Ya no me preocupa mi falta de dones y talentos

30 May 2026

Por Emilia, Italia

En los últimos años, he estado haciendo mi deber como actriz, grabando videos de testimonios vivenciales. Más adelante, algunos de los hermanos y hermanas que hacían el mismo deber que yo empezaron a formarse en canto y baile, además de grabar videos de testimonios vivenciales. Me daba mucha envidia ver lo polifacéticos que eran, y pensaba: “Debe ser genial tener tantos dones y talentos. Puedes salir en todo tipo de videos y ganarte la admiración y los elogios de más hermanos y hermanas. La gente siempre habla de las personas con muchos talentos con esa envidia y cariño”. Empecé a desear que, algún día, yo también pudiera salir en otros videos y ganarme la admiración de mis hermanos y hermanas. Eso me parecía una forma de vivir impresionante. Hace un tiempo, vi que la líder dispuso que dos hermanas grabaran una demo para un himno en otro idioma, y pensé: “He estudiado idiomas antes, así que ¿no podría cantarlo yo también? ¿Por qué la líder no me pidió que hiciera la prueba?”. Ver a las hermanas ensayando me decepcionó un poco, y pensé: “¡Qué impresionante sería si pudiera subir a un escenario para cantar! Entonces sí que me admirarían los hermanos y hermanas”. Luego me enteré de que otros tres hermanos y hermanas iban a cantar himnos en otros idiomas. Sentí otra punzada de decepción y tristeza, y hasta me quejé un poco: “No tengo ningún otro talento, así que lo único que puedo hacer es grabar videos de testimonios vivenciales. Nunca pasaré de aquí. ¿Qué pensarán los demás de mí? Seguro que no tengo mucho peso en el corazón de los hermanos y hermanas”. Después me fijaba en los hermanos y hermanas que sabían cantar y bailar, y que se lucían tanto en el escenario. Todo el mundo los admiraba mucho y les prestaba muchísima atención. Eso me dejaba un sabor muy amargo, y solo anhelaba que llegara el día en que yo también pudiera hacer el deber de canto o de baile.

Un día, por fin llegó mi oportunidad. Una hermana me pidió que grabara una demo de canto para ver si podía hacer un deber en esa área. Me puse contentísima. Pensé: “Realmente tengo que aprovechar esta oportunidad. Si me eligen, yo también podré cantar en el escenario. ¡Qué impresionante sería! Los hermanos y hermanas sin duda me admirarían y envidiarían”. Pero cuando efectivamente intenté cantar, me di cuenta de lo mucho que me faltaba. A veces desafinaba y mi registro vocal era limitado. Le envié la demo terminada a la hermana y me aferré a la vaga esperanza de recibir un mensaje que dijera que podía cantar a tiempo parcial. Pero al final, quedó en la nada; nunca recibí respuesta.

Poco después, la líder nos pidió a otra hermana y a mí que grabáramos unas demos de baile en solitario, y dijo que planeaban grabar un programa de danza yangge la próxima vez. Pensé: “La danza yangge es un baile folclórico de mi pueblo natal. Aunque nunca la estudié a nivel profesional, solía bailarla mucho de niña. Sería genial si me eligieran para ese baile”. Pero cuando realmente me puse a bailar, me costaba mantener el equilibrio, me faltaba coordinación en las extremidades y mis movimientos y gestos no eran correctos. Me costó dos sesiones de práctica para más o menos aprenderlo, pero no bailaba bien y, en algunos momentos, movía el brazo y la pierna del mismo lado. Más tarde, eligieron a la hermana que había grabado las demos conmigo. Esta hermana no solo podía grabar videos de testimonios vivenciales, sino también trabajar como directora. Antes actuaba en diálogos cómicos, cantaba bien e incluso sabía tocar instrumentos musicales. Y ahora, estaba empezando a bailar. ¡Era realmente muy polifacética! ¡Los demás tienen muchísimos talentos! Durante ese tiempo, solía fantasear con tener muchos dones y talentos diferentes: no solo saber cantar y bailar, sino también poder tocar varios instrumentos musicales y verme realmente impresionante en el escenario. Un día, estaba sirviendo la comida en la cocina cuando oí de casualidad a una hermana decirle con entusiasmo a una de las bailarinas: “Pronto vas a salir al escenario a bailar, ¡qué maravilla! ¿Ya te has probado el vestuario?…”. Al escuchar cómo se interesaba por la hermana, sentí una punzada de celos mezclados con decepción. Me quedé ahí de pie, sintiéndome un poco incómoda, y pensé: “Siempre son las personas polifacéticas las que se llevan toda la atención. En comparación, yo no sé cantar ni bailar. Lo único que sé hacer es grabar videos de testimonios vivenciales, ¡lo cual no tiene nada de especial!”. Me sentía fatal por dentro. De a poco, mi actitud hacia la grabación de videos de testimonios vivenciales se volvió cada vez más displicente. Dejé de poner el corazón en confiar en Dios para contar bien los testimonios y me limitaba a grabarlos de forma mecánica. También perdí las ganas de hablar mucho con los hermanos y hermanas que sabían cantar y bailar. En mi corazón, sentía una barrera entre ellos y yo; sentía que era inferior a ellos y también les tenía envidia y celos. Un día, pensé en un pasaje de las Escrituras: “¿Dirá acaso el objeto modelado al que lo modela: Por qué me hiciste así? ¿O no tiene el alfarero derecho sobre el barro de hacer de la misma masa un vaso para uso honorable y otro para uso ordinario?” (Romanos 9:20-21). Este pasaje me conmovió realmente, y me di cuenta de que me faltaba muchísima razón. Todos mis dones y talentos fueron preordinados por Dios; no debería hacer exigencias irracionales ni tener deseos extravagantes. ¡Estar siempre insatisfecha con mis propias habilidades era oponerme y resistirme a Dios! Durante ese tiempo, oraba a Dios a menudo y quería resolver mi problema.

Un día, leí las palabras de Dios y logré comprender un poco las perspectivas que había detrás de mis búsquedas. Dios Todopoderoso dice: “Mucha gente no comprende la verdad ni la persigue. ¿Cómo tratan el cumplimiento del deber? Lo tratan como una especie de trabajo, una especie de pasatiempo o una inversión en favor de su interés. No lo tratan como una misión o una tarea encomendada por Dios, o una responsabilidad que han de satisfacer. Menos aún tratan de comprender la verdad o las intenciones de Dios a la par que cumplen sus deberes, a fin de poder desempeñarlos bien y completar la comisión de Dios. […] ¿Las personas así pueden ganar la verdad? No ponen en práctica la verdad cuando se trata de cumplir con sus deberes ni se esfuerzan en lo que respecto a la verdad. Para ellos, la hierba siempre es más verde al otro lado de la valla. Hoy quieren hacer esto, mañana lo otro, y creen que los deberes de los demás son mejores y más fáciles que los propios. Y, aun así, no se esfuerzan en lo que respecta a la verdad. No piensan en los problemas que conllevan estas ideas suyas ni buscan la verdad para solventar problemas. Su mente está centrada en todo momento en cuándo se harán realidad sus propios sueños, en quién está en el candelero, en quién recibe el reconocimiento de lo Alto, en quién obra sin que lo poden y consigue un ascenso. Su mente está llena de cosas así. ¿Las personas que no dejan de pensar en estas cosas pueden desempeñar sus deberes acorde al estándar? Nunca lo conseguirán. Entonces, ¿qué clase de personas cumplen sus deberes de esta manera? ¿Son personas que persiguen la verdad? En primer lugar, una cosa es segura: la gente de este tipo no persigue la verdad. Busca gozar de algunas bendiciones, hacerse famosa y acaparar la atención en la casa de Dios, igual que cuando se desenvolvían en sociedad. En términos de esencia, ¿qué clase de personas son estas? Son incrédulos. Los incrédulos cumplen sus deberes en la casa de Dios como si ejercieran un trabajo en el mundo exterior. Se preocupan por quién asciende, por quién se convierte en jefe de equipo, por quién se convierte en líder de la iglesia, por quién recibe los elogios de todo el mundo por su labor, por quién es ensalzado y mencionado. Se preocupan por estas cuestiones. Es como en una empresa: quién asciende, quién obtiene un aumento, quién recibe los elogios del jefe y quién se vuelve cercano al jefe; estas son las cuestiones que le importan a la gente. Si buscan estas mismas cosas en la casa de Dios y se pasan todo el día preocupándose por ellas, ¿acaso no son iguales que los no creyentes? En esencia, son no creyentes; son incrédulos típicos. Sea cual sea el deber que cumplan, se limitarán a ser mano de obra y actuar de un modo superficial. Oigan los sermones que oigan, seguirán sin aceptar la verdad, y menos aún la pondrán en práctica. Han creído en Dios durante muchos años sin experimentar ningún cambio y, pasen el tiempo que pasen cumpliendo sus deberes, serán incapaces de ofrecer su lealtad. No poseen verdadera fe en Dios, carecen de lealtad, son incrédulos(La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 8: Quieren que los demás se sometan solo a ellos, no a la verdad ni a Dios (I)). El desenmascaramiento de las palabras de Dios me hizo sentir profundamente avergonzada. En la sociedad, los no creyentes siempre buscan el reconocimiento de sus superiores o la admiración de los demás. Y ahí estaba yo; después de creer durante muchos años, seguía persiguiendo esas cosas igual que una no creyente. Mi perspectiva sobre las cosas no había cambiado en lo más mínimo. Siempre me fijaba en quién cantaba, quién bailaba o quién tenía un talento en particular que se ganara la admiración y los elogios de los hermanos y hermanas. Me centraba en esas cosas a diario. Ver a los hermanos y hermanas a mi alrededor con tantos talentos, capaces de cooperar para hacer diversos deberes, me daba muchísima envidia. Yo realmente quería tener esos dones y talentos también para poder actuar en el escenario y lucirme. Cuando más tarde me pidieron que grabara demos de canto y de baile, me sentí decepcionada y angustiada porque carecía de esos talentos y no podía realizar esos deberes. Me quejaba de por qué Dios no me había dado esos dones y talentos, y me preguntaba por qué era inferior a los demás. Hasta empecé a tomarme mi deber actual a la ligera. Constantemente buscaba tener diferentes dones y talentos para satisfacer mi ambición y mi deseo de destacar y llamar la atención. ¡Estaba descuidando el deber que me correspondía y no iba por la senda correcta! La verdad es que, no importa el talento que uses ni en qué deber, todo tiene como propósito predicar el evangelio y dar testimonio de Dios, para que más personas puedan volver ante Él y aceptar Su salvación. Esta es la intención de Dios, y no tiene nada que ver con la reputación ni el estatus. Pero yo siempre sentía que solo podría ganarme la admiración de más personas si tenía una gran variedad de talentos, si se me daba bien cantar y bailar, y si era polifacética. Mi punto de vista era el mismo que el de un no creyente: ¡era el punto de vista de una incrédula!

Más tarde, leí dos pasajes de las palabras de Dios y logré comprender un poco la raíz de mi constante búsqueda de dones y talentos. Dios Todopoderoso dice: “El aprecio de los anticristos por su reputación y estatus va más allá del de la gente corriente y forma parte de su esencia-carácter; no es un interés temporal ni un efecto transitorio de su entorno, sino algo que está dentro de su vida, de sus huesos y, por lo tanto, es su esencia. Es decir, en todo lo que hacen los anticristos, lo primero en lo que piensan es en su reputación y su estatus, nada más. Para los anticristos, la reputación y el estatus son su vida y el objetivo que persiguen a lo largo de toda su existencia. […] Se puede decir que, para los anticristos, la reputación y el estatus no son un requisito añadido ni mucho menos cosas que son externas a ellos de las que podrían prescindir. Forman parte de la naturaleza de los anticristos, los llevan en los huesos, en la sangre, son innatos en ellos. Los anticristos no son indiferentes a la posesión de reputación y estatus; su actitud no es esa. Entonces, ¿cuál es? La reputación y el estatus están íntimamente relacionados con su vida diaria, con su estado diario, con aquello que buscan día tras día. Para los anticristos, el estatus y la reputación son su vida. Sin importar cómo vivan, el entorno en que vivan, el trabajo que realicen, lo que busquen, los objetivos que tengan y su rumbo en la vida, todo gira en torno a tener una buena reputación y un estatus alto. Y este objetivo no cambia, nunca pueden dejar de lado tales cosas(La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 9 (III)). “¿Por qué valoras tanto el estatus? ¿Qué beneficios puedes obtener del estatus? Si el estatus te condujera a desastres, dificultades, vergüenza y dolor, ¿lo seguirías atesorando? (No). Hay tantos beneficios que se obtienen al tener estatus, como la envidia, el respeto, el aprecio y los halagos de los demás, así como su admiración y veneración. El estatus también te brinda una sensación de superioridad y privilegio que te confiere orgullo y una sensación de valía personal. Además, puedes también disfrutar de ciertas cosas que otros no pueden, como los beneficios del estatus y el trato especial. Estas son cosas en las que ni siquiera te atreves a pensar, y son aquello que has anhelado en sueños. ¿Valoras estas cosas? Si el estatus es meramente vano, sin significado real, y defenderlo no sirve para nada, ¿acaso no es una tontería valorarlo? Si puedes dejar de lado cosas como los intereses y los placeres de la carne, entonces la fama, la ganancia y el estatus ya no te atarán(La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 8: Quieren que los demás se sometan solo a ellos, no a la verdad ni a Dios (II)). Dios expone que los anticristos valoran especialmente la reputación y el estatus. Sin importar lo que digan o hagan, todo lo hacen para ganarse la admiración y el apoyo de los demás, y para disfrutar de la sensación de superioridad que conllevan la reputación y el estatus. Al reflexionar sobre mí misma, vi que estaba recorriendo la senda de un anticristo. Había estado viviendo según venenos satánicos como: “El hombre deja su reputación allá por donde va, de la misma manera que un ganso grazna allá por donde vuela” y “El hombre lucha hacia arriba; el agua fluye hacia abajo”. Le daba muchísima importancia a la reputación y al estatus, y siempre quería que los demás me admiraran entre la multitud, pues creía que esa era la única forma de vivir una vida valiosa. En los últimos años, había grabado muchos videos de testimonios vivenciales. Algunos hermanos y hermanas que me conocían por primera vez me decían cosas como: “Te veo muy a menudo en los videos” o “Veía los videos que grababas cuando recién empecé a creer en Dios”. Cada vez que oía eso, me ponía inmensamente feliz y realmente disfrutaba que los demás se fijaran en mí y me admiraran. Me sentía especialmente decepcionada y angustiada al ver a los hermanos y hermanas de mi entorno cantar y bailar, viéndose tan increíbles y disfrutando de ser el centro de atención; mientras que, en cambio, yo no sabía cantar ni bailar y solo podía grabar videos de testimonios vivenciales, lo cual no llamaba tanto la atención. En particular, oír a otra hermana saludar con cariño a una de las bailarinas mientras nadie me notaba me dejó un sabor de boca aún peor. Sentía que yo era invisible. Empecé a desear tener una gran variedad de dones y talentos, para así yo también poder salir en diferentes videos y recibir la admiración y el trato preferencial de quienes me rodeaban, igual que los demás hermanos y hermanas. Más tarde, la iglesia sí me dio la oportunidad de grabar demos de canto y de baile, pero los hechos demostraron que no se me daban bien. Eso me hizo perder aún más la esperanza de poder destacar algún día, y me decepcioné y angustié por ello. Mi actitud hacia la grabación de videos de testimonios vivenciales se volvió displicente, y hasta me quejaba de haber nacido en el campo en una familia pobre, y de no haber aprendido nunca a cantar, bailar ni tocar ningún instrumento. En realidad, esas quejas y mi insatisfacción con mi situación actual eran, básicamente, quejas e insatisfacción hacia Dios. Poder grabar videos de testimonios vivenciales ya era una gran gracia de Dios, pero yo no me daba por satisfecha. Siempre me estaba comparando con los demás, perseguía sin descanso la reputación y el estatus, y culpaba a Dios cuando no los conseguía. ¡Realmente era muy rebelde! Al darme cuenta de esto, logré comprender un poco las perspectivas falaces que había detrás de mi búsqueda, y también entendí que Dios les da dones y talentos a las personas para ayudarlas a hacer mejor sus deberes. Pero yo siempre quería usar mis talentos y dones para buscar la admiración y el apoyo de los demás, y para buscar tener estatus en sus corazones. Eso era resistirme a Dios, algo que Él detesta y aborrece, y si seguía por esa senda, Dios me maldeciría y castigaría. Me sentí un poco asustada y estuve dispuesta a cambiar mi estado equivocado.

Más tarde, leí las palabras de Dios y logré entender Sus intenciones. Dios Todopoderoso dice: “Si Dios te hizo necio, entonces tu necedad tiene sentido; si te hizo inteligente, entonces tu inteligencia tiene sentido. Cualesquiera que sean los puntos fuertes que Dios te concediera, da igual lo que se te dé bien, sea cual sea tu coeficiente intelectual, Dios tiene Su propósito al hacerlo así. Todas estas cosas fueron preordinadas por Dios. Él también preordinó hace mucho tiempo el papel que desempeñas en tu vida y el deber que puedes realizar(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Los principios que deben guiar la conducta propia de una persona). “Si Él te da un calibre promedio, no puedes hacer un trabajo muy importante, así que no puedes volverte arrogante. Esto es para protegerte. Con el calibre promedio que se te concede, no tienes capital del que presumir ni eres capaz de hacer contribuciones trascendentales. Siempre tienes que pensar: ‘Mi calibre es promedio; no soy bueno en este campo ni en aquel. Debo ser prudente y buscar los principios-verdad al hacer mi deber’. Cuando te parece que tienes carencias en todos los aspectos, te comportas mucho mejor y te atienes mucho más a las reglas, eres mucho más discreto. Por ejemplo, sea cual sea el trabajo que hagáis, ya seáis supervisores o miembros corrientes, si durante cierto periodo tu trabajo funciona con relativa fluidez, da algunos resultados, los logros son relativamente destacados y recibes afirmación de lo Alto, ¿cuál sería tu mentalidad? (Nos volveríamos engreídos, nos parecería que somos buenos y ya no buscaríamos fácilmente la verdad). Entonces se te haría difícil seguir las reglas y mantener la sensatez al comportarte. Esta es una tentación muy peligrosa para ti, no es una buena señal(La Palabra, Vol. VII. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (7)). A partir de las palabras de Dios, entendí que los dones y talentos que tiene cada persona y el deber que puede realizar están preordinados por Dios. Debería tener algo de razón, ocupar mi lugar como ser creado y saber cuál es mi sitio mientras hago bien mi deber. Solo esto está de acuerdo con la intención de Dios. Además, Dios dice: “Esto es para protegerte”. Al reflexionar sobre estas palabras, me sentí bastante conmovida. Los puntos fatales y las actitudes corruptas de cada persona son diferentes. Algunos, que hacen su deber igual que yo, tienen muchos dones y talentos, y aun así pueden ir por la senda correcta, perseguir la verdad y hacer bien su deber con los pies en la tierra. Sin embargo, mi deseo de reputación y estatus era muy fuerte, y durante años siempre había buscado destacar y que me admiraran. Si realmente tuviera muchos dones y talentos, me temo que me habría desviado, y Dios me habría puesto en evidencia y descartado hace mucho tiempo. Pensé en cómo hace dos años me volví arrogante y desconocía mi propio lugar en el universo porque llevaba mucho tiempo formándome en la grabación de videos de testimonios vivenciales. Me daba aires en mi deber y no aceptaba la guía ni la ayuda de los hermanos y hermanas. Al final, fui severamente desenmascarada, podada y advertida de que, si no me arrepentía, sería destituida. Solo entonces me volví rápidamente y reflexioné sobre mí misma. Ese fracaso sigue fresco en mi memoria hasta el día de hoy, y lo provocó el exceso de importancia que les daba a los dones y talentos, y mi constante sentimiento de superioridad. Pensar en esto me ayudó a entender que, si tuviera demasiados talentos, eso solo alimentaría mi carácter arrogante, y buscaría la reputación y el estatus con mucha más intensidad. Solo al no tener esos dones y talentos puedo hacer mi deber en un área conforme a las reglas y evitar ir por la senda que lleva a la destrucción. Esto es una forma de protección para mí. Darme cuenta de esto llenó mi corazón de gratitud. Por mucho que Dios me conceda, Sus pensamientos meticulosos y Sus buenas intenciones están en ello.

Después, leí las palabras de Dios y mi corazón se iluminó. Dios dice: “Dios ha dado a cada persona diferentes puntos fuertes y dones. Algunas personas tienen puntos fuertes en dos o tres ámbitos; otras tienen puntos fuertes en un ámbito y, las hay que no tienen ningún punto fuerte; si podéis abordar estas cuestiones de manera correcta, entonces poseéis razón. Una persona con razón sabrá encontrar su lugar, comportarse de acuerdo con su posición y hacer bien su deber. Una persona que jamás puede encontrar su lugar es una persona que siempre tiene ambición. Siempre busca estatus y beneficios en su corazón. Nunca está satisfecha con lo que tiene. A fin de obtener más ganancias, trata de tomar todo lo que puede; siempre quiere satisfacer sus deseos extravagantes. Piensa que si la gente tiene dones y buen calibre, debería disfrutar de más gracia de Dios, y que albergar algunos deseos extravagantes no es un error. ¿Este tipo de persona posee razón? ¿No es una desvergüenza tener siempre deseos extravagantes? Quien tiene conciencia y razón se da cuenta de que es una desvergüenza. Las personas que entienden la verdad no hacen estas tonterías. Si esperas cumplir con tu deber con devoción para retribuir el amor de Dios, eso no es un deseo extravagante. Esto se ajusta a la conciencia y a la razón de la humanidad normal. Esto hace feliz a Dios. Si de verdad deseas hacer bien tu deber, primero debes ocupar el lugar que te corresponde y, luego, hacer lo que puedas con todo tu corazón, con toda tu mente, con todas tus fuerzas, y dar lo mejor de ti; esto es acorde al estándar, y hay devoción al hacer un deber de esta manera. Esto es lo que un verdadero ser creado debe hacer. […] En la iglesia, algunas personas saben tocar la guitarra, otras el erhu y otras la batería. Si te interesa alguna de estas disciplinas, puedes aprender. Sea cual sea la habilidad o tecnología específica, siempre que te guste aprender y seas diestro, puedes aprender. Una vez que hayas aprendido una nueva habilidad, puedes servirte de ella para realizar un deber adicional, con lo cual no solamente complaces a la gente, sino también a Dios. Es una gran bendición adquirir más habilidades y contribuir más a la obra de la casa de Dios. No hay nada malo en aprender cosas nuevas mientras uno es joven y tiene buena memoria. Esto solo es beneficioso y no causa ningún daño. Es ventajoso para la ejecución de los deberes y la obra de la casa de Dios. Concentrarse en aprender varias cosas nuevas mientras se hace el deber significa que uno es diligente y responsable; es mucho mejor que aquellas personas que no se comprometen con su trabajo. Sin embargo, si llevas un tiempo aprendiendo algo y aún no lo entiendes, eso indica que no posees calibre en ese campo. Es igual que como algunas personas pueden bailar bien pero cantan desafinado y no tienen oído; esto es innato y no se puede cambiar. Esta situación debe afrontarse correctamente. Si sabes bailar, baila bien. Si tienes un corazón de alabanza a Dios, aunque desafines, a Dios no le importa. Mientras tengas alegría en tu corazón, con eso basta. Sean cuales sean tus puntos fuertes personales, es bueno que puedas ponerlos en práctica. Cumplir concienzudamente el deber que te corresponde, eso es lo que significa comportarte según tu posición(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Los principios que deben guiar la conducta propia de una persona). Después de leer las palabras de Dios, entendí que, sin importar cuántos dones o talentos tenga una persona, o si su calibre es bueno o malo, la única diferencia radica en los deberes y las funciones que cumple; en los deberes, no hay distinción de alto o bajo, noble o humilde. Además, Dios tiene diferentes exigencias para las personas en función de los distintos dones y talentos que les concede. Mientras podamos darlo todo y cumplir con devoción nuestros deberes, Dios estará satisfecho. Si nunca soy capaz de encontrar mi lugar adecuado, si siempre codicio lo que otros tienen y vivo constantemente en mi carácter corrupto mientras persigo la reputación y el estatus, tarde o temprano Dios me pondrá en evidencia y me descartará. Pensé en los hermanos y hermanas que escriben artículos de testimonios vivenciales. Algunos de ellos hacen deberes de acogida, otros hacen el deber de asuntos generales, y algunos son mayores. No tienen dones ni talentos, pero su actitud hacia sus deberes es sincera y práctica. Ponen el máximo cuidado en hacer bien sus deberes, se centran en perseguir la verdad y han escrito artículos de testimonios vivenciales. A Dios le agradan las personas así. Yo no tengo tantos talentos y solo puedo grabar videos de testimonios vivenciales. Esto fue preordinado por Dios, y es algo que puedo hacer. Si pongo mi corazón en ello, puedo hacerlo aún mejor, pero si no tengo los pies en la tierra, puede que ni siquiera sea capaz de hacer bien este deber. Así que le oré a Dios, dispuesta a cambiar mis búsquedas equivocadas y a valorar mi deber actual. Pensé en cómo cada artículo de testimonio vivencial es un testimonio de la experiencia de un hermano o hermana sobre la obra de Dios. Al poner mi corazón en presentar bien estos testimonios vivenciales, por un lado estoy dando testimonio de Dios, y por el otro, permito que muchas personas se beneficien de estos testimonios y se edifiquen con ellos. ¡Este es un deber muy importante y significativo! Cuando después de eso grabé videos de testimonios vivenciales, cambié de actitud, me centré en intentar comprender la psicología del autor para meterme en el personaje y fui meticulosa en cada detalle. Aunque los videos terminados aún tenían defectos y deficiencias, me sentí tranquila y disfruté del proceso en mi corazón. También me di cuenta de que, sin importar el deber que haga, mientras use lo que tengo y dé lo mejor de mí, estoy ocupando el lugar que me corresponde. Al mismo tiempo, debo centrarme en perseguir la verdad para resolver mis actitudes corruptas en el proceso de hacer mi deber; no debo depender de mis propios dones y talentos en mi deber, sino confiar en Dios para obtener la guía del Espíritu Santo, mejorar mis habilidades profesionales dentro de los límites de mi propio calibre y poner mi corazón en hacer bien mi deber. Esto está de acuerdo con las intenciones de Dios.

Más tarde, una hermana que también había grabado videos de testimonios vivenciales se fue a cantar himnos en otro idioma. Volví a sentirme un poco decepcionada, pero me di cuenta de que mi forma de pensar era errónea. Le oré a Dios en mi corazón para que me protegiera de ser perturbada y le pedí que me guiara para desprenderme de las perspectivas falaces que había detrás de mi búsqueda. Pensé en que era la preordinación de Dios que mi hermana tuviera este talento, y que yo no debería competir ni sentirme decepcionada. En la casa de Dios, todos cumplen su propia función en sus deberes. Al pensar de esta manera, logré desprenderme un poco. Me acordé de las palabras de Dios: “Aborda tu calibre correctamente. No te quejes. Lo que te haya dado Dios, eso es lo que te pedirá. Lo que Dios no te haya dado, no te lo va a exigir. Por ejemplo, si Dios te ha concedido un calibre promedio o escaso, no requiere de ti que seas líder, jefe de equipo ni supervisor. Sin embargo, si Dios te ha dado elocuencia, la capacidad de expresarte o cierto don y requiere de ti que hagas un trabajo relacionado con este don, entonces deberías hacerlo bien. No falles a la hora de estar a la altura de las condiciones que te ha dado Dios. Debes estar a la altura de lo que te ha concedido, darle pleno uso y aplicarlo bien y a cosas positivas, así como producir resultados valiosos en el trabajo que beneficien a la especie humana. Eso sería excelente(La Palabra, Vol. VII. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (7)). Las palabras de Dios me reconfortaron el corazón. Aunque no sé cantar ni bailar, Dios me ha dado dones en el área de la actuación. Durante muchos años, la casa de Dios me ha permitido grabar videos de testimonios vivenciales y participar en producciones cinematográficas. Dios ya me ha mostrado una inmensa gracia. Debería estar contenta y ya no hacer cosas que Dios detesta. Le oré a Dios: “Oh, Dios, estoy dispuesta a esforzarme en perseguir la verdad, a hacer bien mi deber, a recorrer la senda de la fe en Dios de acuerdo con Tus exigencias, y a contemplar a las personas y las cosas según Tus palabras. Por favor, guíame y condúceme”. Después de esta oración, mi corazón estuvo más calmo. Cuando veía a otros hermanos y hermanas irse a cantar o a bailar, ya no me afectaba ni me perturbaba. Le agradezco a Dios por Su guía, que me ha dado cierta comprensión de las perspectivas falaces detrás de mi búsqueda y de la senda que estaba recorriendo. En el futuro, estoy dispuesta a someterme a la soberanía y a las disposiciones de Dios, y a hacer bien mi deber con todo mi corazón.

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