Cómo recibieron las vírgenes prudentes al Señor

8 Sep 2020

Por Anick, Francia

Dios Todopoderoso dice: “Dondequiera que Dios aparece, allí se expresa la verdad y estará la voz de Dios. Solo los que pueden aceptar la verdad podrán escuchar la voz de Dios y solo tales personas son aptas para presenciar la aparición de Dios. ¡Abandona tus nociones! Tranquilízate y lee con cuidado estas palabras. Si anhelas la verdad, Dios te esclarecerá y entenderás Su voluntad y Sus palabras. ¡Abandonad vuestras opiniones de lo que es ‘imposible’! Cuanto más crea la gente que algo es imposible, es más factible que ocurra, porque la sabiduría de Dios se eleva más alto que los cielos, los pensamientos de Dios son más altos que los pensamientos del hombre, y la obra de Dios trasciende los límites del pensamiento y las nociones del hombre. Cuanto más imposible sea algo, más verdad se puede buscar en ello; cuanto más lejos de las nociones y la imaginación del hombre resida algo, más contiene la voluntad de Dios” (‘La aparición de Dios ha dado lugar a una nueva era’ en “La Palabra manifestada en carne”). La clave para recibir al Señor radica en esforzarnos por escuchar la voz de Dios y, en función de eso, reconocerlo y recibirlo. Los que han reconocido la voz de Dios en las palabras de Dios Todopoderoso son arrebatados ante el trono de Dios y asisten al banquete del Señor con Él. Son las vírgenes prudentes, las personas más bendecidas. En mi fe anterior me aferraba a las palabras textuales de la Biblia y anhelaba que el Señor viniera en una nube para llevarme al reino como yo me imaginaba. Cuando supe que el Señor había regresado, no lo investigué ni estuve atenta a la voz de Dios. A punto estuve de convertirme en una virgen insensata y perder la oportunidad de recibir el regreso del Señor. Guiada por Dios, oí Su voz y asistí al banquete del Cordero.

Un día de abril de 2018, una hermana en el Señor le envió a mi buena amiga Mireille una película, “Donde está mi hogar”, y le dijo que era genial y muy realista. Mireille vino a mi casa para que la viéramos juntas. Cuando la protagonista estaba dolorida y desesperada, vi que abría un libro grueso en cuyas páginas redescubría la esperanza para vivir. No obstante, no era la Biblia lo que leía y su contenido nos resultaba totalmente novedoso. Sorprendidas, seguimos con la película. Después, la protagonista tuvo problemas y los hermanos y hermanas de su iglesia fueron a ayudarla. Leyeron juntos este libro para animarse y ayudarse entre sí. Yo lloraba de emoción a medida que se desarrollaba la trama. Notaba que las personas de la película eran distintas a toda la gente egoísta de nuestra sociedad oscura y que lo que leían parecía especial. Teníamos muchas ganas de saber qué contenía ese libro, así que leímos la información que había debajo del vídeo. Sin embargo, cuando decía que el Señor Jesús ya había aparecido, no me lo podía creer, y pensé: “¡Ni hablar!. Hechos 1:11 afirma: ‘Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, vendrá de la misma manera, tal como le habéis visto ir al cielo’. El Señor Jesús se fue en una nube y, cuando regrese en los últimos días, volverá en una nube con gran gloria. Esto no ha sucedido, pero aquí dice que el Señor Jesús ha aparecido, lo que no concuerda con la Biblia”. Le conté a Mireille lo que pensaba y ella estaba de acuerdo. Posteriormente, no investigamos más la Iglesia de Dios Todopoderoso, pero vimos aquella película algunas veces más.

Durante un tiempo continué pensando en la noticia del regreso del Señor, y luego volvió a salir a la palestra entre Mireille y yo un par de meses más tarde. Hablamos de cómo aquellas palabras que habían leído en la película les daban tanta confianza y esperanza y que no parecía que las pudiera decir cualquiera. En todo el mundo religioso, solo la Iglesia de Dios Todopoderoso daba testimonio del regreso del Señor, así que quizá las cosas no eran tan simples. Pero entonces recordamos que la Biblia señala claramente que el Señor regresará en una nube, cosa que también decían los pastores y ancianos. ¿Por qué afirmaba entonces esta iglesia que el Señor ya había regresado? ¿De qué iba eso? ¿Debíamos investigarlo o no? Como estaba muy confundida, Mireille y yo oramos juntas para pedirle al Señor que nos guiara hacia la decisión correcta. Luego pensé: “Dios lo gobierna todo y tiene la potestad de hacer Su voluntad. ¿Cómo era posible que limitáramos Su obra únicamente a aquello que podemos imaginar y concebir? Si realmente Dios Todopoderoso es el regreso del Señor Jesús y no lo investigo, con lo que perderé la ocasión de recibir al Señor, lo lamentaré el resto de mi vida”. Decidimos investigar la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días. Contactamos con la hermana Anna en la web de la Iglesia de Dios Todopoderoso. Nos presentó al hermano Pierre y juntos hablamos del regreso del Señor.

En esa reunión les conté mi confusión: “Hechos 1:11 dice que el Señor vendrá de la misma manera en que se fue. Como se fue en una nube blanca, sin duda deberá venir en una nube blanca a Su regreso en los últimos días. Eso afirman siempre el pastor y los ancianos de nuestra iglesia y es también lo que creemos. Aún no hemos visto que el Señor haya venido en una nube blanca; por tanto, ¿cómo podéis decir que ya ha regresado?”.

El hermano Pierre me contestó: “Se cumplirá la profecía de la venida del Señor en una nube, pero no podemos determinar cómo regresa el Señor fijándonos únicamente en esa profecía. En la Biblia no solo hay profecías de la venida del Señor en una nube, sino también algunas de Su venida en secreto. Por ejemplo, Apocalipsis 3:3: ‘Por tanto, si no velas, vendré como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti’. Apocalipsis 16:15: ‘He aquí, vengo como ladrón’. Mateo 25:6: ‘Pero a medianoche se oyó un clamor: “¡Aquí está el novio! Salid a recibirlo”’. Y también Marcos 13:32: ‘Pero de aquel día o de aquella hora nadie sabe, ni siquiera los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino solo el Padre’”. “Estas profecías dicen ‘como ladrón’. ‘Como ladrón’ significa sigilosamente, en secreto, sin que nadie lo sepa ni lo reconozca al verlo. Estas profecías quieren decir que el Señor vendrá en secreto. “Muchas profecías de la Biblia aluden a la venida del Hijo del hombre, como Lucas 12:40: ‘Vosotros también estad preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no esperéis’, y 17:24-25: ‘Porque como el relámpago al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro extremo del cielo, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero primero es necesario que Él padezca mucho y sea rechazado por esta generación’. Aquí, ‘Hijo del hombre’ significa nacido del hombre, con una humanidad normal. No se podría llamar ‘Hijo del hombre’ a ningún espíritu o cuerpo espiritual. Jehová Dios es Espíritu, por lo que no se le puede llamar ‘Hijo del hombre’. Al Señor Jesús se le denomina ‘Hijo del hombre’ y ‘Cristo’ porque era el Espíritu de Dios encarnado que vivió como el Hijo del hombre normal. Así pues, la venida del Hijo del hombre a que alude el Señor significa que Dios se encarnará en el Hijo del hombre a Su regreso. En concreto, un versículo afirma: ‘Pero primero es necesario que Él padezca mucho y sea rechazado por esta generación’. Esta es otra prueba de que el Señor vendrá en la carne cuando regrese. Si el Señor no viniera en la carne, sino que apareciera con la forma del Espíritu del Señor Jesús resucitado, todo el mundo tendría tanto miedo que nadie se opondría a Él ni lo condenaría. No haría falta que sufriera ni que lo rechazara esta generación. Por consiguiente, que Dios se encarne en el Hijo del hombre y venga en secreto es otra manera que tiene el Señor de venir en los últimos días”.

En ese momento pensé: “Esto es inconcebible, no lo que había imaginado, pero el hermano Pierre ha sustentado sus enseñanzas en pruebas y todo cuanto ha dicho concuerda con la Biblia y las profecías del Señor. Ha sido muy convincente”. Había leído estos versículos muchísimas veces sin darme cuenta de que trataban sobre la encarnación del Señor en secreto en los últimos días. Mis antiguas ideas saltaron en pedazos.

También Mireille asentía, pensativa, y comentó: “Sí, lo que dices concuerda con las palabras del Señor”.

Sin embargo, a mí me confundía una cosa, así que le pregunté: “Si el Señor se encarna en el Hijo del hombre y viene en secreto, ¿cómo se cumple la profecía de Su llegada en una nube? Es una contradicción, ¿no?”.

El hermano Pierre me contestó: “No hay ninguna contradicción entre estos dos tipos de profecías, pues las palabras del Señor nunca pueden quedar en nada. Siempre se cumplen Sus profecías, solo que lo hacen en armonía con las etapas de la obra de Dios. La aparición y la obra del regreso del Señor tienen unas etapas. Primero se encarna en el Hijo del hombre y viene al mundo en secreto, y después llega en una nube, que es cuando aparece públicamente”.

Confundida, pregunté: “¿Primero viene en secreto y luego aparece públicamente? Hermano, ¿nos lo podrías explicar mejor, por favor?”.

El hermano Pierre prosiguió diciendo: “La Biblia, en realidad, sí profetiza que Dios ganará a un grupo de vencedores en los últimos días. La formación de este grupo es esencial para la obra que realiza Dios cuando viene en secreto. En primer lugar, Dios se encarna y viene en secreto en los últimos días para expresar la verdad, realizar la obra del juicio, que comienza por Su casa, y formar un grupo de vencedores antes de los desastres. Seguidamente, Dios desencadenará los desastres, premiará a los buenos y castigará a los malvados. Tras los desastres, Dios llegará en una nube para aparecer públicamente ante todos los pueblos y naciones. Mientras Dios obra en secreto en la carne, todos los auténticos creyentes, que anhelan Su aparición, oyen Su voz y acuden a Dios Todopoderoso. Son las vírgenes prudentes, juzgadas y purificadas por las palabras de Dios, que las convierte en vencedoras, y sobrevivirán a los desastres”. “En cuanto a los que no acepten la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días, se opongan a ella y la condenen, cuando Dios venga en una nube para aparecer públicamente, verán que Aquel al que se han opuesto y que han condenado es el regreso del Señor Jesús y se darán golpes de pecho, entre el llanto y el crujir de dientes. Esto cumplirá las profecías de la venida del Señor en una nube, que dicen: ‘Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre; y entonces todas las tribus de la tierra harán duelo, y verán al Hijo del Hombre que viene sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria’ (Mateo 24:30). ‘He aquí, viene con las nubes y todo ojo le verá, aun los que le traspasaron; y todas las tribus de la tierra harán lamentación por Él’ (Apocalipsis 1:7)”.

El hermano Pierre leyó luego un pasaje de las palabras de Dios Todopoderoso: “Muchas personas pueden no preocuparse por lo que digo, pero aun así quiero decirle a cada uno de estos llamados santos que siguen a Jesús que, cuando lo veáis descendiendo del cielo sobre una nube blanca con vuestros propios ojos, esta será la aparición pública del Sol de justicia. Quizás será un momento de gran entusiasmo para ti, pero deberías saber que el momento en el que veas a Jesús descender del cielo será también el momento en el que irás al infierno a ser castigado. Ese será el momento del final del plan de gestión de Dios, y será cuando Él recompense a los buenos y castigue a los malos. Porque Su juicio habrá terminado antes de que el hombre vea señales, cuando sólo exista la expresión de la verdad. Aquellos que acepten la verdad y no busquen señales, y por tanto hayan sido purificados, habrán regresado ante el trono de Dios y entrado en el abrazo del Creador. Sólo aquellos que persisten en la creencia de que ‘El Jesús que no cabalgue sobre una nube blanca es un falso Cristo’ se verán sometidos al castigo eterno, porque sólo creen en el Jesús que exhibe señales, pero no reconocen al Jesús que proclama un juicio severo y manifiesta el camino verdadero de la vida. Y por tanto, sólo puede ser que Jesús trate con ellos cuando Él vuelva abiertamente sobre una nube blanca. Son demasiado tozudos, confían demasiado en sí mismos, son demasiado arrogantes. ¿Cómo puede recompensar Jesús a semejantes degenerados? El regreso de Jesús es una gran salvación para aquellos que son capaces de aceptar la verdad, pero para los que son incapaces de hacerlo es una señal de condenación. Debéis elegir vuestro propio camino y no blasfemar contra el Espíritu Santo ni rechazar la verdad. No debéis ser personas ignorantes y arrogantes, sino alguien que obedece la dirección del Espíritu Santo, que anhela y busca la verdad; sólo así os beneficiaréis” (‘En el momento que contemples el cuerpo espiritual de Jesús, Dios ya habrá vuelto a crear el cielo y la tierra’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Entonces lo comprendí. Cuando regresa el Señor, primero viene en secreto y forma un grupo de vencedores, y luego precipita los grandes desastres, en los que premia y castiga. Posteriormente llega en una nube con gran gloria para aparecer públicamente ante todos los pueblos y naciones. No había la menor contradicción entre estos dos tipos de profecías. ¡Qué ciega estaba! La venida del Señor es importantísima y me negaba a investigarla; por el contrario, me aferraba a los versículos de Su venida en una nube y no escuchaba la voz de Dios. Estuve a punto de convertirme en una virgen insensata y perder la ocasión de recibir el regreso del Señor. ¡Me libré por los pelos!

Así pues, le pregunté al hermano Pierre: “Vosotros dais testimonio de que el Señor ha regresado encarnado, pero ¿qué es esta ‘encarnación’?”. Entonces leyó un par de pasajes de las palabras de Dios Todopoderoso: “La ‘encarnación’ es la aparición de Dios en la carne; Él obra en medio de la humanidad creada a imagen de la carne. Por tanto, para que Dios se encarne, primero debe ser carne, una carne con una humanidad normal; esto, como mínimo, es el requisito previo más básico. De hecho, la implicación de la encarnación de Dios es que Él vive y obra en la carne; Dios se hace carne en Su misma esencia, se hace hombre” (‘La esencia de la carne habitada por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”). “El Cristo con humanidad normal es una carne en la que el Espíritu se materializa, y posee una humanidad normal, un sentido normal y un pensamiento humano. ‘Materializarse’ significa que Dios se hace hombre, que el Espíritu se hace carne; dicho de manera más clara, es cuando Dios mismo habita en la carne con una humanidad normal y expresa Su obra divina a través de ella. Esto es lo que significa materializarse o encarnarse” (‘La esencia de la carne habitada por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Continuó diciendo: “Dios encarnado es el Espíritu de Dios revestido de carne, el Dios del cielo convertido en Hijo del hombre para obrar y hablar en medio de la humanidad a fin de salvarnos. El carácter de Dios, lo que tiene y es se materializan en la carne. Dios encarnado parece totalmente normal, no poderoso ni sobrenatural. Tiene una humanidad normal, contacto real con la gente, y vive entre nosotros. Nadie sabe que es Dios encarnado, pero Cristo es la encarnación del Espíritu de Dios y tiene plena divinidad. Puede expresar la verdad, realizar la obra de Dios, expresar el carácter de Dios y lo que tiene y es. Otorga al hombre la verdad, el camino y la vida, y puede purificar y salvar definitivamente a la humanidad corrupta. Ningún ser humano tiene estas cualidades ni puede lograr estas cosas”. “El Señor Jesús encarnado parecía una persona normal, pero, en esencia, era el Espíritu de Dios materializado en la carne. Siempre fue capaz de expresar la verdad para regar y sustentar a la gente. Le otorgó el camino del arrepentimiento. Fue capaz de realizar la obra de Dios y redimir a la humanidad del pecado. La encarnación de Dios es, por tanto, distinta a cualquier ser creado y Su esencia es la del propio Dios”.

En ese momento, por fin entendí que la encarnación significa que Dios se hace humano y viene al mundo a hablar y obrar. Esta carne tiene una humanidad normal y plena divinidad. Aunque parezca normal, puede expresar la verdad y realizar la obra de Dios para salvar a la humanidad. ¡Esto es Cristo! Siempre había dicho el nombre “Jesucristo”, pero nunca había sabido realmente qué era Cristo. ¡Qué ignorante!

El hermano Pierre nos leyó luego un pasaje de las palabras de Dios Todopoderoso: “La salvación del hombre por parte de Dios no se lleva a cabo directamente utilizando el método del Espíritu y la identidad del Espíritu, porque el hombre no puede ni tocar ni ver Su Espíritu, ni tampoco acercarse a Él. Si Él tratara de salvar al hombre directamente utilizando la perspectiva del Espíritu, el hombre sería incapaz de recibir Su salvación. Si Dios no se hubiera vestido con la forma exterior de un hombre creado, no habría forma de que el hombre recibiera esta salvación, pues el hombre no tiene forma de acercarse a Él, igual que nadie podía acercarse a la nube de Jehová. Sólo volviéndose un ser humano creado —es decir, sólo poniendo Su palabra en el cuerpo de carne en el que está a punto de convertirse— puede trabajar personalmente la palabra en todos los que le siguen. Sólo entonces puede el hombre ver y oír personalmente Su palabra, poseer su palabra y, por estos medios, llegar a ser totalmente salvo. Si Dios no se hubiera hecho carne, nadie de carne y hueso podría recibir una salvación tan grande ni se salvaría una sola persona. Si el Espíritu de Dios obrara directamente en medio de la humanidad, la humanidad entera sería fulminada o, sin una forma de entrar en contacto con Dios, Satanás se la llevaría totalmente cautiva. La primera encarnación fue para redimir al hombre del pecado; para redimirlo por medio de la carne de Jesús; es decir, Él salvó al hombre desde la cruz, pero el carácter satánico corrupto todavía permanecía en el hombre. La segunda encarnación ya no tiene como propósito servir como ofrenda por el pecado, sino, más bien, salvar por completo a los que fueron redimidos del pecado. Esto se hace de tal forma que quienes han sido perdonados puedan ser librados de sus pecados, sean purificados completamente, y, al lograr un cambio de carácter, sean liberados de la influencia de la oscuridad de Satanás y regresen delante del trono de Dios. Sólo así puede el hombre ser plenamente santificado” (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Después compartió lo siguiente: “Pese a que la obra de redención del Señor Jesús implicó el perdón de nuestros pecados, nuestra naturaleza satánica permaneció intacta. Aún vivimos en función de nuestras actitudes satánicas corruptas, como la arrogancia, la falsedad y la maldad. Mentimos y engañamos por interés, rivalizamos con los demás por la fama y fortuna, y maquinamos unos contra otros. No podemos evitar pecar y oponernos a Dios. Aunque parezca que nos sacrificamos y sufrimos, en realidad negociamos con Dios con la esperanza de recibir a cambio las bendiciones del reino. En absoluto hacemos Su voluntad. Dios es santo y las personas tan inmundas y corruptas como nosotros no son, sencillamente, aptas para entrar en Su reino. Dios se ha vuelto a encarnar en los últimos días para salvar al hombre de su naturaleza pecaminosa. Tiene un contacto real con nosotros, expresa la verdad para sustentarnos y pastorearnos, y expone y juzga nuestras actitudes y naturaleza satánicas. Asimismo, nos señala la senda hacia la transformación de nuestro carácter y nos dice cómo vivir con una humanidad normal y ser unas personas honestas en quienes se deleite. Al experimentar el juicio de las palabras de Dios, llegamos a conocer y odiar de veras nuestra corrupción y nuestra naturaleza satánica, y deseamos arrepentirnos y vivir según Su palabra. Poco a poco nos despojamos de algunas actitudes corruptas y empezamos a vivir con cierta semejanza humana. Solo Dios encarnado puede lograr esto en Su obra”. “Si Dios viniera a hablar y obrar en forma espiritual en los últimos días como Jehová Dios, no podría purificar y salvar al hombre, pues la gente no puede ver ni tocar el Espíritu de Dios y no lo entendería si Él le hablara directamente. Además, el Espíritu de Dios es tan santo que la humanidad corrupta no puede acercarse a Él, sino que caería fulminada por inmunda y corrupta. Dice el Antiguo Testamento que Jehová Dios apareció entre truenos en el monte Sinaí. Los israelitas vieron y oyeron el monte que humeaba, los truenos, los relámpagos y el sonido de la trompeta. Se mantuvieron a distancia y le dijeron a Moisés: ‘Habla tú con nosotros y escucharemos; pero que no hable Dios con nosotros, no sea que muramos’ (Éxodo 20:19). Y cuando David condujo a los israelitas desde Baala, Judá, para devolver el arca de la alianza de Dios a Jerusalén, un buey tropezó, Uza extendió su mano para sostener el arca y el Espíritu de Dios lo mató. (See 1 Chronicles 13:9–10). Satanás ha corrompido hondamente a la humanidad en los últimos días. Si Dios viniera a obrar en Espíritu, nadie sobreviviría. Nos mataría a todos por inmundos y corruptos”. “Por tanto, en función de nuestras necesidades como humanidad corrupta, Dios ha elegido el método más útil para salvarnos: se hace carne, expresa la verdad y juzga y purifica a la humanidad corrupta. ¡Es el colmo del amor y la salvación de Dios para el hombre!”.

En ese momento me sentí muy conmovida y, emocionada, dije: “En verdad necesitamos que Dios se encarne en el Hijo del hombre para obrar en los últimos días. ¡Esa es la mayor salvación de la humanidad corrupta!”. Antes no conocía los métodos con los que obraba Dios. No estaba atenta a Su voz, así que no podía conocerlo ni recibirlo. Aguardaba tontamente a que el Señor viniera en una nube a ascendernos al cielo. ¡Qué necia!

Posteriormente leímos muchas palabras de Dios Todopoderoso y descubrimos qué son las vírgenes prudentes y las vírgenes insensatas, cómo aparece Dios, los misterios de Sus nombres, Sus encarnaciones y Su obra del juicio en los últimos días. Llegamos a comprender que Dios realiza tres etapas de obras para salvar a la humanidad en la Era de la Ley, la Era de la Gracia y la Era del Reino. Solo estas tres etapas de obras pueden salvar completamente al hombre del poder de Satanás. Comprobamos que Jehová Dios, el Señor Jesús y Dios Todopoderoso son un único Dios. Reconocimos a Dios Todopoderoso como el regreso del Señor Jesús y lo aceptamos. ¡Por fin hemos recibido al Señor! ¡Demos gracias a Dios Todopoderoso!

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