La Biblia dice: “Porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:10). Creemos que el Señor Jesús ha absuelto nuestros pecados y nos ha hecho justos por medio de la fe. Además, creemos que si alguien es salvado una vez, entonces ha sido salvado para siempre y cuando el Señor regrese, de inmediato seremos arrebatados y entraremos al reino de los cielos. Así que ¿por qué dais testimonio de que debemos aceptar la obra de juicio de Dios en los últimos días antes de poder ser salvados y llevados al reino de los cielos?

17 Abr 2018

Respuesta:

Todos los creyentes piensan: el Señor Jesús nos redimió cuando murió en la cruz, así que ya hemos sido absueltos de todo pecado. El Señor ya no nos ve como pecadores. Nos hemos vuelto justos a través de nuestra fe, y, una vez que seamos salvos, seremos salvos por toda la eternidad. Siempre que soportemos hasta el final, cuando el Señor regrese, seremos arrebatados directamente al reino de los cielos. Pues bien, ¿es esa la verdad? ¿Acaso Dios proporcionó alguna evidencia en Sus palabras que respalde esta afirmación? Si este punto de vista no está alineado con la verdad, ¿cuáles serán las consecuencias? Nosotros, los que creemos en el Señor, debemos utilizar Sus propias palabras como base para todas las cosas. Esto es especialmente cierto en lo que se refiere a la pregunta de cómo tratar el regreso del Señor. Bajo ninguna circunstancia podemos tratar Su regreso basándonos en los conceptos y fantasías del hombre. Las consecuencias de tal comportamiento son demasiado graves incluso de contemplar. Es lo mismo como cuando los fariseos crucificaron al Señor Jesús mientras esperaban al Mesías. ¿Cuál sería el resultado? El Señor Jesús ha completado la obra de redimir a la humanidad. Esto es cierto, pero ¿acaso la obra de Dios de salvar a la humanidad ha terminado? ¿Significa eso que todos los que creemos en el Señor Jesús calificamos para ser arrebatados al reino de los cielos? Nadie conoce la respuesta a esta pregunta. Dios dijo una vez: “No todo el que me dice: ‘Señor, Señor’, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21). “[…] Seréis, pues, santos porque yo soy santo” (Levítico 11:45). De acuerdo con las palabras de Dios, podemos estar seguros de que aquellos que entran en el reino de los cielos se han liberado del pecado y han sido purificados. Son los que hacen la voluntad de Dios, lo obedecen, lo aman y lo veneran. Ya que Dios es santo, y aquellos que entran en el reino de los cielos vivirán junto a Él, si no hemos sido purificados, ¿cómo podríamos estar calificados para entrar en el reino de los cielos? Así pues, la noción de algunas personas de que nosotros los creyentes hemos sido absueltos del pecado y podemos entrar en el reino de los cielos es un entendimiento completamente errado de la voluntad de Dios. Se originó en nuestras fantasías; es nuestro propio concepto. El Señor Jesús nos absolvió del pecado; eso no es falso. Sin embargo, Él nunca dijo que habíamos sido totalmente purificados a través de esta absolución y que ahora somos elegibles para entrar en el reino de los cielos. Nadie puede negar este hecho. Entonces, ¿por qué todos los fieles piensan que todos los que han sido absueltos del pecado pueden entrar en el reino de los cielos? ¿Qué utilizan como evidencia? ¿Cómo respaldan esta afirmación? Muchas personas dicen que basan su creencia en las palabras de Pablo y los demás apóstoles, tal como está escrito en la Biblia. Bueno, entonces, permíteme preguntarte: ¿acaso las palabras de Pablo y los demás apóstoles representan las palabras del Señor Jesús? ¿Representan las palabras del Espíritu Santo? Las palabras del hombre pueden estar en la Biblia, pero ¿significa esto que son la palabra de Dios? Hay un hecho que podemos ver claramente en la Biblia: la gente que es elogiada por Dios puede escuchar Su palabra y obedecer Su obra. Son los que siguen Su camino, son los elegibles para heredar lo que Dios ha prometido. Este es un hecho que nadie puede negar. Todos sabemos que aunque los pecados de nosotros los fieles han sido perdonados, aún no hemos sido purificados; seguimos pecando y nos resistimos a Dios con frecuencia. Dios claramente nos dijo: “[…] Seréis, pues, santos porque yo soy santo” (Levítico 11:45). “No todo el que me dice: ‘Señor, Señor’, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21). A partir de la palabra de Dios podemos estar seguros de que, aunque los pecados de los hombres han sido perdonados, no son elegibles para entrar en el reino de los cielos. Las personas deben ser purificadas; deben convertirse en hacedores de la voluntad de Dios antes de que puedan entrar en el reino de los cielos. Esto es un hecho irrefutable. Aparentemente, comprender la voluntad de Dios no es, con mucho, tan sencillo como parece. No nos purificamos simplemente porque nuestros pecados hayan sido perdonados. Primero debemos obtener cierta realidad de la verdad y obtener el elogio de Dios. Entonces seremos elegibles para entrar en el reino de los cielos. Si no amamos la verdad y si, de hecho, estamos cansado de ella e, incluso, la odiamos; si solo buscamos recompensas y la corona, pero no nos ocupamos de la voluntad de Dios y, mucho menos, hacemos Su voluntad, ¿acaso no estamos haciendo el mal? ¿Acaso el Señor elogia a este tipo de persona? Si es así, simplemente somos como esos fariseos hipócritas: aunque se nos han perdonado los pecados, seguimos sin poder entrar en el reino de los cielos. Este es un hecho incuestionable.

Sigamos con la enseñanza. El Señor Jesús nos absolvió de todos los pecados. ¿Qué pecados absolvió? ¿Qué clase de pecados confesamos después de comenzar a creer en el Señor? Los principales pecados a los que se refiere son los pecados factuales que traicionan las leyes, los mandamientos o las palabras de Dios. Nosotros los humanos traicionamos las leyes y mandamientos de Dios y, así, fuimos condenados y castigados por Su ley. Es por eso que el Señor Jesús vino a llevar a cabo Su trabajo de redención. Por lo tanto, solo necesitamos orar al Señor Jesús y confesar nuestros pecados y arrepentirnos de ellos y Él nos absolverá. Después de eso, ya no estaremos sujetos a la condenación y el castigo de acuerdo con Su ley. Dios ya no nos tratará como pecadores. Así pues, podemos orar directamente a Dios; podemos clamar a Dios y compartir Su abundante gracia y verdad. Este es el verdadero significado de la “salvación” de la que hablamos a menudo en la Era de la Gracia. Esta salvación no tiene nada que ver con ser purificados y entrar en el reino de los cielos. Podrías decir que son dos cosas separadas, porque el Señor Jesús nunca dijo que todos los que han sido salvos y absueltos pueden entrar en el reino de los cielos. Leamos algunas palabras de Dios Todopoderoso: “En ese momento, la obra de Jesús era la obra de redención de toda la humanidad. Los pecados de todos los que creían en Él eran perdonados; mientras creyeras en Él, te redimiría; si creías en Él, dejabas de ser un pecador y eras liberado de tus pecados. Esto es lo que significaba ser salvado y ser justificado por la fe. Sin embargo, en aquellos que creían seguía habiendo algo de rebeldía y oposición a Dios que había que continuar eliminando lentamente. La salvación no significaba que el hombre hubiera sido ganado por completo por Jesús, sino que ya no pertenecía al pecado, que sus pecados habían sido perdonados. Si creías, ya no pertenecías al pecado” (‘La visión de la obra de Dios (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Antes de que el hombre fuera redimido, muchos de los venenos de Satanás ya habían sido plantados en su interior, y, después de miles de años de ser corrompido por Satanás, el hombre ya tiene dentro de sí una naturaleza establecida que se resiste a Dios. Por tanto, cuando el hombre ha sido redimido, no se trata más que de un caso de redención en el que se le ha comprado por un alto precio, pero la naturaleza venenosa que existe en su interior no se ha eliminado. El hombre que está tan contaminado debe pasar por un cambio antes de volverse digno de servir a Dios. Por medio de esta obra de juicio y castigo, el hombre llegará a conocer plenamente la esencia inmunda y corrupta de su interior, y podrá cambiar completamente y ser purificado. Sólo de esta forma puede ser el hombre digno de regresar delante del trono de Dios. […] Por todo lo que el hombre pueda haber sido redimido y perdonado de sus pecados, sólo puede considerarse que Dios no recuerda sus transgresiones y no lo trata de acuerdo con estas. Sin embargo, cuando el hombre, que vive en un cuerpo de carne, no ha sido liberado del pecado, sólo puede continuar pecando, revelando, interminablemente, su carácter satánico corrupto. Esta es la vida que el hombre lleva, un ciclo sin fin de pecado y perdón. La mayor parte de la humanidad peca durante el día y se confiesa por la noche. Así, aunque la ofrenda por el pecado siempre sea efectiva para el hombre, no podrá salvarlo del pecado. Sólo se ha completado la mitad de la obra de salvación, porque el hombre sigue teniendo un carácter corrupto” (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios Todopoderoso responden muy claramente esta pregunta. Tan pronto como las escuchamos, las entendemos. En la Era de la Gracia, el Señor Jesús solo llevó a cabo Su obra de redención para absolver a los seres humanos del pecado, haciéndolos justos por medio de la fe y salvados por esta. Sin embargo, el Señor Jesús nunca dijo que todos los que han sido perdonados de sus pecados pueden entrar en el reino de los cielos. Esto es porque el Señor Jesús puede habernos absuelto de todo pecado, pero jamás nos absolvió de nuestra naturaleza satánica. Nuestra arrogancia interna, nuestro egoísmo, nuestro engaño, nuestra maldad, etcétera —esto es, nuestro carácter corrupto— permanecen. Estas cosas son más profundas que el pecado. Son mucho más difíciles de resolver. Si la naturaleza satánica y el carácter corrupto, que se resisten tanto a Dios, no se han resuelto, no podemos evitar cometer muchos pecados. Incluso podemos cometer pecados que son peores que violar las leyes; esto es, los pecados más indignantes. ¿Por qué los fariseos pudieron condenar al Señor Jesús y oponerse a Él? ¿Cómo pudieron crucificarle? Esto demuestra que si nuestra naturaleza satánica no se ha resuelto, todavía podemos pecar, oponernos a Dios y traicionarle.

Hemos creído en el Señor durante todos estos años y hemos experimentado algo: que, aunque nuestros pecados han sido absueltos, aún no podemos resistirnos a pecar constantemente. Seguimos mintiendo, engañando, engatusando y utilizando subterfugios en busca de reputación y estatus. Incluso, eludimos la responsabilidad y metemos a otras personas en problemas por nuestra causa. Cuando nos enfrentamos con desastres naturales o provocados por el hombre o con pruebas y tribulaciones, culpamos a Dios y le traicionamos. Cuando la obra de Dios no se ajusta a nuestros conceptos, negamos a Dios, lo juzgamos y nos oponemos a Él. A pesar de que creemos en Dios de palabra, veneramos y seguimos a otros seres humanos. Si tenemos posición, nos exaltamos a nosotros mismos y damos testimonio de nosotros, justo como los sumos sacerdotes, los escribas y fariseos. Actuamos como si fuéramos Dios para tratar de lograr que las personas nos veneren y admiren. Incluso robamos y tomamos para nosotros las ofrendas expiatorias que se hacen a Dios. Nos ponemos celosos y seguimos nuestras propias preferencias y los caprichos de nuestra carne y emociones. Enarbolamos nuestras propias banderas, formamos nuestros propios grupos y establecemos nuestros propios pequeños reinos. Todos estos son hechos claros. Podemos ver que, si nuestro carácter y naturaleza satánicos no se resuelven, no seremos elegibles para entrar en el reino de los cielos, aun si nuestros pecados son perdonados un millón de veces. El hecho de que aún podamos pecar y oponernos a Dios muestra que seguimos perteneciendo a Satanás, que somos enemigos de Dios, y que, definitivamente, seremos condenados y castigados por Él. Justo como lo dice la Biblia: “Porque si continuamos pecando deliberadamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio alguno por los pecados, sino cierta horrenda expectación de juicio, y la furia de un fuego que ha de consumir a los adversarios” (Hebreos 10:26-27). Leamos algunas de las palabras de Dios Todopoderoso: “Un pecador como vosotros, que acaba de ser redimido y que no ha sido cambiado ni perfeccionado por Dios, ¿puede ser conforme al corazón de Dios? Para ti, que aún eres del viejo ser, es cierto que Jesús te salvó y que no perteneces al pecado gracias a la salvación de Dios, pero esto no demuestra que no seas pecador ni impuro. ¿Cómo puedes ser santo si no has sido cambiado? En tu interior, estás cercado por la impureza, egoísta y miserable, pero sigues deseando descender con Jesús; ¡qué suerte tendrías! Te has saltado un paso en tu creencia en Dios: simplemente has sido redimido, pero no has sido cambiado. Para que seas conforme al corazón de Dios, Él debe realizar personalmente la obra de cambiarte y purificarte; si sólo eres redimido, serás incapaz de alcanzar la santidad. De esta forma no serás apto para participar en las buenas bendiciones de Dios, porque te has saltado un paso en la obra de Dios de gestionar al hombre, que es el paso clave del cambio y el perfeccionamiento. Tú, un pecador que acaba de ser redimido, eres, por tanto, incapaz heredar directamente la herencia de Dios” (‘Acerca de los apelativos y la identidad’ en “La Palabra manifestada en carne”). Como puedes ver, solo hemos sido redimidos por el Señor Jesús, pero seguimos viviendo en nuestro carácter satánico, pecando frecuentemente y oponiéndonos a Dios. Debemos experimentar el juicio de Dios y Su salvación en los últimos días para ser completamente liberados del pecado y ser conforme al corazón de Dios. Entonces seremos elegibles para entrar en el reino de los cielos. De hecho, el Señor Jesús dijo: “Porque voy a preparar un lugar para vosotros. Y si me voy y preparo un lugar para vosotros, vendré otra vez y os tomaré conmigo; para que donde yo estoy, allí estéis también vosotros” (Juan 14:2-3). El Señor regresó para preparar un lugar para nosotros, y después de haberlo hecho, regresará para tomarnos. En verdad, este “tomarnos” se refiere a los planes que Él tiene para que renazcamos en los últimos días. Cuando el Señor venga a llevar a cabo Su obra, nos llevará delante de Su trono para ser juzgados, purificados y perfeccionados por Sus palabras. Él nos convertirá en vencedores antes de que lleguen los desastres. El proceso de que Él nos reciba es, de hecho, la manera como Él nos purificará y perfeccionará. Ahora el Señor ha venido a la tierra a llevar a cabo Su obra de juicio en los últimos días. Hemos sido arrebatados delante de Su trono para vivir con Él. ¿No cumple esto completamente la profecía de que el Señor vendrá a tomarnos? Después de que los grandes desastres terminen, el reino de Cristo se establecerá en la tierra. Todos los que sobrevivan al refinamiento de los grandes desastres tendrán un lugar en el reino de los cielos.

Extracto de “Preguntas y respuestas clásicas sobre el Evangelio del Reino”

Aun cuando nuestros pecados hayan sido perdonados por creer en el Señor y seamos contados entre los salvos, en realidad, seguimos siendo inmundos y corruptos y no hemos escapado al pecado para recibir purificación. Que nos perdonen los pecados sólo significa que no nos condene la ley. Esto es precisamente lo que significa “salvado por la gracia”. Dios puede haber perdonado nuestros pecados y otorgado muchas bendiciones, permitiéndonos disfrutar de la paz y felicidad de ser perdonados de nuestros pecados, y otorgándonos el derecho de rezar a Dios, conversar y comunicarnos con Dios, pero no podemos negar que a menudo pecamos y nos enfrentamos a Dios, y no hemos alcanzado la santidad. Aún necesitamos el retorno de Dios de los últimos días para realizar su tarea de purificar a fondo y salvar a la humanidad. En otras palabras, la obra de redención del Señor Jesús es meramente para abrir camino a la obra del juicio de Dios de los últimos días. La obra de Dios de salvar a la humanidad no acaba ahí. El hombre debe saber esto. Como acabáis de decir, ¿cómo es posible que después de ser perdonados los pecados del hombre al creer en el Señor, los hombres no puedan evitar cometer pecados, y no puedan evitar vivir en pecado? Es porque la corrupción de la humanidad ejercida por Satanás es muy profunda, hasta el punto que todos tenemos una naturaleza satánica, llena de su carácter. Por ello el hombre no puede evitar cometer pecados. Si no se elimina esta naturaleza satánica, el hombre todavía puede pecar y enfrentarse a Dios incluso cuando sus pecados han sido perdonados. De esa forma el hombre nunca podrá conseguir la compatibilidad con Dios. Por eso ha dicho el Señor Jesús que debe regresar. Es para que pueda realizar su obra del juicio de los últimos días de purificar a fondo al hombre y salvarle. Como dice Dios Todopoderoso: “Antes de que el hombre fuera redimido, muchos de los venenos de Satanás ya habían sido plantados en su interior, y, después de miles de años de ser corrompido por Satanás, el hombre ya tiene dentro de sí una naturaleza establecida que se resiste a Dios. Por tanto, cuando el hombre ha sido redimido, no se trata más que de un caso de redención en el que se le ha comprado por un alto precio, pero la naturaleza venenosa que existe en su interior no se ha eliminado. El hombre que está tan contaminado debe pasar por un cambio antes de volverse digno de servir a Dios. Por medio de esta obra de juicio y castigo, el hombre llegará a conocer plenamente la esencia inmunda y corrupta de su interior, y podrá cambiar completamente y ser purificado. Sólo de esta forma puede ser el hombre digno de regresar delante del trono de Dios. Toda la obra realizada este día es con el fin de que el hombre pueda ser purificado y cambiado; por medio del juicio y el castigo por la palabra, así como del refinamiento, el hombre puede desechar su corrupción y ser purificado. En lugar de considerar que esta etapa de la obra es la de la salvación, sería más apropiado decir que es la obra de purificación. En verdad, esta etapa es la de la conquista, así como la segunda etapa en la obra de la salvación. El hombre llega a ser ganado por Dios por medio del juicio y el castigo por la palabra, y es por medio del uso de la palabra para refinar, juzgar y revelar que todas las impurezas, las nociones, los motivos y las aspiraciones individuales dentro del corazón del hombre se revelan completamente” (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Los pecados del hombre podían ser perdonados por medio de la ofrenda por el pecado, pero en lo que se refiere a cómo puede lograrse que el hombre no peque más y cómo puede extirparse por completo y transformarse su naturaleza pecaminosa, él no tiene forma de resolver este problema. Los pecados del hombre fueron perdonados, y esto es gracias a la obra de crucifixión de Dios, pero el hombre siguió viviendo en su viejo carácter satánico corrupto del pasado. Así pues, el hombre debe ser completamente salvado de su carácter satánico corrupto para que su naturaleza pecadora le sea completamente extirpada y no se desarrolle más, permitiendo, así, que el carácter del hombre se transforme. Esto requeriría que el hombre entendiera la senda del crecimiento en la vida, el camino de la vida, y el camino del cambio de su carácter. También requeriría que el hombre actuara de acuerdo con esa senda, de forma que su carácter pueda ser cambiado gradualmente y él pueda vivir bajo el brillo de la luz y pueda ser conforme a la voluntad de Dios, despojarse de su carácter satánico corrupto, y liberarse de la influencia satánica de las tinieblas, emergiendo, así, totalmente del pecado. Sólo entonces recibirá el hombre la salvación completa. […] Por tanto, después de completarse esa etapa de la obra, aún quedaba la obra de juicio y castigo. Esta etapa tiene como objetivo hacer al hombre puro por medio de la palabra y, así, darle una senda que seguir. Esta etapa no sería fructífera ni tendría sentido si continuase con la expulsión de demonios, porque la naturaleza pecaminosa del hombre no sería extirpada y el hombre se detendría tras el perdón de los pecados. A través de la ofrenda por el pecado, al hombre se le han perdonado sus pecados, porque la obra de la crucifixión ya ha llegado a su fin y Dios ha vencido a Satanás. Pero el carácter corrupto del hombre sigue en él y este todavía puede pecar y resistirse a Dios y Dios no ha ganado a la humanidad. Esa es la razón por la que en esta etapa de la obra Dios usa la palabra para revelar el carácter corrupto del hombre y hace que este practique según la senda correcta. Esta etapa es más significativa que la anterior y también más fructífera, porque, ahora, la palabra es la que provee directamente la vida del hombre y permite que su carácter sea completamente renovado; es una etapa de obra mucho más concienzuda” (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Las palabras de Dios Todopoderoso son muy claras: en la Era de la Gracia, el Señor Jesús solo llevó a cabo su obra de redención. Nuestros pecados fueron perdonados por creer en el Señor, pero nuestra naturaleza pecaminosa no se ha eliminado. La naturaleza pecaminosa es la naturaleza de Satanás. Se ha enraizado profundamente en nosotros, convirtiéndose en nuestra vida. Esa es la razón por la que no podemos evitar pecar y resistirnos a Dios. Nuestra naturaleza satánica es la causa fundamental detrás de nuestra resistencia a Dios. Nuestros pecados pueden ser perdonados, ¿pero puede perdonar Dios nuestra naturaleza satánica? El carácter satánico se opone frontalmente a Dios y a la verdad. Dios nunca podría perdonarlo. Por lo tanto, Dios tiene que salvar completamente al hombre de la esclavitud y el control de su naturaleza satánica, y debe juzgar y castigar a la humanidad. El juicio y castigo de Dios en los últimos días es la obra dirigida al carácter y naturaleza satánica dentro de la humanidad corrupta. Alguno podría preguntar, ¿nuestra naturaleza satánica sólo se puede solucionar por medio del juicio y el castigo? ¿No podemos nosotros, pagando el precio del sufrimiento, dominando nuestro cuerpo y con voluntad de autocontrol, resolver nuestra naturaleza satánica? Definitivamente no. Echemos un vistazo a los muchos santos a lo largo de la historia que pagaron el precio del sufrimiento y dominaron sus cuerpos, todos ellos querían escapar del cautiverio y el control del pecado, y trascender la carne. ¿Quién de ellos consiguió vencer a Satanás para convertirse en alguien que obedece a Dios de verdad? Casi ninguno. Aunque los hubo, eran personas especiales a las que Dios había completado. ¿Pero cuántos había así? Era precisamente porque no había juicio ni castigo de Dios, por lo que el carácter satánico del hombre no podía ser purificado. Nuestro carácter vital era incapaz de transformarse. Este hecho prueba que los medios humanos son insuficientes para eliminar nuestra naturaleza satánica. Debemos pasar por el juicio y castigo, podando y tratándonos, probando y depurando, antes de poder ganar la verdad y la vida, y recibir el camino de la vida eterna. Sólo entonces se podrá eliminar completamente nuestra naturaleza satánica. Por eso, según la obra de redención del Señor Jesús, Dios Todopoderoso realiza su obra del juicio y castigo en los últimos días para salvar completamente a la humanidad de la esclavitud y control de la naturaleza humana, para que la humanidad pueda ser purificada y recibir la salvación de Dios, y ser ganada para Dios. Así podemos ver que es el juicio y castigo de Dios en los últimos días lo que purifica completamente y salva a la humanidad. Esta es la verdad.

¿Por qué Dios hace el trabajo de juzgar y castigar a la raza humana corrupta en los últimos días? Para entender esta cuestión debemos saber que Dios no salva completamente a la raza humana con sólo una o dos etapas de la obra, sino que esto es a través de tres etapas de la obra: la Era de la Ley, la Era de la Gracia y la Era del Reino. Sólo estas tres etapas de la obra pueden salvar totalmente a la humanidad del dominio de Satanás, y sólo estas constituyen la obra completa de la salvación de la humanidad por parte de Dios. Durante la Era de la Ley, Jehová Dios dio leyes y mandamientos con el fin de guiar al hombre en su vida en la tierra y, a través de estos, la humanidad pudo saber qué tipo de personas bendice Dios, qué tipo de personas maldice, así como lo que es justo y lo que es pecaminoso Sin embargo, durante las etapas posteriores de la Era de la Ley, todas las personas vivían en pecado porque Satanás había corrompido cada vez más profundamente a la raza humana. No pudieron cumplir las leyes y se enfrentaron al peligro de ser condenadas y maldecidas por estas leyes. Es por eso que el Señor Jesús de la Era de la Gracia vino a hacer la obra de redención, permitiéndole al hombre confesar sus pecados, arrepentirse y ser perdonado, eximiendo así al hombre de ser condenado y maldecido por la ley y permitiéndole ser apto para venir ante Dios y orar, tener comunión con Él y disfrutar de Su abundante gracia y verdad. Este es el verdadero significado de “ser salvo”. Sin embargo, el Señor Jesús sólo perdonó nuestros pecados; no perdonó nuestra naturaleza pecaminosa ni nuestro carácter satánico. Nuestra naturaleza satánica todavía existe. Continuamos existiendo dentro del círculo vicioso de cometer pecados, confesarlos y luego cometerlos una vez más sin ninguna forma de liberarnos de las restricciones y el control de nuestra naturaleza pecaminosa. Le gritamos a Dios con dolor: “¡Realmente estoy sufriendo! ¿Cómo puedo liberarme de las restricciones y del control del pecado?” Esta es una experiencia, un entendimiento que todos nosotros compartimos como creyentes en el Señor. Sin embargo, nosotros mismos somos incapaces de resolver nuestra naturaleza pecaminosa. Ningún ser humano puede hacer la obra de salvar a la raza humana. Sólo Dios, el Creador, puede salvar a la humanidad y liberarnos de Satanás y del pecado. Sólo Él puede salvarnos del campo de acción de Satanás. Dios Todopoderoso dice: “Como creó al hombre, lo guía; como lo salva, lo hará de manera concienzuda y lo ganará por completo; como dirige al hombre, lo llevará al destino adecuado; y como creó al hombre y lo gestiona, debe asumir la responsabilidad por el sino y la perspectiva del ser humano. Esta es, precisamente, la obra realizada por el Creador” (‘Restaurar la vida normal del hombre y llevarlo a un destino maravilloso’ en “La Palabra manifestada en carne”). Dios es fiel. Ya que Dios salva al hombre, lo hará por completo. Ciertamente no se rendiría a la mitad de camino. Es por eso que Dios Todopoderoso expresa todas las verdades para purificar y salvar a la humanidad en los últimos días con el fin de salvarla totalmente. Él hace la obra de juicio comenzando por la casa de Dios para resolver completamente el problema de la naturaleza y carácter satánicos de la humanidad. Él hace esto para que la humanidad pueda liberarse del pecado, alcanzar la salvación y ser ganada por Dios. La obra de juicio que hace Dios Todopoderoso de los últimos días es precisamente lo que la humanidad corrupta necesita, y también es la etapa clave de la obra que debe llevar a cabo Él para salvar a la humanidad. Esto cumple la profecía del Señor Jesús: “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad” (Juan 16:12-13). “El Espíritu de verdad” se refiere a Dios encarnado en un cuerpo humano en los últimos días, expresando la verdad y haciendo la obra de juicio. Todo lo que necesitamos hacer es aceptar y obedecer la obra de juicio de Dios de los últimos días para poder alcanzar la salvación y ser ganados por Dios. Esto es algo que todos los que realmente han experimentado la obra de juicio de Dios de los últimos días pueden confirmar.

Extracto de “Preguntas y respuestas clásicas sobre el Evangelio del Reino”

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