¿Cuáles son las diferencias entre hacer el propio deber y hacer un servicio?

23 Sep 2019

Las palabras relevantes de Dios:

No existe correlación entre el deber del hombre y que él sea bendecido o maldecido. El deber es lo que el hombre debe cumplir; es la vocación que le dio el cielo y no debe depender de recompensas, condiciones o razones. Solo entonces el hombre está cumpliendo con su deber. Ser bendecido es cuando alguien es perfeccionado y disfruta de las bendiciones de Dios tras experimentar el juicio. Ser maldecido es cuando el carácter de alguien no cambia tras haber experimentado el castigo y el juicio; es cuando alguien no experimenta ser perfeccionado, sino que es castigado. Pero, independientemente de si son bendecidos o maldecidos, los seres creados deben cumplir su deber, haciendo lo que deben hacer y haciendo lo que son capaces de hacer; esto es lo mínimo que una persona, una persona que busca a Dios, debe hacer. No debes llevar a cabo tu deber solo para ser bendecido y no debes negarte a actuar por temor a ser maldecido. Dejadme deciros esto: lo que el hombre debe hacer es llevar a cabo su deber, y si es incapaz de llevar a cabo su deber, esto es su rebeldía. Es por medio del proceso de llevar a cabo su deber que el hombre es cambiado gradualmente, y es por medio de este proceso que él demuestra su lealtad. Así pues, cuanto más puedas llevar a cabo tu deber, más verdad recibirás y más real será tu expresión. Los que solo cumplen con su deber por inercia y no buscan la verdad, al final serán eliminados, pues esas personas no llevan a cabo su deber en la práctica de la verdad y no practican la verdad en el cumplimiento de su deber. Ellos son los que permanecen sin cambios y serán maldecidos. No solo sus expresiones son impuras, sino que todo lo que expresan es malvado.

Extracto de ‘La diferencia entre el ministerio de Dios encarnado y el deber del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

Sean cuales sean los talentos, dones o capacidades de una persona, si únicamente actúa y se esfuerza por cumplir con el deber y en todo lo que hace se apoya en sus fantasías, nociones o instintos a medida que se esfuerza, nunca busca la voluntad de Dios, no tiene ningún concepto ni necesidad interior que diga “Debo poner en práctica la verdad. Voy a cumplir con el deber”, y su único incentivo es hacer bien su trabajo y terminar sus tareas, entonces, ¿esa persona no vive totalmente de sus dones, talentos, habilidades y capacidades? ¿Hay muchas personas así? En su fe solo piensan en esforzarse y en pregonar su trabajo y sus capacidades. En concreto, cuando la casa de Dios le asigna a la gente trabajos generales, la mayoría adopta ese enfoque a la hora de llevarlos a cabo. Lo único que hacen es esforzarse. A veces usan la boca para decir algo; otras veces utilizan las manos y la fuerza física; en otras ocasiones, las piernas para correr de aquí para allá. ¿Por qué se dice que vivir en dependencia de estas cosas supone emplear la propia fuerza en vez de poner en práctica la verdad? Cuando alguien ha aceptado una tarea que le ha encomendado la casa de Dios, no piensa más que en cómo terminarla lo antes posible para poder dar cuenta a sus líderes y recibir su elogio. Tal vez trace un plan paso a paso y parezca bastante serio, pero se centra exclusivamente en terminar la tarea para que los demás lo vean o, mientras la está haciendo, establece sus propios criterios de evaluación del desempeño, basados en cómo puede actuar para alcanzar la felicidad, la satisfacción y el nivel de perfección al que aspira. Independientemente de los criterios que establezca para sí mismo, si es ajeno a la verdad y no la busca o, en lugar de entender y confirmar lo que Dios le pide antes de actuar, actúa a ciegas, desconcertado, entonces lo que está haciendo es un mero esfuerzo. Está actuando según sus deseos, en virtud de su mente o de sus dones, o en función de la fortaleza de sus habilidades o capacidades. ¿Qué consecuencia tiene actuar así? Puede que hayas terminado la tarea, nadie le haya puesto reparos y te sientas muy satisfecho, pero, al llevarla a cabo, primero no comprendiste la voluntad de Dios, y luego no actuaste con todo tu corazón, con toda tu mente y con todas tus fuerzas; no pusiste todo tu corazón en ella. Si hubieras buscado los principios-verdad y la voluntad de Dios, habrías cumplido con el 90 % de la tarea y, además, habrías podido entrar en la realidad-verdad y entendido correctamente que lo que estabas haciendo concordaba con la voluntad de Dios. Ahora bien, si actuaste descuidadamente y a tontas y a locas, pese a que terminaste la tarea no sabrías para tus adentros lo bien que la hiciste. No tendrías un punto de referencia ni sabrías si estaba de acuerdo con la voluntad de Dios o con la verdad. Por tanto, bastan tres palabras para describir el desempeño del deber en semejante estado: tu propio esfuerzo.

Todos los que creen en Dios deben entender Su voluntad. Solo aquellos que desempañan sus deberes apropiadamente pueden satisfacer a Dios, y el desempeño del deber será satisfactorio solo si se completan las tareas que Él les encomienda. Existen estándares para el cumplimiento de la comisión de Dios. El Señor Jesús dijo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. Amar a Dios es un aspecto de lo que Él requiere de las personas. En realidad, siempre que Dios les haya dado una comisión a las personas, estas crean en Él y cumplan con el deber, estos son los criterios que les exige: que actúen con todo su corazón, con toda su alma, con toda su mente y con todas sus fuerzas. Si tú estás presente, pero tu corazón no —si la memoria y los pensamientos de tu mente están presentes, pero tu corazón no— y si logras las cosas gracias a tus habilidades, ¿estás cumpliendo con la comisión de Dios? Entonces, ¿qué criterio hay que satisfacer para cumplir con la comisión de Dios y llevar a cabo el deber leal y correctamente? Eso es llevar a cabo tu deber con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Si tratas de cumplir correctamente con el deber sin amar a Dios de corazón, no te saldrá bien. Si tu amor por Dios se vuelve cada vez más fuerte y más auténtico, entonces de forma natural podrás llevar a cabo tu deber con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.

Extracto de ‘Aquello concreto en lo que las personas han confiado para vivir’ en “Registros de las pláticas de Cristo

Algunas personas, sin importar el problema al que se puedan enfrentar cuando llevan a cabo sus deberes, no buscan la verdad y siempre actúan de acuerdo con sus propios pensamientos, nociones, imaginaciones y deseos. Están satisfaciendo constantemente sus propios deseos egoístas y su carácter corrupto siempre controla sus acciones. Aunque pueden llevar a cabo el deber que les ha sido asignado, no obtienen ninguna verdad. Así pues, ¿en qué confían estas personas en la realización de sus deberes? No confían ni en la verdad ni en Dios. El trozo de verdad que entienden no ha tomado la soberanía en su corazón: confían en sus propios dones y capacidades, en el conocimiento que han adquirido y en sus talentos, así como en su propia fuerza de voluntad o en sus buenas intenciones, para llevar a cabo estos deberes. ¿Está cumpliendo bien con su deber? ¿Está cumpliendo con su deber satisfactoriamente? Aunque puedas a veces apoyarte en tu naturalidad, tus imaginaciones, tus nociones, tu conocimiento y tu aprendizaje para cumplir con tu deber, en las cosas que haces no se presentan problemas de principios. A simple vista, parece como si no hubieras tomado la senda equivocada, pero hay algo que no puedes pasar por alto: a lo largo del proceso de realizar tu deber, si tus nociones, imaginaciones y deseos personales nunca cambian y nunca son reemplazados con la verdad; y si tus acciones y tus actos nunca se realizan con los principios-verdad, entonces ¿cuál será el resultado final? Te convertirás en un hacedor de servicio. Esto es precisamente lo que estaba escrito en la Biblia: “Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Y entonces les declararé: ‘Jamás os conocí; apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad’” (Mateo 7:22-23). ¿Por qué llama Dios a estas personas que realizan esfuerzo y rinden servicio “los que practicáis la iniquidad”? Hay un aspecto del que podemos estar seguros, y es que, independientemente de los deberes o la obra que hagan estas personas, sus motivaciones, ímpetus, intenciones y pensamientos surgen enteramente de sus deseos egoístas, se basan completamente en sus propias ideas e intereses personales, y estas consideraciones y planes giran totalmente en torno a su reputación, estatus, vanidad y sus perspectivas de futuro. En el fondo no poseen la verdad ni actúan de acuerdo con los principios-verdad. Así, ¿qué es crucial para que ahora busquéis? (Deberíamos buscar la verdad y cumplir con nuestros deberes de acuerdo con la voluntad y los requerimientos de Dios). ¿Qué deberíais hacer en concreto al cumplir con vuestros deberes según los requerimientos de Dios? Con respecto a las intenciones e ideas que tienes cuando haces algo, debes aprender cómo discernir si están de acuerdo con la verdad o no, así como si tus intenciones e ideas están orientadas hacia cumplir vuestros propios deseos egoístas o hacia los intereses de la casa de Dios. Si tus intenciones ideas están de acuerdo con la verdad, entonces puedes hacer tu deber en línea con tu pensamiento; sin embargo, si no están de acuerdo con la verdad, entonces debes darte la vuelta rápidamente y abandonar ese camino. Ese camino no es correcto y no puedes practicar de esa manera; si continúas caminando por esa senda, entonces acabarás cometiendo maldad.

Extracto de ‘Cómo experimentar las palabras de Dios en los propios deberes’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Pedro fue perfeccionado por medio de la experiencia del trato y del refinamiento. Él dijo: “Debo satisfacer el deseo de Dios en todo momento. En todo lo que hago sólo busco satisfacer el deseo de Dios y, aunque sea castigado o juzgado, sigo sintiéndome feliz de hacerlo”. Pedro entregó su todo a Dios, y su obra, sus palabras y toda su vida fueron para amar a Dios. Él era una persona que buscaba la santidad y, cuanto más experimentaba, mayor era su amor por Dios en lo profundo de su corazón. Mientras que Pablo sólo llevó a cabo una obra externa y, aunque trabajó duro, sus esfuerzos eran en aras de realizar su obra adecuadamente y obtener así una recompensa. De haber sabido que no recibiría recompensa, habría abandonado su obra. Pedro se preocupaba por el amor verdadero en su corazón, por lo que era práctico y podía lograrse. No le preocupaba recibir una recompensa, sino si su carácter podía cambiar. Pablo se preocupaba de trabajar siempre más duro, por el trabajo exterior y por la devoción, y por las doctrinas que las personas normales no experimentaban. No le importaban los cambios en su interior ni el amor verdadero por Dios. Las experiencias de Pedro fueron con el fin de lograr amor y conocimiento verdaderos de Dios. Sus experiencias tenían la finalidad de lograr una relación más estrecha con Dios y tener un vivir práctico. La obra de Pablo se realizó por lo que Jesús le confió y con el fin de obtener aquello que anhelaba, pero esto no guardaba relación con el conocimiento de sí mismo y de Dios. Su obra fue únicamente en aras de escapar del castigo y del juicio. Pedro buscaba el amor puro y Pablo, la corona de justicia. Pedro experimentó muchos años de la obra del Espíritu Santo y tenía un conocimiento práctico de Cristo, así como un profundo conocimiento de sí mismo. Por tanto, su amor a Dios era puro. Muchos años de refinamiento habían elevado su conocimiento de Jesús y de la vida, y su amor era un amor incondicional, era un amor espontáneo y él no pedía nada a cambio ni esperaba beneficio alguno. Pablo obró por muchos años, pero no poseía un gran conocimiento de Cristo y su conocimiento de sí mismo era lastimosamente pequeño. Él simplemente no sentía amor por Cristo, y su obra y su recorrido tenían como fin obtener los laureles finales. Él buscaba la mejor corona, no el amor más puro. No buscaba de forma activa, sino pasiva; no estaba cumpliendo con su deber, sino que se vio obligado en su búsqueda tras haber sido capturado por la obra del Espíritu Santo. Así pues, su búsqueda no demuestra que fuera una criatura calificada de Dios; Pedro era una criatura calificada de Dios que cumplía con su deber.

Extracto de ‘El éxito o el fracaso dependen de la senda que el hombre camine’ en “La Palabra manifestada en carne”

La obra de Pablo concernía a la provisión de las iglesias y al sustento de las mismas. Pedro experimentó cambios en su carácter vital, experimentó el amor a Dios. Ahora que sabes las diferencias entre sus esencias, puedes ver quién, en última instancia, creía en Dios verdaderamente y quién no. Uno de ellos amaba a Dios de verdad y el otro no; uno pasó por cambios en su carácter y el otro no; uno sirvió humildemente y las personas no se percataban de él fácilmente y el otro era adorado por las personas y tenía una gran imagen; uno buscaba la santidad y el otro, no y, aunque no era impuro, tampoco poseía un amor puro; uno poseía humanidad verdadera y el otro, no; uno poseía el sentido de una criatura de Dios y el otro, no. Esas son las diferencias entre la esencia de Pablo y la de Pedro. La senda por la que Pedro caminó era la del éxito, que era también la senda de lograr la recuperación de la humanidad normal y de la recuperación del deber de una criatura de Dios. Pedro representa a todos aquellos que tienen éxito. La senda transitada por Pablo era la del fracaso y él representa a todos los que solo se someten y se entregan superficialmente y no aman a Dios genuinamente. Pablo representa a todos los que no poseen la verdad.

Extracto de ‘El éxito o el fracaso dependen de la senda que el hombre camine’ en “La Palabra manifestada en carne”

Fragmentos de sermones y comunicaciones para referencia:

Todos aquellos que no han entrado en la senda correcta de la fe en Dios, cuyo carácter de vida no ha experimentado absolutamente ningún cambio y que no entienden ni una pizca de la verdad, siempre y cuando confíen en su entusiasmo y en su motivación para obtener bendiciones y estén dispuestos a hacer un poco de esfuerzo, pueden dar servicio. Una vez que una persona entiende algunas verdades, tiene auténtica fe en Dios, ya no alberga ninguna duda acerca de Dios, tiene un entendimiento de la obra de Dios, ve que el propósito de la obra de Dios es, totalmente, salvar y perfeccionar a las personas y puede ver que el amor de Dios por el hombre es verdaderamente grande y ha desarrollado un corazón que ama a Dios y un corazón que retribuye el amor que Dios nos da, puede decirse que los deberes que esta persona cumple son buenas obras. Los deberes que esta persona cumple pueden ser considerados oficialmente como deberes cumplidos por una de las creaciones de Dios y no como prestar servicio. Cumplir deberes quiere decir que estás dispuesto a cumplir con tus deberes como un medio de corresponder al amor de Dios. Esta es la diferencia entre cumplir deberes y dar servicio. La motivación no es la misma. El estado y la condición dentro del corazón no son los mismos. Dar servicio es llevar a cabo algunos deberes mientras eres dominado por tu motivación de obtener bendiciones y por tu entusiasmo. Cumplir verdaderamente con el propio deber se hace con base en un entendimiento de la verdad. Se basa en el entendimiento de que, el que un ser creado cumpla con sus deberes, es la ley del cielo, y es con base en el conocimiento del amor de Dios y el deseo de devolver este amor a Dios que surge el deseo de cumplir con los propios deberes. Esto es lo que quiere decir cumplir verdadera y correctamente los propios deberes.

Extracto de “Sermones y enseñanzas sobre la entrada a la vida”

Todas las personas que se enfocan en la vida y buscan ser el pueblo de Dios son capaces de tomar la realización de su deber como una responsabilidad que no puede eludirse; lo hacen con el fin de corresponder al amor de Dios. No regatean la recompensa al cumplir su deber y no tienen demandas. Se puede llamar a todo lo que hacen el cumplimiento de su deber. La categoría de las personas que son llamadas ‘hacedores de servicio’ realiza, en el mejor de los casos, un pequeño esfuerzo por apaciguar a Dios para poder ser bendecida. Su fe está contaminada. No tienen conciencia ni razón y, menos aún, buscan la verdad o la vida. Ya que pueden ver lo terribles que son por naturaleza y que, por tanto, les resultaría imposible convertirse en el pueblo de Dios, abandonan su búsqueda de convertirse en el pueblo de Dios y siempre viven en un estado de negatividad. De ahí que todo lo que hagan sea prestar servicio, porque están atados por el concepto distorsionado que tienen de la voluntad de Dios. La senda que una persona toma determina si lo que hace es cumplir su deber o prestar servicio. Si busca la verdad y se enfoca en la vida, si realiza bien su deber para corresponder al amor de Dios y satisfacer a Dios, y si trabaja duro hacia el objetivo de pertenecer al pueblo de Dios, si se apoya en esta clase de visión, entonces, lo que hace es, sin duda, cumplir su deber. Todas las personas que no tienen la verdad, que están desesperanzadas y viven en un estado de negatividad, que simplemente ponen un poco de esfuerzo para apaciguar y embaucar a Dios, son el tipo de persona que simplemente presta servicio. Está claro que todos los hacedores de servicio verdaderamente son personas sin conciencia ni razón y no buscan la verdad ni poseen la vida. A partir de esto resulta evidente que las personas que no tienen determinación, que no buscan la verdad y que no se enfocan en la vida, tal vez ni siquiera merecen ser hacedores de servicio. Su naturaleza es terrible; no están dispuestas a aceptar la verdad y no creen en Dios. Incluso albergan dudas sobre las palabras de Dios. Es precisamente su propio engaño lo que las arruina. Si alguien realmente es un hacedor de servicio, aun así debe cumplir bien su servicio y no ser superficial ni descuidado. Sólo esto puede capacitarlo para ser un hacedor de servicio que permanece; esto lo haría muy afortunado. Convertirse verdaderamente en un hacedor de servicio no es un asunto sencillo.

Extracto de La comunicación desde lo alto

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