Las palabras relevantes de Dios:
En cada etapa de la obra de Dios existen también las correspondientes exigencias para el hombre. Todos los que están dentro de la corriente del Espíritu Santo poseen la presencia y disciplina del Espíritu Santo, y los que no están dentro de la corriente del Espíritu Santo están bajo el gobierno de Satanás y carecen de la obra del Espíritu Santo. Las personas que están en la corriente del Espíritu Santo son las que aceptan la nueva obra de Dios y son las que cooperan con la nueva obra de Dios. Si las que están dentro de esta corriente no pueden cooperar ni poner en práctica la verdad que Dios exige durante este tiempo, serán disciplinadas y, en el peor de los casos, el Espíritu Santo las abandonará. Dado que han aceptado la nueva obra del Espíritu Santo, viven dentro de la corriente del Espíritu Santo, recibiendo el cuidado y la protección del Espíritu Santo. Las que están dispuestas a poner en práctica la verdad, el Espíritu Santo las esclarece, y las que no están dispuestas a poner en práctica la verdad, el Espíritu Santo las disciplina y hasta pueden ser castigadas. Independientemente de qué clase de persona sean, siempre que estén dentro de la corriente del Espíritu Santo, Dios asumirá la responsabilidad de todas las que aceptan Su nueva obra por el bien de Su nombre. Los que glorifican Su nombre y están dispuestos a poner en práctica Sus palabras, recibirán Sus bendiciones; los que se rebelan contra Él y no ponen en práctica Sus palabras recibirán Su castigo. Las personas que están en la corriente del Espíritu Santo son las que aceptan la nueva obra y, como han aceptado la nueva obra, deben cooperar con Dios de manera acorde y no deben actuar como rebeldes que no llevan a cabo su deber. Esta es la única exigencia que Dios le hace al hombre. No así a las personas que no aceptan la nueva obra: ellas están fuera de la corriente del Espíritu Santo y la disciplina y la amonestación del Espíritu Santo no se les aplican para nada. Estas personas viven todo el día dentro de la carne, viven dentro de sus mentes. Todo lo que hacen es según las doctrinas que se produce fruto de su propio análisis y la investigación; no es lo que requiere la nueva obra del Espíritu Santo, mucho menos es la cooperación con Dios. Los que no aceptan la nueva obra de Dios son despojados de la presencia de Dios y, más incluso, están desprovistos de las bendiciones y de la protección de Dios. La mayoría de sus palabras y acciones se aferran a las exigencias de la obra pasada del Espíritu Santo; son doctrinas, no verdades. Tales doctrinas y preceptos son suficientes para probar que la reunión de estas personas no es más que religión; no son el pueblo escogido ni los objetos de la obra de Dios. El hecho de que todos se reúnan solo puede llamarse una mezcolanza religiosa; no se puede llamar una iglesia. Este es un hecho inalterable. No tienen la nueva obra del Espíritu Santo; lo que hacen huele a religión, lo que viven está repleto de religión; no poseen la presencia y la obra del Espíritu Santo, mucho menos son elegibles para recibir la disciplina o el esclarecimiento del Espíritu Santo. Todas estas personas son cadáveres inertes y gusanos desprovistos de espiritualidad. No tienen conocimiento de la rebelión y oposición del hombre, no tienen conocimiento de toda la maldad del hombre, mucho menos conocen toda la obra de Dios y las actuales intenciones de Dios. ¡Todas son ignorantes, personas viles, son escoria, no aptas para ser llamadas creyentes! Nada de lo que hacen tiene ninguna relevancia para la gestión de Dios, mucho menos puede perjudicar los planes de Dios. Sus palabras y acciones son extremadamente repugnantes, así como patéticas y son simplemente indignas de mención. Nada de lo que hagan los que no están dentro de la corriente del Espíritu Santo tiene nada que ver con la nueva obra del Espíritu Santo. Por esto, no importa qué hagan, no tienen disciplina; mucho menos el esclarecimiento del Espíritu Santo. Porque todas ellas son personas que no tienen amor por la verdad y el Espíritu Santo las ha desdeñado. Se les llama malhechores porque hacen lo que les place, actúan según su carne y enarbolan la bandera de Dios mientras lo hacen, porque son deliberadamente hostiles a Dios y actúan en Su contra mientras Él hace Su obra. El fracaso del hombre en cooperar con Dios es sumamente rebelde en sí mismo; entonces ¿no recibirán particularmente su justa retribución aquellas personas que deliberadamente se oponen a Dios?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La obra de Dios y la práctica del hombre
“Pero Yo os digo que en este lugar hay uno que es más grande que este templo. Pero si vosotros hubierais sabido lo que esto significa, Yo recibiría misericordia y no sacrificio, vosotros no condenaríais a los inocentes. Porque el Hijo del hombre es el Señor aún en el día de reposo” (Mateo 12:6-8).* ¿A qué se refiere la palabra “templo” aquí? Por decirlo de un modo sencillo, alude a un edificio magnífico, alto y, en la Era de la Ley, el templo era un lugar donde los sacerdotes adoraban a Dios. Cuando el Señor Jesús declaró “en este lugar hay uno que es más grande que este templo”,* ¿a quién se refería ese “uno”? Claramente, se trata del Señor Jesús en la carne, porque solo Él era más grande que el templo. ¿Qué transmiten esas palabras a las personas? Les indica que salgan del templo; Dios ya lo había abandonado y no obraba más allí, así que las personas deberían buscar las huellas de Dios fuera del templo y seguirlas en Su nueva obra. Cuando el Señor Jesús dice esto, hay una premisa detrás de Sus palabras, que es que, bajo la ley, la gente había llegado a considerar el templo como algo mayor que Dios mismo. Es decir, las personas adoraban el templo en lugar de a Dios, así que el Señor Jesús les advierte que no adoren a los ídolos, sino, en cambio, a Dios porque Él es supremo. Por consiguiente, Él dijo: “Yo recibiría misericordia y no sacrificio”.* Es evidente que, a los ojos del Señor Jesús, la mayoría de las personas que vivían bajo la ley ya no adoraban a Jehová, sino que seguían la corriente del sacrificio, y el Señor Jesús determinó que esto era adorar a los ídolos. Estos adoradores de ídolos veían el templo como algo mayor y más elevado que Dios. En sus corazones solo figuraba el templo, Dios no; si lo perdían, con él perdían también su morada. Sin él no tenían dónde adorar y no podrían llevar a cabo sus sacrificios. Su pretendida “morada” era donde ellos utilizaban la falsa pretensión de la adoración a Jehová Dios, a fin de permanecer en el templo y llevar a cabo sus propios negocios. Los supuestos “sacrificios” que realizaban eran solo para efectuar sus propios negocios personales y vergonzosos fingiendo cumplir con su servicio en el templo. Por esta razón, las personas de aquella época consideraban que el templo era mayor que Dios. El Señor Jesús pronunció estas palabras como una advertencia para las personas porque usaban el templo como tapadera, y los sacrificios como pretexto para engañar a otros y a Dios. Si se aplican estas palabras al presente, siguen siendo igual de válidas y pertinentes. Aunque las personas de hoy han experimentado una obra de Dios distinta a la de quienes vivieron en la Era de la Ley, su esencia-naturaleza es la misma.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo III
Si alguien que cree en Dios se atiene a la verdad como si fuera un conjunto de preceptos, ¿no es probable que su fe se convierta en participación en un ritual religioso? (Sí). Observar rituales religiosos no difiere realmente del cristianismo; quienes lo hacen han avanzado y progresado más en términos de enseñanza y teoría, y su fe ha crecido y se ha desarrollado un poco más. Eso es todo. Si creer en Dios se convierte en una creencia religiosa, en un estudio de teología, en un conjunto de preceptos o rituales, ¿no se ha convertido entonces en cristianismo? Hay una diferencia entre las enseñanzas nuevas y las antiguas, pero si lo único que haces es comprender la verdad como doctrina, y no sabes cómo practicar la verdad, y mucho menos cómo experimentar la obra de Dios, y si, por muchos años que creas en Dios, por muchas dificultades que pases, por muchos buenos comportamientos que tengas, lo que tienes no es, sin embargo, una comprensión auténtica de la verdad, y no has ganado la verdad ni has entrado en la realidad-verdad, entonces ¿acaso tu modo de creer no es el del cristianismo? ¿No es esa la esencia del cristianismo? (Sí). Entonces, ¿qué ideas o estados tenéis en vuestras acciones o en la realización de vuestro deber que sean similares o iguales a los de la gente en el cristianismo? (Nos atenemos a los preceptos y nos equipamos con palabras y doctrinas). Adhesión a los preceptos, predicar palabras y doctrinas, considerar la verdad como palabras y doctrinas, ¿qué más? (Nos centramos en hacer el trabajo, no en la entrada en la vida). Os centráis solo en esforzaros, no en ganar la vida ni en entrar en la realidad-verdad, ¿qué más? (Nos centramos en la apariencia de espiritualidad y buen comportamiento). Ya habéis dicho bastante, así que lo resumo: buscar un supuesto buen comportamiento y esforzarse mucho por envolverse en un barniz de espiritualidad y hacer cosas que la gente considera correctas en sus nociones y figuraciones, cosas que la gente tiende a respaldar, es buscar una falsa espiritualidad. Tal persona es un hipócrita que se sube a su pedestal para predicar palabras y doctrinas, que les enseña a otros cómo hacer buenas cosas y a ser buenas personas, que se hace pasar por una persona espiritual. Sin embargo, en su conducta propia, en el manejo de los asuntos y en la ejecución de su deber, nunca busca la verdad, sino que vive según actitudes satánicas. En todo lo que le sucede, se guía por su propia voluntad, dejando a Dios de lado. Nunca actúa según los principios-verdad; se limita a atenerse a los preceptos. No entiende en absoluto la verdad ni las intenciones de Dios, ni los estándares que Dios requiere del hombre ni lo que Él logrará salvando al hombre. Nunca investiga a fondo estos detalles sobre la verdad ni pregunta por ellos. Todo lo que revelan estos dichos y comportamientos del hombre es materia de hipocresía. Después de haber observado los verdaderos estados en los corazones de tales personas junto con su comportamiento visible, uno puede estar seguro de que no poseen la realidad-verdad en absoluto, que de hecho son fariseos hipócritas, que son incrédulos. Si alguien cree en Dios, pero no persigue la verdad, ¿posee fe verdadera? (No). ¿Puede alguien que cree en Dios durante tantos años, pero que no acepta la verdad en absoluto, llegar a temer a Dios y evitar el mal? (No). No puede. ¿Cuál es, entonces, la naturaleza del comportamiento de tales personas? ¿Qué tipo de senda pueden seguir? (La senda de los fariseos). ¿Con qué pasan sus días equipándose? ¿Acaso no es con palabras y doctrinas? Pasan sus días armándose, revistiéndose con palabras y doctrinas para parecerse más a los fariseos, para ser más espirituales, más parecidos a personas que sirven a Dios. Entonces, ¿cuál es la naturaleza de todas estas obras? ¿Es adorar a Dios? ¿Es esa la auténtica fe en Él? (No, no lo es). Entonces, ¿qué están haciendo? Están engañando a Dios; sólo están siguiendo los pasos de un proceso. Están agitando la bandera de la fe y realizando ritos religiosos, tratando de engañar a Dios para lograr su objetivo de ser bendecidos. Estas personas no adoran a Dios en absoluto. Al final, ese grupo de personas terminará igual que quienes están dentro de las capillas que supuestamente sirven a Dios, creen en Él y lo siguen.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo con temor a Dios se puede recorrer la senda de la salvación
Aquellos fariseos judíos, sumos sacerdotes y escribas de la Era de la Ley creían en Dios nominalmente, pero le dieron la espalda a Su camino, e incluso crucificaron al Dios encarnado. Entonces, ¿podría su fe haber obtenido la aprobación de Dios? (No). Dios ya los había calificado de grupo religioso. En cuanto a aquellos que creen en Jesús, Dios de manera similar no los reconoce como personas que creen en Él y lo siguen. También creen en el Dios del cielo, en un Dios vago, y también equivalen a un grupo religioso; Dios no los reconoce como miembros de Su iglesia. ¿Por qué condenaría Dios tanto al mundo religioso? Porque todos los miembros de los grupos religiosos, especialmente los líderes de alto nivel de diversas denominaciones, no tienen un corazón temeroso de Dios, no son seguidores de Su voluntad y todos son incrédulos. No creen en la encarnación de Dios, y mucho menos aceptan la verdad. Nunca buscan la obra de Dios en los últimos días ni investigan o aceptan las verdades que Dios expresa, e incluso pueden condenar directamente la obra de la encarnación de Dios en los últimos días y blasfemar contra ella. En esto se ve claramente que, aunque puede que crean nominalmente en Dios, Él no los reconoce como Sus creyentes, sino que los considera unos malhechores, y asegura que nada de lo que hacen tiene la menor relación con Su obra de salvación, que son no creyentes ajenos a Sus palabras. Si, en vuestra fe en Dios, solo perseguís tener buenos comportamientos externos y nunca buscáis la verdad en ningún asunto, sino que en su lugar obedecéis y hacéis caso a las personas, ¿no llegará el día en que también vosotros caigáis en ser adeptos a la religión? No se puede alcanzar la salvación creyendo en Dios desde dentro de la religión. ¿A qué se debe esto, exactamente? Si no lográis desentrañarlo, demuestra que no entendéis la verdad ni las intenciones de Dios en absoluto. Lo más trágico que puede pasarles a los creyentes en Dios es que desciendan a un grupo religioso y sean descartados por Él. Esto es algo inimaginable para el hombre, y aquellos que no comprenden la verdad nunca podrán entender este asunto con claridad. Decidme, cuando a ojos de Dios una iglesia se ha convertido poco a poco en una religión y se ha transformado en una denominación, a lo largo de los muchos y largos años transcurridos desde su creación, ¿son las personas que la componen objeto de la salvación de Dios? ¿Son miembros de Su casa? (No). No lo son. ¿Qué senda recorren estas personas que creen nominalmente en el Dios verdadero y, sin embargo, son consideradas por Él como creyentes en la religión? La senda que recorren es una en la cual llevan el estandarte de la fe en Dios, pero nunca siguen Su camino; es una en la cual creen en Él, pero jamás lo adoran, e incluso lo abandonan; es una en la cual afirman creer en Dios, pero se resisten a Él. Creen en el nombre de Dios, en el Dios verdadero, de manera nominal, pero en realidad adoran a Satanás y los diablos, llevan a cabo proyectos humanos y establecen reinos humanos independientes. Esa es la senda que recorren. Al observar la senda que recorren en su fe en Dios, es evidente que son un grupo de incrédulos, una banda de anticristos, un grupo de satanases y diablos que específicamente se resisten a Dios y trastornan Su obra. Esa es la esencia del mundo religioso. ¿Tiene algo que ver un grupo de tales personas con el plan de gestión de Dios para la salvación del hombre? (No). Si a la creencia de los creyentes en Dios, por muchos que sean, Él la califica como la de un grupo religioso, entonces estas personas no son objeto de la obra y la salvación de Dios. Él ya lo ha determinado, y no se puede salvar a estas personas. ¿Por qué digo esto? Un grupo sin la obra o guía de Dios que no se somete a Él ni lo adora en absoluto puede creer nominalmente en Dios, pero es a los pastores y ancianos de la religión a quienes siguen y obedecen, y los pastores y ancianos de la religión son por su esencia propios de Satanás e hipócritas. Por tanto, lo que esas personas siguen y obedecen es a Satanás y los diablos. Afirman creer en Dios, pero, de hecho, son manipuladas por el hombre, están sujetas a las instrumentaciones y el dominio humanos. Así que, en términos esenciales, siguen y obedecen a Satanás y a los diablos, y a las fuerzas del mal que se resisten a Dios y a Sus enemigos. ¿Salvaría Dios a una banda de gente así? (No). ¿Por qué no? Bien, ¿son tales personas capaces de arrepentirse? No se van a arrepentir. Se dedican a operaciones y empresas humanas bajo el estandarte de la fe en Dios, yendo en contra de Su plan de gestión para la salvación del hombre, y su resultado final será que sean desdeñadas por Dios. Es imposible que Él las salve y son incapaces de arrepentirse; han sido arrastradas por Satanás, y Dios se las entrega a este. La posibilidad de que Dios apruebe nuestra fe en Él, ¿está supeditada a la cantidad de años que esta haya perdurado? ¿Depende de la clase de rituales que uno obedece o de los preceptos que uno defiende? ¿Se fija Dios en las prácticas humanas? ¿Se fija en su número? (No). ¿En qué se fija entonces? Cuando Dios ha escogido a un grupo de personas, ¿sobre qué base evalúa si pueden ser salvadas, si Él las salvará? Se basa en si pueden aceptar la verdad, en la senda que recorren. Aunque Dios no le haya dicho al hombre tantas verdades en la Era de la Gracia como ahora, y aunque no fueran tan específicas, Él todavía era capaz de hacer perfecto al hombre, y todavía había personas a las que se podían salvar. Entonces, si las personas de la era actual, que han escuchado tantas verdades y entienden las intenciones de Dios, no pueden seguir Su camino o embarcarse en la senda de la salvación, ¿al final cuál será su desenlace? En definitiva, acabarán como los creyentes en el cristianismo y el judaísmo: al igual que ellos, no podrán salvarse. Este es el carácter justo de Dios. No importa cuántos sermones hayas oído o cuántas verdades hayas entendido; si aún eres capaz de ser desorientado por la gente —siguiendo al hombre y a Satanás— y al final no puedes seguir el camino de Dios ni temerle y evitar el mal, entonces Dios desdeña a este tipo de personas. Las personas en la religión pueden ser capaces de predicar una gran cantidad de conocimiento bíblico, y pueden entender algo de doctrina espiritual, pero no pueden someterse a la obra de Dios ni practicar y experimentar Sus palabras, y tampoco adorarle realmente ni temerle y evitar el mal. Todos ellos son hipócritas, no personas que se someten realmente a Dios. A ojos de Dios, tales personas se definen como un grupo religioso, una camarilla humana y una morada de Satanás. Colectivamente, son la banda de Satanás, el reino de los anticristos, y Dios los desdeña por completo.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo con temor a Dios se puede recorrer la senda de la salvación