Dios, que ha llegado a ser un testigo suyo y alguien que es conforme a Su corazón” (‘Solo aquellos que conocen a Dios pueden dar testimonio de Él’ en “La Palabra manifestada en carne”).

En Su obra final de dar por concluida la era, el carácter de Dios es de castigo y juicio, revela todo lo que es injusto, juzga públicamente a todos los pueblos y perfecciona a aquellos que le aman con un corazón sincero. Solo un carácter así puede concluir la era. Los últimos días ya han llegado. Todas las cosas se clasificarán según su especie, y se dividirán en diferentes categorías en base a su naturaleza. Este es el momento en el que Dios revela el final y el destino del hombre. Si este no pasa por el castigo y el juicio, no habrá forma de revelar su desobediencia y su injusticia. Solo por este medio se puede manifestar el final de todas las cosas. El hombre solo muestra lo que realmente es cuando es castigado y juzgado. El mal se pondrá con el mal, el bien con el bien, y toda la humanidad será clasificada según su especie. A través del castigo y del juicio se revelará el final de todas las cosas, de forma que los malos serán castigados y los buenos recompensados, y todas las personas se someterán al dominio de Dios. Toda la obra debe lograrse por medio del castigo y juicio justos. Como la corrupción del hombre ha alcanzado su punto culminante y su desobediencia ha sido demasiado grave, solo el carácter justo de Dios, que es principalmente de castigo y juicio, y se revela durante los últimos días, puede transformar y completar totalmente al hombre. Solo este carácter puede dejar el mal al descubierto y castigar así con severidad a todos los injustos. […] Durante los últimos días, solo el juicio justo puede clasificar al hombre según cada especie y llevarlo a un nuevo reino. De esta forma, se pone fin a toda la era por medio del carácter justo de Dios de juicio y castigo” (‘La visión de la obra de Dios (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

¿Entiendes ahora lo que es el juicio y lo que es la verdad? Si es así, te exhorto a someterte obedientemente a ser juzgado, de lo contrario nunca tendrás la oportunidad de ser elogiado por Dios o de ser llevado por Él a Su reino. Aquellos que solo acepten el juicio, pero que nunca puedan ser purificados, es decir, los que huyan en medio de la obra del juicio, serán detestados y rechazados para siempre por Dios. Sus pecados son más numerosos y más graves que los de los fariseos, ya que han traicionado a Dios y son rebeldes contra Él. Tales personas que no son dignas de realizar servicio recibirán un castigo más severo, un castigo que es, además, eterno. Dios no eximirá a ningún traidor que alguna vez evidenció lealtad con palabras, pero que luego lo traicionó. Personas como estas recibirán retribución por medio del castigo del espíritu, del alma y del cuerpo. ¿Acaso no es esta precisamente una revelación del carácter justo de Dios? ¿Acaso no es este el propósito de Dios al juzgar y exponer al hombre? Dios consigna a todos los que realizan todo tipo de acciones perversas durante el tiempo del juicio a un lugar infestado de espíritus malignos, y deja que estos espíritus malignos destruyan sus cuerpos carnales como deseen, y los cuerpos de estas personas despiden hedor de cadáver. Tal es su apropiada retribución. Dios escribe en sus libros de registro todos y cada uno de los pecados de aquellos falsos creyentes desleales, falsos apóstoles y falsos colaboradores; entonces, cuando llegue el momento apropiado, Él los arrojará en medio de los espíritus inmundos, dejando que estos espíritus inmundos contaminen sus cuerpos enteros a voluntad para que nunca puedan ser reencarnados y nunca más vean la luz. Aquellos hipócritas que realizan servicio durante un tiempo, pero son incapaces de permanecer leales hasta el final, son contados por Dios entre los malvados a fin de que caminen en el consejo de los malvados y se conviertan en parte de su desordenada chusma; al final, Dios los aniquilará. Dios echa a un lado y no presta atención a aquellos que nunca han sido leales a Cristo ni han contribuido nada de su fuerza, y en el cambio de era Él los aniquilará a todos. Ya no existirán en la tierra ni mucho menos obtendrán paso al reino de Dios. Aquellos que nunca han sido sinceros con Dios, pero que han sido obligados por las circunstancias a lidiar indiferentes con Él, serán contados entre los que realizan servicio para Su pueblo. Solamente un pequeño número de tales personas podrán sobrevivir, mientras que la mayoría perecerá junto con los que ni siquiera son aptos para realizar servicio. En última instancia, Dios llevará a Su reino a todos aquellos que son de la misma mente que Él, al pueblo y los hijos de Dios, y también a los predestinados por Él para ser sacerdotes. Serán la síntesis de la obra de Dios. En cuanto a los que no puedan ser clasificados en ninguna de las categorías establecidas por Dios, serán contados entre los incrédulos, y con toda seguridad os imaginaréis cómo terminarán. Ya os he dicho todo lo que debo decir; el camino que elijáis queda solo a vuestra elección. Lo que debéis entender es esto: la obra de Dios nunca espera a nadie que no pueda seguir Su ritmo y el carácter justo de Dios no le muestra misericordia a ningún hombre” (‘Cristo hace la obra del juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Leamos dos pasajes de los decretos administrativos dictados por Dios Todopoderoso en la Era del Reino.

Los diez decretos administrativos que el pueblo escogido de Dios debe obedecer en la Era del Reino

1. El hombre no debe magnificarse ni exaltarse a sí mismo. Debe adorar y exaltar a Dios.

2. Haz todo lo que sea beneficioso para la obra de Dios y nada que vaya en detrimento de los intereses de la misma. Defiende el nombre, el testimonio y la obra de Dios.

3. El dinero, los objetos materiales y todas las propiedades en la casa de Dios son las ofrendas que los hombres deben dar. Nadie puede disfrutar de estas ofrendas, excepto el sacerdote y Dios, porque las ofrendas del hombre son para el goce de Dios y Él sólo las comparte con el sacerdote; nadie más está calificado ni tiene derecho a gozar parte alguna de ellas. Todas las ofrendas del hombre (incluido el dinero y las cosas materiales que pueden disfrutarse) se entregan a Dios, no al hombre; por tanto, el hombre no debe disfrutar de ellas; si el hombre disfrutara de ellas, entonces estaría robándolas. Cualquiera que haga esto es un Judas, porque, además de ser un traidor, Judas también echó mano de lo que se ponía en la bolsa del dinero.

4. El hombre tiene un carácter corrupto y, además, posee emociones. Por tanto, queda absolutamente prohibido que dos miembros del sexo opuesto trabajen juntos, solos, en el servicio a Dios. Cualquiera que sea descubierto haciendo eso será expulsado, sin excepción.

5. No juzgues a Dios ni discutas a la ligera asuntos relacionados con Él. Haz lo que el hombre debe hacer y habla como el hombre debe hablar, y no sobrepases los límites ni traspases fronteras. Refrena tu lengua y ten cuidado dónde pisas para evitar hacer algo que ofenda el carácter de Dios.

6. Haz lo que el hombre debe hacer, lleva a cabo tus obligaciones, cumple tus responsabilidades y cíñete a tu deber. Puesto que crees en Dios, debes hacer tu contribución a Su obra; si no lo haces, entonces no eres apto para comer y beber las palabras de Dios ni para vivir en Su casa.

7. En el trabajo y en los asuntos de la iglesia, además de obedecer a Dios, debes seguir las instrucciones del hombre usado por el Espíritu Santo en todas las cosas. Hasta la más mínima infracción es inaceptable. Cumple de manera absoluta y no analices si algo es correcto o incorrecto; lo correcto o incorrecto no tiene nada que ver contigo. Solo preocúpate por la obediencia total.

8. Las personas que creen en Dios deben obedecerle y adorarle. No exaltes ni admires a ninguna persona; no pongas a Dios en primer lugar, a las personas a las que admiras en segundo y, en tercer lugar, a ti. Ninguna persona debe tener un lugar en tu corazón y no debes considerar que las personas —particularmente a las que veneras— están a la par de Dios o que son Sus iguales. Esto es intolerable para Él.

9. Mantén tus pensamientos en la obra de la iglesia. Deja de lado las perspectivas de tu propia carne, sé decidido en los asuntos familiares, conságrate sin reservas a la obra de Dios y ponla en primer lugar y, tu propia vida, en segundo. Esta es la decencia de un santo.

10. Los familiares que no comparten tu misma fe (tus hijos, tu marido o tu esposa, tus hermanas o tus padres, etcétera) no deben ser forzados a ir a la iglesia. La casa de Dios no está escasa de miembros y no hay necesidad de maquillar sus cifras con personas que no son de utilidad. No se debe llevar a la iglesia a todos aquellos que no creen de buen grado. Este decreto va dirigido a todas las personas. Debéis verificar, monitorear y haceros recordatorios los unos a los otros respecto a este asunto y nadie puede violarlo. Incluso, cuando los parientes que no comparten la fe entran en la iglesia con reticencia, no se les deben dar libros ni un nuevo nombre; tales personas no son de la casa de Dios y se debe detener su entrada a la iglesia por todos los medios necesarios. Si se ocasionan problemas a la iglesia por la invasión de los demonios, entonces tú mismo serás expulsado o se te pondrán restricciones. En resumen, todo el mundo tiene responsabilidad en este asunto, aunque no debes ser imprudente ni usarla para saldar cuentas personales” (‘Los diez decretos administrativos que el pueblo escogido de Dios debe obedecer en la Era del Reino’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Lanzaré Mi furia sobre sus naciones, promulgaré abiertamente Mis decretos administrativos por todo el universo, y enviaré castigo a quienquiera que los viole:

Cuando vuelvo Mi rostro al universo para hablar, toda la humanidad oye Mi voz, y, así, ve todas las obras que en todo el universo Yo he llevado a cabo. Los que van en contra de Mi voluntad —es decir, los que se oponen a Mí con las acciones del hombre— caerán bajo Mi castigo. Yo tomaré las innumerables estrellas de los cielos y las haré de nuevo, y, gracias a Mí, el sol y la luna serán renovados; los cielos ya no serán más como eran y las innumerables cosas que hay sobre la tierra serán renovadas. Todo será hecho completo por medio de Mis palabras. Las muchas naciones que hay en el universo serán divididas de nuevo y reemplazadas por Mi reino, de forma que las naciones sobre la tierra desaparecerán para siempre y todas ellas se convertirán en un reino que me adore; todas las naciones de la tierra serán destruidas y dejarán de existir. De los seres humanos del universo, todos los pertenecientes al diablo serán exterminados y Mi fuego ardiente abatirá a todos los que adoran a Satanás; es decir que, excepto los que están ahora dentro de la corriente, todos quedarán reducidos a cenizas. Cuando Yo castigue a los muchos pueblos, los del mundo religioso regresarán, en grados diferentes, a Mi reino, conquistados por Mis obras, porque habrán visto la llegada del Santo cabalgando sobre una nube blanca. Toda la humanidad será separada según su propia especie y recibirá castigos proporcionales a sus acciones. Todos aquellos que se han opuesto a Mí, perecerán; en cuanto a aquellos cuyos actos en la tierra no me han involucrado, seguirán existiendo en la tierra bajo el gobierno de Mis hijos y de Mi pueblo debido a la forma como se han comportado. Yo me revelaré a los innumerables pueblos y naciones, y, con Mi propia voz, resonaré sobre la tierra, proclamando la terminación de Mi gran obra, para que toda la humanidad la vea con sus propios ojos” (‘Capítulo 26’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”).

Vamos a leer más pasajes de profecías de Dios Todopoderoso y Sus promesas al hombre. “En el reino, las innumerables cosas de la creación comienzan a revivir y a recuperar su fuerza vital. Debido a los cambios en el estado de la tierra, los límites entre una tierra y otra también empiezan a cambiar. Yo he profetizado que, cuando la tierra se divida de la tierra, y la tierra se una a la tierra, este será el tiempo en que Yo haré pedazos a todas las naciones. En ese momento, renovaré toda la creación y la repartición de todo el universo, poniéndolo, así, en orden, y transformando lo viejo en nuevo. Este es Mi plan y estas son Mis obras. Cuando todas las naciones y los pueblos del mundo regresen delante de Mi trono, tomaré toda la abundancia del cielo y se la concederé al mundo humano, de manera que, gracias a Mí, ese mundo rebose de una abundancia sin igual” (‘Capítulo 26’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”).

A medida que Mis palabras quedan consumadas, el reino se forma poco a poco en la tierra y el hombre regresa gradualmente a la normalidad, y, así, se establece en la tierra el reino que yace en Mi corazón. En el reino, todo el pueblo de Dios recupera la vida del hombre normal. Se ha ido el invierno helado, reemplazado por un mundo de ciudades primaverales, donde la primavera perdura todo el año. Ya las personas no se enfrentan al mundo sombrío y miserable del hombre y ya no sufren el frío gélido del mundo del hombre. Las personas ya no pelean entre sí, los países ya no se enfrentan en guerras, ya no hay más matanzas ni la sangre que fluye de la matanza; todas las tierras están llenas de felicidad, y en todas partes rebosa el calor entre los hombres” (‘Capítulo 20’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”).

Cuando los humanos hayan sido restaurados a su semejanza original y cuando puedan cumplir sus deberes respectivos, permanecer en su sitio adecuado y someterse a todos los planes de Dios, Dios habrá ganado un grupo de personas sobre la tierra que lo adoran y también habrá establecido un reino sobre la tierra que lo adora. Tendrá una victoria eterna sobre la tierra y todos aquellos que se le oponen perecerán por toda la eternidad. Esto restaurará Su intención original al crear la humanidad; restaurará Su intención en crear todas las cosas y también restaurará Su autoridad sobre la tierra, entre todas las cosas y entre Sus enemigos. Estos serán los símbolos de Su victoria total. En adelante, la humanidad entrará en el reposo y empezará una vida que está en el camino correcto. Dios también entrará en el reposo eterno con la humanidad y comenzará una vida eterna que compartirán Dios y los humanos. La inmundicia y la desobediencia sobre la tierra habrán desaparecido, así como los lamentos sobre la tierra y todo lo que en este mundo se opone a Dios no existirá. Solo Dios y esas personas a las que Él ha llevado a la salvación permanecerán; solo Su creación permanecerá” (‘Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Después de escuchar las palabras de Dios Todopoderoso, vemos que Él y el Señor Jesús son uno mismo. Ambos son Dios encarnado que habla a la humanidad desde las alturas. Lo que ambos revelan es el carácter de Dios y Su esencia santa, y, así, demuestran perfectamente Su autoridad e identidad. A partir de las palabras del Señor Jesús sobre el juicio y la revelación de los fariseos, y de las palabras de Dios Todopoderoso sobre el juicio y la revelación de la humanidad corrupta, vemos que Dios odia la maldad y detesta la corrupción de la humanidad. Vemos el carácter recto y santo de Dios y, por otra parte, que Él mira las profundidades del corazón del hombre. Él conoce nuestra corrupción como la palma de Su mano. A partir de las advertencias y los requisitos del Señor Jesús y de Dios Todopoderoso para la humanidad, vemos las expectativas que tiene para ella: a Dios le gustan las personas honestas y, en especial, bendice a aquellas que se dedican sinceramente a Él. Esto nos muestra la preocupación de Dios por la humanidad y por su salvación. A partir de las promesas del Señor Jesús y de Dios Todopoderoso para la humanidad, vemos el amor de Dios por ella y, por otra parte, contemplamos la autoridad y el poder con los que Él controla el destino de la humanidad y reina sobre todas las cosas. Las declaraciones del Señor Jesús y de Dios Todopoderoso son parecidas tanto en el tono como en la manera de hablar; ambas son expresión del carácter de Dios. Esto demuestra perfectamente la identidad y la esencia de Dios. Pensemos: ¿quién, aparte del Creador, podría dirigirse a la humanidad entera? ¿Quién podría expresar directamente la voluntad de Dios y exigirle a la humanidad? ¿Quién podría decidir el fin del hombre? ¿Quién podría controlar si vive o muere? ¿Quién podría controlar las estrellas del universo y dominar todas las cosas? Además de Dios, ¿quién podría comprender la verdad sobre la esencia de la humanidad corrupta? Y ¿quién podría revelar la naturaleza satánica oculta en lo profundo de nuestro corazón? ¿Quién podría llevar a cabo la obra de Dios de juicio de los últimos días y salvarnos por completo de la influencia de Satanás? ¡Sólo el Creador posee tal autoridad y poder! Las palabras de Dios Todopoderoso demuestran perfectamente la autoridad e identidad excepcionales de Dios. Después de escuchar las palabras de Dios Todopoderoso, todos lo confirmamos en nuestro corazón: todas estas palabras son expresadas por Dios; ¡son la voz de Dios! Son, todas ellas, las verdades expresadas por el Creador a la humanidad durante la obra de juicio de los últimos días. En nuestro corazón, nace de inmediato la auténtica veneración a Dios. Tras haber leído las palabras de Dios Todopoderoso, ¿tenéis la misma sensación? Esto basta para demostrar que las palabras de Dios Todopoderoso y las del Señor Jesús tienen el mismo origen: ambas son la expresión del único Espíritu. Son las declaraciones del único Dios a la humanidad en distintas eras. Durante los últimos días, Dios Todopoderoso lleva a cabo la obra de juicio comenzando con la casa de Dios basándose en la obra de redención del Señor Jesús. Dios Todopoderoso expresa todas las verdades para la salvación y purificación de la humanidad, revela todos los misterios de su plan de gestión para salvarla y nos habla claramente de la esencia de diferentes aspectos de la verdad. Sus palabras nos abren los ojos y nos convencen por completo. La palabra y la obra de Dios Todopoderoso han llevado a cabo y cumplido todas las profecías del Señor Jesús. En todas las palabras expresadas por Dios Todopoderoso para la obra de juicio de los últimos días reconocemos la voz de Dios y confirmamos que Dios Todopoderoso es el regreso del Señor Jesús, el único Dios verdadero que creó los cielos y la tierra y todas las cosas y que viene a llevar a cabo la obra de juicio en los últimos días. Él viene a terminar con el dominio de Satanás sobre la tierra, la era de la maldad y la oscuridad, y a iniciar el reinado de Dios sobre la tierra, la Era del Reino Milenario, y esto hace realidad nuestro hermoso deseo de entrar en el reino de los cielos.

Extracto de “Preguntas y respuestas clásicas sobre el Evangelio del Reino”

¿Cómo escuchamos la voz de Dios? No importa cuán elevadas sean nuestras cualidades o hasta dónde llegue nuestra experiencia. Al creer en el Señor Jesús, ¿qué sentimos cuando escuchamos muchas de Sus palabras? Aunque no tengamos experiencia ni conocimiento de las palabras del Señor, al oírlas, sentimos inmediatamente que son la verdad y que tienen poder y autoridad. ¿Cómo surge este sentimiento? ¿Surge de nuestra experiencia? Es efecto de la inspiración y la intuición. Esto basta para demostrar que todas las personas que tienen corazón y espíritu pueden sentir que las palabras de Dios tienen poder y autoridad; esto es escuchar la voz de Dios. Además, la mayor diferencia entre la voz de Dios y la del hombre es que la voz de Dios es la verdad y tiene poder y autoridad; podemos sentirla en cuanto la oímos. No importa si podemos explicarlo, el sentimiento es muy claro. Es más fácil distinguir la voz del hombre o la de Satanás. Tan pronto como la escuchamos, sentimos que se trata de un razonamiento humano, un concepto humano que puede entenderse y comprenderse. No sentimos el más mínimo trazo de poder o autoridad en las palabras del hombre, ni podemos confirmar que sean la verdad. Esta es la mayor diferencia entre las palabras de Dios y las palabras del hombre. Por ejemplo, veis que las palabras del Señor Jesús tienen poder y autoridad; tan pronto como las escucháis podéis confirmar que son la verdad, que son profundas, misteriosas y que sobrepasan la medida del hombre. Veamos las palabras de los apóstoles en la Biblia. Están muy por debajo de las palabras del Señor Jesús. Aunque lo que dicen también es correcto, no tienen autoridad ni poder; simplemente son correctas y beneficiosas para el hombre. ¿No es esta la diferencia entre las palabras de los apóstoles y las palabras del Señor Jesús? ¿Podría algún hombre pronunciar las palabras que expresó el Señor Jesús? ¡Ninguno podría hacerlo! Esto afirma que las palabras del Señor Jesús son la voz de Dios. ¿Podría alguien que cree en el Señor Jesús hablar las palabras que dijeron los apóstoles? Podríamos decir que hay algunos que sí pueden hacerlo. ¿Acaso eso no los separa del resto? ¿Acaso no es fácil distinguir entre la voz de Dios y la voz del hombre?

Leamos algunos pasajes de las palabras de Dios Todopoderoso y veamos si Sus palabras son la verdad y la voz de Dios o no. Dios Todopoderoso dice: “Estoy llevando a cabo Mi obra por todo el universo y en el oriente se producen estruendos interminables como de truenos que sacuden a todas las naciones y denominaciones. Es Mi voz la que ha guiado a todos los hombres al presente. Haré que todos los hombres sean conquistados por Mi voz, que caigan en esta corriente y se sometan ante Mí, porque desde hace mucho tiempo he recuperado Mi gloria de toda la tierra y la he emitido nuevamente en el oriente. ¿Quién no anhela ver Mi gloria? ¿Quién no espera ansiosamente Mi regreso? ¿Quién no tiene sed de Mi reaparición? ¿Quién no suspira por Mi hermosura? ¿Quién no vendría a la luz? ¿Quién no contemplaría la riqueza de Canaán? ¿Quién no anhela el regreso del Redentor? ¿Quién no adora al Gran Todopoderoso? Mi voz se extenderá por toda la tierra; quiero, frente a Mi pueblo elegido, decirles más palabras. Como los poderosos truenos que sacuden las montañas y los ríos, digo Mis palabras a todo el universo y a la humanidad. Por tanto, las palabras en Mi boca se han convertido en el tesoro del hombre y todos los hombres aprecian Mis palabras. El relámpago destella desde el oriente hasta el occidente. Mis palabras son tales que el hombre se resiste a renunciar a ellas y, al mismo tiempo, las encuentra insondables, pero se regocija aún más en ellas. Todos los hombres se alegran y regocijan, celebrando Mi llegada como si acabase de venir al mundo un recién nacido. Por medio de Mi voz, traeré a todos los hombres delante de Mí. A partir de entonces, entraré formalmente a la raza de los hombres para que ellos vengan a adorarme. Con la gloria que irradio y las palabras en Mi boca, haré que todos los hombres se presenten ante Mí y vean que el relámpago destella desde el oriente, y que Yo también he descendido al ‘Monte de los Olivos’ del oriente. Verán que llevo ya mucho tiempo en la tierra, ya no como el Hijo de los judíos, sino como el Relámpago del oriente. Porque he resucitado hace mucho tiempo, me he alejado del seno de la humanidad y reaparecido luego con gloria entre los hombres. Soy Aquel que fue adorado en eras innumerables antes de ahora y también soy el infante abandonado por los israelitas en eras innumerables antes de ahora. ¡Además, soy el todo glorioso Dios Todopoderoso de la era actual! Que todos se presenten ante Mi trono y vean Mi semblante glorioso, oigan Mi voz y contemplen Mis obras. Esta es la totalidad de Mi voluntad; es el fin y el clímax de Mi plan, así como el propósito de Mi gestión. ¡Que cada nación me adore, que cada lengua me reconozca, que todos los hombres depositen su fe en Mí y que todas las personas se sometan a Mí!” (‘Los siete truenos retumban: profetizan que el evangelio del reino se extenderá por todo el universo’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Cuando vuelvo Mi rostro al universo para hablar, toda la humanidad oye Mi voz, y, así, ve todas las obras que en todo el universo Yo he llevado a cabo. Los que van en contra de Mi voluntad —es decir, los que se oponen a Mí con las acciones del hombre— caerán bajo Mi castigo. Yo tomaré las innumerables estrellas de los cielos y las haré de nuevo, y, gracias a Mí, el sol y la luna serán renovados; los cielos ya no serán más como eran y las innumerables cosas que hay sobre la tierra serán renovadas. Todo será hecho completo por medio de Mis palabras. Las muchas naciones que hay en el universo serán divididas de nuevo y reemplazadas por Mi reino, de forma que las naciones sobre la tierra desaparecerán para siempre y todas ellas se convertirán en un reino que me adore; todas las naciones de la tierra serán destruidas y dejarán de existir. De los seres humanos del universo, todos los pertenecientes al diablo serán exterminados y Mi fuego ardiente abatirá a todos los que adoran a Satanás; es decir que, excepto los que están ahora dentro de la corriente, todos quedarán reducidos a cenizas. Cuando Yo castigue a los muchos pueblos, los del mundo religioso regresarán, en grados diferentes, a Mi reino, conquistados por Mis obras, porque habrán visto la llegada del Santo cabalgando sobre una nube blanca. Toda la humanidad será separada según su propia especie y recibirá castigos proporcionales a sus acciones. Todos aquellos que se han opuesto a Mí, perecerán; en cuanto a aquellos cuyos actos en la tierra no me han involucrado, seguirán existiendo en la tierra bajo el gobierno de Mis hijos y de Mi pueblo debido a la forma como se han comportado. Yo me revelaré a los innumerables pueblos y naciones, y, con Mi propia voz, resonaré sobre la tierra, proclamando la terminación de Mi gran obra, para que toda la humanidad la vea con sus propios ojos.

[…] Cuando creé el mundo, moldeé todas las cosas según su especie, y coloqué todas las cosas que tenían forma junto a las de su especie. A medida que se acerque el final de Mi plan de gestión, restauraré el estado anterior de la creación; lo restauraré todo a la forma como estaba originalmente y lo cambiaré todo a profundidad, para que todo retorne al seno de Mi plan. ¡El tiempo ha llegado! La última etapa de Mi plan está a punto de cumplirse. ¡Oh, viejo mundo impuro! ¡Sin duda, caerás bajo Mis palabras! ¡Sin duda, Mi plan te reducirá a nada! ¡Oh, las innumerables cosas de la creación! Todos obtendréis nueva vida en Mis palabras; ¡tendréis a vuestro Señor soberano! ¡Oh, nuevo mundo, puro e inmaculado! ¡Revivirás, sin duda, en Mi gloria! ¡Oh, Monte Sion! No estés más en silencio. ¡He regresado triunfante! Desde el interior de la creación, escudriño toda la tierra. Sobre la tierra, la humanidad ha comenzado una nueva vida y ha obtenido nueva esperanza. ¡Oh, pueblo mío! ¿Cómo puedes no volver a la vida en Mi luz? ¿Cómo no saltas de alegría bajo Mi guía? ¡Las tierras gritan de júbilo; las aguas resuenan con alegres risas! ¡Oh, el Israel resucitado! ¿Cómo puedes no sentir orgullo por causa de Mi predestinación? ¿Quién ha llorado? ¿Quién se ha lamentado? El antiguo Israel ha dejado de existir y el Israel de hoy se ha levantado en el mundo, erguido e imponente, y se ha puesto en pie en el corazón de toda la humanidad. ¡Hoy Israel obtendrá, sin duda, la fuente de la existencia por medio de Mi pueblo! ¡Oh, odioso Egipto! ¿Será posible que sigas estando en Mi contra? ¿Cómo puedes aprovecharte de Mi misericordia e intentas escapar a Mi castigo? ¿Cómo puedes no existir en Mi castigo? Todos los que amo vivirán, sin duda, eternamente, y a los que están contra Mí, con toda seguridad, los castigaré por toda la eternidad. Porque Yo soy un Dios celoso y no perdonaré fácilmente a los hombres por todo lo que han hecho. ¡Vigilaré toda la tierra y, apareciendo en el Oriente del mundo con justicia, majestad, ira y castigo, me revelaré a las innumerables huestes de la humanidad!” (‘Capítulo 26’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”).

Cuando leemos las palabras de Dios Todopoderoso, todos sentimos lo mismo; ¡todos podemos sentir que es Dios que le habla a la humanidad! Aparte de Dios, ¿quién podría hablarle a toda la humanidad? ¿Quién podría expresar a la humanidad las intenciones de Dios de salvarla? ¿Quién podría declarar con gran claridad el plan de Dios para Su obra de los últimos días y el desenlace y el destino de la humanidad? ¿Quién podría declarar solemnemente a todo el cosmos los decretos administrativos de Dios? Aparte de Dios, nadie podría hacerlo. Dios Todopoderoso le habla a toda la humanidad y deja que el hombre sienta el poder y la autoridad de Sus palabras; las palabras de Dios Todopoderoso son la expresión directa de Dios, ¡la voz de Dios! Todas las palabras pronunciadas por Dios Todopoderoso son como si Dios estuviera en el tercer cielo y le hablara a toda la humanidad. Aquí Dios Todopoderoso está hablando a la humanidad como el Creador, manifestándole Su carácter inofendible de justicia y majestad. Cuando las ovejas de Dios oyen las palabras de Dios Todopoderoso, aunque al principio no entiendan que son la verdad y no las hayan experimentado, sienten que todas las palabras de Dios Todopoderoso tienen poder y autoridad y pueden afirmar que son la voz de Dios y las declaraciones directas del Espíritu Santo. El pueblo escogido de Dios sólo necesita oír Sus palabras para afirmar que son Su voz. ¿Por qué condenan los ancianos y pastores a Dios Todopoderoso en los círculos religiosos? En cuanto a esos anticristos que no reconocen la encarnación de Dios y no admiten que Dios puede expresar la verdad, aunque pueden ver todas las verdades que Dios declara y sientan que Sus palabras tienen poder y autoridad, siguen sin creer que Él pueda hablar de esta manera y no admiten que todo lo que Él declara es la verdad. ¿Cuál es la cuestión aquí? ¿Podéis decirlo? Dios Todopoderoso encarnado en los últimos días puede hablarle a toda la humanidad, pero ¿cuántos podemos oír la voz de Dios? Actualmente hay muchos en los círculos religiosos que ven las declaraciones de Dios Todopoderoso, pero no pueden distinguir que se trata de la voz de Dios; incluso consideran que Sus palabras son como las del hombre y llegan al extremo de usar las nociones de este al juzgar, calumniar y condenar a Dios. ¿Acaso tienen un corazón que teme a Dios? ¿No son iguales que los fariseos del pasado? Todos odian la verdad y condenan a Dios. Las palabras de Dios tienen gran autoridad y poder, pero no pueden distinguir en lo más mínimo que son la voz de Dios. ¿Pueden esas personas ser ovejas de Dios? Su corazón está cegado; aunque oyen, no saben, y aunque ven, no entienden. ¿Cómo pueden merecer ser arrebatados? Dios encarnado en los últimos días ha declarado la verdad y ha expuesto a toda la gente de los círculos religiosos. Los verdaderos creyentes y los falsos, los que aman la verdad y los que la desprecian, las vírgenes prudentes y las insensatas. Todos están divididos por naturaleza, según su especie. Como dice Dios Todopoderoso: “Todos los que sean malvados serán castigados por las palabras de boca de Dios; todos los que sean justos serán benditos por las palabras que salen de Su boca […]” (‘El Reino Milenario ha llegado’ en “La Palabra manifestada en carne”). Por tanto, quienes pueden oír la voz de Dios han conocido la segunda venida del Señor y han quedado atrapados delante del trono de Dios y asisten al banquete del Cordero. Esas personas son las vírgenes prudentes y las más afortunadas de la humanidad.

Para oír la voz de Dios, debes escuchar con el corazón y el espíritu en comunión cercana. Las palabras de Dios son la verdad y tienen poder y autoridad; quienes tienen corazón y espíritu, definitivamente pueden sentirlas. Después de haber leído las palabras de Dios Todopoderoso durante unos cuantos días, muchas personas pueden afirmar que son la voz de Dios y Sus declaraciones. Cada vez que Dios se encarna, viene a llevar a cabo una etapa de la obra, a diferencia de los profetas, que, a través de las instrucciones de Dios, simplemente transmiten algunas palabras en un contexto específico. Cuando Dios se encarna para llevar a cabo una etapa de la obra, debe pronunciar muchas palabras. Debe declarar verdades, revelar misterios y decir profecías. Esto requiere años o, incluso, décadas para completarse. Por ejemplo, el Señor Jesús predicó el mensaje: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17), y enseñó al hombre a confesarse y a arrepentirse, a perdonar, a soportar, a sufrir y a llevar su cruz, y todo lo demás que constituye el camino que el hombre debe seguir en la Era de la Gracia. El Señor Jesús mostró el carácter de compasión y misericordia de Dios y también reveló los misterios del reino de los cielos y las condiciones para poder entrar en él. No fue sino hasta Su crucifixión, Su resurrección y Su ascensión al cielo que la obra de redención de Dios se completó. Las palabras que pronunció el Señor Jesús son, todas, verdades que Dios otorgó a la humanidad en Su obra de redención. En los últimos días, Dios Todopoderoso ha venido y ha expresado todas las verdades que purifican y salvan a la humanidad. Ha llevado a cabo la obra de juicio comenzando con la casa de Dios y ha revelado a la humanidad Su carácter inherentemente justo. Él ha revelado todos los grandes misterios de Su plan de gestión que abarca 6000 años; ha inaugurado la Era del Reino y ha puesto fin a la Era de la Gracia. Las palabras de Dios Todopoderoso son la efusión natural de la esencia de vida de Dios y la expresión de Su carácter; es una etapa entera de la obra que la palabra de Dios está llevando a cabo en los últimos días para purificar y salvar por completo a la humanidad. Leamos algunas de las palabras de Dios Todopoderoso y oigamos si son la verdad y si tienen poder y autoridad.

Dios Todopoderoso dice: “La obra de Dios en la encarnación actual consiste en expresar Su carácter, principalmente, por medio del castigo y el juicio. Con base en esto, trae más verdad al hombre y le señala más formas de práctica, y, de este modo, logra Su objetivo de conquistar al hombre y salvarlo de su propio carácter corrupto. Esto es lo que yace detrás de la obra de Dios en la Era del Reino” (‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”).

En los últimos días, Cristo usa una variedad de verdades para enseñar al hombre, para exponer la sustancia del hombre y para analizar minuciosamente sus palabras y acciones. Estas palabras comprenden verdades diversas tales como el deber del hombre, cómo el hombre debe obedecer a Dios, cómo debe ser leal a Dios, cómo debe vivir una humanidad normal, así como la sabiduría y el carácter de Dios, etc. Todas estas palabras están dirigidas a la sustancia del hombre y a su carácter corrupto. En particular, las palabras que exponen cómo el hombre desdeña a Dios se refieren a que el hombre es una personificación de Satanás y una fuerza enemiga contra Dios. Al emprender Su obra del juicio, Dios no aclara simplemente la naturaleza del hombre con unas pocas palabras; la expone, la trata y la poda a largo plazo. Estos métodos de exposición, de trato y poda no pueden ser sustituidos con palabras corrientes, sino con la verdad de la que el hombre carece por completo. Solo los métodos de este tipo pueden llamarse juicio; solo a través de este tipo de juicio puede el hombre ser doblegado y completamente convencido de la sumisión a Dios y, además, obtener un conocimiento verdadero de Dios. Lo que la obra de juicio propicia es el entendimiento del hombre sobre el verdadero rostro de Dios y la verdad sobre su propia rebeldía. La obra de juicio le permite al hombre obtener mucho entendimiento de la voluntad de Dios, del propósito de la obra de Dios y de los misterios que le son incomprensibles. También le permite al hombre reconocer y conocer su esencia corrupta y las raíces de su corrupción, así como descubrir su fealdad. Estos efectos son todos propiciados por la obra del juicio, porque la esencia de esta obra es, en realidad, la obra de abrir la verdad, el camino y la vida de Dios a todos aquellos que tengan fe en Él. Esta obra es la obra del juicio realizada por Dios” (‘Cristo hace la obra del juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Los últimos días ya han llegado. Todas las cosas se clasificarán según su especie, y se dividirán en diferentes categorías en base a su naturaleza. Este es el momento en el que Dios revela el final y el destino del hombre. Si este no pasa por el castigo y el juicio, no habrá forma de revelar su desobediencia y su injusticia. Solo por este medio se puede manifestar el final de todas las cosas. El hombre solo muestra lo que realmente es cuando es castigado y juzgado. El mal se pondrá con el mal, el bien con el bien, y toda la humanidad será clasificada según su especie. A través del castigo y del juicio se revelará el final de todas las cosas, de forma que los malos serán castigados y los buenos recompensados, y todas las personas se someterán al dominio de Dios. Toda la obra debe lograrse por medio del castigo y juicio justos. Como la corrupción del hombre ha alcanzado su punto culminante y su desobediencia ha sido demasiado grave, solo el carácter justo de Dios, que es principalmente de castigo y juicio, y se revela durante los últimos días, puede transformar y completar totalmente al hombre. Solo este carácter puede dejar el mal al descubierto y castigar así con severidad a todos los injustos. […] Durante los últimos días, solo el juicio justo puede clasificar al hombre según cada especie y llevarlo a un nuevo reino. De esta forma, se pone fin a toda la era por medio del carácter justo de Dios de juicio y castigo” (‘La visión de la obra de Dios (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

¿Entiendes ahora lo que es el juicio y lo que es la verdad? Si es así, te exhorto a someterte obedientemente a ser juzgado, de lo contrario nunca tendrás la oportunidad de ser elogiado por Dios o de ser llevado por Él a Su reino. Aquellos que solo acepten el juicio, pero que nunca puedan ser purificados, es decir, los que huyan en medio de la obra del juicio, serán detestados y rechazados para siempre por Dios. Sus pecados son más numerosos y más graves que los de los fariseos, ya que han traicionado a Dios y son rebeldes contra Él. Tales personas que no son dignas de realizar servicio recibirán un castigo más severo, un castigo que es, además, eterno. Dios no eximirá a ningún traidor que alguna vez evidenció lealtad con palabras, pero que luego lo traicionó. Personas como estas recibirán retribución por medio del castigo del espíritu, del alma y del cuerpo. ¿Acaso no es esta precisamente una revelación del carácter justo de Dios? ¿Acaso no es este el propósito de Dios al juzgar y exponer al hombre? Dios consigna a todos los que realizan todo tipo de acciones perversas durante el tiempo del juicio a un lugar infestado de espíritus malignos, y deja que estos espíritus malignos destruyan sus cuerpos carnales como deseen, y los cuerpos de estas personas despiden hedor de cadáver. Tal es su apropiada retribución. Dios escribe en sus libros de registro todos y cada uno de los pecados de aquellos falsos creyentes desleales, falsos apóstoles y falsos colaboradores; entonces, cuando llegue el momento apropiado, Él los arrojará en medio de los espíritus inmundos, dejando que estos espíritus inmundos contaminen sus cuerpos enteros a voluntad para que nunca puedan ser reencarnados y nunca más vean la luz. Aquellos hipócritas que realizan servicio durante un tiempo, pero son incapaces de permanecer leales hasta el final, son contados por Dios entre los malvados a fin de que caminen en el consejo de los malvados y se conviertan en parte de su desordenada chusma; al final, Dios los aniquilará. Dios echa a un lado y no presta atención a aquellos que nunca han sido leales a Cristo ni han contribuido nada de su fuerza, y en el cambio de era Él los aniquilará a todos. Ya no existirán en la tierra ni mucho menos obtendrán paso al reino de Dios. Aquellos que nunca han sido sinceros con Dios, pero que han sido obligados por las circunstancias a lidiar indiferentes con Él, serán contados entre los que realizan servicio para Su pueblo. Solamente un pequeño número de tales personas podrán sobrevivir, mientras que la mayoría perecerá junto con los que ni siquiera son aptos para realizar servicio. En última instancia, Dios llevará a Su reino a todos aquellos que son de la misma mente que Él, al pueblo y los hijos de Dios, y también a los predestinados por Él para ser sacerdotes. Serán la síntesis de la obra de Dios. En cuanto a los que no puedan ser clasificados en ninguna de las categorías establecidas por Dios, serán contados entre los incrédulos, y con toda seguridad os imaginaréis cómo terminarán. Ya os he dicho todo lo que debo decir; el camino que elijáis queda solo a vuestra elección. Lo que debéis entender es esto: la obra de Dios nunca espera a nadie que no pueda seguir Su ritmo y el carácter justo de Dios no le muestra misericordia a ningún hombre” (‘Cristo hace la obra del juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Tras leer las palabras de Dios Todopoderoso, ¿acaso no tenemos mayor claridad acerca de cómo Dios lleva a cabo Su obra de juicio en los últimos días? Si Dios no revelara y declarara esto abiertamente, ¿cómo nos haríamos una idea? En los últimos días, Dios Todopoderoso expresa la verdad y lleva a cabo Su obra de juicio. Sus palabras revelan la esencia y el verdadero estado de corrupción profunda de la humanidad; exponen completamente cada manifestación de la resistencia del hombre a Dios y lo imbuido que está con el carácter de Satanás, además de que muestran a la humanidad el carácter inofendible de Dios de santidad y justicia. Las personas ven la aparición y la obra de Dios, regresan a Él, una tras otra, y aceptan Su salvación.

[…]

A partir del juicio de las palabras de Dios Todopoderoso hemos reconocido la naturaleza de Satanás dentro de nosotros que se resiste a Dios y se rebela contra Él y hemos visto nuestra arrogancia, prepotencia y falsedad, y que, en todos los aspectos, traicionamos el carácter de Satanás. Aunque nos hemos esforzado un poco por Dios, hemos sufrido un poco y hemos pagado un precio pequeño, estamos explotando a Dios y negociando con Él para obtener recompensas y entrar en el reino de los cielos; tratamos a Dios sin conciencia ni razón, sin siquiera una pizca de amor u obediencia. ¿Nos parecemos a los humanos cuando vivimos así? Simplemente nos hemos convertido en fantasmas vivientes, en bestias; hemos visto nuestra sórdida fealdad y nuestro corazón experimenta un gran dolor por ello y está lleno de vergüenza. En la revelación y el juicio de las palabras de Dios, vemos que Dios lo observa todo, y tememos y nuestro corazón tiembla cuando sentimos Su santidad y justicia inmensas y que Su carácter es inofendible. Como alguien que pertenece a la especie de Satanás, nos avergüenza mucho ver a Dios y nos sentimos indignos de vivir delante de Él; nos tiramos al piso y lloramos amargamente con arrepentimiento e, incluso, nos maldecimos a nosotros mismos y nos damos una bofetada en la boca y oramos por que Dios nos juzgue con mayor severidad, nos purifique y nos cambie; ya no queremos vivir con el carácter de Satanás. Comenzamos a practicar la verdad y a buscarla. Sin darnos cuenta, hemos experimentado muchas cosas y hemos comprendido algunas verdades y hemos obtenido un cierto conocimiento verdadero de Dios. Ocurre un cambio en nuestra forma de ver las cosas. Comienza a haber un cambio en nuestro carácter de vida y en nuestro corazón surge un miedo real a Dios y obediencia hacia Él; no tratamos de negociar con Dios una vez más; podemos llevar a cabo nuestra parte fielmente al corresponder el amor de Dios y comenzar a vivir como humanos reales. Al haber recorrido este camino, sentimos verdaderamente que, si no fuera por el juicio y el castigo de las palabras de Dios, jamás habríamos visto la verdadera imagen de nuestra profunda corrupción por parte de Satanás, jamás habríamos conocido la fuente de nuestro pecado contra Dios y nuestra resistencia hacia Él y, mucho menos, habríamos sabido cómo liberarnos a nosotros mismos de los lazos del pecado y su dominio sobre nosotros para que temiéramos a Dios y fuéramos obedientes a Él. Sentimos que, si no fuera por el estricto juicio de las palabras de Dios, no podríamos conocer Su carácter justo, majestuoso e inofendible; tampoco podríamos desarrollar un corazón que teme a Dios ni podríamos convertirnos en alguien que teme a Dios y rechaza el mal. Esto es un hecho. Si Dios no se encarnara, ¿quién podría llevar a cabo la obra de juicio en los últimos días? ¿Quién podría mostrarle al hombre el carácter santo, justo e inofendible de Dios? Si Dios no se encarnara, ¿las palabras de quién habrían tenido semejante poder y autoridad para poder juzgarnos, purificarnos y salvarnos del pecado en nuestra profunda corrupción? Las palabras y la obra de Dios Todopoderoso muestran completamente Su estatus e identidad como Dios, ¡y muestran que Él es el Creador y la manifestación del único Dios verdadero! Hemos reconocido la voz de Dios en las palabras de Dios Todopoderoso y hemos visto la manifestación de Dios.

Extracto de “Preguntas y respuestas clásicas sobre el Evangelio del Reino”

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