¿Qué es la verdadera oración?

10 Oct 2020

Las palabras relevantes de Dios:

¿Qué es la verdadera oración? Es decirle a Dios lo que hay en tu corazón, tener comunión con Él al comprender Su voluntad, comunicarte con Dios a través de Sus palabras, sentirte especialmente cerca de Dios, sentir que Él está delante de ti y creer que tienes algo que decirle. Sientes que tu corazón está lleno de luz y lo encantador que es Dios. Te sientes especialmente inspirado y escucharte les da satisfacción a tus hermanos y hermanas. Sentirán que las palabras que dices son las que están dentro de sus corazones, las que ellos desean pronunciar, como si tus palabras sustituyeran a las suyas. Esta es la verdadera oración. Después de que hayas orado verdaderamente, tu corazón estará en paz y conocerá la satisfacción. La fuerza para amar a Dios puede surgir y sentirás que no hay nada con más valor o significado en la vida que amar a Dios. Todo esto prueba que tus oraciones han sido efectivas.

Extracto de ‘Acerca de la práctica de la oración’ en “La Palabra manifestada en carne”

Lo mínimo que Dios exige del hombre es que le pueda abrir su corazón a Él. Si el hombre le da a Dios su corazón sincero y le dice lo que realmente hay dentro de este, entonces Dios estará dispuesto a obrar en él. Lo que Dios quiere no es el corazón retorcido del hombre, sino un corazón puro y honesto. Si el hombre no le habla a Dios de corazón, entonces Dios no se lo conmueve ni obra dentro de él. Por lo tanto, lo más crucial de la oración es hablarle a Dios de corazón, contarle tus defectos o tu carácter rebelde y abrirte completamente a Él; solo entonces Dios estará interesado en tus oraciones, de lo contrario, Él te ocultará Su rostro.

Extracto de ‘Acerca de la práctica de la oración’ en “La Palabra manifestada en carne”

Algunas veces, esperar en Dios no significa pedirle que haga algo utilizando palabras específicas o solicitarle una guía o protección específica. Más bien, es cuando las personas se encuentran con algún problema que pueden clamar a Él de una manera sincera. Así pues, ¿qué hace Dios cuando las personas claman a Él? Cuando el corazón de alguien se conmueve y esa persona piensa “Oh, Dios. Yo no puedo hacer esto por mí mismo; no sé cómo hacerlo y me siento débil y negativo…”, cuando surgen estos pensamientos en ella ¿acaso Dios no lo sabe? Cuando claman a Dios de esta manera, con sinceridad, ¿Dios accede a ayudarles? A pesar del hecho de que tal vez no hayan pronunciado una sola palabra, muestran sinceridad y, así, Dios accede a ayudarles. Cuando alguien se encuentra con una dificultad especialmente espinosa, cuando no tiene a nadie a quien acudir y cuando se siente particularmente indefenso, pone toda su esperanza en Dios. ¿Cómo son sus oraciones? ¿Cuál es su estado mental? ¿Es esa persona sincera? ¿Existe alguna adulteración en ese momento? Es sólo cuando confías en Dios como si Él fuera lo último a lo que puedes aferrarte para salvar tu vida, esperando que Él te ayude, que tu corazón es sincero. Aunque tal vez no hayas dicho mucho, tu corazón ya se ha conmovido. Esto es, que le das tu corazón sincero a Dios y Dios escucha. Cuando Dios escucha, ve tus dificultades, y te esclarecerá, te guiará y te ayudará.

Extracto de ‘Los creyentes deben empezar por comprender las tendencias malvadas del mundo’ en “Registros de las pláticas de Cristo

No se trata solo de hacer las cosas por inercia, seguir procedimientos o recitar las palabras de Dios. Es decir, orar no es repetir ciertas palabras como un loro ni es imitar a los demás. En la oración, se debe llegar a un estado en que se le entregue el corazón a Dios, en el que este se abra de par en par para que Dios lo conmueva. Si la oración ha de ser efectiva, entonces se debe basar en la lectura de las palabras de Dios. Solo al orar desde dentro de las palabras de Dios se puede recibir mayor esclarecimiento e iluminación. Las manifestaciones de una oración verdadera son: tener un corazón que anhela todo lo que Dios pide y además un deseo de cumplir lo que Él exige; detestar lo que Dios odia y sobre esta base ganar cierto entendimiento de ello y tener cierto conocimiento y claridad sobre las verdades que Dios explica. Donde hay determinación, fe, y una senda de práctica después de la oración, solo entonces se puede llamar verdadera oración y solo este tipo de oración puede ser efectiva. Sin embargo, la oración se debe construir sobre el disfrute de las palabras de Dios, debe establecerse sobre la base de la comunión con Dios en Sus palabras, y el corazón debe poder buscar a Dios y calmarse ante Él. Ese tipo de oración ya ha entrado en la etapa de la comunión verdadera con Dios.

Extracto de ‘Acerca de la práctica de la oración’ en “La Palabra manifestada en carne”

Espero que vosotros, hermanos y hermanas, podáis dedicaros a la oración sincera sin faltar un solo día. No se trata de cumplir las normas, sino de conseguir cierto resultado. ¿Estáis dispuestos a renunciar a un poco de sueño y disfrute para levantaros pronto para las oraciones matutinas y disfrutar las palabras de Dios? Si oras con un corazón puro y comes y bebes las palabras de Dios de esta manera, a Él le resultarás más aceptable. Si todas las mañanas haces esto, si todos los días practicas dándole tu corazón a Dios, comunicándote y comprometiéndote con Él, entonces tu conocimiento de Él seguramente aumentará y estarás mejor capacitado para captar la voluntad de Dios. Dices: “¡Oh, Dios! Estoy dispuesto a cumplir mi deber. Consagro todo mi ser solamente a Ti con el fin de que Tú seas glorificado en nosotros, y de que puedas disfrutar del testimonio de este grupo de personas. Te suplico que obres en nosotros para que yo pueda ser capaz de amarte y satisfacerte verdaderamente y buscarte como mi meta”. Cuando tengas esta carga, con toda seguridad Dios te perfeccionará. No deberías orar solo por tu bien sino también para hacer la voluntad de Dios y amarlo a Él. Esta es la clase de oración más verdadera.

Extracto de ‘Acerca de la práctica de la oración’ en “La Palabra manifestada en carne”

Fragmentos de sermones y comunicaciones para referencia:

Existen varios resultados que una verdadera comunión con Dios debe producir: En primer lugar, cuando estamos en comunión con Dios, llegamos a conocer la verdad de nuestra corrupción y la esencia de nuestra naturaleza, logrando con ello el resultado de conocernos a nosotros mismos. En presencia de Dios, a menudo debemos reflexionar en las cosas que hemos hecho para ver si realmente estas se conformaron o no a la voluntad de Dios y para ver en qué hemos confiado para vivir. Si hemos vivido según la palabra de Dios, entonces eso es un testimonio para la entrada a la vida. Si hemos vivido según la filosofía de Satanás, eso es una expresión de la naturaleza de Satanás, lo que se considera una transgresión. En segundo lugar, cuando estamos en comunión con Dios, no sólo logramos un verdadero conocimiento de nosotros mismos, sino que también alcanzamos un verdadero conocimiento de Dios, lo que es el resultado de estar en comunión con Dios. Después de alcanzar el verdadero conocimiento de Dios, surgirá en nuestros corazones el deseo de reverenciar a Dios, de obedecer a Dios y de amar a Dios, lo que finalmente producirá en nosotros la resolución de servir a Dios. Este es el resultado que se logra por conocer a Dios y, también, por estar en comunión con Dios. Si no logramos estos resultados en nuestra comunión con Dios, eso es suficiente para probar que no hemos entrado en la vía correcta en nuestras oraciones y que no hemos realmente estado en comunión con Dios. Algunas personas dicen: “Bueno, yo he orado por muchos años, así que, ¿significa eso que estoy en comunión con Dios en las oraciones?”. Entonces tienes que medir esto de acuerdo a los siguientes resultados: ¿Has obtenido el resultado de conocerte a ti mismo en tus oraciones? ¿Has obtenido el resultado de buscar la voluntad de Dios y la verdad? ¿Has obtenido el resultado de obedecer a Dios? ¿Has obtenido el resultado de reverenciar a Dios? ¿Has obtenido el resultado de amar a Dios? Si no has obtenido ni uno solo de estos resultados, entonces tus oraciones son huecas, no tienen significado y simplemente no estás en una verdadera comunión con Dios.

Extracto de “Sermones y enseñanzas sobre la entrada a la vida”

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