Seguimos el ejemplo de Pablo y trabajamos muy duro para el Señor, esparciendo el evangelio, dando testimonio del Señor y pastoreando las iglesias del Señor, así como hizo Pablo: “He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe” (2 Timoteo 4:7). ¿No es esto hacer la voluntad de Dios? Este tipo de práctica debería significar que estamos calificados para ser arrebatados y entrar al reino de los cielos, así que ¿por qué debemos aceptar la obra de juicio y purificación de Dios en los últimos días antes de que podamos ser llevados al reino de los cielos?

13 Ene 2021

Respuesta:

Esta pregunta es crucial. Entraña la duda de si podemos ser llevados al reino de los cielos. La mayoría de los creyentes del Señor piensan que emular a Pablo al sacrificarlo todo y trabajar duro para el Señor equivale a seguir el camino del Señor y ser aptos para entrar en el reino de los cielos cuando Él regrese. Esta opinión se ha convertido en la noción de la mayoría de los creyentes del Señor. Pero ¿se basa esta opinión en las palabras del Señor? ¿Está de acuerdo esta búsqueda nuestra con la intención del Señor? ¿Estamos siguiendo verdaderamente el camino del Señor al emular el trabajo duro de Pablo? ¿Seremos realmente aptos para entrar en el reino de los cielos? El Señor Jesús dijo: “No todo el que me dice: ‘Señor, Señor’, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’ Y entonces les declararé: ‘Jamás os conocí; apartaos de mi, los que practicáis la iniquidad’” (Mateo 7:21-23). El Señor Jesús dijo muy claro que solo aquellos que sigan la voluntad de Dios entrarán en el reino de los cielos. El Señor Jesús no dijo que pudieran entrar en el reino de los cielos aquellos que lo sacrifican todo y trabajan duro para Él. Por el contrario, muchos trabajadores diligentes que predicaron, expulsaron demonios en el nombre del Señor e hicieron muchas obras prodigiosas, no solo no fueron encomendados por el Señor, sino que Él los consideró malvados. Podemos ver que las palabras de Pablo: “He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe. En el futuro me está reservada la corona de justicia” (2 Timoteo 4:7-8) contradecían las palabras del Señor Jesús. Eran esencialmente incompatibles con la intención del Señor. Para ser llevados al reino de los cielos solo hay un camino certero. Es lo que ha dicho claramente el Señor Jesús: “Pero a medianoche se oyó un clamor: ‘¡Aquí está el novio! Salid a recibirlo’” (Mateo 25:6). “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo” (Apocalipsis 3:20). Cuando se menciona ir a cenar con el Señor se refiere a aceptar la obra de juicio de Dios en los últimos días. Al aceptar el juicio y castigo de Dios, las personas entenderán todas las verdades y serán purificadas y perfeccionadas. Estos son los resultados de asistir al banquete. Por tanto, podemos estar seguros de que solo podrán entrar en el reino de los cielos los que aceptan el juicio y castigo de Dios Todopoderoso en los últimos días y reciben la purificación.

Nosotros, los creyentes del Señor, tenemos fe en el Señor Jesucristo. Solo Él es la verdad, el camino y la vida. Por tanto, el modo de entrar en el reino de los cielos debe basarse en las palabras del Señor Jesús como definitivas. Pablo solo era un apóstol que predicaba el evangelio. Su palabra no podía representar al Señor y su camino no era necesariamente el camino para entrar al reino de los cielos. Puesto que el Señor Jesús no dio testimonio de que la senda de Pablo fuera correcta, y no nos dijo que siguiésemos el ejemplo de Pablo, si escogemos nuestro camino al reino de los cielos solo en base a las palabras de Pablo, es fácil que nos perdamos. Es muy importante este pasaje de la palabra del Señor Jesús que acabamos de leer: “sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”. Esta frase nos dice que debemos creer en la palabra del Señor. El único camino para entrar en el reino de los cielos es seguir la voluntad de Dios. El Señor Jesús ha regresado en los últimos días y hace la obra de juicio comenzando por la casa de Dios. Si escuchamos la voz de Dios, aceptamos Su obra en los últimos días y recibimos la purificación mediante el juicio y castigo de Dios para ser perfeccionados, así es, sin duda, como los que obedecen a Dios serán aptos para entrar en el reino de los cielos. Quienes solamente se centran en predicar, expulsar a los demonios y obrar prodigios en el nombre del Señor, ¿son capaces de conocer al Señor sin prestar atención a practicar Su palabra? ¿Son ellos los que hacen la voluntad del Señor? ¿Por qué dijo el Señor Jesús: “Jamás os conocí; apartaos de mi, los que practicáis la iniquidad” (Mateo 7:23)? ¡Este pasaje es de vital importancia; da mucho que pensar! Todos sabemos que, en aquel tiempo, los judíos fariseos habían viajado por mar y tierra. Habían sufrido mucho y pagado un alto precio. En apariencia, eran leales a Dios, pero, en realidad, solo se centraban en rituales y normas religiosos. No le daban importancia a practicar las palabras de Dios. No seguían Sus mandamientos e incluso los abandonaron. Lo que hacían y cómo se comportaban contradecía totalmente la intención de Dios y se desviaba de Su camino, así que el Señor Jesús los condenó y maldijo: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque recorréis el mar y la tierra para hacer un prosélito, y cuando llega a serlo, lo hacéis hijo del infierno dos veces más que vosotros” (Mateo 23:15). Evidentemente, la idea de que “si una persona trabaja mucho para el Señor, será llevada al reino de los cielos cuando Él venga” es meramente la noción e imaginación del hombre, que no concuerda en absoluto con las palabras del Señor. Hacemos bien en buscar la salvación y nuestra entrada en el reino de los cielos, pero debemos hacerlo según las palabras definitivas del Señor Jesús. Si ignoramos Sus palabras, pero adoptamos la práctica de Pablo como nuestro objetivo, ¿cómo podemos esperar ganarnos la aprobación del Señor? Si los creyentes del Señor entendemos estos dos pasajes de la escritura, sabremos exactamente cuál es el camino hacia el reino de los cielos.

De hecho, antes de aceptar la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días, todos nosotros teníamos estas nociones y fantasías en nuestra fe en el Señor. Asumimos que, siempre que nos aferrásemos al nombre del Señor, lo sacrificásemos todo, trabajásemos y predicásemos en el nombre del señor, estaríamos practicando Su palabra y siguiendo Su camino y estábamos seguros de que seríamos llevados al reino de los cielos cuando Él venga. Más tarde, tras aceptar la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días, leí Sus palabras: “En lo que se refiere a la obra, el hombre cree que consiste en correr de un lado a otro para Dios, predicar por todas partes y esforzarse por Él. Aunque esta creencia es correcta, es demasiado parcial; lo que Dios le pide al hombre no es únicamente que corra de un lado a otro para Él; más allá de esto, esta obra tiene que ver con el ministerio y la provisión dentro del espíritu. […] La obra no se refiere a correr de un lado a otro para Dios, sino a si la vida del hombre y lo que este manifiesta pueden dar disfrute a Dios. La obra se refiere a que las personas utilicen su devoción a Dios y su conocimiento de Él para dar testimonio de Dios y, también, para pastorear al hombre. Esta es la responsabilidad del hombre y es lo que todo hombre debe entender. Se podría decir que vuestra entrada es vuestra obra y que estáis buscando entrar en el transcurso de obrar para Dios. Experimentar la obra de Dios no significa, solamente, que sabes cómo comer y beber de Su palabra; lo más importante, debes saber cómo dar testimonio de Dios y poder servirle y pastorear y proveer al hombre. Esto es obra y también vuestra entrada; es lo que toda persona debe lograr. Hay muchas personas que solo se centran en correr de aquí para allá para Dios y en predicar por todas partes, pero pasan por alto su experiencia individual y descuidan su entrada a la vida espiritual. Esto es lo que ha llevado a quienes sirven a Dios a convertirse en quienes se resisten a Él” (‘La obra y la entrada (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”). Tras leer las palabras de Dios Todopoderoso, me di cuenta de que el requisito de Dios para nuestro trabajo es más que solamente sufrir, correr de aquí para allá y dedicarnos a Él. Lo más importante es que podamos experimentar la palabra de Dios y seamos capaces de hablar acerca de nuestras experiencias reales de la palabra de Dios en nuestro trabajo y predicación para guiar a nuestros hermanos y hermanas a la realidad de la palabra de Dios. Solo este tipo de obra satisface a Dios. En retrospectiva, en los muchos años que había creído en el Señor, a pesar de haber viajado a diversos lugares para trabajar y predicar en el nombre del Señor, a pesar de la lluvia y las tormentas, y de haber sufrido un poco y pagado el precio, no había prestado atención a practicar y experimentar las palabras del Señor. No era capaz de hablar de mis testimonios de experiencia sobre practicar la palabra del Señor. Solo podía hablar de algunas palabras y doctrinas vacías de la Biblia, y enseñar a los hermanos y las hermanas a seguir algunos rituales y normas religiosos. ¿Cómo podría esto llevar a los hermanos y las hermanas a la realidad de la palabra de Dios? Además, cuando trabajaba y predicaba, siempre me jactaba para que los hermanos y las hermanas me admirasen. Siempre traicionaba las exigencias del Señor y seguía mi propia voluntad en el trabajo. Solo porque me había gastado y había sufrido un poco por el Señor, supuse que era el único que más lo amaba y el que más fiel le era. Era tan descarado que exigía a Dios la bendición del reino de los cielos. Era tan arrogante que menospreciaba a los hermanos y las hermanas que eran débiles y negativos. Solo había prestado atención a trabajar con fervor para el Señor, sin estar atento a practicar ni experimentar Su palabra. Como resultado, a pesar de haber seguido al Señor durante años, no sabía nada sobre Él y no tenía ningún temor de Dios, por no hablar de transformar de mi carácter de vida. Como había creído muchos años en el Señor, me había dedicado a Él y sufrido mucho por Él, cada vez era más arrogante y desobediente con todo el mundo. Incluso mentía y engañaba siempre a los demás, lo que revelaba el carácter de Satanás en cada oportunidad. Aunque estaba trabajando tan duro, este trabajo no tenía nada de la práctica de la palabra del Señor ni de la obediencia a Él. ¿Cómo iba a lograr con esto entendimiento de Dios? Para alguien como yo, sin la realidad de la verdad ni la comprensión de Dios, ¿acaso no era todo lo que hacía humillar al Señor y oponerme a Él? ¿Cómo podría estar exaltando al Señor y dando testimonio de Él? Como dijo el Señor Jesús: “Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’ Y entonces les declararé: ‘Jamás os conocí; apartaos de mi, los que practicáis la iniquidad’” (Mateo 7:22-23). ¿Acaso todos esos hacedores de maldad condenados por el Señor Jesús no se entregaron externamente al Señor? No habían violado ninguna ley ni cometido ningún pecado. ¿Por qué el Señor Jesús los llamó hacedores de maldad? Porque todo su duro trabajo tenía la intención de recibir bendiciones. No eran verdaderamente obedientes a Dios. Solo tras experimentar la obra de Dios Todopoderoso, entendí el verdadero significado de la palabra del Señor Jesús y me di cuenta de que por muchos años que hayamos creído en el Señor y por mucho que hayamos trabajado, si no experimentamos el juicio y castigo de Dios en los últimos días, nunca podremos obedecer y adorar a Dios verdaderamente, ni convertirnos en personas que son obedientes a Él. Esto es completamente cierto.

Echemos un vistazo a los pastores y ancianos religiosos. Aunque pueden dejarlo todo para trabajar para el Señor, ¿cuál es la obra que están haciendo? ¿Cuál es la naturaleza de su obra? Llevan creyendo en el Señor muchos años, nunca han buscado la verdad y no han sido capaces de recibir la obra del Espíritu Santo ni de resolver los problemas prácticos de nuestra fe en Dios y de la entrada en la vida. Suelen hablar de doctrinas bíblicas vacías para engañar y embaucar a los creyentes y dan testimonio de lo lejos que han viajado, de cuánto han trabajado, de cuánto han sufrido, de cuántas iglesias han construido por el Señor, etc., para establecer su propia imagen para que la gente la venere y la siga. A consecuencia de ello, tras escuchar su predicación durante tantos años, los hermanos y las hermanas no solo no entienden la verdad ni conocen a Dios, sino que veneran y siguen a estos pastores y ancianos religiosos, y de manera inconsciente se han embarcado en el camino de venerar al hombre y traicionar a Dios. ¿Siguen los pastores y ancianos el camino del Señor con este trabajo y dedicación? ¿Acaso no hacen el mal y se oponen al Señor? Especialmente para la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días, la mayoría de los pastores y ancianos saben que todas Sus palabras son la obra del Espíritu Santo, pero no buscan ni estudian Sus palabras ni Su obra. En cambio, se inventaron rumores de manera desenfrenada, difundieron todo tipo de falacias para condenar y oponerse a Dios Todopoderoso, y encerraron los círculos religiosos en un estado de hermetismo impenetrable para proteger su estatus y sustento. No dejan que nadie busque ni estudie el camino verdadero e impiden que la gente que difunde el evangelio del reino dé testimonio de la obra de Dios en la iglesia, e incluso se confabulan con el malvado Partido Comunista de China para capturar y perseguir a quienes dan testimonio de Dios Todopoderoso. ¿Acaso no están estas acciones descaradas en contra de Dios? ¡Sus obras malvadas contra Dios son todavía peores que la manera en que los fariseos se habían opuesto al Señor Jesús en el pasado! Según estos hechos, ¿podemos continuar diciendo que gastarse y trabajar duro en nombre del Señor equivale a seguir la voluntad de Dios? ¿Podemos continuar diciendo que alguien es apto para ser llevado al reino de los cielos siempre y cuando se aferre al nombre del Señor, mantenga el camino del Señor y viaje y se gaste por Él? Echemos un vistazo a las palabras de Dios Todopoderoso para comprenderlo mejor.

Dios Todopoderoso dice: “Dices que siempre has sufrido mientras sigues a Dios, que lo has seguido contra viento y marea y que has compartido con Él los buenos y los malos momentos, pero no has vivido las palabras pronunciadas por Dios; solo quieres ir de un lado a otro por Dios y esforzarte por Él todos los días y nunca has pensado vivir una vida que tenga sentido. También dices: ‘En cualquier caso, creo que Dios es justo. He sufrido por Él, he ido de un lado a otro por Él y me he dedicado a Él y me he esforzado mucho a pesar de no recibir ningún reconocimiento; seguro se debe acordar de mí’. Es verdad que Dios es justo, pero Su justicia no está manchada con ninguna impureza: no contiene voluntad humana alguna y no está manchada por la carne o por las transacciones humanas. Todos los que son rebeldes y se oponen y no actúan conforme a Su camino serán castigados; ¡ninguno será perdonado y ninguno será pasado por alto!” (‘Las experiencias de Pedro: su conocimiento del castigo y del juicio’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Debes saber qué tipo de personas deseo; los impuros no tienen permitido entrar en el reino, ni mancillar el suelo santo. Aunque puedes haber realizado muchas obras y obrado durante muchos años, si al final sigues siendo deplorablemente inmundo, entonces ¡será intolerable para la ley del Cielo que desees entrar en Mi reino! Desde la fundación del mundo hasta hoy, nunca he ofrecido acceso fácil a Mi reino a cualquiera que se gana mi favor. Esta es una norma celestial ¡y nadie puede quebrantarla! Debes buscar la vida. Hoy, las personas que serán perfeccionadas son del mismo tipo que Pedro; son las que buscan cambios en su carácter y están dispuestas a dar testimonio de Dios y a cumplir con su deber como criaturas de Dios. Solo las personas así serán perfeccionadas. Si solo esperas recompensas y no buscas cambiar tu propio carácter vital, entonces todos tus esfuerzos serán en vano. ¡Y esta verdad es inalterable!” (‘El éxito o el fracaso dependen de la senda que el hombre camine’ en “La Palabra manifestada en carne”). La palabra de Dios Todopoderoso lo dice claramente: Dios es santo y justo y prohíbe completamente la entrada en Su reino a los inmundos y corruptos.

Extracto de “Preguntas y respuestas clásicas sobre el Evangelio del Reino”

Muchas personas están preguntando: “Trabajamos duro para el Señor y nos adherimos a Su nombre y Su camino. ¿Por qué no podemos entrar al reino de los cielos?” No sólo se trata de si seguimos la voluntad de Dios. Lo más importante es que nuestra naturaleza pecaminosa no se ha resuelto. Por lo tanto, es necesaria la experiencia del juicio de Dios en los últimos días para recibir la purificación para lograr un cambio en el carácter de vida y convertirse en una persona que obedece la voluntad del Padre celestial. Sólo así puede ser elegible para entrar al reino de los cielos. ¿Podemos ahora entender por qué a menudo cometemos pecados durante el día y los confesamos en la noche y nunca conseguimos renunciar al pecado? La raíz es nuestra naturaleza de Satanás, que a menudo nos domina para resistir a Dios y rebelarnos contra Él. Incluso si confesamos a menudo nuestros pecados y nos arrepentimos ante el Señor, no podemos romper con las ataduras del pecado. Tal es el dilema y el estatus quo de todos los creyentes en el Señor. Porque en la Era de la Gracia, el Señor Jesús sólo llevó a cabo la obra de redención para que el hombre pudiera ser perdonado de su pecado y apto para orar a Dios, tener comunión con Él y disfrutar de Su gracia y bendiciones. Pero la obra de redención del Señor Jesús sólo perdonó nuestros pecados sin absolver nuestra naturaleza satánica. Aunque pudiéramos trabajar duro en el nombre del Señor, ir de acá para allá y entregarnos, seguiríamos sin poder liberarnos del control y las ataduras del pecado. Entonces el Señor Jesús dijo que en los últimos días regresaría, para resolver nuestra naturaleza pecaminosa y carácter satánico. En los últimos días, Dios Todopoderoso ha venido para llevar a cabo Su obra de juicio y purificación del hombre con base en el fundamento de la obra de redención en la Era de la Gracia. Al expresar la verdad, Dios revela y juzga la naturaleza satánica del hombre y purifica su carácter satánico, para que podamos ser completamente liberados de la influencia de Satanás y Él nos pueda salvar y ganar. Leamos las palabras de Dios Todopoderoso: “Antes de que el hombre fuera redimido, muchos de los venenos de Satanás ya habían sido plantados en su interior, y, después de miles de años de ser corrompido por Satanás, el hombre ya tiene dentro de sí una naturaleza establecida que se resiste a Dios. Por tanto, cuando el hombre ha sido redimido, no se trata más que de un caso de redención en el que se le ha comprado por un alto precio, pero la naturaleza venenosa que existe en su interior no se ha eliminado. El hombre que está tan contaminado debe pasar por un cambio antes de volverse digno de servir a Dios. Por medio de esta obra de juicio y castigo, el hombre llegará a conocer plenamente la esencia inmunda y corrupta de su interior, y podrá cambiar completamente y ser purificado. Sólo de esta forma puede ser el hombre digno de regresar delante del trono de Dios. Toda la obra realizada este día es con el fin de que el hombre pueda ser purificado y cambiado; por medio del juicio y el castigo por la palabra, así como del refinamiento, el hombre puede desechar su corrupción y ser purificado. En lugar de considerar que esta etapa de la obra es la de la salvación, sería más apropiado decir que es la obra de purificación. En verdad, esta etapa es la de la conquista, así como la segunda etapa en la obra de la salvación. El hombre llega a ser ganado por Dios por medio del juicio y el castigo por la palabra, y es por medio del uso de la palabra para refinar, juzgar y revelar que todas las impurezas, las nociones, los motivos y las aspiraciones individuales dentro del corazón del hombre se revelan completamente” (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Aunque Jesús hizo mucha obra entre los hombres, sólo completó la redención de toda la humanidad y se convirtió en la ofrenda por el pecado del hombre; no lo libró de la totalidad de su carácter corrupto. Salvar al hombre totalmente de la influencia de Satanás no sólo requirió que Jesús se convirtiera en la ofrenda por el pecado y cargara con los pecados del hombre, sino también que Dios realizara una obra incluso mayor para librar completamente al hombre de su carácter satánicamente corrompido. Y, así, ahora que el hombre ha sido perdonado de sus pecados, Dios ha vuelto a la carne para guiar al hombre a la nueva era, y comenzó la obra de castigo y juicio. Esta obra ha llevado al hombre a una esfera más elevada. Todos los que se someten bajo Su dominio disfrutarán una verdad más elevada y recibirán mayores bendiciones. Vivirán realmente en la luz, y obtendrán la verdad, el camino y la vida” (‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”). De las palabras de Dios Todopoderoso, nos damos cuenta de que hemos sido profundamente corrompidos por Satanás. La naturaleza de Satanás está profundamente metida en nosotros. Aunque nuestros pecados fueron perdonados por medio de la obra de redención del Señor Jesús, y pudimos vivir ante Dios por la gracia del Señor Jesús, seguimos viviendo en el carácter satánico y no podemos practicar la palabra de Dios y llevar nuestras vidas según la palabra de Dios, porque la naturaleza de Satanás en nosotros no se ha resuelto. Este no es el tipo de personas que Dios finalmente ganará. Las personas que Dios ganará son aquellas que han sido purificadas de su carácter corrupto, aquellas que están libres de corrupción y son obedientes a la voluntad de Dios. Entonces seguimos necesitando la obra de juicio de Dios Todopoderoso para resolver las raíces de nuestros pecados, es decir, el carácter satánico dentro de nosotros. Cuando nuestro carácter satánico ha sido purificado, nuestra separación de la influencia de Satanás ha sido completa, y podemos verdaderamente obedecer y adorar a Dios, entonces realmente seremos salvos y ganados por Dios, y seremos aptos para la promesa de Dios de entrar en Su reino. No hay duda al respecto.

Extracto de “Preguntas y respuestas clásicas sobre el Evangelio del Reino”

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