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¿Por qué el mundo religioso siempre se opone a la nueva obra de Dios y la condena ferozmente?

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Las dos veces que Dios se ha encarnado para caminar por la tierra y llevar a cabo la obra de salvar al hombre ha sido objeto de la máxima resistencia, la condena y la feroz persecución de los líderes del mundo religioso, un hecho que ha dejado perpleja y hasta conmocionada a la gente: ¿Por qué cada vez que Dios despliega una etapa de una nueva obra recibe siempre este trato? ¿Por qué los que se oponen a Dios de forma más feroz y agresiva son los líderes religiosos que leen la Biblia una y otra vez y han servido a Dios muchos años? ¿Por qué aquellos líderes religiosos que la gente considera los más devotos, fieles y obedientes a Dios son en realidad incapaces de ser compatibles con Él y, por el contrario, siempre actúan de forma perversa y son Sus enemigos? ¿Quizá Dios cometió algún error en Su obra? ¿Quizá las acciones de Dios no se atienen a razones? ¡Por supuesto que no es así! Hay dos razones fundamentales por las que varias denominaciones y sectas tienen personas que cumplen la función de oponerse a Dios y convertirse en Sus enemigos, y las mismas son: en primer lugar, además de carecer de la verdad y de conocimiento de la obra del Espíritu Santo, estas personas tampoco tienen conocimiento de Dios, siempre se amparan en su conocimiento limitado de la Biblia, en las teorías teológicas y en las nociones y fantasías de la gente para definir la obra de Dios, que siempre es nueva y nunca vieja. En segundo lugar, puesto que la humanidad está profundamente corrompida por Satanás, tiene una naturaleza arrogante y engreída, es incapaz de obedecer la verdad y valora, sobre todo, el estatus. La combinación de estos dos aspectos conduce a la tragedia de la humanidad, que renuncia al camino verdadero y lo condena una y otra vez a lo largo de la historia.

Echemos la vista atrás a hace dos mil años: cuando el Señor Jesús se encontraba en medio del pueblo judío hacía muchos milagros, ayudaba al hombre curando a los enfermos y expulsando a los demonios, predicaba el evangelio del reino de los cielos, enseñaba a la gente el arrepentimiento y la absolvía de sus pecados. Todas estas cosas no se recogieron en el Antiguo Testamento y, asimismo, constituyeron una obra que nadie había llevado a cabo hasta entonces. Por supuesto, también eran cosas que nadie podía llevar a cabo porque, aparte de Dios, no hay ninguna persona con la autoridad y el poder necesarios para hacer cosas así. Lo que hizo el Señor Jesús entonces fue asumir personalmente los pecados del hombre siendo crucificado para que este pudiera salvarse y redimirse del pecado, le otorgó al hombre una gracia rica y abundante, paz y gozo, y lo liberó de las normas de la ley mediante la obra de la nueva era, en la que al hombre ya no se le castiga por no ser capaz de cumplir la ley. La gente sometida a la ley sólo puede alcanzar la salvación de Dios y no ser aniquilada si obedece la obra del Señor Jesús. Pero los sumos sacerdotes, escribas y fariseos del judaísmo no conocen la obra del Espíritu Santo, no entienden qué clase de obra lleva a cabo el Señor Jesús; en su opinión creen que no obedecer la ley y no orar en el nombre de Jehová Dios es lo mismo que traicionar a Dios, lo que es sencillamente indignante. Además, alardean de ser fervientes lectores de la Biblia y siervos de Jehová Dios en el templo desde hace muchos años y creen que aquello a lo que se aferran es la verdad y el camino más puro y, por tanto, para ellos la obra del Señor Jesús va en contra de la Biblia, infringe la ley y es un camino que se aparta de la Biblia; por eso prefieren morir antes que aceptar el camino que difunde el Señor Jesús. Incluso consideran que la obra del Señor Jesús es una “herejía”, una “secta satánica” y que “engaña al hombre”. Pese a que la obra y la palabra del Señor Jesús tienen autoridad, poder y sabiduría, pese a que los milagros que el Señor Jesús manifestó no tienen precedentes en la historia, pese a que cada vez más gente da testimonio de las obras del Señor Jesús y del hecho de que Él es el Mesías que vendrá, ellos siguen sin estar dispuestos a estudiar y buscar el camino más elevado y, por el contrario, persisten en sus puntos de vista y con altivez y rotundidad niegan que el Señor Jesús sea Cristo, que Él sea el Mesías que vendrá. Es tal como Dios Todopoderoso ha revelado: “El hombre sólo es capaz de aceptar un tipo de obra, o una forma de práctica. Resulta difícil para él aceptar la obra, o las formas de práctica, que están en conflicto con él, o que son más elevadas que él; pero el Espíritu Santo siempre está haciendo nueva obra, y así aparecen grupo tras grupo de expertos religiosos que se oponen a la nueva obra de Dios. Estas personas se han vuelto expertos, precisamente porque el hombre no tiene conocimiento de que Dios siempre es nuevo y nunca viejo ni de los principios de Su obra, y, menos aún de las muchas formas en las que Dios salva al hombre. Como tal, el ser humano es totalmente incapaz de distinguir si esta obra procede del Espíritu Santo, y si es de Dios mismo. Muchas personas se aferran a una actitud en la que, si se corresponde con las palabras que vinieron antes, la aceptan, y si hay diferencias con la obra anterior, se oponen a ella y la rechazan” (‘Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”). Para comportarnos como creyentes en Dios, como mínimo debemos tener un corazón que venere a Dios y hambre y sed de justicia; sólo así podremos recibir la iluminación del Espíritu Santo, comprender la nueva obra de Dios y seguir de cerca Su huella. Pero esos sumos sacerdotes, escribas y fariseos del judaísmo han tenido contacto con el Señor Jesús muchas veces aunque, sencillamente, nunca para buscar la verdad. Siempre están ideando formas y medios de tentar al Señor Jesús para conseguir algo que utilizar contra Él. Son todos iguales porque no tienen conocimiento de Dios y porque sostienen ciertas nociones acerca de Su nueva obra, mientras que Natanael, la samaritana, los discípulos y el pueblo llano que siguen al Señor Jesús son capaces de dejar de lado sus nociones para buscar la verdad. Así pueden conocer la identidad de Cristo, reconocer la voz de Dios, obedecer y aceptar la verdad y volver ante el rostro de Dios. Con esta comparación vemos claramente que las principales personalidades del mundo religioso judío no sólo son obstinadamente conservadoras, sino también arrogantes y engreídas, pues básicamente no aceptan la verdad y, desde luego, no la obedecen. Aquí se encuentra uno de los motivos de su oposición a Dios.

Además, a medida que más judíos de a pie comienzan a seguir al Señor Jesús, a los sumos sacerdotes, escribas y fariseos les preocupa cada vez más perder su lugar en el corazón del pueblo llano. Cuando el pueblo ya no los idolatra ni sigue se ponen cada vez más nerviosos, pues la autoridad y el poder de las palabras y la obra del Señor Jesús están fuera de su alcance, palidecen a su lado y les hacen sentir avergonzados de sí mismos, de modo que cada vez tienen una mayor sensación de crisis: el Señor Jesús no tendría que vivir más que un día para que entonces todavía más gente del pueblo llano los abandonara y siguiera al Señor Jesús, y habría menos gente en el templo, por lo que ellos no podrían seguir disfrutando de una vida en la que se les sustenta y mantiene como a nadie. Esto convierte al Señor Jesús en una aguja clavada en sus ojos o una espina en sus carnes, lo convierte en un enemigo que no puede vivir en el mismo mundo que ellos. A fin de salvaguardar su posición, piensan en todo lo que pueden hacer y usan todo tipo de métodos despreciables para presentar acusaciones falsas contra el Señor Jesús. Blasfeman contra la obra del Señor Jesús y la condenan, lo difaman y calumnian a Él diciendo que expulsa a los demonios junto con Belcebú y levantan falso testimonio al acusarlo de hablar en contra del lugar santo y la ley (ver Hechos 6:10-14). Costara lo que costara, iban a desterrar al Señor Jesús del pueblo judío y al final lo clavaron despiadadamente en la cruz. Cuando el Señor Jesús resucitó, se apareció a Sus discípulos y, cuando difundieron el evangelio, hubo poder y milagros, unos hechos que bastan para verificar que ese camino tiene la obra del Espíritu Santo, que se apoya en el Espíritu Santo ¡y que es el camino verdadero! En esas circunstancias, aquellos sumos sacerdotes, escribas y fariseos seguían sin reflexionar sobre lo siguiente: ¿cómo podía triunfar tanto el evangelio del Señor Jesús? En realidad, aquellas personas que son expertas en la Biblia y se consideran “respetables” simplemente creen que es degradante buscar y estudiar esas cosas con los pescadores aldeanos y los plebeyos ignorantes sin cultura ni estatus, e incluso actúan hipócritamente en nombre “del respeto a la ley y la defensa del camino verdadero”, mientras continúan aprovechando el poder que tienen a su alcance confabulándose con los gobernantes para intensificar la ferocidad de su represión, persecución y masacre de los apóstoles y los judíos plebeyos que siguen al Señor Jesús. Hacen todo lo que está en su mano para impedir que la gente siga al Señor Jesús; incluso prohíben terminantemente propagar el nombre del Señor Jesús… A fin de salvaguardar su posición y sustento, verdaderamente no hay delito que no cometan, lo cual es el otro motivo de su feroz oposición y condena al Señor Jesús. Por supuesto, sus malas acciones despertaron la intensa furia de Dios y ellos han sufrido Sus castigos. Toda la estirpe judía lleva casi dos mil años siendo una nación vencida, lo cual es el doloroso precio que ha pagado por oponerse y condenar a Dios.

Volvamos al presente en el que estamos en los últimos días. Dios ha preparado una salvación más grande para aquellos a quienes ha redimido. Esta salvación consiste en que Dios emplea palabras para juzgar y purificar al hombre. Es una obra nueva y más elevada. Esta etapa de Su obra librará completamente al hombre de su carácter satánico y corrupto. Liberará al hombre de la influencia oscura de Satanás y convertirá a la humanidad en una estirpe conocedora de Dios, compatible con Él y que verdaderamente será de Él, de modo que así alcanzará la salvación y será perfeccionada. Esta es la etapa final de la obra del plan de gestión de Dios de seis mil años de duración. En la obra de Dios en los últimos días, Cristo encarnado expresa todas las verdades que purifican y salvan al hombre, deja al descubierto y juzga la esencia y naturaleza corruptas del hombre y le señala el camino que puede seguir para liberarse de la corrupción. También revela todo tipo de misterios celestiales. Además, Dios utiliza Su sabiduría, poder y autoridad para difundir el evangelio de los últimos días a las familias de todo el mundo y los millones de personas que buscan y tienen sed de la verdad han regresado, una a una, a la presencia de Dios Todopoderoso desde diversas denominaciones y sectas. Se ha visto la escena inédita de todas las naciones en marea hacia esta montaña y el evangelio de los últimos días se está extendiendo actualmente por todas las naciones y todos los lugares del mundo. Sin embargo, ante todas estas verdades, esta gran maravilla y el testimonio de la obra del Espíritu Santo, los líderes del mundo religioso vuelven la cabeza y no se conmueven lo más mínimo, no los estudian con atención ni, desde luego, los aceptan con humildad. Estas personas son como los fariseos: no conocen que la obra del Espíritu Santo avanza continuamente, no conocen que el principio de la obra del Espíritu Santo es que siempre es nueva y nunca vieja, no tienen el menor conocimiento de la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días e incluso creen, sumamente seguras de sí mismas, que como ya disfrutan de un camino más elevado que el de la Era de la Ley, como son expertas en el Antiguo y el Nuevo Testamento en su totalidad y como han trabajado y predicado sermones durante muchos años, ya han recibido la verdad y conocido a Dios. Además, se empeñan en creer en un concepto erróneo que creen que es verdad: que todas las palabras del Señor se recogen en la Biblia, que lo que vaya más allá del alcance de la obra del Señor Jesús, más allá de la Biblia, no es el camino verdadero. Apartarse de las exigencias de Dios al hombre en la Era de la Gracia sería transgredir las enseñanzas de Cristo; sólo las cosas que ellos aceptan, de las que tienen conocimiento y a las que se aferran son el camino verdadero, cualquier cosa más allá de eso es una herejía o una secta satánica. Estas personas han definido categóricamente a Dios en el marco de la Biblia, lo han definido en el marco de las nociones y fantasías del hombre. Por muy elevada que sea la obra que trae Dios Todopoderoso, por mucho que tenga de la obra del Espíritu Santo, por más caminos de práctica que aporte y por más hechos que haya para verificarla, ellos no admiten que es de Dios y, por lo tanto, todos mantienen unas opiniones hostiles y una actitud escéptica respecto al regreso del Señor Jesús; tanto es así que blasfeman contra la encarnación de Dios y denigran y condenan la obra y la palabra de Cristo en los últimos días. ¿No son como los fariseos, que en su día eran tercos, conservadores, arrogantes y engreídos, y que menospreciaban la verdad y blasfemaban contra el Espíritu Santo? Es tal como dijo Dios Todopoderoso: “Si sólo llegas a conocer a Dios a partir de una etapa de Su obra, tu conocimiento es demasiado, demasiado pequeño. No es sino una gota en el océano. Si no, ¿por qué clavarían a Dios vivo en la cruz muchos de la vieja guardia religiosa? ¿No es porque el hombre lo confina dentro de ciertos parámetros? ¿No se oponen muchos a Dios y obstruyen la obra del Espíritu Santo, porque no conocen la obra variada y diversa de Dios, y, además, porque no poseen sino una pizca de conocimiento y doctrina con los que medir la obra del Espíritu Santo? Aunque las experiencias de tales personas son superficiales, son arrogantes y permisivas en su naturaleza, y consideran la obra del Espíritu Santo con desprecio, ignoran las disciplinas de éste y, además, usan sus viejos argumentos triviales para confirmar la obra del Espíritu Santo. También representan una dramaturgia, y están plenamente convencidos de su propio conocimiento y erudición, y de que son capaces de viajar por todo el mundo. ¿No son tales personas las que el Espíritu Santo desprecia y rechaza, y no serán eliminadas por la nueva era? ¿No son los que vienen delante de Dios y se oponen abiertamente a Él pequeñas personas miopes, que simplemente intentan demostrar lo inteligentes que son? Con tan sólo un ínfimo conocimiento de la Biblia, tratan de abarcar la ‘academia’ del mundo, pero con una doctrina superficial que enseñar a las personas, intentan revertir la obra del Espíritu Santo, y tratan de hacerla girar alrededor de su propio proceso de pensamiento; tan cortos de miras como son, intentan observar con una sola mirada 6.000 años de obra de Dios. ¿Tienen estas personas alguna razón de la que hablar? De hecho, cuanto mayor es el conocimiento de Dios por parte de las personas, más tardan en juzgar Su obra. Además, sólo hablan un poco de su conocimiento de la obra de Dios hoy, pero no son imprudentes en sus juicios. Cuanto menos conocen a Dios las personas, más soberbias y arrogantes son, y más gratuitamente proclaman Su ser, pero sólo hablan de teoría y no ofrecen evidencias reales. Tales personas no tienen ningún valor en absoluto. ¡Quienes ven la obra del Espíritu Santo como un juego son frívolos! Los que no son cautos cuando se encuentran con la nueva obra del Espíritu Santo, que dan rienda suelta a sus bocas, son rápidos para juzgar, dan libertad a su instinto natural para negar la corrección de la obra del Espíritu Santo, y también lo insultan y blasfeman; ¿no ignoran estas personas irrespetuosas dicha obra? ¿No son, además, los arrogantes, inherentemente soberbios e ingobernables?” (‘Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”).

A medida que vuelve a la casa de Dios gran cantidad de gente que verdaderamente cree en el Señor, la progresiva expansión de la obra de Dios en los últimos días ha alcanzado su culminación; pero aunque prospere tanto la obra del Espíritu Santo, los líderes religiosos, acostumbrados a ser los arrogantes expertos religiosos que dirigen a los demás, no reflexionan sobre sí mismos ni bajan su arrogante cabeza para buscar y estudiar. Por el contrario, estas personas se dan cuenta de que sus posiciones son cada vez más precarias, continuamente inestables, y empiezan a temer que los demás se vuelvan hacia Dios Todopoderoso y las rechacen con frialdad. En consecuencia, a fin de “redimir la situación actual”, pastores, ancianos, líderes y compañeros de trabajo de diversas denominaciones y sectas actúan para “vigilar el rebaño para el Señor y defender el camino verdadero”. Han empezado a adoptar medidas como la producción y distribución de materiales propagandísticos, el uso de Internet para difundir rumores y otros métodos despreciables para blasfemar y atacar indiscriminadamente a Dios Todopoderoso. Difunden rumores denigrantes alegando que las palabras de Dios Todopoderoso no son la palabra de Dios, que las ha escrito el hombre, e incluso dicen tonterías como que “este libro es como una droga que te hechiza, si lo lees, te lavará el cerebro” y otras cosas que distorsionan y tergiversan los hechos y difaman a la Iglesia de Dios Todopoderoso como “facción del Relámpago Oriental”, que es una organización criminal. Al engañar y amenazar así a los creyentes, hacen que la gente necia e ignorante no se atreva a acercarse ni a entrar en contacto con el evangelio de Dios, aislando a varias denominaciones y sectas hasta el punto de que ni siquiera una aguja podría atravesarlas ni el agua podría filtrarse en ellas. Estos líderes religiosos prohíben terminantemente a los creyentes leer los libros y escuchar los sermones del Relámpago Oriental, no permiten que los creyentes reciban a gente que predique la salvación de Dios en los últimos días ni tampoco a ningún forastero y van totalmente en contra de las enseñanzas de Dios en la Era de la Gracia, cuando Él pidió al hombre que recibiera a los forasteros. Lo más impactante para la gente es que, a pesar de ser creyentes en Dios, estas personas se confabulan con el régimen satánico del PCCh, al que incitan a participar en sus turbias y diabólicas actividades de seguimiento, vigilancia y denuncia de hermanos y hermanas que difunden el evangelio de los últimos días e incluso hacen de traidores de incógnito dentro de la iglesia, al objeto de recopilar información para que el PCCh capture clandestinamente a cristianos. Parece que el odio de sus corazones sólo se alivia si se deshacen de un plumazo de aquellos que dan testimonio de Dios y si anulan la nueva obra de Dios. Estas personas son plenamente conscientes de que aquellos que siguen a Dios Todopoderoso son personas de buen carácter que verdaderamente creen en Dios y son aún más conscientes de que no hay ninguna intención maligna en estas personas que predican la salvación de Dios en los últimos días, pero siguen insultándolas de manera grosera y cruel, ahuyentando e incluso agrediendo físicamente a hermanos y hermanas que difunden el evangelio. Está claro que hace mucho tiempo que estos líderes religiosos dejaron de tener la obra del Espíritu Santo y también está claro que no aceptan la verdad, que la detestan y que odian la naturaleza y esencia de la verdad. En apariencia, estas personas van por ahí esforzándose por llevar a cabo su trabajo, pero realmente andan metidas en sus ambiciones desbocadas y su desobediencia. En realidad solamente tratan de conspirar por el estatus, se mueven en beneficio propio y hacen todo lo posible por satisfacer sus deseos egoístas.

Está claro que tanto si se trata del mundo religioso del judaísmo en su día como de las personalidades religiosas de las distintas denominaciones y sectas de hoy, la razón por la que son capaces de oponerse una y otra vez a Dios, a la verdad y al camino verdadero; la razón por la que “prefieren morir a someterse” y “afrontar la muerte con serenidad” es, principalmente, porque no conocen el principio de que la obra de Dios es siempre nueva y nunca vieja ni tienen conocimiento de la nueva obra de Dios ni tampoco buscan la verdad, son tercos y conservadores, altivos y engreídos. Esto también guarda plena relación con el hecho de que les preocupa excesivamente su estatus y de que tienen pocas cualidades. Hoy en día, en este punto crucial en que una nueva era sustituye a una anterior, la batalla del mundo espiritual ha alcanzado su cenit. Si la gente sigue creyendo los rumores y falsos testimonios difundidos por las personalidades religiosas y sufre su manipulación; si no presta atención y hasta desdeña y desprecia la obra llevada a cabo por Dios y las palabras pronunciadas por Él en los últimos días; si no asume la responsabilidad de su propia vida y sólo sigue al rebaño y va con la corriente mientras es hipercrítica con la obra del Espíritu Santo con irreverencia desenfrenada; si no se preocupa de discernir y se limita a adorar, escuchar y obedecer ciegamente los rumores y engaños de pastores y ancianos; si no es capaz de volverse hacia la justicia, de desprenderse del control de las fuerzas de Satanás, de buscar el camino verdadero ni de escuchar la voz de Dios; si no puede hacer estas cosas, nunca podrá recibir el regreso del Señor, nunca podrá presenciar el rostro del Creador, nunca tendrá la oportunidad de conocer a Dios; quedará reducida a una simple marioneta de la historia, un objeto de sacrificio por Satanás, y se hundirá en la oscuridad, donde llorará y rechinará los dientes hasta morir, tal como se ha profetizado en las Escrituras: “El Señor, pues, corta de Israel la cabeza y la cola, la hoja de palmera y el junco en un mismo día. El anciano y venerable es la cabeza, y el profeta que enseña la mentira, es la cola. Porque los que guían a este pueblo lo extravían; y los guiados por ellos son confundidos” (Isaías 9:14-16). Debemos saber que Dios no elegirá a nadie que no tenga sed de la verdad, que no tenga clara su fe en Dios, que no tenga una postura definitiva en cuanto a sus puntos de vista, que adore el poder y la influencia o que se aproveche de las situaciones. Por el contrario, Dios busca, perfecciona y gana a las castas vírgenes que honran la grandeza de Dios, que tienen la conciencia limpia y una obediencia pura, que verdaderamente anhelan y buscan a Dios. ¡Esto es una realidad a muchos niveles! ¿Tal vez la sangre derramada por los israelitas no fue suficiente para que fueras consciente de esta lección?