Ya no retrocedo ante las dificultades
En mayo de 2025, recibí una carta de los líderes superiores sobre unos arrestos masivos en el distrito de la Ciudad del Norte. Habían arrestado a los tres líderes de distrito, junto con más de treinta personas más, incluidos líderes de iglesia, diáconos y otros hermanos y hermanas. Además, habíamos perdido el contacto con tres iglesias. Como yo había realizado mi deber en el distrito de la Ciudad del Norte anteriormente, y estaba bastante familiarizada con la situación de allí, los líderes me pidieron que fuera para gestionar las consecuencias. Sabía muy bien que no había lugar para el descuido ni para holgazanear al gestionar las consecuencias, así que oré con fervor para que Dios me guiara a hacer bien el trabajo. Al llegar, los hermanos y hermanas y yo cooperamos con un mismo sentir. En poco más de dos semanas, trasladamos las ofrendas de Dios y los libros de las palabras de Dios a casas de custodia seguras, y reubicamos a todos los que estaban en riesgo en lugares seguros. Por fin pude respirar aliviada. Unos días después, los líderes enviaron otra carta pidiéndome que me quedara en el distrito de la Ciudad del Norte y me hiciera cargo del trabajo. Sabía que la mayoría de las iglesias de ese distrito enfrentaban riesgos de seguridad, y que cada aspecto del trabajo de la iglesia estaba lleno de dificultades, pero tenía que asumir esta responsabilidad. Así que me volqué activamente en el trabajo. Como habían arrestado a tantos líderes y obreros de la iglesia en el distrito de la Ciudad del Norte, necesitábamos elegir a más de una docena de reemplazos. Rápidamente, compartí con los nuevos líderes de distrito los principios para elegir líderes y obreros, y juntos buscamos posibles candidatos, con la esperanza de seleccionarlos lo antes posible. Pero algunos hermanos y hermanas enfrentaban riesgos del entorno, otros estaban limitados por sus familias y otros tenían miedo de ser arrestados. Después de varios días, seguíamos sin encontrar a las personas adecuadas para asumir el trabajo. Más complicado aún era que habíamos perdido el contacto con algunas iglesias y teníamos que encontrar la forma de contactarlas; de lo contrario, ciertas cartas no se podrían entregar a tiempo. Además, habían arrestado a los supervisores del evangelio y a los líderes del equipo de riego de algunas iglesias, y necesitábamos encontrar gente que se hiciera cargo de su trabajo. Al ver que el trabajo que tenía por delante estaba lleno de dificultades, y sabiendo que requeriría un gran esfuerzo resolverlas una por una, me sentía abrumada solo de pensarlo. No podía evitar pensar en mi iglesia anterior, donde no había tantos problemas y no era tan preocupante ni agotador. “¡Qué maravilloso sería si pudiera volver a hacer mi deber allí!”, pensé. En mi corazón, sabía que el trabajo no podía detenerse, sin importar cuántas dificultades hubiera, pero ya me sentía aplastada ante tantos desafíos. Pensé: “No es que no quiera hacer el trabajo, pero esta es la realidad del entorno. Estas dificultades no se pueden resolver de la noche a la mañana. Haré lo que pueda, y lo que no pueda terminar hoy, simplemente lo seguiré mañana”. Con ese pensamiento, dejé de ocuparme de estos problemas con urgencia. El trabajo que se podría haber hecho en un día se arrastraba hasta el siguiente. Para algunos problemas, incluso ofrecía solo unas pocas palabras superficiales al compartir, sin resolverlos realmente, lo que hacía que el trabajo avanzara despacio.
Unos días después, los líderes superiores enviaron una carta para podarme: “Han pasado un par de semanas, ¿por qué no ha habido ningún progreso en la elección de nuevos líderes y obreros? ¿Por qué te tomas tu tiempo con una tarea tan urgente?”. La carta también diseccionaba mis manifestaciones, y decía que su naturaleza era la de abandonar mi deber. Me sentí bastante agraviada y discutí en mi interior: “No es que no sepan las dificultades reales que hay aquí. He pagado un precio, pero simplemente no ha habido resultados. ¿Qué se suponía que debía hacer? No es que no esté cooperando. ¿Cómo pueden decir que estoy abandonando? Simplemente, ya no puedo realizar este deber. Consigan a alguien con capacidad de trabajo para que lo haga”. Justo entonces, leí un pasaje de las palabras de Dios citado en la carta de los líderes: “Toda persona, en el transcurso de creer en Dios, hacer su deber y servir a Dios, a menudo se encuentra en estados de negatividad y debilidad o de querer escapar, sin importar las clases de dificultades que afronte. Esto se debe a que, al creer en Dios, las personas inevitablemente se encontrarán con muchas dificultades en la vida diaria y la supervivencia, o dificultades con su deber, así como dificultades personales. Estas dificultades a menudo perturban y afectan a las personas, lo que las lleva a volverse débiles, negativas y evasivas, a desarrollar malentendidos sobre Dios y a ser incapaces de sentir la obra del Espíritu Santo, en entornos y contextos especiales que involucran cosas como sus propios intereses, la vida y la muerte, y demás. En tales situaciones, cuando las personas no entienden las intenciones de Dios o pierden la fe en Él, o cuando no ven esperanza y no pueden sentir la obra evidente de Dios, la mayoría optará por renunciar a las responsabilidades que debería cumplir. A Mi juicio, que renuncien de esta manera, ya sea temporal o permanentemente, es darle la espalda a la obra. Es decir, cuando las personas se encuentran con estas dificultades y caen en la negatividad y la debilidad, en el malentendido de Dios y en la decepción con Él, y eligen renunciar y ser evasivas en lugar de afrontar las dificultades o soportar el dolor para mantenerse en sus puestos, a Mis ojos, este tipo de manifestación y comportamiento se llama darle la espalda a la obra” (La Palabra, Vol. VII. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (37)). Dios deja en evidencia que, cuando la gente se encuentra con diversas dificultades al hacer su deber, se vuelve negativa y débil, y quiere escapar o abandonarlo. Aunque lo abandonen de forma temporal o permanente, mientras no puedan enfrentar las dificultades cara a cara, aferrándose a su deber, este tipo de manifestación es abandonar sus deberes. Reflexioné sobre mí misma y vi que mis manifestaciones eran exactamente lo que Dios había desenmascarado. Sabía muy bien que, debido a los arrestos masivos, a las iglesias les faltaban más de una docena de líderes y obreros que debían ser elegidos urgentemente. Debería haber puesto rápidamente a nuevos líderes y obreros en su lugar, para que los hermanos y hermanas pudieran reanudar una vida de iglesia normal y los diversos trabajos de la iglesia pudieran avanzar. Esta era mi responsabilidad; era el deber que se suponía que debía hacer. Pero resolver estos problemas requería pagar un gran precio, así que me volví pasiva y negativa. No quería enfrentar las dificultades cara a cara y superarlas; en cambio, quería escapar y abandonar mi deber. La naturaleza de este comportamiento era el abandono, y era traicionar a Dios. Poco después, me enteré de que en algunas iglesias del distrito de la Ciudad del Norte, la falta de líderes y obreros significaba que algunos hermanos y hermanas no pudieran leer las palabras más recientes de Dios ni llevar una vida de iglesia, y todos vivían en la negatividad, debilidad, timidez y miedo. Cuando me enteré de esto, sentí un profundo remordimiento. ¡No esperaba que no elegir prontamente a nuevos líderes y obreros traería consecuencias tan graves!
En ese momento, pensé en las palabras de Dios que desenmascaran las consecuencias de que la gente abandone sus deberes, así que las busqué para leerlas. Dios Todopoderoso dice: “Si el problema de darle la espalda a la obra aparece en los creyentes corrientes, tiene poco impacto en el trabajo de la iglesia y solo afecta al individuo. Pero cuando se trata de alguien que sirve a Dios, sin importar qué nivel de líder u obrero sea, si le da la espalda a la obra y renuncia a ella, esto tiene un grave impacto en el trabajo de la casa de Dios. No solo afecta a la vida de iglesia, sino también al trabajo de difundir el evangelio. El trabajo de la iglesia, o el trabajo general de la casa de Dios, se ve así afectado y perturbado porque esta persona se volvió evasiva y le dio la espalda a la obra. […] Si los líderes y obreros no hacen un trabajo real, si no implementan ni dan seguimiento al trabajo, esto no causará un gran impacto durante los primeros días; los hermanos y hermanas podrán comer y beber las palabras de Dios con normalidad, y reunirse y hacer sus deberes con normalidad. Sin embargo, si esto se prolonga durante mucho tiempo, y los hermanos y hermanas no reciben los arreglos del trabajo de lo Alto ni provisión, apoyo y ayuda con su entrada en la vida, entonces su vida de iglesia y el trabajo de su iglesia sufrirán consecuencias como la falta de enfoque y cohesión, el estancamiento y la pérdida de la obra del Espíritu Santo. Así que este es un problema muy grave. Si tal situación surge en el transcurso de servir a Dios, entonces esta persona que sirve a Dios, o un líder u obrero de un nivel superior a ella, debería asumir la responsabilidad. En realidad, esta es una responsabilidad que tú no puedes soportar. ¿Por qué, entonces, hablo de asumir la responsabilidad? Porque, cuando vengas ante Dios a rendir cuentas, no podrás hacerlo. Dios te encomendó a Su pueblo escogido y el trabajo de una o más iglesias, pero cuando surgieron algunas circunstancias especiales, dejaste de trabajar y en su lugar te ocupaste de tus propios asuntos privados y dificultades, lavándote las manos del trabajo de la iglesia. A los ojos de Dios, esta es una transgresión grave que cometiste mientras lo servías; esto es algo que Dios detesta y condena” (La Palabra, Vol. VII. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (37)). Dios deja en evidencia que las consecuencias de abandonar el deber son muy graves; es una transgresión grave. Cuando los líderes y obreros abandonan, tanto la vida de iglesia como el trabajo de la iglesia se ven gravemente afectados, y el trabajo de la iglesia puede incluso estancarse. Como líder, abandoné en un momento crítico. Al no elegir prontamente a nuevos líderes y obreros, afecté el trabajo de todo el distrito. El PCCh está arrestando frenéticamente a nuestros hermanos y hermanas y perturbando la obra de Dios, pero no hice todo lo posible para salvaguardar el trabajo de la iglesia. En cambio, me quedé impasible mientras todo se sumía en el caos, solo para que mi propia carne sufriera menos. ¡Me faltaba tanta humanidad! En un momento crítico, me estaba poniendo del lado de Satanás y obstruyendo el trabajo de la iglesia. Si no me arrepentía, Dios me detestaría y me descartaría. Así que oré a Dios, dispuesta a arrepentirme. No quería vivir más en medio de estas dificultades, y le pedí a Dios que me guiara para resolver estos problemas.
Después de eso, leí un pasaje de las palabras de Dios que los líderes me habían enviado: “¿Qué deberías hacer cuando te encuentres con algo difícil? No temas; sin dificultades, tu estatura y tu calibre no pueden demostrarse. La vida está llena de diversas dificultades, y las personas pasan su vida afrontando una tras otra. Al afrontar constantemente las dificultades, si buscas los principios-verdad y las resuelves, ¿acaso no obtendrás la capacidad de resolver dificultades? ¿No mejorarán tu calibre y tu calidad humana? Además, cuando tengas los principios para resolver las dificultades y los pongas en práctica, ¿acaso no tendrás entrada en la vida? A través de la resolución de dificultades, obtienes la realidad de la verdad; ¿no experimentará tu vida un crecimiento gradual? Por tanto, las dificultades son algo bueno. Cuanto más te enfrentes a ellas, más se podrá revelar tu sinceridad y más se pondrá a prueba tu fe en Dios. No temas a las dificultades ni al fracaso y los contratiempos” (La Palabra, Vol. VII. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (37)). En las palabras de Dios, entendí que toparse con dificultades en el deber no es algo malo, sino algo bueno. Las dificultades revelan la verdadera estatura de una persona, y es solo en medio de ellas que la gente orará con fervor a Dios, confiará en Él y buscará Sus intenciones. En el proceso de resolver dificultades, no solo aumenta nuestra fe en Dios, sino que también llegamos a entender algunos principios-verdad, y nuestra vida crece. Antes pensaba que, como estaba dispuesta a correr riesgos para trasladar las ofrendas de Dios y los libros de las palabras de Dios, eso significaba que tenía algo de realidad-verdad y estatura. Pero quedé en evidencia cuando encontré dificultades al elegir nuevos líderes y obreros. En medio de mis dificultades, no oré a Dios ni confié en Él, ni busqué los principios-verdad para resolver los problemas. En cambio, intenté escapar y retroceder, e incluso pensé en abandonar y traicionar a Dios. ¡No tenía estatura alguna! La iglesia realmente estaba enfrentando todo tipo de dificultades tras los arrestos masivos, pero esta era una gran oportunidad para aprender a confiar en Dios y crecer en la vida bajo Su guía. Leer las palabras de Dios me dio fe, y estuve dispuesta a confiar en Dios para resolver estas dificultades, así que oré a Dios, dispuesta a cooperar. Después de eso, reorganizamos la lista de candidatos a líderes y obreros. Abordamos las dificultades y problemas de estos hermanos y hermanas compartiendo la verdad para ayudar a resolverlos, y rápidamente seleccionamos a algunas personas adecuadas para el trabajo de la iglesia. Entonces, casi todos los hermanos y hermanas pudieron recibir las palabras más recientes de Dios y llevar una vida de iglesia. En esta cooperación práctica, vi verdaderamente la guía de Dios, ¡y mi fe aumentó!
Luego me pregunté: “¿Por qué pienso en abandonar cada vez que encuentro dificultades? ¿Cuál es la raíz de este problema?”. Al buscar, leí dos pasajes de las palabras de Dios: “Durante muchos años, los pensamientos en los que se han apoyado las personas para sobrevivir han corroído sus corazones hasta el punto de volverse astutas, cobardes y despreciables. No solo no poseen fuerza de voluntad ni determinación, sino que también se han vuelto avariciosas, arrogantes y caprichosas. Carecen absolutamente de cualquier determinación para trascender el yo y, más aún, de la menor pizca de valor para librarse de las limitaciones de esas influencias oscuras. Los pensamientos y la vida de las personas están tan podridos que las perspectivas tras su creencia en Dios siguen siendo insoportablemente abominables, e incluso son francamente ofensivas al oído. Todas las personas son cobardes, ineptas, despreciables y frágiles. No aborrecen a las fuerzas de la oscuridad ni sienten amor por la luz y la verdad, sino que se esfuerzan al máximo por expulsarlas” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿Por qué no estás dispuesto a ser un contraste?). “Los falsos líderes no hacen trabajo real, pero saben comportarse como funcionarios. ¿Qué es lo primero que hacen una vez que se convierten en líderes? Comprar el favor de la gente. Adoptan el enfoque de ‘Los nuevos funcionarios quieren impresionar’. Para empezar, hacen algunas cosas para ganarse el favor de los demás y se ocupan de ciertos elementos que mejoran el bienestar diario de todo el mundo. Primero intentan causar una buena impresión en ellos, para mostrar a todos que están en sintonía con las masas, para que todo el mundo los elogie y diga: ‘Este líder se comporta como un padre con nosotros’. Entonces, asumen oficialmente el cargo. Sienten que tienen apoyo popular y que se ha asegurado su posición; entonces empiezan a disfrutar de los beneficios del estatus, como si fuera lo que les corresponde. Sus lemas son: ‘La vida solo consiste en comer rico y vestirse bien’, ‘La vida es breve; disfruta mientras puedas’ y ‘Vive hoy sin preocuparte por el mañana’. Disfrutan de cada día tal y como viene, se divierten mientras pueden y no piensan en el futuro, y mucho menos se plantean qué responsabilidades debe cumplir un líder y qué deberes ha de hacer. Predican algunas palabras y doctrinas y desempeñan algunas tareas para guardar las apariencias como una cuestión de rutina; no realizan ningún trabajo real. No están desenterrando problemas reales en la iglesia y resolviéndolos por completo, entonces, ¿qué sentido tiene que hagan tareas tan superficiales? ¿No es esto engañoso? ¿Se pueden confiar tareas importantes a este tipo de falsos líderes? ¿Se ajustan a los principios y condiciones de la casa de Dios para la selección de líderes y obreros? (No). Estas personas no tienen nada de conciencia o razón, están desprovistas de todo sentido de la responsabilidad y, sin embargo, todavía desean ostentar algún puesto oficial, ser líderes en la iglesia: ¿por qué son tan desvergonzadas? En cuanto a algunas personas que tienen sentido de la responsabilidad, si son de escaso calibre, no pueden ser líderes, y eso por no hablar de los inútiles que no tienen ningún sentido de la responsabilidad; son menos aptos aún para ser líderes” (La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros. Las responsabilidades de los líderes y obreros (8)). Al reflexionar sobre las palabras de Dios, entendí que la raíz de que yo retrocediera y abandonara ante las dificultades en mi deber era el miedo a que mi carne sufriera. Me habían influenciado venenos satánicos como “Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda” y “La vida es breve; disfruta mientras puedas”. Pensaba que la gente debía vivir para disfrutar de la comodidad carnal y no debía sufrir demasiado, y que sufrir y esforzarse todo el día sería demasiado lamentable. Por lo tanto, no estaba dispuesta a sufrir ni a pagar un precio en nada de lo que hacía. Por ejemplo, cuando solía trabajar en una fábrica, sentía que el trabajo era demasiado agotador e implicaba demasiado sufrimiento, así que simplemente abrí mi propia tienda. De esa manera, podía descansar cuando quisiera y vivir una vida relajada y sin estrés. Seguí siendo así después de empezar a creer en Dios. Siempre que había una tarea difícil o algo que requería pensar mucho para resolverlo, esperaba a que el hermano con el que cooperaba empezara a hacerlo, y yo simplemente seguía tras él. Esta vez, la iglesia había sido golpeada por arrestos masivos, y elegir nuevos líderes y obreros era un asunto de suma urgencia. Debería haber encontrado la manera de elegirlos lo antes posible, para que el trabajo de la iglesia pudiera funcionar con normalidad. Pero no estaba dispuesta a sufrir más ni a pagar un precio mayor, así que pospuse las cosas, evité las dificultades y abandoné, lo que terminó retrasando el trabajo. Vi que vivir según los venenos satánicos me hacía increíblemente egoísta y despreciable. Fuera cual fuera la importancia o la urgencia de la obra de la casa de Dios, solo pensaba en no causarme sufrimiento a mí misma. No me importaba más que mi propia comodidad carnal, y no mostraba ninguna consideración con las intenciones de Dios en absoluto. Tampoco consideraba la obra de la casa de Dios ni la entrada en la vida de mis hermanos y hermanas. ¡No tenía conciencia ni razón alguna! Era líder, pero no había hecho un trabajo real, lo que dio como resultado que mis hermanos y hermanas no pudieran llevar una vida de iglesia. ¿No era una falsa líder? ¿Una inútil? Al darme cuenta de esto, me odié profundamente. Oré a Dios pidiendo no vivir más según estos venenos satánicos.
Más tarde, reflexioné sobre cómo debía practicar cuando encontrara dificultades de nuevo. Un día, leí las palabras de Dios: “El hombre usado por el Espíritu Santo tiene una práctica real en no darle la espalda a la obra. Es decir, al afrontar dificultades o problemas en el trabajo de la iglesia, no busca una salida ni se deja una vía de escape. Además, no se vuelve negativo ni débil, y mucho menos se queja. Más bien, afronta las dificultades de manera activa y positiva, intenta por todos los medios orar y buscar, y luego espera el esclarecimiento y la guía de Dios. Todas estas son manifestaciones concretas de no darle la espalda a la obra. […] Con independencia del período que haya sido, de las dificultades que haya encontrado y de si las condiciones han permitido resolverlas, el hombre usado por el Espíritu Santo nunca se ha rendido ni ha retrocedido, por lo que ha recogido una gran cosecha a lo largo del camino. Precisamente porque no retrocede y coopera, busca y se presenta ante Dios para orar de manera activa y positiva sin importar la situación que encuentre, en el transcurso de su cooperación activa y positiva, Dios lo ha esclarecido poco a poco, obrando en él las muchas verdades que deben entenderse, los principios y métodos para hacer el trabajo, así como el objetivo que Dios pretende alcanzar al hacer cada aspecto del trabajo y el significado de hacerlo, de modo que él los entiende y capta poco a poco. Una razón muy importante por la que ha podido recoger esta cosecha es que, al encontrarse con diversas dificultades, nunca ha retrocedido; más bien, como Noé, siempre se ha mantenido en su puesto desde que aceptó la comisión de Dios. Sin importar las dificultades que encuentre, ora y confía en Dios, intentando por todos los medios resolverlas, y nunca le ha dado la espalda a la obra” (La Palabra, Vol. VII. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (37)). El hombre utilizado por el Espíritu Santo nunca se rinde cuando encuentra dificultades. Por muy grandes que sean las dificultades en el trabajo de la iglesia, nunca se queja ni se vuelve negativo. Ora y busca proactivamente, e intenta todos los medios posibles para resolver las dificultades, haciendo su mejor esfuerzo para lograr todo lo que esté a su alcance. Cuando comparé mi actitud hacia la obra de la casa de Dios con la del hombre utilizado por el Espíritu Santo, me sentí muy avergonzada y también muy inspirada. Tenía que emular al hombre utilizado por el Espíritu Santo. Cuando encontrara dificultades, no debía retroceder ni abandonar, sino confiar en Dios y buscar la verdad para resolverlas.
A finales de septiembre, el PCCh lanzó otra ronda de arrestos masivos, y arrestaron a muchos más hermanos y hermanas en todo el distrito. Frente a este entorno real, estaba de nuevo en una situación difícil. Ni siquiera habíamos terminado de elegir a todos los líderes y obreros de reemplazo tras la última ronda de arrestos, y ahora nos caía encima otra ronda. Ahora sería aún más difícil encontrar candidatos adecuados para el liderazgo. Tendría que sufrir mucho para hacer bien el trabajo de la iglesia. En ese momento, me di cuenta de que estaba codiciando de nuevo la comodidad carnal, así que oré rápidamente a Dios. Pensé en lo que Dios había compartido sobre el hombre utilizado por el Espíritu Santo: cómo nunca retrocedía ni abandonaba, por muy difíciles que se pusieran las cosas, y realizaba su deber con todas sus fuerzas. También pensé en Noé, que perseveró en la construcción del arca durante 120 años. Las dificultades que enfrentó fueron mucho mayores que las de mi deber. Al recordar estas cosas, me sentí muy inspirada y gané la determinación para confiar en Dios y hacer el trabajo. Primero, escribí una carta a los líderes de distrito para compartir con ellos, animándolos a no vivir en medio de las dificultades, y luego examiné a los miembros de la iglesia en busca de candidatos para el liderazgo. Cuando encontraba dificultades, las enfrentaba proactivamente, oraba a Dios y buscaba en Él, y también compartía con hermanos y hermanas que entendían la verdad. Las dificultades se resolvieron una a una y, unos días después, encontramos a varias personas adecuadas. A través de este período de experiencia, aprendí a confiar en Dios en las dificultades, y también gané cierta comprensión de mi carácter corrupto de ser egoísta, despreciable y entregarme a la comodidad carnal. También encontré algunas sendas de práctica correctas para hacer bien mi deber. Estas fueron ganancias que no podría haber obtenido en un entorno cómodo. ¡Gracias a Dios!