Por fin dejé de disfrazarme y aparentar
En junio de 2018, los líderes dispusieron que yo entrenara a los hermanos y hermanas en actuación. Me puse muy contento. Pensé: “Parece que mis habilidades para la actuación se han ganado la aprobación de los líderes, así que tengo que cooperar en serio”. Al principio, solo era el encargado de orientar las actuaciones de los hermanos y hermanas de nuestro equipo, pero, más tarde, el director dispuso que cooperara con dos hermanas para entrenar a actores de otros países y organizar grupos de estudio. Eso me alegró todavía más e iba con la cabeza en alto a todas partes. Cada vez que los hermanos y hermanas me preguntaban algo sobre actuación, no podía disimular mi alegría al ver la envidia y la admiración en sus miradas. En enero de 2024, los líderes dispusieron que yo hiciera el papel principal en una película. Me emocionó mucho la noticia, pero también me preocupé un poco. “En el pasado siempre he hecho de villano, e incluso cuando interpretaba a personajes positivos, eran papeles secundarios con poco tiempo en pantalla. Pero esta vez, soy el protagonista. Este papel es muy importante; ¡si lo arruino, será muy vergonzoso! Además, el protagonista de esta película pasa por muchas experiencias emocionales que yo nunca he vivido. Si no soy capaz de interpretarlo bien, ¿no me menospreciarán los hermanos y hermanas? Dirán que, después de tantos años realizando mi deber como actor e incluso entrenando a otros, ni siquiera yo sé actuar bien y que mis habilidades no están a la altura”. Pero luego pensé: “Que los líderes me hayan pedido que haga el papel principal demuestra que aprueban mis habilidades para la actuación y creen que soy capaz de hacer este papel. Ya resolveré yo solo mis dificultades poco a poco y en secreto; no puedo dejar que los hermanos y hermanas me menosprecien. Además, que me den este papel es porque Dios me está enalteciendo. Debo tener conciencia y no puedo eludir mi deber”. Así que me uní a los hermanos y hermanas, y nos entregamos de lleno a los ensayos y al rodaje.
Durante una escena emotiva, simplemente no lograba meterme en el personaje y me estaba poniendo muy nervioso. “Esta es una escena muy importante. Si no actúo bien, ¿qué pensarán de mí los hermanos y hermanas? Nunca he hecho una escena así y no termino de captar algunos detalles. ¿Qué voy a hacer?”. Corrí a ver fragmentos de películas y videos parecidos, aterrado de retrasar el rodaje por no poder encontrar la emoción adecuada. Un hermano se dio cuenta de mi dificultad y me sugirió: “Si no estás seguro de cómo interpretar este papel, podrías preguntarles a los hermanos y hermanas que ya han interpretado a personajes positivos antes. Seguro que ellos conocen algunos detalles y eso podría orientarte en tu actuación”. Al oír esto, pensé: “¿Preguntarles a ellos? ¿Cómo voy a tragarme el orgullo? Pedir ayuda cuando hacía papeles secundarios estaba bien, pero esta vez soy el protagonista. Me dieron el papel principal porque soy buen actor. Si voy a pedir ayuda, ¿qué pensarán de mí los hermanos y hermanas cuando se enteren? Sin duda dirán: ‘¡No entiendes nada y tu actuación no es para tanto!’. Además, yo antes era el que los entrenaba en su actuación. Ahora, si les pido consejo, ¿no demostrará eso que mis habilidades actorales son pobres y que todo lo que les enseñé antes era pura teoría? Entonces, todos me calarían de verdad”. Aunque dije que estaba de acuerdo, en realidad no fui a preguntarle a nadie. Más tarde, el director me recordó varias veces que pidiera ayuda a los hermanos y hermanas, pero la idea de quedar mal siempre me frenaba. Para evitar que los demás me menospreciaran, me devané los sesos buscando formas de generar esas emociones, incluso imitando cómo actuaban los actores no creyentes. Pensé: “Tengo que clavar esta escena como sea. No puedo dejar que vean que mis habilidades de actuación no son suficientes. ¡Si la arruino, quedaré totalmente en ridículo!”. Durante el rodaje, lo di todo para intentar sacar mis emociones, pero la actuación seguía siendo plana. El director vio que me estaba costando y habló conmigo sobre las emociones de la escena. Para que la gente no se diera cuenta de que mis habilidades actorales no estaban a la altura, le dije: “Ya conozco todas estas emociones. Es solo que aún no las siento del todo. Solo necesito un poco más de tiempo para meterme en el personaje”. Pero, por mucho que lo intentara, nada funcionaba bien. Después del rodaje, el director dijo que mi actuación había sido artificial, forzada y demasiado melancólica. Me sentí fatal al oír eso. Yo quería interpretar bien el papel, pero antes de esto, casi nunca me había puesto a pensar en la mentalidad y las emociones que debería tener un personaje de este tipo, así que simplemente no era capaz de hacerlo bien. Sabía que debía buscar la ayuda de mis hermanos y hermanas, pero la sola idea de preguntarle a alguien me hacía querer echarme para atrás. “Después de todo, yo solía entrenar a otros en actuación, y ahora soy el protagonista. No puedo dejar que todos vean que no doy la talla. Olvídalo. Ya aprenderé a hacerlo por mi cuenta. Es solo que esta vez no sentía las emociones con la suficiente intensidad. En cuanto tenga un poco de tiempo para meterme en el papel, estos problemas se solucionarán”.
Una vez, el director contactó a una hermana que ya había hecho un papel protagónico para que analizara los problemas de nuestra actuación y compartiera con nosotros lo que había aprendido de sus interpretaciones. Pero yo en realidad no estaba escuchando. Pensaba: “Antes era yo quien dirigía los estudios de todos y ahora es al revés: han traído a esta hermana para que me enseñe a actuar. ¡Esto es totalmente humillante! Si le hago preguntas básicas sobre actuación, ¿qué va a pensar de mí? ¿No dirá que ni siquiera domino las técnicas de actuación que llevo años enseñándoles a todos y que todo lo que les decía era pura teoría? ¡Quedaré muy mal!”. Así que, aunque estaba ahí sentado escuchando, por dentro estaba atormentado. Tenía muchas ganas de abrirme y contarle mis dificultades a la hermana, pero pensé: “Si le cuento mis dificultades, ¿no me calará de inmediato? ¡De ninguna manera! No puedo decir nada”. Así que no fui capaz de preguntar nada, no asimilé nada de lo que ella compartió y solo quería que la sesión terminara. Más tarde, cuando volvimos a rodar, mis problemas seguían sin resolverse. El rodaje avanzaba muy lento. El plan original se retrasaba una y otra vez. Hubo que repetir tomas de algunas escenas que ya estaban terminadas o incluso volver a grabarlas por completo, porque mi actuación y mis emociones no eran las correctas. Cuando terminaron el primer borrador del montaje, me quedé de piedra al ver el video editado. Mi expresión era lastimosa y mi actuación se veía forzada y poco natural. No había logrado sacar para nada las cualidades esenciales del personaje. Incluso daba una imagen un poco patética y sin carácter. La actuación no lograba en absoluto el efecto de dar testimonio de Dios. Me impactó en especial cuando una hermana dijo: “Se veía que llorabas con tristeza, pero a mí no me conmovió en absoluto”. Me quedé totalmente pasmado. Pensé: “Pero si me esforcé un montón... ¿por qué salió así? ¿Qué van a pensar de mí los hermanos y hermanas? ¡Seguro que se preguntan qué hago de protagonista si mi actuación no es tan buena!”. Esos días, evitaba a los hermanos y hermanas en cuanto los veía. Me daba demasiada vergüenza darle la cara a nadie. Estaba muy abatido y no tenía energías para hacer mi deber. Más tarde, me puse a reflexionar. Sabía que tenía deficiencias, pero simplemente no era capaz de sincerarme con los demás. ¿Cuál era la raíz de este problema?
Una vez, durante mis devociones espirituales, leí un pasaje de las palabras de Dios y comprendí un poco mi estado. Dios Todopoderoso dice: “Las personas son, por naturaleza, seres creados. ¿Pueden los seres creados alcanzar la omnipotencia? ¿Pueden alcanzar la perfección y la impecabilidad? ¿Pueden alcanzar la destreza en todo, llegar a entenderlo todo, ver todo con claridad y ser capaces de cualquier cosa? No pueden. Sin embargo, dentro de las personas hay un carácter corrupto, una debilidad fatal: en cuanto aprenden una habilidad o profesión, sienten que son capaces, que tienen estatus y valor, que son profesionales. Sin importar cuál sea su verdadera valía, quieren presentarse como personas famosas o excepcionales, convertirse en figuras en cierto modo conocidas y hacer creer a los demás que son perfectas, impecables y que no tienen un solo defecto. Desean que las vean capaces, poderosas, excepcionales o como personas famosas y grandes, con una imagen importante e imponente, con la capacidad de hacer cualquier cosa y sin que haya nada que no puedan lograr. Creen que si pidieran ayuda parecerían incapaces e inferiores y la gente las despreciaría. Por eso siempre quieren mantener las apariencias. Algunos, cuando se les pide que hagan algo, dicen que saben hacerlo, cuando en realidad no saben. Después, a escondidas, lo consultan e intentan aprender a hacerlo, pero resulta que, tras estudiarlo varios días, siguen sin entender cómo llevarlo a cabo. Cuando se les pregunta cómo lo llevan, dicen: ‘¡Ya casi está, falta poco!’. Pero en su corazón piensan: ‘Todavía falta muchísimo, no tengo ni idea, ¡no sé qué hacer! No puedo delatarme, he de seguir fingiendo, no puedo dejar que la gente vea mis fallos y mi ignorancia. No puedo dejar que me menosprecien’. ¿De qué problema se trata? Sufrir solo para guardar las apariencias a toda costa. ¿Qué tipo de carácter es este? La arrogancia de estas personas no tiene límite, han perdido toda razón. No quieren ser personas promedio, no quieren ser gente corriente, gente normal, sino superhumanos, personas excepcionales o gente capaz. ¡Este es un problema descomunal! En cuanto a las debilidades, deficiencias, ignorancia, estupidez y falta de entendimiento dentro de la humanidad normal, lo ocultan todo y no dejan que otras personas lo vean; siguen simulando. […] Decidme, ¿las personas de este tipo no viven siempre en una nebulosa? ¿No están soñando? No se conocen a sí mismas, no saben quiénes son y no saben cómo vivir una humanidad normal. Nunca han hecho lo que los seres humanos deberían hacer de una manera centrada, ni han vivido jamás como una persona normal. Siempre viven en una nebulosa, de una manera atolondrada; no hacen las cosas con los pies en la tierra, sino que siempre viven según sus figuraciones. Esto es un problema. No saben cómo comportarse, y la senda de vida que han elegido es incorrecta” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Las cinco condiciones que hay que cumplir para emprender el camino correcto de la fe en Dios). Sentí una sacudida al leer las palabras de Dios. Mi estado era exactamente el que Dios había desenmascarado. Dios dice que, en cuanto la gente aprende una habilidad, se cree capaz y quiere aparentar, presentándose como si fueran expertos. Aunque tengan deficiencias, se niegan a pedir ayuda a los demás porque ven eso como una debilidad que hará que otros los menosprecien. Así que se disfrazan. ¿No era yo exactamente ese tipo de persona? Me había puesto en el pedestal de “experto” y no podía bajarme. Pensaba que el hecho de que me eligieran como protagonista de esta película demostraba que mis habilidades para la actuación eran buenas; por eso, cuando me topaba con dificultades, intentaba resolverlas yo solo en lugar de pedir ayuda, porque sentía que me rebajaba al preguntar a los demás. Para evitar que los demás me calaran y me menospreciaran, me negaba a sincerarme sobre mis deficiencias y dificultades. Como resultado, nunca lograba encontrar la emoción adecuada durante el rodaje. Un hermano me recordó que les preguntara a los hermanos y hermanas con experiencia, pero me preocupaba que descubrieran que ni siquiera era capaz de resolver un problema tan pequeño y que me menospreciaran, así que no pregunté. Cuando el director vio que me estaba costando, intentó ayudarme a analizar las emociones del personaje. Pero yo temía que me menospreciara, así que puse una excusa y dije que no podía hacerlo porque no sentía las emociones con la suficiente intensidad. Lo que quería decir era que el problema no era mi actuación; que si lograra sentir las emociones de forma adecuada, sin duda podría interpretar la escena. Estaba constantemente tratando de salvar las apariencias, no quería que nadie dijera que no era capaz. Más tarde, cuando el director trajo a una hermana para que compartiera su experiencia en la actuación, sentí con más fuerza todavía que sincerarme y hacerle preguntas dejaría en evidencia aún más mis deficiencias. Así que, aunque tenía muchas preguntas que quería hacer, no fui capaz de abrir la boca. Una y otra vez, me disfrazaba y aparentaba. Esto hizo que mis problemas nunca se resolvieran y que las constantes repeticiones de tomas retrasaran el progreso de la película. Dios dice: “¿Qué tipo de carácter es este? La arrogancia de estas personas no tiene límite, han perdido toda razón. No quieren ser personas promedio, no quieren ser gente corriente, gente normal, sino superhumanos, personas excepcionales o gente capaz. ¡Este es un problema descomunal!”. Siempre había pensado que ser el protagonista y haber entrenado siempre a mis hermanos y hermanas sobre cómo actuar significaba que yo era uno de los mejores, así que no podía permitir que nadie viera mis deficiencias o debilidades. ¡Qué arrogante era! Solo soy un ser creado; es perfectamente normal tener deficiencias. Además, casi nunca he interpretado papeles positivos. Debería haber afrontado correctamente mi incapacidad para actuar y mis problemas, y haberme abierto y pedido ayuda a mis hermanos y hermanas. Esa era la única manera de suplir mis deficiencias y hacer bien mi deber. Pero mi arrogancia era tal que carecía de razón. Pensaba que, como había entrenado a otros y era el protagonista, era mejor que los demás y tenía que superarlos en todo. Por eso, me disfrazaba y aparentaba constantemente. Al final, no solo no realicé bien mi deber, sino que también retrasé el trabajo de la iglesia. Al darme cuenta de esto, sentí mucho remordimiento y oré a Dios: “Dios mío, he sido muy arrogante. Durante este tiempo, no he sido capaz de afrontar mis propios problemas y deficiencias. He vivido constantemente en un estado de disfrazarme y aparentar, y he retrasado gravemente el progreso de la película. Oh, Dios, estoy dispuesto a arrepentirme. Por favor, guíame para reflexionar sobre mí mismo con mayor profundidad y aprender mis lecciones”.
Un día, leí las palabras de Dios y comprendí algo más sobre mí mismo. Dios Todopoderoso dice: “Independientemente del contexto, sea cual sea el deber que desempeñe, el anticristo tratará de dar la impresión de que no es débil, de que siempre es fuerte, de que está lleno de fe y de que nunca es negativo, de modo que las personas nunca vean su verdadera estatura o su auténtica actitud hacia Dios. En realidad, en el fondo de su corazón, ¿de verdad creen que no hay nada que no puedan hacer? ¿De verdad piensan que no tienen debilidad, negatividad ni revelaciones de corrupción? En absoluto. Se les da bien fingir, son expertos en ocultar cosas. Les gusta mostrar a la gente su lado fuerte y espléndido, no quieren que perciban su lado débil y verdadero. Su propósito es obvio, sencillamente mantener su vanidad y orgullo, proteger el lugar que ocupan en el corazón de las personas. Piensan que si se abren a los demás sobre su propia negatividad y debilidad, y sobre su lado rebelde y corrupto, eso dañará gravemente su estatus y reputación y será peor el remedio que la enfermedad. Así que prefieren morir antes que admitir que por momentos son débiles, rebeldes y negativos. Incluso si llega el día en el que todo el mundo perciba su lado débil y rebelde, cuando vean que son corruptos y que no han cambiado en absoluto, seguirán fingiendo. Consideran que si admiten que tienen actitudes corruptas, que son personas normales e insignificantes, perderán entonces su lugar en el corazón de los demás, la idolatría y adoración de todos, y así habrán fracasado por completo. Por eso, pase lo que pase, no se abrirán a la gente. En ningún caso entregarán a nadie su poder y su estatus. En cambio, se esfuerzan al máximo por competir y nunca se darán por vencidos” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 9 (X)). Dios dice que, para proteger su reputación y su estatus, los anticristos nunca se abren a los demás sobre su lado negativo, débil, rebelde o corrupto. Creen que, si lo hicieran, parecerían inferiores y perderían su estatus y la buena imagen que los demás tienen de ellos en su corazón. Se disfrazan y aparentan a cada paso e, incluso si los calan, siguen disfrazándose. Lo que yo había revelado era también el carácter de un anticristo. Había vivido constantemente según venenos satánicos como “El orgullo es tan necesario para la gente como respirar” y “La reputación no tiene precio”, sintiendo que, pasara lo que pasara, no podía dejar que la gente me menospreciara y que tenía que mantener una buena imagen en su corazón. Recuerdo que mi madre me decía a menudo cuando era pequeño: “Muestra siempre tu mejor cara”. “¿Acaso la vida entera no consiste en vivir para guardar las apariencias? No podemos dejar que la gente nos menosprecie. Cualquier cosa vale la pena, con tal de que la gente te admire”. Educado así por mi madre, yo cuidaba mi imagen a cada paso, intentando siempre mostrar mi mejor costado a los demás. Aunque no entendiera algo o no supiera cómo hacerlo, fingía que sí y me obligaba a hacerlo. Actué de la misma manera después de empezar a creer en Dios. Cuando los líderes me pusieron a entrenar a los hermanos y hermanas en sus actuaciones y a organizar los grupos de estudio, vi que todos me admiraban y empecé a creerme que mis habilidades para la actuación ya eran maduras. Esta vez, cuando me eligieron como protagonista, no me atreví a pedirle ayuda a nadie así como así, ni siquiera cuando tenía dificultades. Me disfrazaba con todas mis fuerzas, aterrado de perder mi buena imagen a los ojos de los hermanos y hermanas. Más tarde, cuando el director invitó a una hermana para que compartiera su experiencia y me ayudara, me negué a sincerarme y a buscar ayuda a pesar de que claramente tenía muchas dificultades, todo por proteger mi buena imagen. Como no era capaz de meterme en el papel, retrasé gravemente el progreso de la película. En mi deber, no solo no exalté a Dios ni di testimonio de Él, sino que estuve constantemente protegiendo mi buena imagen ante los hermanos y hermanas. Incluso estuve dispuesto a retrasar el rodaje con tal de no aceptar la ayuda de la hermana. ¡No tenía la más mínima conciencia ni razón! ¡Iba por la senda de un anticristo! Si seguía así, acabaría siendo desdeñado y descartado por Dios. Tenía que cambiar rápido la perspectiva que había detrás de mi búsqueda y dejar de defender mi imagen y mi estatus. Le oré a Dios: “Dios Todopoderoso, aún me has dado la oportunidad de hacer mi deber hoy. Esta es Tu gran misericordia. No puedo seguir rebelándome contra Ti ni resistiéndome. Por favor, guíame para que pueda abrirme, ser una persona honesta, cumplir mi deber y satisfacerte”.
Más tarde, hubo algunos cambios en el guion y hubo que volver a grabar la película. La Iglesia me permitió que siguiera haciendo el papel. Estaba agradecido, pero también profundamente avergonzado. Tomé la resolución de arrepentirme de verdad, corregir mi mentalidad y darlo todo en el trabajo. Un día, leí un pasaje de las palabras de Dios y encontré una senda de práctica. Dios Todopoderoso dice: “Decidme, ¿cómo se puede ser alguien que es corriente y normal? ¿Cómo se puede, como dice Dios, asumir el lugar apropiado de un ser creado, sin tratar de ser una gran figura o un superhombre? ¿Cómo se debería practicar para ser una persona corriente y normal? ¿Cómo se puede lograr esto? ¿A quién le gustaría hablar? (En primer lugar, tenemos que admitir que somos personas corrientes, gente muy común, y que hay muchas cosas que no pillamos, no entendemos y no podemos desentrañar. Debemos admitir que somos corruptos y tenemos defectos. Después de eso, tenemos que tener un corazón sincero y presentarnos a menudo ante Dios para buscar). Primero, no te pongas un título y luego dejes que te encasille, diciendo: ‘Soy el líder, soy el jefe del equipo, soy el supervisor, o soy la persona más instruida y técnicamente competente en el campo’. No te dejes inhibir por tu título autoimpuesto. Tan pronto como eso suceda, te atará fuertemente; tus palabras y acciones se verán afectadas por él, al igual que tu pensamiento y juicio normales. Debes liberarte de las limitaciones de este estatus. Primero, baja de la posición de ese título oficial y asume la posición de una persona corriente. Tu mentalidad entonces se volverá un tanto normal. También tienes que admitir: ‘No sé cómo hacer esto, y no entiendo aquello; tengo que investigar y estudiar un poco’, o ‘Nunca he experimentado esto, así que no sé qué hacer’. Cuando puedas decir lo que realmente piensas y hablar honestamente así, poseerás una razón normal. Si permites que otros conozcan tu verdadero yo, tendrán una visión normal de ti, y no tendrás que aparentar. Ya no te sentirás muy presionado y podrás comunicarte con los demás con normalidad. Vivir así es libre y relajado. Cualquiera que sienta que la vida es demasiado agotadora solo puede culparse a sí mismo. No finjas ni ocultes nada. Primero, ábrete sobre lo que piensas en tu corazón y tus verdaderos pensamientos, para que todos sean conscientes de ellos y los entiendan. De esta manera, tus preocupaciones, así como las barreras y sospechas entre tú y los demás, desaparecerán todas. Además, hay algo más que también te ata, y es que siempre te consideras el jefe del equipo, un líder o un obrero, alguien con un título, con estatus y posición; si entonces dices que no entiendes esto y eres incapaz de hacer aquello, ¿no es eso menospreciarte a ti mismo? Cuando te desprendes de estas ataduras en tu corazón, cuando dejas de pensar en ti mismo como un líder o un obrero y de creer que eres mejor que otras personas y, en su lugar, sientes que eres una persona corriente, igual que todos los demás, y que hay algunas áreas en las que eres inferior a otros, entonces cuando compartas sobre la verdad y asuntos relacionados con el trabajo con esta mentalidad, tanto los resultados como el ambiente serán diferentes. […] Todo el mundo, ya sea líder u obrero, hermano o hermana, es una persona corriente. Todos deben practicar este principio. Todos tienen parte y responsabilidad en la práctica de la palabra de Dios. Puede que seas líder, obrero, el jefe de un equipo, un supervisor o un miembro muy apreciado del grupo. No importa quién seas, debes aprender a practicar de esta manera. Quítate la aureola y el título que llevas en la cabeza, quítate las coronas que otros te han otorgado. Entonces, te resultará sencillo convertirte en una persona normal y, con facilidad, actuarás basándote en la conciencia y la razón. Por supuesto, después de eso, no basta con admitir simplemente que no entiendes y no sabes. Esa no es la solución definitiva que resuelve el problema. ¿Cuál es la solución definitiva? Presentar los asuntos y las dificultades ante Dios para orar y buscar. No basta con que una persona ore sola, sino que debe ofrecer, junto al resto, oraciones relacionadas con el asunto en cuestión y asumir la responsabilidad y obligación correspondientes. Se trata de una manera maravillosa de hacer las cosas. Evitarás tomar la senda de intentar ser una gran figura y un superhombre. Si puedes hacerlo, asumirás inconscientemente el lugar que te corresponde como ser creado y te liberarás de las limitaciones de la ambición y del deseo de ser un superhombre y una gran figura” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Atesorar las palabras de Dios es la base de la fe en Dios). Las palabras de Dios lo dejaron clarísimo. Solo soy un minúsculo ser creado. Jamás he aprendido nada de actuación profesional. Poder realizar hoy mi deber como actor en la casa de Dios es porque Él me enaltece, y sería imposible sin el esclarecimiento y la guía del Espíritu Santo. Recuerdo un rodaje en el que mis emociones no tenían la suficiente intensidad. Lo intenté todo, pero fue en vano. Lo único que pude hacer fue orarle a Dios con todo el corazón. Más tarde, con la orientación de Dios, me metí en el personaje y el rodaje fue un éxito. Jamás lo habría logrado sin el esclarecimiento y la guía de Dios. Ahora necesito desprenderme de mi orgullo y mi estatus, afrontar mis deficiencias de frente, y dar lo mejor de mí en las cosas que soy capaz de hacer; y si hay algo que no sé hacer o no entiendo, debo pedir más ayuda a mis hermanos y hermanas, y también orar y apoyarme más en Dios. Así que hice una lista de los problemas de mi actuación y se la envié a unos cuantos hermanos y hermanas pidiéndoles ayuda. En el instante en que envié el mensaje, sentí que me quitaba un peso enorme de encima y mi corazón estuvo en paz. Recibí sus respuestas muy rápido. Todos me dieron algunas sugerencias para mis problemas y también compartieron cómo encontraban ellos las emociones adecuadas durante el rodaje. Me trazaron varias sendas de práctica y me animaron a interpretar el papel con sinceridad. Me conmoví mucho y sentí una gran calidez al leer sus sugerencias y su aliento. Sus consejos me ayudaron un montón, y entonces supe cómo resolver los problemas de mi actuación.
Enseguida me entregué de lleno a una nueva ronda de rodajes. Cuando llegó el momento de volver a grabar las escenas emotivas, seguí los métodos que me habían enseñado mis hermanos y hermanas y hablé de los detalles específicos de la actuación con el director de antemano. Cuando no lograba meterme en el personaje, lo decía abiertamente, y tanto el director como mis hermanos y hermanas venían todos a ayudarme. Después de grabar, les enviaba el video a mis hermanos y hermanas y les preguntaba qué problemas seguían viendo en mi actuación. Cuando me señalaban algo, hacía los ajustes rápidamente para mejorar. La siguiente vez que actué, mis emociones fueron mucho más plenas. Me metí en el papel rápido y los resultados del rodaje fueron mucho mejores que antes. Algunas de las tomas conmovieron mucho a los hermanos y hermanas que las vieron, y el ritmo del rodaje se aceleró considerablemente.
Ahora, cada vez que no entiendo algo y pienso en disfrazarme y aparentar, practico conscientemente el ser una persona honesta. Hablo abiertamente de mis problemas y busco los principios y las sendas a seguir con mis hermanos y hermanas, y los problemas que no entiendo se resuelven rápido. A través de esta experiencia, me he dado cuenta de que aparentar y disfrazarse no resuelve ningún problema. Solo practicando según las palabras de Dios, abriéndose sin doblez y siendo una persona honesta se pueden resolver los problemas y cumplir el deber; solo entonces puedes tener verdadera paz y tranquilidad en tu corazón. ¡Gracias a Dios!