Versículos bíblicos como referencia:
“Y así tenemos la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en prestar atención como a una lámpara que brilla en el lugar oscuro, hasta que el día despunte y el lucero de la mañana aparezca en vuestros corazones. Pero ante todo sabed esto, que ninguna profecía de la Escritura es asunto de interpretación personal, pues ninguna profecía fue dada jamás por un acto de voluntad humana, sino que hombres inspirados por el Espíritu Santo hablaron de parte de Dios” (2 Pedro 1:19-21).
“He aquí, vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela y guarda sus ropas, no sea que ande desnudo y vean su vergüenza” (Apocalipsis 16:15).
“Por tanto, si no velas, vendré como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti” (Apocalipsis 3:3).
“Vosotros también estad preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no esperéis” (Lucas 12:40).
“Porque como el relámpago al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro extremo del cielo, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero primero es necesario que Él padezca mucho y sea rechazado por esta generación” (Lucas 17:24-25).
“A medianoche se oyó un clamor: ‘¡Aquí está el novio! Salid a recibirlo’” (Mateo 25:6).
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).
Las palabras relevantes de Dios:
Durante varios milenios, el hombre ha anhelado presenciar la llegada del Salvador. El hombre ha anhelado contemplar a Jesús el Salvador sobre una nube blanca mientras desciende, en persona, entre aquellos que durante miles de años lo han anhelado y lo han esperado. El hombre ha deseado también que el Salvador regrese y se reúna con él; es decir, ha deseado que Jesús el Salvador, que ha estado separado de la gente miles de años, regrese y lleve a cabo una vez más la obra de redención que Él hizo entre los judíos, que sea misericordioso y amoroso con el hombre, que perdone sus pecados y cargue con ellos e incluso que cargue con todas las transgresiones del hombre y lo salve del pecado. Lo que el hombre anhela es que Jesús el Salvador sea el mismo que antes, un Salvador que sea adorable, amable y venerable, que nunca esté enfadado con el hombre ni le haga reproches, sino que perdone y cargue con todos los pecados del hombre y que incluso, como antes, muera en la cruz por el hombre. Desde que Jesús se marchó, los discípulos que lo siguieron, además de todos los santos que fueron redimidos en Su nombre, lo han estado añorando y esperando desesperadamente. Todos aquellos que fueron redimidos por la gracia de Jesucristo durante la Era de la Gracia han estado anhelando ese día exultante en los últimos días, cuando Jesús el Salvador descienda sobre una nube blanca para aparecer ante una multitud de personas. Por supuesto, este también es el deseo colectivo de todos aquellos que aceptan el nombre de Jesús el Salvador en el presente. Todo aquel en el universo que sabe de la gracia salvadora de Jesús el Salvador ha estado anhelando desesperadamente que Jesucristo llegue repentinamente para cumplir lo que Jesús dijo cuando estuvo en la tierra: “Llegaré tal como me fui”. El hombre cree que, después de la crucifixión y la resurrección, Jesús volvió al cielo sobre una nube blanca para ocupar Su lugar a la diestra del Altísimo. De forma parecida, Jesús descenderá de nuevo sobre una nube blanca (esta nube se refiere a la nube sobre la que subió Jesús cuando regresó al cielo) entre aquellos que lo han anhelado desesperadamente durante miles de años, y Él tendrá la imagen y la vestimenta de los judíos. Después de aparecer ante ellos, Él les concederá comida y verterá agua viva para ellos y vivirá en medio de ellos, lleno de gracia y benevolencia, vital y vivo. Todas esas nociones son lo que cree la gente. Sin embargo, Jesús el Salvador no hizo esto; lo que hizo fue exactamente lo contrario a las nociones del hombre. No llegó entre los que habían anhelado desesperadamente Su regreso ni se le apareció a la multitud de personas montado sobre la nube blanca. Él ya ha llegado, pero el hombre no lo conoce y sigue siendo ignorante al respecto. El hombre solamente está esperándolo sin propósito; no tiene la menor idea de que Él ya ha descendido sobre una “nube blanca” (la nube blanca que es Su Espíritu, Sus palabras, todo Su carácter y todo lo que Él es) y está ahora entre un grupo de vencedores que Él formará durante los últimos días. ¿Cómo podría el hombre saber que, aunque el santo Salvador Jesús está lleno de bondad y de amor por el hombre, Él no podría de ningún modo obrar en esos “templos” que están llenos de inmundicia y habitados por espíritus inmundos? Aunque el hombre ha estado esperando Su llegada, ¿cómo podría Él aparecer ante aquellos que comen la carne de los injustos, que beben la sangre de los injustos y visten las ropas de los injustos, que creen en Él y, sin embargo, no lo conocen y constantemente lo extorsionan? El hombre solo sabe que Jesús el Salvador está lleno de bondad y rebosante de misericordia y que Él es la ofrenda por el pecado, llena de redención. Sin embargo, el hombre no tiene idea de que Él es Dios mismo, que rebosa de justicia, majestad, ira y juicio, que está dotado de autoridad y lleno de dignidad. Por tanto, aunque el hombre ansiosamente anhela y ansía el regreso del Redentor y hasta sus oraciones conmueven al “cielo”, Jesús el Salvador no aparece a quienes creen en Él, pero no lo conocen.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. El Salvador ya ha regresado sobre una “nube blanca”
Si, como imagina el hombre, Jesús volverá, se seguirá llamando Jesús en los últimos días, vendrá sobre una nube blanca, descendiendo entre los hombres con la imagen de Jesús: ¿no sería esto la repetición de Su obra? ¿Es capaz el Espíritu Santo de aferrarse a lo antiguo? Todo lo que el hombre cree son conceptos, y todo lo que el hombre comprende es según el significado literal y acorde con sus imaginaciones; no es conforme a los principios de la obra del Espíritu Santo ni se ajusta a los pensamientos de Dios. Él no lo haría así; Dios no es tan ignorante y necio, así como Su obra no es tan sencilla como tú imaginas. De acuerdo con las imaginaciones de las personas, Jesús vendrá montado en una nube y descenderá entre vosotros. Lo contemplaréis y, Él, cabalgando sobre una nube, os dirá que es Jesús. También veréis las marcas de los clavos en Sus manos y sabréis que es Jesús. Y Él os salvará de nuevo y será vuestro Dios poderoso. Os salvará, os concederá un nombre nuevo y os dará una piedra blanca a cada uno de vosotros, tras lo cual se os permitirá entrar al reino de los cielos y ser recibidos en el cielo. ¿Acaso no son estas creencias los conceptos de los hombres? ¿Obra Dios según los conceptos del hombre o en contra de estos? ¿No proceden todos los conceptos del hombre de Satanás? ¿No ha sido todo el hombre corrompido por Satanás? Si Dios hiciera Su obra según los conceptos del hombre, ¿no se convertiría Él en Satanás? ¿No sería Él del mismo tipo que los seres creados? Puesto que los seres creados ahora han sido tan corrompidos por Satanás, dado que el hombre se ha convertido en la personificación de Satanás, si Dios obrara según las cosas de Satanás, ¿no estaría confabulado con él? ¿Cómo puede el hombre llegar a comprender la obra de Dios? Por ello, Dios no obra según los conceptos del hombre ni lo hace como tú imaginas. Puede que digas que Dios mismo dijo que vendría en una nube. Es verdad que lo dijo Él mismo, ¿pero sabes que los misterios de Dios son insondables para el hombre? ¿No sabes que nadie puede explicar las palabras de Dios? ¿Estás tan seguro, sin ninguna duda, de que fuiste esclarecido e iluminado por el Espíritu Santo? ¿De veras te instruyó el Espíritu Santo de un modo tan directo? ¿Fueron estas las directrices del Espíritu Santo o fueron tus propias nociones lo que te llevaron a pensarlo? Puedes decir: “Esto fue dicho por Dios mismo”. Pero no podemos usar nuestros propios conceptos y nuestra mente para medir las palabras de Dios. En cuanto a las palabras de Isaías, ¿puedes explicarlas con completa certeza? ¿Te atreves a explicarlas? Como no te atreves a explicar las palabras de Isaías, ¿por qué osas hacerlo con las de Jesús? ¿Quién es más grande, Jesús o Isaías? Dado que la respuesta es Jesús, ¿por qué explicas las palabras pronunciadas por Él? ¿Te hablaría Dios de antemano sobre Su obra? Ningún ser creado puede saberlo; ni los mensajeros del cielo ni el Hijo del hombre, por tanto, ¿cómo lo podrías saber tú?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La visión de la obra de Dios (3)
La aparición de Dios se refiere a Su llegada a la tierra en persona para obrar, en la que desciende entre la humanidad para llevar a cabo la obra de comenzar una era y terminar otra con Su propia identidad y carácter, de la manera que es innata en Él. Esta clase de aparición no es una especie de ceremonia. No es una señal, una imagen, un milagro ni una especie de visión grandiosa y mucho menos una clase de proceso religioso. En cambio, es un hecho real y verdadero que cualquiera puede tocar y contemplar. Esta clase de aparición no es en aras de cumplir un trámite ni en aras de una especie de trabajo a corto plazo. En su lugar, es en aras de una etapa de la obra del plan de gestión de Dios. La aparición de Dios siempre es significativa y siempre tiene algo de relación con Su plan de gestión. Lo que se llama “aparición” aquí es completamente diferente a la clase de “aparición” en la que Dios guía, lidera y esclarece al hombre. Cada vez que Él aparece, lleva a cabo una etapa de Su gran obra. Esta obra es diferente de la de cualquier otra era. El hombre no la puede imaginar y nunca antes la ha experimentado. Es una obra que da inicio a una nueva era y termina con la antigua, y es una etapa más nueva y más alta de obra para la salvación de la especie humana; más si cabe, es una obra que conduce a la especie humana a la nueva era. Este es el significado de la aparición de Dios.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Apéndice I: La aparición de Dios ha dado lugar a una nueva era
Ahora ha comenzado la nueva obra de Dios, es decir, una nueva era ha comenzado. Dios trae a Su casa a los redimidos y empieza Su nueva obra de salvación. Esta vez, la obra de salvación es más exhaustiva que en tiempos pasados. No es el Espíritu Santo el que obra en el hombre para hacerle cambiar por sí mismo, ni es el cuerpo de Jesús que aparece entre las personas para hacer esta obra, y sobre todo no es esta obra hecha por otros medios. En cambio, es Dios encarnado quien la realiza y la dirige Él mismo. Lo hace de esta forma para guiar al hombre a la nueva obra. ¿Acaso no es esto algo grande? Dios no realiza esta obra a través de una parte de la humanidad ni de profecías, sino que la realiza Él mismo. Algunos pueden decir que esto no es algo grande y que no puede proporcionar éxtasis al hombre. Sin embargo, te diré que la obra de Dios no es simplemente esto, sino algo mucho más grande y mucho más.
Esta vez, Dios viene a hacer la obra, no en un cuerpo espiritual, sino en uno muy corriente. Además, es el cuerpo de la segunda encarnación de Dios y también el cuerpo a través del cual Él regresa a la carne. Es una carne muy corriente. Al observarlo, no puedes ver nada en Él que lo haga resaltar entre los demás, pero puedes recibir de Él verdades que nunca antes se han oído. Tan solo esta carne insignificante es la personificación de todas las palabras de la verdad de Dios, la portadora de Su obra en los últimos días y la expresión por la cual el hombre entiende todo el carácter de Dios. ¿No deseas enormemente ver al Dios en el cielo? ¿No deseas enormemente entender al Dios en el cielo? ¿No deseas enormemente ver el destino de la especie humana? Él te contará todos estos secretos, secretos que ningún hombre ha sido nunca capaz de contarte, y Él te contará también las verdades que no entiendes. Él es tu puerta al reino y tu guía a la nueva era. Esta carne corriente contiene muchos misterios que son insondables para el hombre. Sus hechos son inescrutables para ti, pero la totalidad del objetivo de la obra que Él realiza es bastante para que puedas ver que Él no es simple carne como la gente cree, porque Él representa las intenciones de Dios en los últimos días, así como el cuidado de Dios hacia la especie humana en los últimos días. Aunque no puedes oír Sus palabras, que parecen sacudir los cielos y la tierra, aunque no puedes ver Sus ojos como llamas de fuego y aunque no puedes recibir la disciplina de Su vara de hierro, sí puedes oír en Sus palabras que Dios está colérico y saber que Dios está mostrando misericordia hacia la especie humana, así como ver Su carácter justo y Su sabiduría y, lo que es más, apreciar la preocupación que Él tiene por toda la especie humana. La obra de Dios en los últimos días consiste en permitir al hombre ver en la tierra al Dios en el cielo vivir entre las personas y permitirle que lo conozca, se someta a Él, le tema y le ame. Por esta razón, Él ha regresado a la carne por segunda vez.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿Lo sabías? Dios ha hecho algo grande entre los hombres
Examinar algo así no es difícil, pero requiere que cada uno de nosotros primero conozca esta verdad: Aquel que es Dios encarnado posee la esencia de Dios y Aquel que es Dios encarnado posee la expresión de Dios. Puesto que Dios se ha hecho carne, Él trae consigo la obra que pretende llevar a cabo y, puesto que Él es Dios encarnado, expresa lo que Él es y es capaz de traer la verdad al hombre, de concederle la vida y de señalarle el camino. La carne que no posee la esencia de Dios definitivamente no es el Dios encarnado; de esto no hay duda. Si el hombre pretende examinar si es la carne encarnada de Dios, entonces debe determinarlo a partir del carácter que Él expresa y de las palabras que Él habla. Es decir, para determinar si es o no la carne encarnada de Dios y si es o no el camino verdadero, la persona debe discernir basándose en Su esencia. Y así, la clave de si es o no la carne de Dios encarnado radica en Su esencia (Su obra, Sus palabras, Su carácter y muchos otros aspectos), en lugar de en Su apariencia externa. Si el hombre solo examina Su apariencia externa, y como consecuencia pasa por alto Su esencia, esto muestra que el hombre es necio e ignorante. La apariencia externa no puede determinar la esencia; es más, la obra de Dios jamás puede ajustarse a las nociones del hombre. ¿No contradecía la apariencia exterior de Jesús las nociones del hombre? ¿No eran Su rostro y Sus vestiduras incapaces de demostrar Su verdadera identidad? ¿Acaso los fariseos de ese tiempo no se opusieron a Jesús precisamente porque solo miraron Su aspecto exterior y no aceptaron concienzudamente las palabras de Su boca? Tengo la esperanza de que todos y cada uno de los hermanos y hermanas que buscan la aparición de Dios no repitan la tragedia histórica y no se conviertan en los fariseos de los tiempos modernos ni claven a Dios de nuevo en la cruz. Deberíais considerar cuidadosamente cómo darle la bienvenida al retorno de Dios y tener claridad acerca de cómo ser alguien que se somete a la verdad. Esta es la responsabilidad de todo aquel que está esperando que Jesús vuelva montado sobre una nube. Deberíamos aclarar nuestros ojos espirituales y no empantanarnos en palabras de fantasía. Deberíamos pensar en la obra realista de Dios y echar un vistazo al aspecto práctico de Dios. No os dejéis llevar demasiado ni os perdáis en fantasías, siempre con la esperanza de que el Señor Jesús descienda repentinamente entre vosotros sobre una nube y os lleve a vosotros, que nunca lo habéis conocido ni lo habéis visto y que no sabéis cómo seguir Su voluntad. ¡Es mejor pensar en asuntos más realistas!
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Prefacio
No sabéis qué es Dios, qué es Cristo, cómo temer a Jehová, cómo entrar en la obra del Espíritu Santo ni cómo distinguir entre la obra de Dios mismo y la desorientación del hombre. Solo sabes condenar cualquier palabra de la verdad expresada por Dios que no sea conforme a tus propios pensamientos. ¿Dónde está tu humildad? ¿Y tu sumisión? ¿Y tu lealtad? ¿Y tu actitud de buscar la verdad? ¿Y tu corazón temeroso de Dios? Os digo que aquellos que creen en Dios por las señales pertenecen sin duda a la categoría que perecerá. Los que son incapaces de aceptar las palabras de Jesús, que ha vuelto a la carne, son sin duda la progenie del infierno, los descendientes del arcángel, la categoría que perecerá para siempre. A muchas personas puede resultarles indiferente lo que digo, pero aun así quiero decirle a cada uno de estos supuestos santos que siguen a Jesús que, cuando lo veáis descendiendo del cielo sobre una nube blanca con vuestros propios ojos, este será el momento de la aparición pública del Sol de justicia. Quizás será un momento de gran entusiasmo para ti. No obstante, deberías saber que el momento en el que veas a Jesús descender del cielo será también el momento en el que irás al infierno para ser castigado, el momento en el que se habrá proclamado el final del plan de gestión de Dios, así como cuando Él recompense a los buenos y castigue a los malvados. Porque Su juicio habrá terminado antes de que el hombre vea señales, cuando solo exista la expresión de la verdad. Aquellos que acepten la verdad y no busquen señales, y por tanto hayan sido purificados, habrán sido llevados ante el trono de Dios y entrado en el abrazo del Creador. Solo aquellos que persisten en la creencia de que “El Jesús que no cabalgue sobre una nube blanca es un falso cristo” se verán sometidos al castigo eterno, porque solo creen en el Jesús que realiza señales, pero no reconocen al Jesús que expresa un juicio severo y libera la vida y el camino verdadero. Y por tanto, solo puede ser que Jesús lidie con ellos cuando Él vuelva abiertamente sobre una nube blanca. Son demasiado tozudos, confían demasiado en sí mismos, son demasiado arrogantes. ¿Cómo podría recompensar Jesús a semejante escoria? El regreso de Jesús es una gran salvación para aquellos que son capaces de aceptar la verdad, pero para los que son incapaces de hacerlo es una señal de condenación. Debéis elegir vuestra propia senda y no blasfemar contra el Espíritu Santo ni rechazar la verdad. No debéis ser personas ignorantes y arrogantes, sino quienes se someten a la guía del Espíritu Santo, tienen sed de la verdad y la buscan; solo así os beneficiaréis. Os aconsejo que andéis con cuidado por la senda de la creencia en Dios. No saquéis conclusiones arbitrariamente; más aún, no seáis despreocupados y descuidados en vuestra creencia en Dios. Deberíais saber que, como mínimo, los que creen en Dios deben poseer un corazón humilde y temeroso de Dios. Los que han oído la verdad pero la miran con desdén son insensatos e ignorantes. Los que han oído la verdad pero sacan conclusiones precipitadas o la condenan a la ligera son personas arrogantes. Nadie que crea en Jesús está cualificado para maldecir o condenar a otros. Todos deberíais ser personas que poseen razón y aceptan la verdad.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. En el momento en que contemples el cuerpo espiritual de Jesús, Dios ya habrá hecho nuevos el cielo y la tierra