¿Por qué era quisquillosa con mi deber?
Por Zhou Feng, ChinaEn julio de 2023, me destituyeron de mi puesto de líder porque perseguía la reputación y el estatus y no hacía trabajo...
¡Damos la bienvenida a todos los buscadores que anhelan la aparición de Dios!
En julio de 2020, mi supervisora dispuso que yo asumiera el trabajo de la hermana Iris e hiciera videos. Me puse muy feliz, pero también sabía que encontraría problemas y dificultades en mi nuevo deber, así que tendría que aprender y preguntar cuando no entendiera. Pero cuando Iris me hizo entrega de su puesto, dijo que tenía un nuevo deber con una gran carga de trabajo, y quería terminar conmigo pronto. Me di cuenta de que ella no pensaba esperar a que yo dominara el trabajo para irse. Y no pude más que preocuparme: “No estoy familiarizada con este trabajo. ¿De verdad podré encargarme de todo a la vez?”. Iris me preguntó si tenía alguna dificultad. Yo estaba a punto de expresarle mis preocupaciones, pero luego pensé: “Acabo de conocerla, y la primera impresión es importante. Ella tiene prisa por encargarse de su nuevo deber, así que no puedo retrasarla. Si le hablo de dificultades y le exijo antes de comenzar el trabajo, ¿qué pensará de mí? ¿No pensará que asumo su labor sin entender nada y que soy la persona equivocada para hacerlo?”. Así que contra mi voluntad, le dije: “No tengo preguntas”. Para probar que yo tenía aptitud y podía identificar problemas, también le hice sugerencias sobre los procesos profesionales que ella me presentó. En ese momento pude ver que yo encubría mis defectos adrede. Si ella erróneamente pensaba que yo tenía buena aptitud y recortaba el tiempo para enseñarme, ¿qué tal si mi lento dominio del trabajo retrasaba las cosas? Pero luego pensé que, como ya lo había aceptado, no podía retractarme. Podría pedirle ayuda si tuviera problemas en el futuro.
Al siguiente día, Iris me dijo que, en el futuro, la hermana Josefina sería mi colaboradora. Dijo que Josefina había comenzado a hacer videos hacía menos de un mes, que había aprendido rápido, y ya podía hacer su deber de forma independiente. Después, cuando hablé del trabajo con Josefina, me explicó el proceso muy hábilmente y discutió conmigo cómo dividir las labores, cooperar y todo eso. De verdad parecía que ella sabía lo que hacía. Supe que yo era menos competente que Josefina, pero, para evitar que Iris viera la brecha que había entre Josefina y yo, me volví muy cautelosa con Iris, y me preocupaba exponer mis defectos. Cuando tenía problemas que no podía resolver, intentaba leer la mayor información posible y resolverlos yo misma en vez de preguntarle. Aunque trabajaba muy duro, mi progreso era lento. Cuando nuestra líder vino a ver nuestro trabajo, había muchos detalles que yo no podía captar. Josefina respondió casi todas las preguntas de nuestra líder. Esto me deprimió y me sentí una inútil. Pronto, pasó más de una semana, y como yo aún no podía trabajar de forma independiente, Iris no pudo irse a comenzar su nuevo deber. Esto me avergonzó aún más y me hizo sentir débil, pero seguía siendo totalmente reacia a sincerarme con Iris acerca de mi estado, pues me preocupaba que si ella se enteraba de lo fácil que me había deprimido por no aprender rápido, podría pensar que mi estatura era pequeña, que mi aptitud era baja, y que era una incompetente. En esa época, no quería dejar que nadie viera mi pésimo estado. Solo quería familiarizarme con las cosas y comenzar a trabajar tan pronto como fuera posible, para que Iris por fin pudiera irse y yo no tuviera que avergonzarme frente a ella todos los días. Pero mi progreso aún era muy lento, y no podía sentir la guía de Dios en absoluto. Con dolor, me presenté ante Dios a orar y buscar, y le pedí que me ayudara a conocerme.
Un día leí en la palabra de Dios: “Alguna gente siempre trata de ocultar su verdadero ser, siempre se blanquean a sí mismos, siempre simulan para que los demás los tengan en alta estima y no detecten sus defectos o carencias, y siempre quieren presentar ante los demás su mejor costado; ¿qué clase de carácter es ese? Eso es arrogancia, falsedad, hipocresía, es el carácter de Satanás, es algo perverso” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Los principios que deben guiar la conducta propia de una persona). “Las personas son, por naturaleza, seres creados. ¿Pueden los seres creados alcanzar la omnipotencia? ¿Pueden alcanzar la perfección y la impecabilidad? ¿Pueden alcanzar la destreza en todo, llegar a entenderlo todo, ver todo con claridad y ser capaces de cualquier cosa? No pueden. Sin embargo, dentro de las personas hay un carácter corrupto, una debilidad fatal: en cuanto aprenden una habilidad o profesión, sienten que son capaces, que tienen estatus y valor, que son profesionales. Sin importar cuál sea su verdadera valía, quieren presentarse como personas famosas o excepcionales, convertirse en figuras en cierto modo conocidas y hacer creer a los demás que son perfectas, impecables y que no tienen un solo defecto. Desean que las vean capaces, poderosas, excepcionales o como personas famosas y grandes, con una imagen importante e imponente, con la capacidad de hacer cualquier cosa y sin que haya nada que no puedan lograr. Creen que si pidieran ayuda parecerían incapaces e inferiores y la gente las despreciaría. Por eso siempre quieren mantener las apariencias. Algunos, cuando se les pide que hagan algo, dicen que saben hacerlo, cuando en realidad no saben. Después, a escondidas, lo consultan e intentan aprender a hacerlo, pero resulta que, tras estudiarlo varios días, siguen sin entender cómo llevarlo a cabo. Cuando se les pregunta cómo lo llevan, dicen: ‘¡Ya casi está, falta poco!’. Pero en su corazón piensan: ‘Todavía falta muchísimo, no tengo ni idea, ¡no sé qué hacer! No puedo delatarme, he de seguir fingiendo, no puedo dejar que la gente vea mis fallos y mi ignorancia. No puedo dejar que me menosprecien’. ¿De qué problema se trata? Sufrir solo para guardar las apariencias a toda costa. ¿Qué tipo de carácter es este? La arrogancia de estas personas no tiene límite, han perdido toda razón. No quieren ser personas promedio, no quieren ser gente corriente, gente normal, sino superhumanos, personas excepcionales o gente capaz. ¡Este es un problema descomunal! En cuanto a las debilidades, deficiencias, ignorancia, estupidez y falta de entendimiento dentro de la humanidad normal, lo ocultan todo y no dejan que otras personas lo vean; siguen simulando” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Las cinco condiciones que hay que cumplir para emprender el camino correcto de la fe en Dios). La palabra de Dios reveló mi estado de forma exacta. Después de que asumí el puesto, todo lo que pensaba era en cómo dominar el trabajo lo más pronto posible, para que todos pudieran ver que yo tenía una buena aptitud y era capaz de trabajar. Cuando asumí, supe que Iris tenía prisa por irse. Obviamente, yo no podía dominar tantos procesos profesionales en tan poco tiempo, pero incluso cosas como: “No puedo recordar todo eso, me gustaría que me enseñaras algunos días más”, era algo que no me atrevía a decir. Hasta hacía trampa y deliberadamente le hacía sugerencias a mi hermana para demostrar que yo tenía aptitud profesional. No quería que Iris viera que yo era inferior a Josefina, así que fingí y disimulé aún más, y era muy cautelosa con Iris porque tenía miedo de revelar, sin darme cuenta, mis defectos. Como ese era el momento de asumir el trabajo, la líder y mis hermanos y hermanas observaban mi desempeño, y me preocupaba que, una vez que mi aptitud y verdadera estatura quedaran en evidencia, la gente me despreciara. Si la líder notaba que yo no tenía aptitud y no era adecuada para hacer videos y me destituía, sería muy vergonzoso. Por eso no quería consultar cuando tenía preguntas y dificultades. De esta forma, siempre me encubría a mí misma y simulaba; así que, ¿cómo podría tener algún progreso? Cuando alguien inicia un nuevo deber, nada le es familiar, por eso es normal que muchas cosas no las entienda. Además, mis habilidades en el trabajo eran deficientes, así que necesitaba hacer preguntas y averiguar más, pero era demasiado arrogante. Quería probar que podía hacerlo yo sola y que podía manejar el trabajo, así que siempre fingía entender las cosas y simulaba, lo cual dificultaba mi entendimiento, retrasaba el traspaso del trabajo y le hacía imposible irse a Iris. Lo que hice fue muy perjudicial. Retrasé nuestro trabajo y ni una vez me sentí culpable; todo el tiempo me preocupaba que la gente viera mi verdadera habilidad o que me miraran con desprecio. Fui completamente irracional.
Después, encontré una senda de práctica en la palabra de Dios. Dios Todopoderoso dice: “No importa a qué problemas te enfrentes, debes buscar la verdad para resolverlos; no debes en absoluto fingir ni presentar una imagen falsa ante los demás. Ya se trate de tus deficiencias, tus carencias, tus defectos o tus actitudes corruptas, debes abrirte y compartir sobre todas estas cosas. No las mantengas en secreto. Aprender a abrirse es el primer paso para la entrada en la vida y el primer obstáculo, el más difícil de superar. Una vez que hayas superado este obstáculo, será fácil entrar en la verdad. Cuando des este paso, ¿qué significará? Significará que estás abriendo tu corazón, que te estás sincerando y abriendo sobre cada parte de ti —ya sea buena o mala, positiva o negativa— y la estás sacando a la luz para que otras personas y Dios la vean, sin ocultar ni esconder nada a Dios, sin recurrir a ningún fingimiento, mentira o engaño hacia Él, y siendo igualmente sincero con otras personas. De esta manera, vivirás en la luz; no solo Dios te escrutará, sino que otras personas también verán que hay principios y transparencia en tus acciones. No necesitas ningún método para proteger tu reputación, imagen y estatus, ni necesitas ocultar ni encubrir tus errores. No es necesario que hagas estos esfuerzos inútiles. Si puedes dejar de lado estas cosas, tu vida se volverá muy relajada, libre de limitaciones y de dolor, y vivirás completamente en la luz. Aprender a abrirse y compartir es el primer paso hacia la entrada en la vida. Después de eso, has de aprender a diseccionar y entender tus pensamientos y actos, y reflexionar, efectuar correcciones y revertir el rumbo de inmediato respecto de aquellos que vayan en contra de la verdad y no agraden a Dios. ¿Cuál es el propósito de rectificarlos? Es aceptar y asumir la verdad, al tiempo que te deshaces de las cosas en tu interior que son propias de Satanás y las reemplazas con la verdad. Antes, hacías todo según tu carácter falso, que es mentiroso y engañoso; sentías que no podías lograr nada sin mentir. Ahora que entiendes la verdad y desdeñas la forma de hacer las cosas que tiene Satanás, ya no te comportas de ese modo, actúas con una mentalidad de honestidad, pureza y sumisión. Si no te guardas nada, si no te pones una careta, una impostura, si no encubres las cosas, si te expones ante los hermanos y hermanas, si no ocultas tus ideas y pensamientos más íntimos, sino que permites que los demás vean tu actitud sincera, entonces la verdad echará raíces poco a poco en ti, florecerá y dará frutos, dará gradualmente resultados. Si tu corazón es cada vez más honesto y está cada vez más orientado hacia Dios, y si sabes proteger los intereses de la casa de Dios cuando haces tu deber, y tu conciencia se turba cuando no proteges estos intereses, entonces esto es una prueba de que la verdad ha tenido efecto en ti y se ha convertido en tu vida” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Tras leer las palabras de Dios, entendí que si tienes defectos o un carácter corrupto, y siempre simulas para crear una falsa imagen frente a los demás, eso es taimado y astuto, y surge de una naturaleza satánica. Si haces esto, jamás entrarás en la verdad. Yo debía ser sincera y abierta sobre mis lados bueno y malo, y debía ser honesta con otras personas y con Dios. De esta forma, mi corazón se volvería más y más honesto, podría vivir en la presencia de Dios, mis problemas y anomalías podrían corregirse a tiempo, y eso podría impedirme tomar la senda equivocada de buscar la fama y el estatus. Una vez conseguida la senda de la práctica, me sinceré y hablé con Iris sobre mi estado. Inesperadamente, Iris me dijo, después de que yo fui sincera, que ella también se dio cuenta de que no había cumplido con sus responsabilidades. Por estar pensando sólo en comenzar su nuevo deber, no entregó el trabajo de manera apropiada. También dijo que se iría sólo hasta después de que yo entendiera las cosas. Me sentí muy conmovida al escuchar esto. Experimenté que al ser abierta y mostrar a los demás tus defectos y deficiencias, puedes recibir su ayuda y apoyo, puedes colaborar con ellos en tus deberes, y lo más importante, puedes hacer las cosas con una actitud honesta y obediente. Esto es vivir en la presencia de Dios y ser responsable con el deber, lo que puede ganar Su aprobación. Después de eso, le hablé con sinceridad a mi hermana sobre lo que captaba del trabajo, y ella me ayudó de una manera precisa, con lo que aprendí mucho. También entendí la razón por la cual era muy difícil para mí hacer mi deber, y era porque quería familiarizarme y dominar todo el trabajo a la vez para probar que tenía la capacidad para hacerlo; eso me hizo perder la habilidad de priorizar tareas y retrasó mi progreso. Posteriormente, categoricé el trabajo por orden de importancia y urgencia, para poder hacer las cosas de una forma precisa y organizada, y rápidamente me familiaricé con la labor. A través de esta experiencia, percibí la dulzura de practicar la verdad. También vi la importancia de tener las intenciones correctas y una actitud honesta en mi deber. Sólo de esta forma puedo obtener la guía y las bendiciones de Dios. Después de eso, cuando encontraba problemas que no entendía, proactivamente buscaba con mis hermanos y hermanas para encontrar soluciones. Tras practicar así durante un tiempo, pensé que mi deseo de reputación y estatus había disminuido, y que por mi práctica de ser abierta y una persona honesta, había alcanzado algo de entrada. Pero pronto desmentí la opinión que tenía de mí.
Alrededor de un mes después, como ya no estaba a la altura la labor y había menor carga de trabajo, mi líder arregló que yo regresara a mi tarea anterior de regar a nuevos creyentes. Esto fue muy vergonzoso, y no quería enfrentarme a los hermanos y hermanas con los que solía regar a los nuevos creyentes. En cambio, quería escaparme y predicar el evangelio, pero volver a mi labor de regar a los nuevos creyentes era inamovible. Me sentí totalmente desanimada, con la cabeza gacha, incapaz de animarme. Una hermana cercana vio que mi estado no era bueno, me envió un pasaje de la palabra de Dios sobre la obediencia, y dijo que quería charlar conmigo. De inmediato me puse en alerta: “¿Mi hermana vio que yo estaba en un mal estado? ¿Me miraría con desdén si se enteraba de que me sacaron del grupo anterior? Si se entera de que yo fui negativa porque no quería renunciar a mi imagen, ¿pensará que he creído en Dios por años sin obtener nada de las realidades verdad? ¿Pensará que yo era alguien que no perseguía la verdad?”. Así que, cortésmente me defendí: “Ahora que el trabajo de video ya no requiere de tanta gente, me habrían transferido tarde o temprano. A la hermana Melania también la trasladaron de vuelta”. Mencioné a Melania porque ella, originalmente, supervisaba el trabajo de riego, y si ella volvía, era normal que yo también volviera. Después de que mi hermana me escuchó, no preguntó nada más. Me dije a mí misma que en esta coyuntura no podía ser débil. Tenía que ser fuerte y realizar mi deber activamente, para que todos pudieran ver que no me importaba ser transferida, y que podía someterme a ello. Hice lo mejor que pude por simular y fingir ser fuerte, pero en verdad me sentía abatida y deprimida. A veces recordaba que había rechazado la ayuda de mi hermana, y lo lamentaba: “Ella ofreció ayudarme amablemente, entonces, ¿por qué la rechacé por proteger mi imagen? ¿Por qué no pude simplemente ser abierta con ella?”.
Más tarde, un pasaje de la palabra de Dios, que me envió una hermana, me dio algo de entendimiento acerca de mi estado. Dios Todopoderoso dice: “Los seres humanos corruptos saben simular bien. Hagan lo que hagan, o sea cual sea la corrupción que revelen, siempre intentan simular. Si algo sale mal o hacen algo malo, quieren culpar a los demás. Desean ser reconocidos por las cosas buenas y culpar a los demás por las cosas malas. ¿Acaso no se da mucho este fenómeno de simular en la vida real? Demasiado. Equivocarse o simular: ¿cuál de las dos cosas se relaciona con las actitudes corruptas? Simular tiene que ver con las actitudes corruptas, implica un carácter arrogante, perversidad y engaño; Dios lo detesta especialmente. De hecho, cuando simulas, todo el mundo entiende lo que está pasando, pero piensas que los demás no lo pueden ver e intentas por todos los medios discutir y justificarte a ti mismo para guardar las apariencias y hacer que todos piensen que no hiciste nada malo. ¿Acaso no es una tontería? ¿Cómo lo evalúan los demás? ¿Qué sienten? Asco y aborrecimiento. Si tras cometer un error puedes tratarlo correctamente y eres capaz de permitir que todo el mundo hable de él, lo comente y lo discierna, y puedes diseccionarlo y ponerlo al descubierto delante de los demás, ¿qué opinión tendrán de ti? Sin duda dirán que eres una persona honesta, porque tu corazón está abierto a Dios, y pueden ver tu corazón mediante tus acciones y comportamientos. Pero si intentas simular y engañar a todo el mundo, te tendrán en poca estima y dirán que eres un estúpido y una persona poco prudente. Si no intentas fingir ni justificarte, si admites tu error, todos dirán que eres honesto y prudente. ¿Y qué te convierte en prudente? Todo el mundo comete errores. Todo el mundo tiene carencias y defectos. Y todo el mundo tiene las mismas actitudes corruptas. No te creas más noble, perfecto y bondadoso que los demás; ¡pensar de esa manera es sumamente carente de razón! Una vez que puedas ver con claridad el carácter corrupto de la gente y el verdadero rostro de su esencia corrupta, y no intentes encubrir tus propios errores ni les reproches a los demás los suyos, y seas capaz de abordar ambas cosas correctamente, solo entonces verás las cosas en profundidad, no harás tonterías y serás una persona prudente. Todos aquellos que están desprovistos de razón no son personas prudentes, son estúpidas. Cada vez que cometen un error o hacen algo absurdo y se los poda, le dan vueltas al asunto y siempre tratan de justificarse y defenderse, mientras se esconden entre bastidores. Es repugnante de presenciar. De hecho, lo que hacen les resulta obvio al instante a otras personas, pero siguen actuando con total descaro. A los demás les parece la actuación de un payaso. ¿Acaso no es estupidez? Sí. La gente estúpida carece de sabiduría. No importa cuántos sermones oigan, siguen sin entender la verdad ni ver nada tal y como es realmente. Nunca se bajan de su púlpito, pensando que son diferentes de todos los demás y son más nobles; esto es arrogancia y sentenciosidad, es estupidez” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Los principios que deben guiar la conducta propia de una persona). Yo era la necia revelada en las palabras de Dios, siempre actuando frente a todos como un payaso. Durante aquellos días, debido a mi traslado, pensé que había perdido fama y estatus, y desarrollé malos entendidos y negatividad. Mi hermana quiso ayudarme, pero yo no fui abierta para buscar la verdad con ella para resolver mis problemas y dificultades. En vez de eso, inmediatamente me puse en guardia. Sospechaba que ella habría visto que yo era negativa y desobediente, así que intenté averiguar cómo cubrir mis debilidades y facilitarme las cosas. ¡Era muy astuta! Aunque engañé a mi hermana haciendo esto y preservé mi imagen, no pude tener su apoyo ni su ayuda. Mi estado negativo no pudo resolverse de manera oportuna, y vivía en la oscuridad y el dolor. ¿No era una necedad? ¡Me lo hice a mí misma y merecía sufrir! En todos mis años de creer en Dios, mi carácter corrupto no había cambiado mucho, y siempre que mi imagen o estatus se veían involucrados, fingía y simulaba involuntariamente. Nunca confiaba en mis hermanos y hermanas, y pasaba cada día en la oscuridad como una prisionera esclavizada para Satanás. Era desdichada y débil y no podía escapar. Estaba en un estado deplorable. Oré a Dios una y otra vez: “Dios mío, siempre simulo para ser admirada, y vivo en la desdicha. Por favor, ayúdame y guíame para poder entenderme y odiarme a mí misma y sinceramente arrepentirme y cambiar”.
Un día, leí un pasaje de la palabra de Dios que revela a los anticristos. Dios Todopoderoso dice: “Independientemente del contexto, sea cual sea el deber que desempeñe, el anticristo tratará de dar la impresión de que no es débil, de que siempre es fuerte, de que está lleno de fe y de que nunca es negativo, de modo que las personas nunca vean su verdadera estatura o su auténtica actitud hacia Dios. En realidad, en el fondo de su corazón, ¿de verdad creen que no hay nada que no puedan hacer? ¿De verdad piensan que no tienen debilidad, negatividad ni revelaciones de corrupción? En absoluto. Se les da bien fingir, son expertos en ocultar cosas. Les gusta mostrar a la gente su lado fuerte y espléndido, no quieren que perciban su lado débil y verdadero. Su propósito es obvio, sencillamente mantener su vanidad y orgullo, proteger el lugar que ocupan en el corazón de las personas. Piensan que si se abren a los demás sobre su propia negatividad y debilidad, y sobre su lado rebelde y corrupto, eso dañará gravemente su estatus y reputación y será peor el remedio que la enfermedad. Así que prefieren morir antes que admitir que por momentos son débiles, rebeldes y negativos. Incluso si llega el día en el que todo el mundo perciba su lado débil y rebelde, cuando vean que son corruptos y que no han cambiado en absoluto, seguirán fingiendo. Consideran que si admiten que tienen actitudes corruptas, que son personas normales e insignificantes, perderán entonces su lugar en el corazón de los demás, la idolatría y adoración de todos, y así habrán fracasado por completo. Por eso, pase lo que pase, no se abrirán a la gente de manera ingenua. En ningún caso renunciarán a su poder y su estatus en favor de nadie. En cambio, se esforzarán al máximo por competir y nunca se darán por vencidos. […] Nunca revelan sus debilidades a los hermanos y hermanas ni hacen el intento de conocer sus defectos y fallos; por el contrario, hacen lo imposible por disimularlos. La gente les pregunta: ‘Hace muchísimos años que crees en Dios; ¿has dudado de Él alguna vez?’. Responden: ‘No’. Les preguntan: ‘¿Alguna vez te has lamentado de abandonar todo por esforzarte por Dios?’. Responden: ‘No’. ‘Cuando estabas enfermo, ¿te sentiste apenado y extrañaste tu hogar?’. Y contestan: ‘En ningún momento’. Puedes ver así que los anticristos se presentan como personas decididas, tenaces y capaces de renunciar y sufrir, como alguien que sencillamente no tiene defectos ni fallos o problemas. Si alguien señala su corrupción y sus debilidades, los trata igual que a un hermano o hermana normal, y se sincera y comparte con ellos, ¿cómo abordan el asunto? Hacen lo imposible por defenderse y justificarse, por demostrar que tienen la razón y en última instancia hacer que la gente vea que no tienen problemas, que son personas perfectas y espirituales. ¿No es todo una farsa? Los que se creen impecables y santos son impostores. ¿Por qué digo que todos ellos son impostores? Decidme, ¿hay alguien impecable entre la humanidad corrupta? ¿Existe alguien que sea realmente santo? (No). En absoluto. ¿Cómo puede el hombre lograr la impecabilidad cuando está tan hondamente corrompido por Satanás y, además, no posee la verdad en forma innata? Solo Dios es santo; toda la humanidad corrupta es impura. Si alguien se hiciera pasar por un santo y afirmara ser impecable, ¿qué sería esa persona? Sería un diablo, un Satanás, un arcángel; sería un auténtico anticristo. Solo un anticristo afirmaría ser impecable y santo” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 9 (X)). Después de leer la palabra de Dios, me sentí muy angustiada. Para mantener su posición e imagen entre las personas, los anticristos usan la simulación y la falsedad para engañar y confundir a los demás, y aparentan ser perfectos y personas espirituales que jamás tienen debilidades ni muestran corrupción. Hacen esto para ocupar una posición entre las personas y hacer que ellas los admiren. Observé mi comportamiento y vi que era igual al de un anticristo. Siempre fingía y disimulaba cuando hablaba y actuaba. Cuando hacía un video, no era abierta para averiguar sobre mis dudas y dificultades, y prefería retrasar el trabajo para mantener mi estatus e imagen. Cuando me transfirieron, temí que mi hermana descubriera que me habían removido y que me menospreciara, así que inventé una excusa para ocultar los hechos, e intenté hacer que los demás creyeran que había regresado por necesidades del trabajo. Mi método era despreciable. También reflexioné en el hecho de que sin importar que tuviera dificultades o negatividad, rara vez me sinceraba por temor a ser menospreciada; y aún si lo hacía, sólo era de forma superficial. La mayor parte del tiempo, sólo hablaba sobre mi práctica positiva para que la gente pensara que yo tenía estatura y podía practicar la verdad una vez que la entendía. Me esforcé mucho para manejar mi propia imagen y estatus, todo lo que decía y hacía era simular y fingir. Cuando enfrentaba fracasos y contratiempos, trataba demostrar una estatura mayor que los demás, para hacer que me admiraran. Pensé en los anticristos expulsados de la iglesia. Había muchos que a menudo hablaban sobre palabras y doctrinas, gritaban consignas y simulaban ser devotos buscadores de la verdad, como si no hubieran sido corrompidos por Satanás. Aunque fueron admirados y venerados por un tiempo, su naturaleza era de desagrado y desprecio hacia la verdad y, al final, como cometieron mucho mal, fueron revelados y descartados por Dios. Dios no tolera la ofensa a Su carácter. Él condena a esos hipócritas, y no salva a tales personas en absoluto. Si yo me rehusaba a seguir la verdad y siempre fingía basada en mi carácter satánico, no se trataba sólo de perjudicar mi vida. ¡Sería condenada y descartada por Dios! Entendí que mi estado era muy peligroso. Ya no quería seguir siendo hipócrita. Sólo quería arrepentirme y cambiar.
En los días siguientes, busqué a consciencia partes de la palabra de Dios relacionadas con ser una persona honesta. Un pasaje que encontré decía: “Con independencia de lo que te ocurra, si quieres decir la verdad y ser una persona honesta, debes ser capaz de desprenderte de tu orgullo y vanidad. Cuando no entiendas algo, di que no lo entiendes; cuando no tengas algo claro, di que no lo tienes claro. No temas que los demás te menosprecien o infravaloren. Si hablas constantemente desde el corazón y hablas con honestidad de este modo, encontrarás alegría, paz y una sensación de libertad y liberación en tu corazón, en tanto la vanidad y el orgullo ya no te constreñirán. Da igual con quién interactúes, si puedes abrirte con candidez acerca de lo que piensas de verdad y compartir tu corazón con los demás, y de ninguna manera finges saber cosas que no sabes, esa es una postura honesta. A veces, la gente puede menospreciarte y llamarte necio porque siempre dices la verdad. ¿Qué debes hacer en tal situación? Debes decir: ‘Aunque todo el mundo me llame necio, de todos modos elegiré ser una persona honesta y no alguien falso. Hablaré con la verdad y según los hechos. Aunque soy repugnante, corrupto y no valgo nada ante Dios, seguiré contando la verdad sin fingir ni disfrazarme’. Si hablas de este modo, tu corazón estará tranquilo y en paz. Para ser una persona honesta, debes desprenderte de tu vanidad y tu orgullo, y para decir la verdad y hablar desde el corazón, no debes temer que te ridiculicen y te menosprecien los demás. Aunque otros te consideren un necio, no debes discutir ni defenderte. Si eres capaz de practicar la verdad de este modo, puedes convertirte en una persona honesta” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo si se es una persona honesta es posible vivir la auténtica semejanza humana). La palabra de Dios me dio un sendero de práctica. No importa la corrupción o debilidad que tengamos, o si hay cosas que no entendemos, y no importa lo que los otros piensen, tan solo con abrirnos, buscar la verdad y proponernos ser una persona honesta, podremos gradualmente escapar de la esclavitud y el control de nuestro carácter corrupto, y vivir con libertad y alivio. Me juré a mí misma que estaba lista para practicar de acuerdo con la palabra de Dios y perseguir ser una persona simple y sincera. Después de volver al riego de los nuevos creyentes, dejé de simular como antes. En las reuniones fui abierta con mis hermanos y hermanas sobre mi estado real durante ese periodo. Aunque expuse el horrible hecho de que mantuve mi imagen y estatus ante todos, al menos supieron sobre mi verdadero estado. Al hacer esto fue como si me quitaran una pesada carga del corazón, y tuve una gran sensación de tranquilidad y alivio. Además, mis hermanos y hermanas no me menospreciaron, y fueron capaces de aprender algunas lecciones de mi experiencia. Mi líder habló conmigo, me ayudó y me apoyó tras enterarse de mi estado, lo cual me dio algo de conciencia sobre los peligros y las consecuencias de mi búsqueda de reputación y estatus.
A través de esta experiencia, entendí que ser honesta, en lugar de simular, representa una actitud de verdadero arrepentimiento ante Dios. Solo practicando la verdad y siendo una persona honesta el camino podrá volverse cada vez más amplio y luminoso.
Por Zhou Feng, ChinaEn julio de 2023, me destituyeron de mi puesto de líder porque perseguía la reputación y el estatus y no hacía trabajo...
Por Li Zheng, China Nací en una familia de campesinos. Cuando era pequeño, perdí a mis padres, así que mi hermano mayor y yo tuvimos que...
Por Briana, Estados UnidosHacía videos en la iglesia pero, durante un tiempo, como no hubo mucho que hacer, el líder me reasignó a regar a...
Carta a NuoyiPor Yuxun, ChinaQuerida Nuoyi:¿Cómo has estado últimamente? En tu última carta mencionaste que ya no estás realizando tu deber...