La amargura de ser un complaciente

4 Sep 2022

Por Qu Cong, Grecia

El año pasado, el hermano Xin, con quien yo viajaba predicando el evangelio, fue destituído. Cuando le pregunté al respecto, me dijo que, por algunos años, él no había estado haciendo un buen trabajo en el deber que la iglesia le asignó; que hizo las cosas a su manera, lo que perturbó seriamente el trabajo de la iglesia, y que por eso fue destituido. Me sentí mal por él al verlo que se sentía terrible y muy arrepentido. En nuestro trabajo juntos, yo había notado que él era descuidado y hacía las cosas a su manera. Quise hacérselo notar para ayudarlo a reflexionar y aprender de sí mismo, pero me arrepentía cuando estaba a punto de abrir la boca. Supuse que el líder había tratado con él lo suficiente cuando lo destituyó, así que se sentía bastante miserable. Si yo también le decía algo, ¿no sería ponerle sal a la herida? ¿Él no pensaría que me faltaba empatía? Además, los problemas que yo noté, el líder debió habérselos mencionado desde hace mucho tiempo, así que sólo decidí confortarlo. Le dije, “Estoy seguro de que has obtenido tanto en estos años viajando y compartiendo el evangelio, que ya tienes mucho conocimiento. Muchos hermanos y hermanas en la iglesia son bastante nuevos, sin ninguna experiencia evangélica. Tú serás capaz de ayudarles cuando vuelvas a casa”. Para mi sorpresa, su respuesta fue: “Hermano, escucharte decir eso me resulta perturbador. Creí que me dirías cosas para ayudarme, para que pudiera hacer introspección y conocerme mejor, lo cuál sería benéfico para mi vida. Pero en vez de eso estás elogiándome, aún cuando terminé en este punto, para que yo sienta que mi destitución no fue tan importante, y que soy más capaz que los otros. Estás jugando el papel de Satanás, empujándome más hacia el infierno. Eso me recordó la vez que el Señor Jesús recriminó a Pedro: ‘¡Quítate de delante de mí, Satanás!’ (Mateo 16:23). Esas cosas amables no son edificantes para las personas y ya no deberías hablarses así. Eso no es afectuoso sino dañino y destructivo para los demás”. Me sentí muy avergonzado en ese momento y sólo quería encontrar un hueco dónde esconderme. Sabía que el hermano Xin no había tenido un gran cambio en su carácter después de años en la fe, y que jamás había logrado mucho en su deber; era una situación peligrosa. Pero yo sólo decía cosas amables. Estaba siendo un farsante al ser amable y halagador de una forma tan mundana. ¿Eso no era ser engañoso? La destitución del hermano Xin era una gran oportunidad para que él reflexionara y se conociera mejor a sí mismo. Si él podía buscar la verdad, hacer introspección y arrepentirse realmente, este fracaso podría ser un punto crucial en su fe. Pero yo actuaba como un obstáculo, diciendo tonterías nada sinceras para jugar con sus sentimientos y desorientarlo. Era un lacayo de Satanás. Dios hace su mayor esfuerzo por salvar a las personas, pero Satanás intenta todo para hacer que las personas se alejen de Dios, para arrastrarlas hacia el infierno. Ese disparate mío sólo estaba lastimando a mi hermano. Sentí un gran temor en ese momento, así que busqué algunas palabras de Dios para ayudarme a pensar y entender mi problema.

Dios dice: “Si tienes buena relación con un hermano o hermana y te pide que le señales lo que le pasa, ¿cómo debes hacerlo? Esto tiene que ver con cómo te plantees el asunto. ¿Se basa tu enfoque en los principios de la verdad o utilizas filosofías para vivir? ¿Cuál es el problema cuando eres capaz de ver claramente que alguien tiene un problema, pero no se lo comentas directamente para evitar la confrontación, e incluso te excusas diciendo: ‘Ahora mi estatura es pequeña y no tengo un entendimiento profundo de tus problemas. Cuando lo tenga, te lo diré’? Esto está relacionado con una filosofía de vida. ¿Acaso no es esto tratar de engañar a los demás? Debes hablar de cuanto puedas ver claramente; y si algo no te resulta evidente, menciónalo. En eso consiste decir lo que hay en tu corazón. Si tienes ciertos pensamientos y algunas cosas te resultan evidentes, pero te da miedo ofender a la gente, te aterra herir sus sentimientos, y por eso eliges no decir nada, eso es entonces vivir según una filosofía mundana. Si descubres que alguien tiene un problema o se ha desviado, aunque no puedas ayudarle con amor, al menos debes señalarle el problema para que pueda reflexionar sobre él. Si lo ignoras, ¿acaso no le estás haciendo daño?” (‘Solo con la búsqueda de la verdad se pueden corregir las nociones y los malentendidos propios acerca de Dios’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). Y está este pasaje sobre engañar a la gente. “No siente amor por las cosas positivas, no anhela la luz y no ama el camino de Dios ni la verdad. Desean seguir las tendencias del mundo, están enamorados del estatus y el prestigio, les encanta destacar en las tendencias malvadas, son defensores del mal y las fuerzas de Satanás. En su corazón adoran a los grandes y famosos, veneran a los reyes demoníacos, y no buscan la verdad ni las cosas positivas, sino que abogan por el aprendizaje. En su corazón no aprueban a los que buscan la verdad y dan testimonio de Dios, sino que aprueban y admiran a los malvados y a los que tienen talentos especiales. No caminan por la senda de la fe en Dios y de la búsqueda de la verdad, sino que persiguen el mal y el poder, se esfuerzan por ser personas indescifrables y astutas, tratan de integrarse en las altas esferas de la sociedad para convertirse en una figura imponente y famosa. Quiere tener la posibilidad de integrarse con absoluta facilidad en cualquier grupo, de aplicar todo tipo de trucos, estratagemas y tácticas con consumada maestría, y de ser recibida con adoración y beneplácito allá donde vaya; quiere ser un ídolo para la gente. Esa es la clase de persona que quiere ser. ¿Qué clase de camino es este? El camino de los demonios, la senda del mal. No es el camino que toma un creyente. Para defraudar la confianza personal de la gente, para hacer que los adorare y siga, se valen de las filosofías de Satanás, de su lógica; se vale de todas sus tretas, de todos los ardides, en todos los escenarios. Esta no es la senda que deben seguir los que creen en Dios; no solo no se salvarán estas personas, sino que también recibirán el castigo de Dios; no cabe la menor duda” (‘La creencia en la religión nunca llevará a la salvación’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”).

Las palabras de Dios expusieron por completo mis malvados motivos y mi naturaleza corrupta. El hermano Xin había sido descuidado en el deber, y luego no puso el corazón en su nuevo deber después de ser destituído. No era perseverante en su trabajo ni actuaba con principios, sino que hacía lo que quería. Yo había visto claramente este comportamiento suyo, pero era un complaciente, temeroso de ofenderlo y jamás se lo hice notar. Él de nuevo era destituido y se sinceró conmigo para enseñarme sobre sus errores. Yo debí haberle hablado sobre sus problemas y compartirle la voluntad de Dios para ayudarlo a reflexionar en sí mismo y arrepentirse ante Dios. Eso de verdad habría sido afectuoso, benéfico y edificante para él. Pero me porté como el tipo agradable diciendo un montón de tonterías que confunden. ¿No estaba sólo tratando de engañarlo para agradarle? Quise que sintiera que al experimentar un fracaso, el líder iba a tratar con él y exponerlo, pero yo sería cálido y lo reconfortaría. Así, él se sentiría agradecido y tendría una buena impresión de mí. Estaba usando las filosofías mundanas de los incrédulos. como: “Nunca des golpes bajos”, “Habla con amabilidad de acuerdo a los sentimientos de los demás, porque la franqueza sólo molesta”, “Para mantener a los amigos complacidos, no digas todo lo que ves”, y cosas así. Todas ellas son palabras maliciosas y mundanas para vivir completamente con filosofías satánicas. Todos los incrédulos interactúan basados en la lógica satánica, siempre siendo aduladores e hipócritas sin decir ni una sola verdad, ni una palabra sincera. Todos ellos fimgen y prueban a otros con engaños en todo lo que dicen. Aún siendo yo un antiguo creyente que ha leído mucho de la palabra de Dios, no podía decir una sola cosa que concordara con la verdad. En vez de eso, utilicé filosofías satánicas igual que un incrédulo, y fui un conducto para Satanás, volviéndome más sutil y embustero. Era patético. Esto me recordó las palabras de Dios: “Si los creyentes son tan casuales y desenfrenados en sus palabras y su conducta como lo son los incrédulos, entonces son todavía más malvados que los incrédulos; son demonios arquetípicos” (‘Una advertencia a los que no practican la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Cuanto más estés en la presencia de Dios, más experiencias tendrás. Si sigues viviendo en el mundo como una bestia, profesando con la boca creer en Dios, pero con el corazón en otro lugar, y si sigues estudiando las filosofías mundanas para la vida, ¿no habrán sido en vano todas tus labores previas?” (‘Sobre la experiencia’ en “La Palabra manifestada en carne”). Después de años de fe, yo no había obtenido la verdad ni me había vuelto una persona simple y honesta, más bien seguía aferrado a las formas mundanas. Vi que yo no era una persona que amara o aceptara la verdad. Me postré ante Dios y oré, “Dios, no tengo nada de semejanza humana en mis palabras ni en mis acciones. ¡Soy muy malvado y embustero! Sólo quiero arrepentirme y dejar de vivir con filosofías mundanas y satánicas”.

Más adelante, través de la lección de esa experiencia en mis interacciones con los demás y en mi deber, pude estar atento y practicar una forma de hablar que beneficiara a las parsonas, y no ser sólo un escurridizo complaciente. Pero estaba tan profundamente corrompido por Satanás, que cuando algo involucraba mis intereses personales, no podía evitar caer de nuevo.

Tiempo después, estuve trabajando con el hermano Chen en videoproducción. Él tenía opiniones muy firmes y sabía mucho más sobre el trabajo que yo. Sentí que yo debía ser modesto para que él no tuviera la impresión de que yo era un arrogante que no sabía nada. Así que en el curso de nuestro deber yo intenté apegarme a: “La armonía es un tesoro y la paciencia una virtud”. A veces yo veía problemas y errores en los videos que él hacía y le sugería corregirlos, pero a él no le parecían problema las cosas que yo mencionaba, y sólo me compartía algunas excusas y opiniones. Aunque yo no estaba completamente de acuerdo con él, temía que una discusión más extensa nos llevara a un punto muerto o un altercado, y entonces todos me llamarían testarudo. Y pensándolo de esa forma, dejaba de insistir. Pero en vez de orar y buscar, trabajé con él de esa forma por algunos meses; y entonces nuestros videos salieron con problemas aquí y allá. Después me di cuenta de que esos problemas seguían siendo los que yo había señalado desde el principio, y tuvimos que rehacer esos videos. El hermano Chen terminó siendo destituido por arrogante y testarudo. Aunque esos videos fueron terminados al final, yo no me sentía conforme con ello ni en paz en mi corazón. Me sentía incómodo y culpable. Entendí que siempre era un complaciente en mi deber para mantener una armonía superficial, y no defendía los principios por miedo a ofender a otros. no era un compañero de verdad y estaba entorpeciendo el trabajo de video de la casa de Dios. Me sentía completamente fatal. Luego la líder vino a hablar conmigo y a desenmascararme diciendo: “No has mantenido los principios de la verdad en el trabajo con los hermanos y hermanas. Sabes claramente cuando las opiniones de otros son equivocadas, pero aún así los sigues ciegamente para evitar cualquier conflicto y proteger la imagen que tienen de ti. Eso significó que los videos tuvieran que rehacerse y retrasó nuestro trabajo”. Y luego me dijo: “Tiendes a doblarte con el viento, y necesitas buscar la verdad para resolver esto de inmediato”. Para mí fue difícil escuchar eso. Estuve orando y reflexionando el asunto por algunos días, y busqué las palabras de Dios que me ayudaran a entenderlo.

Dios Todopoderoso dice: “Según las apariencias, las palabras del anticristo parecen especialmente amables, cultas y distinguidas. Aquel que viola los principios, que es entrometido y molesto en el trabajo de la iglesia, no es expuesto o criticado, da igual quién sea. El anticristo hace la vista gorda, deja que la gente piense que es magnánimo en todos los asuntos. Cada corrupción y acto odioso de la gente es recibido con caridad y tolerancia. No se enfadan o tienen estallidos de rabia, no se molestan ni culpan a la gente cuando esta hace algo mal y daña los intereses de la casa de Dios. No importa quién cometa la maldad y altere la obra de la casa de Dios, no le prestan atención, cono si no tuviera nada que ver con ellos, y nunca ofenderán a la gente por este motivo. ¿Qué es lo que más les preocupa? Cuánta gente los admira y cuánta les ve sufrir y los tiene en alta consideración por ello. Los anticristos creen que el sufrimiento nunca debe ser por nada, sin importar la dificultad que sufran, el precio que paguen, qué buenas acciones hagan, cómo de cariñosos, considerados y amables sean con los demás, todo ello debe llevarse a cabo delante de otros, debe verlo más gente. ¿Y cuál es su objetivo al actuar así? Ganarse a las personas, hacer que la gente sienta admiración y aprobación hacia sus actos, hacia su comportamiento, hacia su personalidad. Existen incluso anticristos que intentan establecer una imagen de sí mismos como alguien bueno mediante este buen comportamiento de cara al exterior, de tal modo que más gente acuda a ellos en busca de ayuda. […] Sus acciones no inspiran simplemente veneración en los corazones de la gente, sino que hasta incluso les dedican un hueco en ellos. Los anticristos desean ocupar el lugar de Dios. A esto aspiran cuando hacen estas cosas. Evidentemente, sus acciones ya han dado frutos tempranos. En los corazones de esas personas que carecen de discernimiento, ahora tienen un lugar los anticristos, y ahora hay personas que los veneran y admiran, lo cual era precisamente el objetivo de estos anticristos” (‘Punto 9: Cumplen con su deber solo para distinguirse a sí mismos y satisfacer sus propios intereses y ambiciones; nunca consideran los intereses de la casa de Dios, e incluso los venden a cambio de su propia gloria (X)’ en “Desenmascarar a los anticristos”). Dios muestra que los anticristos son de verdad malvados y despreciables, que actúan amables y dicen cosas amables para disfrazarse y cautivar los corazones de otros, y así la gente piense que son los únicos comprensibles y los busquen para reconfortarse. Eso provoca que la gente se aleje más de Dios, y los anticristos toman el lugar de Dios en sus corazones. Vi que yo estaba actuando de esa forma. En nuestro deber, los hermanos y hermanas necesitan sacar cosas y ayudarse entre sí, pero yo estuve evitando cualqueir cosa ofensiva sólo para proteger mi propia imagen. Vi algunos problemas en la videoproducción del hermano Chen, y no sostuve los principios de la verdad, sino que me iba con la corriente. Era un tipo agradable que no practicaba la verdad. Quería que todos pensaran que yo no era tan arrogante, que era tolerante y comprensivo, y que sentía compasión por los demás. quería hacer felices a todas las personas con las que yo interactuaba, para agradarles y que tuvieran una buena impresión de mí. Para lograr este vil propósito, ni siquiera cuidaba el trabajo de la iglesia en mi intento por mantener una imagen positiva. Era muy egoísta y malvado. Por la revelación y el juicio de Dios, vi que siendo un tipo agradable, estaba en la senda del anticristo. Me sentí muy culpable cuando me di cuenta. Continué reflexionando en mí mismo después de eso. Recordando todo el tiempo que llevaba como creyente, siempre ponía un rostro agradable ante otras personas. Cuando veía a alguien que parecía cultivado y amable, intentaba imitarlo. Yo quería parecer de trato fácil y accesible para salvaguardar mi imagen en las mentes de los hermanos y hermanas. Apenas hablaba cuando veía problemas en otros o que revelaban corrupción, por miedo a ofenderlos. Recuerdo que antes, cuando yo era un diácono del evangelio, siempre me esforzaba en tener un bajo perfil y hablar con humildad. Cuando veía que otros hacían su deber con mucho descuido y sin principios, me daba miedo restringirlos si lo mencionaba, y que me miraran con resentimiento, así que por un supuesto afecto y deseo de ayudar, era cuidadoso con mis palabras, gentil e indirecto. Jamás le llamaba la atención a alguien directamente para ayudarle a ver la seriedad de lo que había hecho. Sólo les daba una pista indirecta. Cuando tenía que destituir a alguien y hablar con él, sentía que era ofensivo y ni siquiera sabía qué decir. Siempre quise que otros compartieran sus enseñanzas en vez de mí, y yo sólo me escondía. De esa forma hacía mi mayor esfuerzo para proteger mi estatus e imagen, y los hermanos y hermanas decían que yo jamás me daba aires, y era fácil llevarse bien conmigo. Incluso me recomendaron para una posición de líder por esa razón, pensando que yo tenía buena humanidad y no oprimía a los demás. Yo me sentía muy satisfecho. Los anticristos usan buenas actitudes superficiales para confundir y atrapar a las personas, intentando tomar el lugar de Dios en sus corazones. Me di cuenta de que en el fondo yo tenía los mismos motivos y objetivos. Jamás había reflexionado en mis despreciables motivos y naturaleza corrupta, y sentía que no había nada de malo con ser un tipo agradable. Era fácil ganarse la aprobación y el apoyo de los demás, y recibir elogios. Sentía que era una buena forma de vivir. Pero ahora podía ver que me estaba estableciendo en el camino más oculto y encubierto, engañando a otros, atrapándolos, y tomando la senda de los anticristos.

Leí un pasaje de las palabras de Dios en mi práctica devocional, que de verdad me conmovió. “No practicar la verdad cuando te sucede algo es una transgresión. Y si sigues sin practicar la verdad cuando te sucede algo nuevamente —si renuncias a ella a fin de proteger tus propios intereses, tu vanidad y tu orgullo—, ¿qué clase de comportamiento es este? ¿Es cometer maldad? Si no practicas la verdad en ningún momento y tus transgresiones son cada vez más numerosas, entonces tu final ya está determinado. Resulta claro que si se sumaran todas tus transgresiones, y se adicionaran tus elecciones, las cosas que persigues y tu voluntad subjetiva, así como las direcciones y las sendas que elegiste al hacer las cosas, si todo ello se sumara, es posible determinar tu final: deberías ser echado al infierno, lo que significa que serás castigado. ¿Qué os parece, acaso es esto algo trivial? Sumadas, todas tus transgresiones son un compendio de actos malvados, y por tanto deberías ser castigado, lo cual es la consecuencia final cuando crees en Dios pero no aceptas la verdad” (‘La parte más importante de creer en Dios es poner la verdad en práctica’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). Siempre había sido un tipo agradable y no practicaba la verdad. En mi cooperación con los demás, siempre fue a expensas del trabajo de la iglesia. Era por el malvado motivo de ganarme el corazón de la gente. Era completamente malvado. Si yo hubiera seguido por ese camino, habría terminado expulsado y castigado por Dios. Con las palabras de Dios, pude sentir su carácter justo y cómo él ha sentido repulsión por aquellos que no practican la verdad. Yo quise arrepentirme de inmediato para buscar la verdad y corregir mi carácter complaciente.

Dios Todopoderoso dice: “Cuando tu relación con Dios se haya vuelto normal, también tendrás relaciones normales con las personas. Para establecer una relación normal con Dios, todo debe construirse sobre el fundamento de las palabras de Dios, debes ser capaz de cumplir con tu deber de acuerdo con Sus palabras y lo que Él pide, debes poner tus puntos de vista en orden, y debes buscar la verdad en todas las cosas. Debes practicar la verdad cuando la entiendas, e independientemente de lo que te ocurra, debes orar a Dios y buscar con un corazón de obediencia a Él. Practicando así, podrás mantener una relación normal con Dios. Al mismo tiempo que realizas tu deber correctamente, también debes asegurarte de no hacer nada que no beneficie a la entrada en la vida de los escogidos de Dios, y de no decir nada que no sea útil para los hermanos y hermanas. Como mínimo, no debes hacer nada que vaya en contra de tu conciencia y no debes hacer absolutamente nada que sea vergonzoso. En particular, no hagas nada en absoluto que se rebele o se resista a Dios, y no debes hacer nada que altere el trabajo o la vida de la iglesia. Sé justo y honorable en todo lo que hagas y asegúrate de que cada acción sea presentable delante de Dios. Aunque la carne pueda algunas veces ser débil, debes ser capaz de poner los intereses de la casa de Dios en primer lugar, sin ambición de obtener un beneficio personal, sin hacer nada egoísta o despreciable, reflexionando a menudo sobre ti mismo. Así, podrás vivir a menudo ante Dios, y tu relación con él se volverá completamente normal” (‘¿Cómo es tu relación con Dios?’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Para todos los que cumplen con su deber, ya sea profundo o superficial su entendimiento de la verdad, la manera más sencilla de entrar en la realidad de la verdad es pensar en los intereses de la casa de Dios en todo, y renunciar a los deseos egoístas, a las intenciones, motivos, reputación y estatus individuales. Poned los intereses de la casa de Dios en primer lugar; esto es lo menos que debéis hacer. Si una persona que lleva a cabo su deber ni siquiera puede hacer esto, entonces ¿cómo puede decir que está llevando a cabo su deber? Esto no es llevar a cabo el propio deber. Primero debes considerar los intereses de la casa de Dios, tener en cuenta la voluntad de Dios, considerar la obra de la iglesia y poner estas cosas antes que nada; solo después de eso puedes pensar en la estabilidad de tu estatus o en cómo te ven los demás. ¿No sientes que se facilita un poco cuando lo divides en estos pasos y haces algunas concesiones? Si practicas de esta manera por un tiempo, llegarás a sentir que satisfacer a Dios no es difícil. Además, deberías ser capaz de cumplir con tus responsabilidades, llevar a cabo tus obligaciones y deberes, dejar de lado tus deseos egoístas y tus propias intenciones y motivos, tener consideración de la voluntad de Dios y poner primero los intereses de la casa de Dios, la obra de la iglesia y el deber que has de cumplir. Después de experimentar esto durante un tiempo, considerarás que esta es una buena forma de comportarte: es vivir sin rodeos y honestamente, sin ser una persona vil o un bueno para nada, y vivir justa y honorablemente en vez de ser despreciable y miserable. Considerarás que así es como una persona debe vivir y actuar” (‘La libertad y la liberación solo se obtienen desechando la propia corrupción’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). Aquellos que buscan la verdad y se posicionan del lado de Dios, quienes olvidan sus deseos personales y defienden los intereses de la casa de Dios, están viviendo una semejanza humana y pueden llevar relaciones normales con los demás. Después de eso, comencé a practicar anteponiendo los intereses de la iglesia en cualquier situación, y tratando de satisfacer la voluntad de Dios en todo. Después de hacer esto por un tiempo, vi que tenía muchas oportunidades de practicar la verdad en la vida diaria y en mi deber. Por ejemplo, en una reunión, noté que algunas personas hablaban de doctrinas, o se salían del tema, o que alguien divagaba prolongando nuestro tiempo en la reunión, lo cual perjudicaba la vida en la iglesia y el líder del equipo no intentaba corregirlo. Al principio no quiese decir nada, pero me sentí algo culpable y supe que estaba siendo de nuevo un complaciente. Me puse a orar de inmediato. Casi al terminar la reunión mencioné los problemas que había notado y sugerí soluciones. Sentí que el olvidarme de mí y defender los intereses de la iglesia, de verdad me había traído algo de paz. Después, un hermano que conocía muy bien fue destituído, y me dijo que fue porque estuvo buscando comodidades y era tramposo en su deber sin ser eficiente. Al principio quise reconfortarlo y hacerlo que pensara bien de mí, pero luego me di cuenta de que tenía que practicar la verdad. Así que tranquilamente consideré lo que debía decir, para satisfacer a Dios y ayudar a edificar a este hermano. Recordé nuestras primeras interacciones. Su deseo de comodidad había sido muy obvio en su deber. Sin cuidar mis palabras le hablé sobre sus problemas en su actitud hacia el deber y le envié algunas palabras de Dios al respecto. Tiempo después me agradeció y dijo que todo ello le había ayudado. Después de haber hecho eso me sentí muy tranquilo, y muy en paz.

El juicio y la revelación de las palabras de Dios me mostraron que si hubiera vivido con las filosofías mundanas de Satanás, me habría vuelto más engañoso, por debajo de la línea de ser humano, y luego habría lastimado a otros y a mí mismo. También aprendí que vivir con las palabras de Dios y los principios de la verdad, es la única forma de tener humanidad y ser una buena persona.

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