Una decision difícil

10 Ene 2022

Por Chen Min, España

En el 99, acepté la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días, y pronto empecé a desempeñarme como líder. Mi primer arresto ocurrió por diciembre, del año 2000. Era mediodía, y estaba sirviendo el almuerzo a mis dos hijos, cuando cinco policías irrumpieron en mi casa y empezaron a destrozarla, buscando sin haber mostrado ningún papel. Los niños se aferraban a mi ropa, atemorizados, y yo sentía las manos de mi hijo temblando. Apenas tenía seis años. Al encontrar una Biblia y un diario de devocionales que yo había escrito, decidieron arrestarme. Cuando me arrastraban, mis hijos lloraban y gritaban: “¡Mamá, no te vayas!”. Cerraron la puerta cuando me di vuelta para verlos. Las lágrimas empezaron a caer por mi rostro porque no sabía si volvería a verlos otra vez. Me llevaron a una sala de interrogatorios de la OSP, donde me esposaron a una silla metálica. Había varias personas mirándome fijamente. Estaba aterrada y pronto empecé a orarle a Dios sin parar. Decía: “¡Dios! No sé cómo van a torturarme estos policías, y soy de escasa estatura. Dios, dame fe para que pueda mantenerme firme en el testimonio”. En ese momento, pensé en estas palabras de Dios: Dios dice: “Este es el momento en que te probaré, ¿me ofrecerás tu lealtad? ¿Puedes seguirme hasta el final del camino con lealtad? No tengas miedo; con Mi apoyo, ¿quién podría bloquear el camino?” (‘Capítulo 10’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios me dieron fe, y pensando en que Dios es mi apoyo, sentí menos temor. Aunque la policía fuera brutal, estaba en manos de Dios, y sin importar cómo me torturaran, decidí no ser como Judas. ¡Me mantendría firme en mi testimonio a Dios!

Después, uno de los oficiales, comenzó el interrogatorio. Dijo: “¿Quién te convirtió en creyente de Dios Todopoderoso? ¿Quién es tu líder? ¿Dónde guardan las ofrendas de la iglesia?”. Dije que no sabía nada. Se paseaba frente a mí, y dijo, mirándome agresivamente: “No hablarás, ¿eh? ¡Yo haré que abras la boca!”. Al decir esto, enrolló una revista, y yo cerré los ojos, preparándome para el golpe. Justo entonces oí que el director de la Brigada de Seguridad Nacional decía: “Hoy, hallamos tu casa porque ya teníamos pruebas de tu fe. Haremos que te declaren culpable aun sin decir nada. Pero si dices lo que sabes, te dejaremos ir a casa”. También dijo: “Tus hijos son muy pequeños, sería terrible que no tuvieran a su madre para cuidarlos. Si sus maestros y compañeros se enteran de que su mamá está presa, se burlarán de ellos y los despreciarán. ¿Acaso no sería muy dañino para sus psiquis?”. Y me preguntó: “¿Tendrías el valor de hacerlo? ¿Despreciarías a tus hijos, por tu religión?”. Oírlo decir eso de inmediato me recordó la mirada de miedo de mis hijos y me llevó al límite enseguida. Pensé en todo lo ocurrido en ese día y me pregunté qué tipo de heridas les dejaría. Si me sentenciaban, ¿quién los cuidaría? Sobre todo al niño muy propenso a enfermarse, ¿qué haría sin su mamá para cuidarlo? ¿Cómo soportarían las burlas, el desprecio de sus maestros y compañeros? Ante esos pensamientos, mis lágrimas fluyeron sin parar y me apresuré a orar a Dios: “¡Dios! Me preocupan mis hijos, y estoy muy nerviosa. protege mi corazón para estar tranquila, ser firme en el testimonio y no traicionarte”.

Entonces, pensé en estas palabras de Dios. Dios dice: “¿Por qué no las encomiendas a Mis manos? ¿No tienes suficiente fe en Mí? ¿O es que tienes miedo de que Yo haga disposiciones inapropiadas para ti? ¿Por qué siempre te preocupas de la familia de tu carne? ¡Siempre echas de menos a tus seres queridos! ¿Ocupo Yo un lugar determinado en tu corazón?” (‘Capítulo 59’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios de inmediato iluminaron mi corazón. Dios es el Creador, y Él manda sobre el destino de todos. Dios estaba a cargo de lo que pasara con esos niños en el futuro, y mi preocupación era inútil. Debía tener fe en Dios, admirarlo y entregarlos a Él. Ante este pensamiento, no me sentí tan preocupada por ellos. Después, pensaba que mi fe no violaba ninguna ley Solo leo las palabras de Dios, y comparto el evangelio. La policía me detuvo ilegalmente y destruyó la vida normal de mi familia. Culpar a mi fe de que no cuidara a mis hijos, ¿no era eso torcer las cosas? Cuando pensé eso, les respondí: “¿Es debido a mi religión, o porque me tienen aquí encerrada? Creer en Dios no es ilegal. Solo intentamos ser buenas personas. ¿Por qué están siempre arrestando a los creyentes?”. Cuando dije eso, estallaron en carcajadas, y un oficial dijo: “Qué pregunta inocente. Si todos creyeran en Dios, ¿quién obedecería al PCCh? ¿a quién guiaría el Partido? No podemos dejar que crean, ¡los creyentes deben ser arrestados!”. Oír que lo explicara así, me enfureció mucho. Me recordó que Dios dijo: “En una sociedad oscura como esta, donde los demonios son inmisericordes e inhumanos, ¿cómo podría el rey de los demonios, que mata a las personas sin pestañear, tolerar la existencia de un Dios hermoso, bondadoso y además santo? ¿Cómo podría aplaudir y vitorear Su llegada? ¡Esos lacayos! Devuelven odio por amabilidad, han desdeñado a Dios desde hace mucho tiempo, lo han maltratado, son en extremo salvajes, no tienen el más mínimo respeto por Dios, roban y saquean, han perdido toda conciencia, van contra toda conciencia, y tientan a los inocentes para que sean insensibles. ¿Antepasados de lo antiguo? ¿Amados líderes? ¡Todos ellos se oponen a Dios! ¡Su intromisión ha dejado todo lo que está bajo el cielo en un estado de oscuridad y caos! ¿Libertad religiosa? ¿Los derechos e intereses legítimos de los ciudadanos? ¡Todos son trucos para tapar el pecado!” (‘La obra y la entrada (8)’ en “La Palabra manifestada en carne”). A través de las palabras de Dios vi la escencia del PCCh. Eran perversos en contra del Cielo. Está claro que Dios creó todas las cosas, creó a la humanidad, y Dios nutre y sostiene a toda la humanidad. Adorar a Dios es natural y correcto, pero el Partido Comunista no deja que la gente crea y siga a Dios, promueve el ateísmo y la evolución para engañarnos. Sin vergüenza, asegura que absolutamente no hay ningún Dios en el mundo y que la felicidad del pueblo proviene por completo del Partido. Quiere que el pueblo le esté agradecido, lo escuche y obedezca. ¡El Partido es increíblemente malvado y despreciable! Dios vino personalmente a la tierra a salvar a la humanidad expresando millones de palabras. A lo que más temen es a que la gente entienda la verdad y sepa qué es el Partido tras leer las palabras de Dios, ya no podrían controlarla, y se volvería hacia Dios. Por eso se desesperan por arrestar cristianos, esperan eliminar la obra de Dios, y controlar a las personas para siempre. Luego de experimentar su persecución, vi su esencia demoníaca de odio a la verdad como enemiga de Dios. y hasta desprecié a ese malvado grupo de demonios anti-Dios. Decidí seguir a Dios firmemente y mantenerme firme en el testimonio, aunque sufriera.

Finalmente, me acusaron de obstruir la ley y alterar el orden público, y me detuvieron por 18 días. Durante ese tiempo, intentaron que personas me identificaran como líder de la iglesia y que mi esposo me dijera que debería renunciar a mi fe. Las palabras de Dios me guiaron a través de los trucos de Satanás y no caí. Después, mi esposo le pagó a alguien para que me sacara bajo fianza. El día que me liberaron, un policía dijo: “Por tu actitud actual, es seguro que vas a seguir creyendo. Te estaremos vigilando, y te arrestarmos cuando te veamos en una reunión o compartiendo el evangelio”. Para poder practicar mi fe, cumplir con mi deber y que no me arresten, me mudaba de casa en casa. En esa época, mi esposo era subjefe de gobierno del municipio y había perdido toda posibilidad de ascenso desde que me arrestaron por mi fe. Luego, en abril del 2007 una noche regresó a casa, y dijo: “Algunos cuadros serán promovidos pronto y esta vez no quiero renunciar. Debido a tu fe, no aprobé las averiguaciones de antecedentes políticos cuando tuve la oportunidad. Le dije a mi líder que esta vez quiero participar, y dijo que me recomendaría, si renuncias a tu religión. Solo debes dejar de creer para que tengamos una buena vida, y darles un hogar estable a nuestros hijos. Si insistes en mantener tu fe, debemos divorciarnos. Ya no me arrastrarás a esto. ¡Piénsalo!”. Luego se fue a la otra habitación. En ese momento, me dolió mucho oirle decir eso. Siempre había sido muy bueno conmigo, teníamos dos hijos pequeños inteligentes y adorables. Él tenía un empleo, yo un negocio, y teníamos una vida muy feliz. Por la persecución del gobierno chino, nuestra maravillosa familia se iba a destrozar. En cuanto al divorcio, no sabía cómo me las arreglaría, qué hacer con los niños ni cuánto les dolería a ellos. Esos pensamientos me hicieron sentir horrible. Me sentí desgarrada, indefensa y dolida, sentí que mi corazón se partía en dos. Ni siquiera puedo describirlo. Me apuré a orarle a Dios, dije: “Dios, No puedo dejarte. pero no puedo abandonar mi casa, mi esposo y mis hijos. No sé qué hacer, qué opción elegir”. Oré una y otra vez: “Dios, ¿qué debería hacer? Por favor, guíame para que pueda entender Tu voluntad”.

Entonces, pensé en este pasaje. Dios dice: “No existe relación entre un esposo creyente y una esposa incrédula y no existe relación entre los hijos creyentes y los padres incrédulos; son dos tipos de personas completamente incompatibles. Antes de entrar al reposo, se tienen parientes físicos, pero una vez que se ha entrado en el reposo, ya no se tendrán parientes físicos de los cuales hablar” (‘Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo’ en “La Palabra manifestada en carne”). Pensé en las palabras de Dios y noté que las personas de fe y sin fe, son en esencia muy diferentes. Con actitudes de vida y valores diferentes. Yo estaba en el camino correcto de la fe, de buscar la verdad y mi esposo estaba en el camino de ascender y ganar dinero. Para ganar un ascenso, estaba dispuesto a ignorar años de matrimonio y los sentimientos de nuestros hijos, prefería el divorcio. Y era porque, en su corazón, desde hacía mucho tiempo, el estatus y el futuro eran más importantes que los niños y yo. Aunque él decía que quería darles a los niños un hogar estable y quería tener una vida feliz, era solo una ilusión. Era bueno conmigo porque no transgredia sus intereses personales pero ahora, mi fe y mi arresto, afectaban su carrera. Eran una barrera en su ascenso por eso, quería el divorcio. Cuando lo pensé, me pareció muy frío. Y vi que no había amor verdadero entre los seres humanos, solo engaño y explotación. De hecho, mi esposo sabía muy bien que el Partido Comunista era malvado y dictatorial, pero seguía poniéndose de su lado y me pedía renunciar a mi fe. Esta vez, me presionaba con el divorcio. Él tenía una perspectiva diferente, y estábamos en diferentes rumbos, no seríamos felices, aunque siguiéramos juntos. Cuando vi eso, supe lo que tenía que hacer. Fuimos a la Oficina del Registro Civil al día siguiente para iniciar el divorcio. En el camino dijo: “No quiero divorciarme, pero no hay otra opción. Cuídate bien, y cuida bien de los dos niños”. Oírle decir eso, de pronto me hizo llorar Pensé en todas las dificultades, las burlas y la discriminación que tendría que enfrentar tras el divorcio y me atenazó el dolor. Rápidamente, dije una plegaria pidiéndole a Dios proteger mi corazón y firmeza, en mi testimonio. Después, pensé en algunas de Sus palabras. “Debes sufrir adversidades por la verdad, debes entregarte a la verdad, debes soportar humillación por la verdad y, para obtener más de la verdad, debes padecer más sufrimiento. Esto es lo que debes hacer. No debes desechar la verdad en beneficio de una vida familiar pacífica y no debes perder la dignidad e integridad de tu vida por el bien de un disfrute momentáneo. Debes buscar todo lo que es hermoso y bueno, y debes buscar un camino en la vida que sea de mayor significado. Si llevas una vida tan vulgar y no buscas ningún objetivo, ¿no estás malgastando tu vida? ¿Qué puedes obtener de una vida así? Debes abandonar todos los placeres de la carne en aras de una verdad y no debes desechar todas las verdades en aras de un pequeño placer. Personas como estas no tienen integridad ni dignidad; ¡su existencia no tiene sentido!” (‘Las experiencias de Pedro: su conocimiento del castigo y del juicio’ en “La Palabra manifestada en carne”). En las palabras de Dios, vi que no importa cuán buena sea la vida en la carne, ni cuánto te envidien o admiren, nada de eso importa. Solo el buscar la verdad y cumplir el deber, gana la aprobación de Dios, solo esta es una vida de integridad y dignidad, y es valiosa y significativa. Pensar en esto, fue muy liberador, y manejé los trámites del divorcio sin contratiempos. Con la guía de las palabras de Dios, me liberé de las ataduras de mis afectos y ¡tomé la decisión correcta!

En mayo de 2011, me arrestaron otra vez estando en una reunión. Fueron los mismos oficiales de la década anterior. Encontraron mi identificación y me llamaron, diciendo: “En estos diez años fuimos muchas veces a tu casa y no te encontramos. Y ahora encontramos el tesoro. ¡No te dejaremos ir esta vez!”. Mientras hablaban, me esposaron y me metieron en la patrulla. En el auto, pensé en las tres hermanas que fueron arrestadas y torturadas brutalmente por la policía durante todo un mes. Una de ellas sufrió un daño permanente en el brazo izquierdo al dejarla colgada demasiado tiempo. Pensar en eso hizo que mi corazón palpitara. Temí que me golpearan hasta matarme o discapacitarme. En mi corazón, clamé a Dios con urgencia, diciendo: “¡Dios! Has permitido que me arrestaran hoy, otra vez, y me someteré a Tus instrumentaciones, pero Dios mi estatura es escasa, y mi carne es débil. Protégeme y guíame a través de esta experiencia. Dios, estoy dispuesta a dar mi vida, y nunca seré un Judas ni te traicionaré. Me mantendré firme en el testimonio por ti”. Después de mi oración, pensé en las palabras de Dios. Dios dice: “Sabes que todas las cosas del entorno que te rodea están ahí porque Yo lo permito, todo planeado por Mí. Ve con claridad y satisface Mi corazón en el entorno que te he dado. No temas, el Dios Todopoderoso de los ejércitos seguramente estará contigo; Él guarda vuestras espaldas y es vuestro escudo” (‘Capítulo 26’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”). Así vi que mi vida y muerte, estaban en manos de Dios, y no tomarían mi vida sin que Dios lo permitiera. Aunque salvaje, Satanás sigue sujeto a las instrumentaciones de Dios y nunca puede sobrepasar la autoridad de Dios. Pensé en Job cuando atravesó sus pruebas. Dios no permitió que Satanás dañara la vida de Job, y Satanás no podía ir en contra de lo que Dios dijera. Eso me trajo paz al corazón y me dio fe para enfrentar lo que vendría. Entonces le juré a Dios: “No importa cuánto sufra ni qué pase, ¡me mantendré firme en el testimonio y te seguiré siempre!”. Luego el líder de la Brigada de Seguridad Nacional, empezó a interrogarme. Dijo: “Este es un caso muy importante para nuestra ciudad ahora. Te arrestaron una vez en el año 2001, y alguien denunció que seguías difundiendo el evangelio en 2009. Varios intentos de arrestarte fracasaron. Esta vez te encontramos en una reunión, así que, aunque no digas nada, aún podemos encarcelarte de siete a diez años. Con tu sentencia, tus hijos no serán admitidos en la universidad, ni serán funcionarios del estado. Y siempre serán hostigados por todos por tener una madre como tú. Serás culpable de arruinarles el futuro. ¡Te odiarán de por vida!”. Después, dijo: “Aunque no pienses en ti, piensa en el futuro de tus hijos. Si cooperas con nosotros, y nos dices lo que sabes, si nos dices quién es tu líder ahora, y nos das el dinero de la iglesia, te dejaremos libre”. Oírle decir eso realmente me asqueó. El Partido Comunista no parará en su persecusión a cristianos, incluso impedirá que sus hijos vayan a la universidad. Usaron esa táctica de privar a mis hijos de educación para obligarme a traicionar a la iglesia y traicionar a Dios, y además dijeron que era mi fe la que arruinaba su futuro. ¡Era todo lo contrario! ¡El Partido Comunista es muy malvado! No se detienen ante nada para destruir la obra de Dios y evitar que la gente se vuelva a Dios. ¡Palabras dulces, y actos venenosos! Sabiendo eso, vi que no podía caer en su trampa, sino ser firme en mi testimonio. Me interrogaron hasta después de las 2 de la madrugada. Al ver que no hablaría, me enviaron a un centro de detención. Un oficial dijo: “Esta vez serás sentenciada e irás a prisión”.

En el centro de detención, me encerraron con asesinos, traficantes de personas, prostitutas y estafadores. Estaba en verdad destruída y deprimida. Era oscuro y húmedo, y había un terrible olor todo el tiempo. En ese ambiente, mi reumatismo y mi reuma del corazón empeoraron cada vez más, y me dolían todas las articulaciones. Hacía guardias de dos horas cada noche, al rato de estar de pié, tenía palpitaciones y me dolía el pecho. Era horrible. Pensé en que el oficial había dicho de siete a diez años, y empecé a calcular cuántos días hay en siete años, y cuántos hay en diez años. Serían miles de días y noches. ¿Cómo podría sobrellevarlos en este abismo de oscuridad? ¿Saldría viva de aquí? Al pensar eso, no pude evitar que las lágrimas me inundaran. y sentí que la oscuridad se adueñaba de mi corazón. Supe que no estaba en el estado correcto, así que oré rápido, pidiendo a Dios que me ayudara a calmarme ante Él y a no alejarme de Él. Luego, pensé en este pasaje de las palabras de Dios: “En este vasto mundo, ¿quién personalmente ha sido examinado por Mí? ¿Quién ha escuchado personalmente las palabras de Mi Espíritu? Tantas personas se mueven a tientas y buscan en las tinieblas, tantas otras oran en medio de la adversidad, tantas miran con esperanza mientras sufren de hambre y frío, y tantas se encuentran atadas por Satanás; sin embargo, hay tantas que no saben a dónde recurrir, tantas me traicionan en medio de su felicidad, tantas son ingratas, y tantas son fieles a los esquemas engañosos de Satanás. ¿Quién entre vosotros es Job? ¿Quién es Pedro? ¿Por qué he mencionado repetidamente a Job? ¿Y por qué me he referido a Pedro tantas veces? ¿Alguna vez habéis apreciado Mis esperanzas sobre vosotros? Deberíais dedicar más tiempo a reflexionar sobre estas cosas” (‘Capítulo 8’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”). Después de considerar esto, claro entendí que Dios aprueba a las personas como Job y Pedro, porque fueron firmes en su testimonio en dificultades y pruebas. Como Job, cuando atravesó sus pruebas, le arrebataron su riqueza, a sus hijos, y todo su cuerpo estaba cubierto de llagas, y él aún alabó el nombre de Dios, humillando a Satanás. Y Pedro fue crucificado por Dios, obediente hasta la muerte, fue testigo para Dios. En cuanto a mí, disfruté del sustento de las palabras de Dios, pero quise huir en cuanto enfrenté un poco de sufrimiento. No tenía verdadera fe ni obediencia, ni quería morir por ser firme en el testimonio. Estaba muy lejos de ser lo que Dios requiere. Me aferraba a la vida, ¿cómo podía dar testimonio para Dios? Ante esto, sentí mucho remordimiento y culpa, y oré a Dios: “¡Dios! Estoy lista para poner mi vida y mi muerte en Tus manos y me someteré a Tus arreglos. No importa cuántos años, me encierren, o cuánto sufra, quiero ser firme en el testimonio y humillar a Satanás”. Para mi sorpresa, después de ofrecer todo y ya no me sentía limitada por la carne, el día número 28 de mi detención, me liberaron. Descubrí que mi exesposo, temiendo que mi arresto afectara la admisión en la universidad de nuestros hijos, sobornó a alguien para asegurar mi liberación. En silencio, agradecía a Dios en mi corazón.

Mi exesposo condujo al centro de detención para verme el día de mi liberación. Vio que, luego de un mes, era totalmente diferente y me preguntó: “Adelgazaste tanto, después de tan solo un mes, que no habrías sobrevivido varios años. Esta vez sí renunciarás, ¿verdad?”. Cuando no respondí, siguió presionándome: “Vamos, ¿dejarás de creer?”. Y vi que era una batalla del mundo espiritual, y debía mantenerme firme en el testimonio a Dios. Con mucha calma, le dije: “¡Seguiré creyendo! ¡Tener fe es lo correcto y natural, y creeré mientras viva!”. Al oírme decir esto, golpeó el volante con enojo, suspiró y sacudió la cabeza, luego, explotó y dijo: “¡Debo reconocerle el mérito a tu Dios! El Partido lo intenta todo para ganar los corazones de la gente, pero nunca puede, mientras que ustedes, los creyentes, insisten en creer sin ganancia material, e incluso, tras varios arrestos. ¡Tu Dios es poderoso!”. Oírle decir eso me conmovió profudamente, y agradecí a Dios por guiarme a ser firme en el testimonio, y derrotar a Satanás. ¡Gracias a Dios!

Unos días después de mi liberación, mi hijo volvió de la escuela, y yo le había preparado su plato preferido de pollo con hongos. Después de comer, me habló con mucha solemnidad. Dijo: “Mamá, hoy tienes que tomar una decisión. Si quieres que siga siendo tu hijo, debes abandonar tu fe. Si sigues en tu religión, me iré de casa, y nunca me volverás a ver”. Quedé sorprendida. Siempre había sido muy cercano a mí y nunca antes se había opuesto a mi fe. No sabía qué le había hecho decir eso ese día, y de pronto, lo sentí como un desconocido. Por un momento, no pude hablar. En ese momento, fue muy doloroso, y sentí que este camino de fe en verdad estaba lleno de adversidad y altibajos. Había una elección a cada paso. En ese momento, sentí que era una decisión demasiado difícil, por lo que oré a Dios y dije: “Oh, Dios, no puedo abandonarte, pero no quiero perder a mi hijo. Dios, por favor, guíame para que comprenda Tu voluntad”. Pensé en un pasaje después de mi oración. Dios dice: “En cada paso de la obra que Dios hace en las personas, externamente parece que se producen interacciones entre ellas, como nacidas de disposiciones humanas o de la interferencia humana. Sin embargo, detrás de bambalinas, cada etapa de la obra y todo lo que acontece es una apuesta hecha por Satanás ante Dios y exige que las personas se mantengan firmes en su testimonio para Dios. Mira cuando Job fue probado, por ejemplo: detrás de escena, Satanás estaba haciendo una apuesta con Dios, y lo que aconteció a Job fue obra de los hombres y la interferencia de estos. Detrás de cada paso de la obra que Dios hace en vosotros está la apuesta de Satanás con Él, detrás de todo ello hay una batalla” (‘Solo amar a Dios es realmente creer en Él’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios me ayudaron a ver con claridad que enfrentaba otra batalla espiritual. Parecía que mi hijo me pedía que eligiera, pero por detrás Satanás me tentaba y atacaba. También sentí, esta vez, que Dios esperaba mi decisión. Dios quería ver si elegiría a mi hijo, por el cariño de la carne, o lo elegía a Él. No quería defraudar a Dios, sería firme en el testimonio para avergonzar a Satanás. Por eso, le dije a mi hijo: “No puedo alejarme de Dios. Elegir dejar a Dios sería como que tú decidas dejarme hoy. Sería inconcebible, y decepcionaría a Dios. Siempre seguiré a Dios. ¡Esa es mi elección!”. Al oírme decir esto, se fue, llorando. En ese momento, yo también me sentí alterada, pero sabía que había tomado la decisión correcta.

Alrededor de media hora después de irse, él volvió y me dijo: “Mamá, me equivoqué. No debí pedirte eso. Papá me dijo que la policía le pidió vigilarte y que abandones tu religión. Como ya te arrestaron dos veces, si vuelve a suceder, nunca saldrás, y yo ya no tendré una mamá. Quería usar esa táctica para que abandonaras tu fe”. Oírle explicar eso me disgustó con esos demonios anti-Dios del Partido Comunista. A lo largo de mis años de fe, me han arrestado ilegalmente varias veces, Lo que destrozó mi familia y arrastró a mi esposo y a mis hijos. Todo fue, por culpa del Partido. Resolví abandonarlo y ¡seguir a Dios con voluntad de hierro!

A través de esas tentaciones, las palabras de Dios me guiaron para ver las tretas de Satanás, reforzaron mi fe en Dios y mi decisión de seguirlo. Pude ver el poder y la autoridad de Sus palabras y vi que la sabiduría de Dios se sobrepone a las trampas de Satanás. Sin importar cuán malvado sea el Partido, no puede interferir en la obra de Dios. Dios permite su opresión, la usa para hacer un grupo de vencedores. ¡Vi cuán sabio y omnipotente es Dios! ¡Gracias a Dios Todopoderoso!

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